miércoles, 18 de septiembre de 2013

Anarquismo ¿ideología pequeño burguesa?

Un problema bastante discutido entre los historiadores y politólogos es el carácter de clase de la ideología anarquista.

En el pasado los marxistas sin excepción se empeñaron en presentar el anarquismo ya como una ideología de los pequeños propietarios rurales y de la pequeña burguesía (artesanado, etc.), ya como una ideología del lumpen proletariat. El propio Marx trataba a Proudhon como un petit-bourgeois y a Bakunin como un desclasado. Hoy, algunos marxistas más lúcidos o menos dogmáticos reconocen que el anarquismo ha sido y es una de las alternativas ideológicas de la clase obrera.

Si de algo sirviera, podríamos recordar que Proudhon era hijo de un tonelero y de una sirvienta, mientras Marx lo era de un próspero abogado y Engels de un rico industrial. Pero entonces tendríamos que traer a colación también el hecho de que Kropotkin era un príncipe que pertenecía a una de las más antiguas estirpes nobiliarias del Imperio Ruso y que Bakunin era también miembro de una aristocrática familia, vinculada a altos dignatarios de la corte del zar.

Lo cierto es que allí donde el anarquismo floreció y logró influencia decisiva sobre el curso de los acontecimientos, sus huestes estaban mayoritariamente integradas por obreros y campesinos. Varios ejemplos podrían traerse, pero el más significativo es, sin duda, el de España.

Bien sabido es que, pese al esfuerzo y al disciplinado tesón de los enviados de Marx y de los discípulos de Pablo Iglesias, la clase obrera española, en la medida en que tuvo alguna ideología consciente, fue mayoritariamente anarquista (al menos entre 1870 y 1940). No en todas las regiones y provincias de España, sin embargo, el anarquismo arraigó con igual fuerza. Su principal baluarte fue, indiscutiblemente, Barcelona. Ahora bien, Barcelona era la ciudad más industrializada y, por consiguiente, la de mayor población obrera en la península. La conclusión es clara. No se puede dudar de que el anarquismo es allí la ideología de la clase obrera, y ello no sólo porque la mayor parte de los trabajadores industriales la han abrazado como propia, sino también porque tal ideología es el motor principal (si no único) de todos los cambios auténticamente revolucionarios que allí se producen. Pero es cierto también que en muchas regiones el anarquismo es profesado por las masas de los campesinos sin tierra y que en esas regiones en nombre del anarquismo se realiza todo cuanto de revolucionario se hace.

Más aún, inclusive el lumpen proletariat ha abrazado a veces el anarquismo, sobre todo en los momentos de gran agitación social y de efervescencia revolucionaria (lo cual no quita que otras veces se haya puesto al servicio del fascismo).

¿Quiere esto decir, entonces, que el anarquismo es una ideología policlasista? Quiere decir que, aunque surge, se desarrolla y alcanza su mayor fuerza dentro de la clase obrera, es una ideología de todas las clases oprimidas y explotadas en cuanto tales, mientras sean capaces de liberarse sin oprimir o explotar a otras clases, quiere decir que, si bien halla ante todo en la clase obrera su protagonista, corresponde asimismo a otras clases sometidas e inclusive puede extenderse a minorías discriminadas.[1] En esto se muestra el carácter amplio y no dogmático del anarquismo: no tendría ninguna dificultad en aceptar que la clase obrera puede, en determinadas circunstancias históricas, dejar de ser la protagonista de la revolución y que su bandera puede ser recogida por otra clase o por un sector de otra clase. Las ideas de Marcuse a este respecto, que tanto escandalizan a la ortodoxia marxista, no son una herejía ni siquiera una novedad para el anarquismo. Dentro de la misma clase obrera son los sectores más explotados, las víctimas de los may res rigores del sistema capitalista y de la más cruel represión policíaco-militar los que, en general, se inclinan más hacia el anarquismo. El marxismo, por el contrario, encuentra sus mejores adeptos sobre todo en las capas medias y altas de la clase obrera, entre los obreros especializados y alfabetizados, entre los semitécnicos y los cuasiletrados y desde luego, entre quienes renuncian a la opción pequeño-burguesa por la aspiración más o menos consciente al funcionariado en el presunto Estado «socialista».

[1] A. Meltzer y Stuart Christie (Anarquismo v lucha de clases, Buenos Aires, 1971, p. 32) sostienen que, aunque todas las clases pueden ser revolucionarias y producir grandes cambios en la sociedad, sólo las clases productivas pueden ser libertarias porque no necesitan explotar a otros.


Ángel Cappelletti

 


Extraído de  Las Doctrinas Anarquistas ( El título no es el original)

jueves, 12 de septiembre de 2013

La importancia de Francisco Ferrer i Guardia y la Escuela Moderna para el movimiento estudiantil

En los últimos años las problemáticas en torno a la enseñanza y el sistema educativo vuelven a estar presente en los debates del movimiento libertario en la región chilena. El resurgir del movimiento anarquista de las últimas dos décadas, condimentado por las revueltas estudiantiles de 2006 y 2011, ha propiciado que áreas como la educación libertaria, el rol del profesor, los métodos pedagógicos y el modo de administración de las escuelas y universidades, vuelvan a ser temas recurrentes en el anarquismo y el pensar social. En estas discusiones, diversos nombres de pedagogos y activistas libertarios de la enseñanza se desempolvan desde los viejos armarios de la utopía, entre ellos un nombre se repite y destaca: Francisco Ferrer i Guardia.

Francisco Ferrer i Guardia nace en 1859 en Alella, un pueblo costero cerca de Barcelona, provenía de una familia relativamente acomodada, propietaria de viñedos, conservadora y católica. A temprana edad abandonará dicho entorno, trabajando en diversos oficios y posteriormente como revisor de trenes en la ruta Barcelona-Port Bou. Ferrer vive en una época que se caracteriza por la cuestión social, el alto analfabetismo, un proletariado incipiente y un movimiento obrero dinámico; desde la juventud se relaciona en un ambiente de personas con inspiraciones antimonárquicas, masones, republicanos, pero también con librepensadores y anarquistas.

Tras el fallido motín republicano de 1886, Francisco Ferrer i Guardia se exilia a París, donde se desempeña como profesor de castellano, continuando su actividad política y permanente formación autodidacta. Tras 15 años de exilio en París, vuelve a Cataluña para fundar la Escuela Moderna (nombre que también lleva el libro compilatorio de sus textos sobre enseñanza editado después de su muerte) en la calle Bailen de Barcelona, el 8 de septiembre de 1901, con un total de 30 alumnos, 12 niñas y 18 niños.

La Escuela Moderna de Francisco Ferrer i Guardia

En la propuesta educativa de Ferrer, la escuela se concibe como un escenario libre de jerarquías, donde el profesor es un compañero y las prácticas autoritarias y el verticalismo, la religión y sus dogmas, son desterrados de la convivencia y las tareas educativas. Para Ferrer, la educación liberadora es aquella donde la escuela contempla una “enseñanza racional y científica [que] ha de persuadir a los futuros hombres y mujeres que no han de esperar nada de ningún ser privilegiado (ficticio o real), y que pueden esperar todo lo racional de sí mismos y de la solidaridad libremente organizada”, (…) Donde “los niños y niñas lleguen a ser personas instruidas, verídicas, justas y libres de todo prejuicio. Para ellos, sustituirá el estudio dogmático por el razonado de las ciencias naturales.” (La Escuela Moderna)

La Escuela Moderna presenta al profesor como un facilitador de elementos libertarios para el aprendizaje en solidaridad, donde a las niñas y niños se les alienta a la reflexión, pero a la vez se les otorga sin complejos respuestas claras desde la ciencia y el antiautoritarismo, estimulando el pensamiento crítico contra los dogmas religiosos, el nacionalismo y el militarismo; Ferrer es consciente de que en las tareas del control social del capitalismo, las instituciones lejos de abandonar la enseñanza de doctrinas autoritarias, lo que han hecho es reemplazar las figuras religiosas por los valores ciudadanistas y patriotas, con tal de seguir inculcando a través del sistema educativo enseñanzas en función de los intereses del Poder, facilitando de este modo la dominación social: "Dios era reemplazado por el Estado, la virtud cristiana por el deber cívico, la religión por el patriotismo.”(ibíd.)

Ferrer i Guardia pretende fomentar la evolución progresiva de la infancia, evitando los dogmas, sistemas y “moldes que reducen la vitalidad a la estrechez de las exigencias de una sociedad transitoria que aspira a definitiva; soluciones comprobadas por los hechos, teorías aceptadas por la razón, verdades confirmadas por la evidencia, eso es lo que constituye nuestra enseñanza, encaminada a que cada cerebro sea el motor de una voluntad, y a que las verdades brillen por sí en abstracto, arraiguen en todo entendimiento y, aplicadas a la práctica, beneficien a la humanidad sin exclusiones indignas ni exclusivismos repugnantes.” (ibíd.)

Ni premios ni castigos

Para evitar tensiones y sentimientos de competencia en la comunidad educativa, y pensando sobre todo en el bien de las niñas y niños, en La Escuela Moderna no habrá “premios, ni castigos, ni exámenes en que hubiera alumnos ensoberbecidos con la nota de sobresaliente, medianías que se conformaran con la vulgarísima nota de aprobados ni infelices que sufrieran el oprobio de verse despreciados por incapaces.”(…) “Los exámenes clásicos, aquellos que estamos habituados a ver a la terminación del año escolar y a los que nuestros padres tenían en gran predicamento, no dan resultado alguno, y si lo producen es en el orden del mal. Estos actos, que se visten de solemnidades ridículas, parecen ser instituidos solamente para satisfacer el amor propio enfermizo de los padres, la supina vanidad y el interés egoísta de muchos maestros y para causar sendas torturas a los niños antes del examen, y después, las consiguientes enfermedades más o menos prematuras.” (Ibíd.)

Educación como contramensaje

Como bien describe Cappelletti, “un rasgo fundamental de la Escuela Moderna es su carácter social y cultura contestataria. No se trata, como en toda enseñanza tradicional, de adaptar al educado a la sociedad tal cual ella existe, sino, por el contrario, de prepararlo para tener una visión crítica del medio en que vive y para ser capaz de transformarlo desde sus mismos fundamentos.” (Francisco Ferrer Guardia y la pedagogía libertaria)

“No tememos decirlo: queremos hombres capaces de evolucionar incesantemente; capaces de destruir, de renovar constantemente los medios y de renovarse ellos mismos; hombres cuya independencia intelectual sea la fuerza suprema, que no se sujeten jamás a nada; dispuestos siempre a aceptar lo mejor, dichosos por el triunfo de las ideas nuevas y que aspiren a vivir vidas múltiples en una sola vida.” (Francisco Ferrer i Guardia, La Escuela Moderna)

Antiestatismo y antiautoritarismo

Para Francisco Ferrer es importante la autonomía pedagógica respecto a las instituciones estatales, es consciente de que el mayor interés de las clases dominantes es perpetuarse en el Poder y para ello "los gobiernos se han cuidado siempre de dirigir la educación del pueblo, y saben mejor que nadie que su poder está totalmente basado en la escuela y por eso la monopolizan cada vez con mayor empeño.”(ibíd.) por tanto, considera que sería un error confiar “solamente en el Estado, en las Diputaciones o en los Municipios, la construcción, dotación y dirección de los establecimientos escolares; (…) si con la pedagogía moderna nos proponemos educar e instruir a las nuevas generaciones demostrando a la vez las causas que motivaron y motivan el desequilibrio de la sociedad; si con la pedagogía moderna pretendemos preparar una humanidad feliz, libre de toda ficción religiosa y de toda idea de sumisión a una necesaria desigualdad económico-social, no podemos confiarla al Estado ni a otros organismos oficiales, siendo como son sostenedores de los privilegios, y forzosamente conservadores y fomentadores de todas las leyes que consagran la explotación del hombre, inicua base de los más irritantes abusos.”(ibíd.)

Ferrer desea una pedagogía desde y para la libertad, que se “preocupe de desterrar de las mentes de los alumnos aquellos principios informadores que dividen a los hombres, como la religión, el falso concepto de la propiedad, la patria, y la familia, para permitirles disfrutar del bienestar y la libertad que todos deseamos, pero que muy pocos, desgraciadamente, pueden alcanzar.” (Carta a José Prat, 29 de septiembre 1900)

Vemos así como coincide paralelamente con el anarquista italiano Errico Malatesta, en la necesidad de acabar con la creencia del principio de autoridad, como cimiento ético y moral para una convivencia libre en igualdad.

"Sabemos que lo esencial, lo indiscutiblemente útil consiste no ya en matar la persona de un rey, sino en matar a todos los reyes –los de las Cortes, de los Parlamentos y de las fábricas– en el corazón y la mente de la gente; es decir, en erradicar la fe en el principio de autoridad al cual rinde culto una parte tan considerable del pueblo." (Malatesta, “Causa ed Effetti”, 22 de septiembre de 1900)

Sin subvenciones

La crítica al estatismo y sus instituciones, además de las prácticas libertarias en el contexto específico educativo se expresaba también en el rechazo a las subvenciones, la Escuela Moderna apostaba por la autonomía y el autofinanciamiento, lejos de las burocracias y de recursos monetarios que acostumbran a esperar de ‘superiores’ lo que solo puede venir de la propia iniciativa y organización de los interesados.

“Tristeza e indignación me causó leer la lista de subvenciones que el Ayuntamiento de Barcelona votó para ciertas sociedades populares que fomentan la enseñanza. Vimos cantidades destinadas a Fraternidades Republicanas y otros centros similares (…). Que suceda esto entre gente católica y ultra conservadora se comprende, ya que el predominio de la iglesia y de la sociedad capitalista puede sólo mantenerse gracias al sistema de caridad y protección bien entendidas con que dichas entidades saben contener al pueblo desheredado, siempre conformado y siempre confiado en la bondad de sus amos. Pero que los republicanos se transformen de revolucionarios que deben ser, en pedigüeños, cual cristianos humildísimos, eso sí que no podemos verlo sin dar la voz de alerta a los que de buena fe militan en el campo republicano. (…) Pásese que por la ignorancia de la realidad de las cosas en que vegetan los católicos lo esperen todo de un dios; de un san José, o de otro mito semejante, ya que si bien no pueden asegurarse de la eficacia de sus plegarias en esta vida, se consuelan en la creencia de ser correspondidos después de muertos.” (La Escuela Moderna)

Como vemos, para Francisco Ferrer i Guardia era fundamental la autonomía de las escuelas libertarias, el racionalismo no podía estar en manos de los dogmas de las instituciones gubernamentales ni eclesiásticas, la educación para la libertad debe crecer desde la igualdad en antagonismo con la jerarquía del Estado, Dios y la Iglesia. Es el Estado la organización injusta y jerárquica de la sociedad que protege los intereses de la burguesía y propicia la dominación capitalista. Es Dios, la pesada roca inexistente que baila sobre los anhelos de las personas incapaces de construir su propia escalera hacia el infinito de la libertad. Es la iglesia, expresión terrenal de dichas creencias religiosas, que mediante sus dogmas facilitaban, ayer como hoy, el culto a la autoridad, difundiendo abiertamente el machismo, la misoginia y la organización patriarcal de la sociedad. La Escuela Moderna, por tanto, se levantará en contraposición a dichos elementos coartadores de la libertad, rechazando las subvenciones del Estado y los programas y métodos autoritarios de enseñanza, el verticalismo y la competencia.

En resumen, La Escuela Moderna antepone la libertad en solidaridad, es decir, el anarquismo frente al autoritarismo y los dogmas como base ética para el aprendizaje.

Patriarcado y feminismo

En Francisco Ferrer observamos un interesante feminismo temprano de siglo XX, que se manifestó en el compromiso abierto por la igualdad, combatiendo con la razón y desde la libertad, los prejuicios religiosos y el patriarcado. Compromiso que materializó en la Escuela Moderna a través de la coeducación de sexos, práctica que aunque hoy no nos parezca una innovación, para la época constituyó un gran avance contra el desorden moral impuesto por el conservadurismo imperante.

“Padecería ceguera de inteligencia quien no viese que, bajo la inspiración del sentido cristiano, están las cosas, respecto al problema de la mujer, en el mismo ser y estado que lo dejara la Historia Antigua: o quizás peor, y con agravante de mucho peso. Lo que palpita, lo que vive por todas partes en nuestras sociedades cristianas como fruto y término de la evolución patriarcal, es la mujer no perteneciéndose a sí misma, siendo ni más ni menos que un adjetivo del hombre, atado continuamente al poste de su dominio absoluto, a veces... con cadenas de oro. El hombre la ha convertido en perpetua menor. Una vez mutilada ha seguido para con ella uno de los términos de disyuntiva siguiente: o la oprime y le impone silencio, o la trata como niño mimado... a gusto del antojadizo señor.” (La Escuela Moderna) Para llevar a la práctica la crítica a los valores del Clero en la convivencia educativa, la coeducación de sexos para Francisco era de “una importancia capitalísima, no sólo una circunstancia indispensable para la realización del ideal que considero como resultado de la enseñanza racionalista, sino como el ideal mismo.” (ibíd.)

Para Ferrer el hombre no es inferior ni superior a la mujer, sino que ambas formas sexuales presentan cualidades distintas, heterogeneidad donde no caben comparaciones que justifiquen la desigualdad en la convivencia social, “La mujer no debe estar recluida en el hogar. El radio de su acción ha de dilatarse fuera de las paredes de las casas: debería ese radio concluir donde llega y termina la sociedad.” (ibíd.)

Escuela como cárcel y disciplinamiento

La escuela, para Francisco es un recinto que facilita personas funcionales y dóciles para una sociedad desigual. La educación autoritaria prepara a los alumnos y alumnas acordes a las relaciones de dominación, educando para ello, desde y para la dominación a través del disciplinamiento.

“La escuela sujeta a los niños física, intelectual y moralmente para dirigir el desarrollo de sus facultades en el sentido que se desea, y les priva del contacto de la naturaleza para modelarles a su manera. He ahí la explicación de cuanto dejo indicado: el cuidado que han tenido los gobiernos en dirigir la educación de los pueblos y el fracaso de las esperanzas de los hombres de libertad. Educar equivale actualmente a domar, adiestrar, domesticar. (…) Para realizarla se han inspirado sencillamente en los principios de disciplina y de autoridad que guían a los organizadores sociales de todos los tiempos, quienes no tienen más que una idea muy clara y una voluntad, a saber: que los niños se habitúen a obedecer, a creer y a pensar según los dogmas sociales que nos rigen.” (ibíd.)

Reflexiones similares en torno al sistema educativo encontramos en Eliseo Reclús, en una carta enviada a Ferrer publicada en el número 6 del año 2º del Boletín de la Escuela Moderna, señala: “Tarde o temprano, siempre demasiado pronto, llega el tiempo en que la cárcel de la escuela encierra al niño entre sus cuatro paredes; y digo cárcel, porque el establecimiento de educación lo es casi siempre, ya que la palabra escuela perdió hace mucho tiempo su primera significación griega de recreo o de fiesta.” (La Escuela Moderna)

Para Francisco Ferrer la educación autoritaria no ayuda a generar el desarrollo espontáneo de las facultades físicas y morales de las niñas y niños, sino que trata de imponer pensamientos hechos, impidiendo así al alumno a no “pensar de otra manera que la necesaria para la conservación de las instituciones de esta sociedad; de hacer de él, en suma, un individuo estrictamente adaptado al mecanismo social.” (ibíd.)

Ferrer es enfático al insistir que para la clase dominante y los gobiernos la “instrucción no es más que un medio de dominación en manos de los directores, quienes jamás han querido la elevación del individuo, sino su servidumbre (…) Basta que conserven el espíritu de la escuela, la disciplina autoritaria que en ella reina, para que todas las innovaciones les beneficien. Para que así sea, vigilarán constantemente; téngase la seguridad de ello.” (ibíd.)

Otras características de la escuela de Ferrer es el cuidado por la higiene (clave para combatir las enfermedades que sacudían con fuerte virulencia aquella época), la coeducación de clases sociales, el contacto con el entorno social y la naturaleza, la publicación del Boletín (órgano informativo de la Escuela Moderna), las conferencias dominicales abiertas a padres y a todos los interesados, la llamada educación integral (desarrollada previamente en escritos por Proudhon, Bakunin y Kropotkin, entre otros) y la biblioteca como estímulo a la lectura, para lo cual Ferrer contó con la colaboración de Jean Grave a través de Las Aventuras de Nono, libro que inspiró la imaginación de la comunidad educativa en el pensar y hacer de la sociedad libertaria.

A modo de conclusión


La importancia de Francisco Ferrer i Guardia radica en que a través de la Escuela Moderna materializó sus críticas contra la desigualad social y la educación autoritaria, transformándose en un interesante antecedente teórico y práctico de educación anarquista. En La Escuela Moderna reemplazaron los exámenes de la educación competitiva por la solidaridad, los castigos por el entendimiento, la escuela cárcel por aulas de la horizontalidad del saber libre, sin dominación, donde los niños y niñas sin distinción de clase social, aprendían jugando, pero a la vez comprendiendo desde la tierna infancia las injusticias del mundo que les rodeaba.

Hoy resulta muy recomendable la relectura de Francisco Ferrer i Guardia, sobre todo porque la dominación social, hoy como ayer, se caracteriza por la mercantilización de las relaciones sociales, donde el control del capitalismo se reproduce en las universidades y escuelas desde la temprana infancia, con métodos agresivos de adoctrinamiento, ser alguien en la vida, prosperar, llegar lejos, nos repiten una y otra vez, consignas que nos envenenan el pensamiento con ambiciones y miedos que a su vez generan sentimientos competitivos funcionales a una sociedad desigual, militarista y patriarcal, donde aún a los niños se les llama ‘mariquitas’ por jugar con muñecas y donde a las niñas se les enseña que entre ellas no se pueden besar, ni amar, y que deben estar atractivas ‘para el hombre que las cuidará’.

Ferrer también es la diversidad de la acción, la enseñanza libertaria como práctica política, pero también la acción política como práctica libertaria. Compaginó la difusión pedagógica participando activamente en los sucesos políticos de la época y como editor del Periódico Libertario Huelga General. En definitiva, la flama negra de Alella, es un ejemplo para praxis de la enseñanza libertaria y el candado al olvido de los que luchan.

La Escuela Moderna cierra sus puertas el año 1906 producto de la criminalización contra Ferrer i Guardia, debido al atentado contra Alfonso XIII donde se vio involucrado Mateo Morral, bibliotecario de la Escuela Moderna, tras lo cual Ferrer es encarcelado, pero a los meses es absuelto.



Francisco Ferrer finalmente pagará con su vida los intensos años de agitación antiautoritaria cuando un tribunal corrupto le declara culpable de ser instigador de la semana trágica de Barcelona, revuelta antimilitarista contra la guerra imperialista del Estado español contra Marruecos. Francisco Ferrer i Guardia muere la mañana del 13 de octubre de 1909 en el cerro que contempla el puerto de Barcelona, fusilado por el Estado, la ambición capitalista y por el miedo a la libertad.

@Tierrarevuelta