sábado, 2 de junio de 2012

Una historia de pega 

Conseguí un trabajo en un consultorio público de salud, digitando datos de las fichas de las pacientes, madres solas. Traspasaba del formulario a la pantallita del ordenador cosas como: padre drogadicto, sin apoyo familiar, viene sola a la consulta, situación de alto riesgo, autorización de visita y seguimiento. Bajé a planta para preguntar a la Matrona un dato dudoso en la fichita Auge, en el camino, allí están, haciendo cola. Se empapa, prosigue, como si todo.

La tarde.


Saliendo, barrio, piedras, botellas con líquidos de colores en quien siente el frío, que quema. Perros, gatos, paltas, pasta, aromas, tierra, puerto, fútbol, ortigas, ambulancias, programa, promoción de la salud.


Hijos de puta, y así niegan la educación.


Hijos de puta, y así se suben el sueldo, cómodos en sus sillones de impune legislación.


Del consultorio hasta Los Morros, cuadras, más cuadras, ni una micro en el país en el que todos somos iguales. Por Los Morros, para el metro, cuadras, más, entre medio de los talleres y las tiendas clásicas, drásticas, nostálgicas, únicas, miles como ellas en los barrios que se levantan, sienten, se acuestan, muerden, de repente él, Moreira, en una gigantografía, en medio de la vida misma. Lo miró –con odio y profundo desprecio, que es poco- él sonríe, deseándoles un feliz día a las madres. Las mismas que cargan, hieren, se acuestan, rotundas, parafina, gotera, ceguera, aborto, censura, derechos, por el suelo. Con las piedras, empelota, desnudez, tristes, alegres, vivas. Él, allí con su falsa sonrisa, en la cobarde altura. Bajo, raperos caminan con bits de resentimiento profundo, la noche cae tras el crepúsculo de smog, cenizas y brisa. El metro está lleno en Gran Avenida, En Santa Rosa pocos bajan, en Santa Julia más, Vicuña Mackenna, me alejo, miro atrás, sin mirar.



Piden un mundo más humano, cuando solo la animalidad nos hará libres.




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