viernes, 20 de abril de 2012
Hoy me he atrevido a publicar un “Top ten” de experiencias de autogestión que a mi juicio todo el mundo debería conocer, y cuyo éxito nos demuestra que otro mundo es posible y que la utopía es una cuestión de voluntad y perseverancia. Como no era mi intención explayarme mucho, sólo he adjuntado un breve texto introductorio a cada iniciativa…quien quiera profundizar sólo tiene que visitar los enlaces correspondientes y/o investigar utilizando los socorridos buscadores. Al ser una lista de únicamente diez proyectos autogestionarios, soy consciente de haberme dejado en el tintero unos cuantos más que sin duda merecen integrar la misma (pido disculpas a los “excluidos”). Por ello, invito a las personas interesadas a compartir con nosotros esas experencias basadas en los principios de asamblearismo, horizontalidad y autogestión, con el fin de aportar más ejemplos que apoyen nuestra fe en otro modelo de organización social.
1) Escuela Popular de la Prospe : la Prospe es una escuela autogestionaria de personas adultas que funciona de forma asamblearia. Surgió en 1973 en el barrio de Prosperidad, en Madrid, bajo la dictadura franquista, como respuesta a las relativamente altas tasas de analfabetismo en el barrio y ante la necesidad de un movimiento asociativo vecinal no clandestino.
2) Lakabe, ecoaldea autogestionada : Lakabe es experiencia comunitaria que nació en 1980 con la “okupación” y recuperación de un pueblo en el norte de Navarra por parte de unas treinta personas. Puede decirse que la mítica ecoaldea ha conseguido la autosuficiencia, coexistiendo en perfecta armonía con el entorno natural, y habiéndose convertido en un referente dentro del movimiento neo-rural.
3) Biblioteca Popular de Aluche “La Candela” : la Biblioteca Popular de Aluche “La Candela” (Madrid) lleva funcionando desde el 2001 gracias a la donación de materiales y libros (que no se encuentran en las bibliotecas oficiales) por parte de los vecinos del barrio. Se practica la autogestión con el objetivo de conseguir una autonomía e independencia completa que mantenga el proyecto fuera de la influencia de las instituciones y sus subvenciones mediatizadoras.
4) Bajo el Asfalto está la Huerta (BAH) : El BAH es una cooperativa agroecológica (de producción-distribución-consumo) que sigue los principios de la autogestión y el asamblearismo. Surgió a comienzos del otoño de 1.999 con la “okupación” pacífica de una finca en desuso.
5) Hotel Bauen, “okupado” y autogestionado : “el hotel Bauen de Buenos Aires, creado durante la dictadura militar argentina para recibir huéspedes en el mundial de fútbol del año 1978, fue centro de reunión de todas las expresiones del capitalismo nativo e internacional. Ante la crisis, los dueños deciden cerrar y despedir a los trabajadores. Después de grandes debates se decide resistir y ocupar las instalaciones. Hoy es una empresa autogestionada y un intento de crear nuevas relaciones sociales”
6) “Strike Bike”, fábrica “okupada” en Alemania : “Ocurrió en julio del 2007, 124 trabajadores se resistieron a abandonar su trabajo en la fábrica de bicicletas Bike Systems (Nordhausen, ex-RDA), recientemente adquirida por una compañía yankee cuyo objetivo era el desmantelamiento de la misma. Los trabajadores ocuparon la fábrica y decidieron reanudar la producción de bicicletas de forma autogestionada”
7) Zanon, un laboratorio de autogestión obrera en Argentina : FaSinPat (Fábrica Sin Patrones), conocida anteriormente como Zanon, es una fábrica de cerámicas controlada por los trabajadores en la provincia argentina de Neuquén, y una de las más emblemáticas en el movimiento argentino de recuperación de fábricas.
8) Huertos comunitarios de Can Masdeu (Barcelona) : según wikipedia…”Can Masdeu es un centro social ocupado, residencia y huerto comunitario en el parque Collserola a las afueras de Barcelona”. Y extraído de elperiodico.com, “Can Masdeu es mucho más que una masía okupada. Se trata de una comunidad formada por 25 adultos y tres niños que viven de forma prácticamente autónoma y autogestionada en plena naturaleza, a pocos metros de la metrópoli,”
9) Patio Maravillas (Madrid) : famoso centro “okupa” madrileño (Espacio Polivalente Autogestionado, según los impulsores del proyecto) que arrancó con la “okupación” en verano del 2007 de un antiguo colegio en la calle Acuerdo 8. Tras el desalojo de esa primera ubicación, se han trasladado a la calle Pez 21, donde siguen desarrollando un sinfín de actividades (taller de reparación de bicicletas, activismo hacklab, proyecciones de cine, talleres de todo tipo, etc etc).
10) Radio ELA, Emisora Libre Autogestionada (Madrid): Radio ELA es un proyecto de comunicación autogestionado que practica la contrainformación y la disidencia. “Radio ELA se construye colectivamente, funcionamos en asamblea, todo aquel que se acerca al micro es gestor de nuestra radio. Renunciamos a la subvención, publicidad o cualquier modelo de sostenibilidad tutelado, nos procuramos nuestros recursos, trabajamos para nosotros.”
Texto extraído de http://www.sindinero.org/blog/archives/6064
jueves, 19 de abril de 2012
Ni Premio Ni Castigo
Capitulo 10 del libro "La escuela moderna" de Ferrer i guardia
La enseñanza racional es ante todo un método de defensa contra el error y la ignorancia. Ignorar verdades y creer absurdos es lo predominante en nuestra sociedad, y a ello se debe la diferencia de clases y el antagonismo de los intereses con su persistencia y su continuidad.
Admitida y practicada la coeducación de niñas y niños y ricos y pobres, es decir, partiendo de la solidaridad y de la igualdad, no habíamos de crear una desigualdad nueva, y, por tanto, en la Escuela Moderna no habría premios, ni castigos, ni exámenes en que hubiera alumnos ensoberbecidos con la nota de sobresaliente, medianías que se conformaran con la vulgarísima nota de aprobados ni infelices que sufrieran el oprobio de verse despreciados por incapaces.Esas diferencias sostenidas y practicadas en las escuelas oficiales, religiosas e industriales existentes, en concordancia con el medio ambiente y esencialmente estacionarias, no podían ser admitidas en la Escuela Moderna, por razones anteriormente expuestas.No teniendo por objeto una enseñanza determinada, no podía decretarse la aptitud ni la incapacidad de nadie. Cuando se enseña una ciencia, un arte, una industria, una especialidad; cualquiera que necesite condiciones especiales, dado que los individuos puedan sentir una vocación o tener, por distintas causas, tales o cuales aptitudes, podrá ser útil el examen, y quizá un diploma académico aprobatorio lo mismo que una triste nota negativa pueden tener su razón de ser, no lo discuto; ni lo niego ni lo afirmo.Pero en la Escuela Moderna no había tal especialidad; allí ni siquiera se anticipaban aquellas enseñanzas de conveniencia más urgente encaminadas a ponerse en comunión intelectual con el mundo; lo culminante de aquella escuela, lo que la distinguía de todas, aun de las que pretendían pasar como modelos progresivos, era que en ella se desarrollaban amplísimamente las facultades de la infancia sin sujeción a ningún patrón dogmático, ni aun lo que pudiera considerarse como resumen de la convicción de su fundador y de sus profesores, y cada alumno salía de allí para entrar en la actividad social con la aptitud necesaria para ser su propio maestro y guía en todo el curso de su vida.Claro es que por incapacidad racional de otorgar premios, se creaba la imposibilidad de imponer castigos, y en aquella escuela nadie hubiera pensado en tan dañosas prácticas si no hubiera venido la solicitud del exterior.Allí venían padres que profesaban este rancio aforismo: la letra con sangre entra, y me pedían para su hijo un régimen de crueldad; otros, entusiasmados con la precocidad de su prole, hubiera querido, a costa de ruegos y dádivas, que su hijo hubiera podido brillar en un examen y ostentar pomposamente títulos y medallas; pero en aquella escuela no se premió ni castigó a los alumnos, ni se satisfizo la preocupación de los padres.Al que sobresalía por bondad, por aplicación, por indolencia o por desorden se le hacía observar la concordancia o discordancia que pudiera haber con el bien o con el mal propio o el de la generalidad, y servían de asunto para una disertación a propósito del profesor correspondiente, sin más consecuencias; y los padres fueron conformándose, poco a poco, con el sistema, habiendo de sufrir no pocas veces que sus mismos hijos les despojaran de sus errores y preocupaciones.No obstante, la rutina surgía a cada punto con pesada impertinencia, viéndome obligado a repetir mis razonamientos, sobre todo con los padres de los nuevos alumnos que se presentaban, por lo que publiqué en el Boletín el siguiente escrito:Por Qué La Escuela Moderna No Celebra ExámenesLos exámenes clásicos, aquellos que estamos habituados a ver a la terminación del año escolar y a los que nuestros padres tenían en gran predicamento, no dan resultado alguno, y si lo producen es en el orden del mal.Estos actos, que se visten de solemnidades ridículas, parecen ser instituidos solamente para satisfacer el amor propio enfermizo de los padres, la supina vanidad y el interés egoísta de muchos maestros y para causar sendas torturas a los niños antes del examen, y después, las consiguientes enfermedades más o menos prematuras.Cada padre desea que su hijo se presente en público como uno de los tantos sobresalientes del colegio, haciendo gala de ser un sabio en miniatura. No le importa que para ello su hijo, por espacio de quince días o un mes, sea víctima de exquisitos tormentos. Como se juzga por el exterior, se viene a la consideración que los dichos tormentos no son tales, porque no dejan como señal el más pequeño rasguño ni la más insignificante cicatriz en la piel...La inconsciencia en que se vive con relación a la naturaleza del niño y a lo inicuo de ponerle en condiciones forzadas para que saque de su flaqueza psicológica fuerzas intelectuales, sobre todo en la esfera de la memoria, impide a los padres ver que un rato de satisfacción de amor propio, puede ser la causa, como ha sucedido muchas veces, de enfermedad, de la muerte moral y material de sus hijos.A la mayoría de los profesores, por otra parte, estereotipadores de frases hechas, inoculadores mecánicos, más que padres morales del educando, lo que más les interesa en los exámenes es su propia personalidad y su estado económico; su objeto es hacer ver a los padres y demás concurrentes a los exámenes, que el alumno, bajo su égida, sabe muchísimo, que sus conocimientos en extensión y caridad exceden a lo que se podía esperar de sus cortos años y al poco tiempo que hace ha estado en el colegio de tan meritísimo profesor.Además de esa miserable vanidad, satisfecha a costa de la vida moral y física del alumno, se esfuerzan, esos determinados maestros, en arrancar plácemes del vulgo, de los padres y demás concurrentes ignaros de lo que pasa en la realidad de las cosas, como un reclamo eficacísimo que les garantiza el crédito y el prestigio de la Tienda Escolar.En crudo, somos adversarios impenitentes de los indicados exámenes. En el colegio todo tiene que ser efectuado en beneficio del estudiante. Todo acto que no consiga ese fin debe ser rechazado como antitético a la naturaleza de una positiva enseñanza.De los exámenes no saca nada bueno y recibe, por el contrario, gérmenes de mucho malo el alumno. A más de las enfermedades físicas susodichas, sobre todo las del sistema nervioso y acaso de una muerte temprana, los elementos morales que inicia en la conciencia del niño ese acto inmoral calificado de examen son: la vanidad enloquecedora de los altamente premiados; la envidia roedora y la humillación, obstáculo de sanas iniciativas, en los que han claudicado; y en unos y en otros, y en todos, los albores de la mayoría de los sentimientos que forman los matices del egoísmo.He aquí razonado nuestro pensamiento por una escritura profesional, en el siguiente artículo tomado del Boletín :Exámenes y ConcursosAl finalizar el año escolar hemos oído, como los años anteriores, hablar de concursos, de exámenes, de premios. Hemos vuelto a ver el desfile de niños cargados de diplomas y de volúmenes rojos adornados con follajes verdes y dorados; hemos pasado revista a la multitud de mamás angustiadas por la incertidumbre, y de niños aterrorizados por las temibles pruebas del examen, donde han de comparecer ante un tribunal inflexible a sufrir tremendo interrogatorio, circunstancias que dan al acto cierta desdichada analogía con los que se celebran diariamente en la Audiencia territorial.Ese es el símbolo de todo el sistema actual de enseñanza.Porque no se interrumpe solamente nuestro trabajo para sancionarle por marcas y clasificaciones en una época del año, ni en una edad de la vida, sino durante todos nuestros años de estudio y para muchas profesiones durante toda la vida.Comienza la cosa desde que cumplimos cinco o seis años, cuando se nos enseña a leer, y en tan tierna edad, se nos obliga a preocuparnos, no tanto de las historias que ese nuevo ejercicio nos permite conocer, ni el dibujo más o menos interesante de las letras, como el premio de la lectura que hemos de disputar; y lo peor es que se nos hace enrojecer de vergüenza si quedamos rezagados, o se nos infla de vanidad si hemos vencido a los otros, si nos hemos atraído la envidia y la enemistad de nuestros compañeros.Mientras estudiábamos gramática, cálculo, ciencia y latín, los maestros y nuestros padres no descansaban, como impulsados por acuerdo tácito, procurando persuadirnos que estábamos rodeados de rivales que combatir, de superiores que admirar o de inferiores que despreciar. ¿Con qué objeto trabajamos?, se nos ocurría preguntar alguna vez, y se nos contestaba que ya obtendríamos el beneficio de nuestros esfuerzos o soportaríamos las consecuencias de nuestra torpeza; y todas las excitaciones y todos los actos nos inspiraban la convicción de que si alcanzásemos el primer puesto, si lográsemos ser más que los otros, nuestros padres, parientes y amigos, el profesor mismo, nos daría distinguidas muestras de preferencia. Como consecuencia lógica, nuestros esfuerzos se dirigían exclusivamente al premio, al éxito. De ese modo no se desarrollaba en nuestro ser moral más que la vanidad y el egoísmo.La gravedad del mal aumenta considerablemente en la época en que se entra en la vida. El bachillerato es poco peligroso, pero abre la puerta a gran número de carreras en que los concurrentes se disputan cruelmente el derecho a la existencia. Hasta entonces no comprende el joven que trabaja para sí, que necesita asegurarse por sí mismo su porvenir, y se convencerá cada vez más que para ello necesita vencer a los otros, ser más fuerte o más astuto. De semejante concepción se resiente toda la vida social.Hemos encontrado en la sociedad hombres de toda condición y de diferentes edades que no hubieran dado un paso ni hecho el menor esfuerzo si no hubieran tenido la íntima convicción de que todos sus méritos les serían contados y pagados íntegramente un día. Los hombres de gobierno lo saben perfectamente, ya que obtienen tanto de los ciudadanos por las recompensas, avances, distinciones y condecoraciones que otorgan. Eso es un resto vivaz del cristianismo. El dogma de la gloria eterna ha inspirado la Legión de Honor. A cada paso encontramos en la vida premios, concursos, exámenes y oposición, ¿hay algo más triste, más feo ni más falso? Hay algo más anormal que el trabajo de preparación de los programas: el exceso de trabajo moral y físico que tiene por efecto deformar las inteligencias, desarrollando hasta el exceso ciertas facultades en detrimento de otras que quedan atrofiadas. El menor reproche que se les pueda dirigir consiste en que son una pérdida de tiempo, y frecuentemente llega hasta romper las vidas, hasta prohibir toda otra preocupación personal, familiar o social. Los candidatos serios no deben aceptar las distracciones artísticas, ni pensar en el amor, ni interesarse en la cosa pública, so pena de un fracaso.¿Y qué diremos de las pruebas mismas de los concursos, que no sea universalmente conocido? No hablaré de las injusticias intencionales, aunque de ellas puedan citarse ejemplos; basta que la injusticia sea esencial a la base del sistema. Una nota o una clasificación dada en condiciones determinadas, sería diferente si ciertas condiciones cambiasen; por ejemplo, si el jurado fuese otro, si el ánimo del juez, por cualquier circunstancia, hubiese variado. En este asunto la casualidad reina como señora absoluta, y la casualidad es ciega. Suponiendo que se reconociese a ciertos hombres en razón de su edad y de sus trabajos, el derecho muy contestable de juzgar el valor de otros hombres, de medirle y sobre todo de comparar entre si los valores individuales, necesitarían aún estos jueces establecer su veredicto sobre bases sólidas.En lugar de esto, se reducen al mínimum los elementos de apreciación: un trabajo de algunas horas, una conversación de algunos minutos, y con esto basta para declarar si un hombre es más capaz que otro de desempeñar tal función, de dedicarse a tal estudio, o a tal trabajo.Reposando sobre la casualidad y la arbitrariedad, los concursos y los dictámenes que de ellos resultan gozan de un prestigio y de una autoridad universales, que se imponen, no sólo a los individuos sino también a sus esfuerzos y a sus trabajos. La misma ciencia se halla diplomada: hay una ciencia escogida alrededor de la cual no hay sino medianía; únicamente la ciencia marcada y garantida asegura al hombre que la posee el derecho a vivir.Denunciamos con complacencia los vicios de este sistema, porque en él vemos una herencia del pasado tiránico. Siempre la misma centralización, la misma investidura oficial.Séanos permitido idear sin ser tachados de utopistas, una sociedad en que todos los que quieran trabajar puedan hacerlo, en que la jerarquía no exista, y en que se trabaje por el trabajo y por sus frutos legítimos.Comencemos por introducir desde la escuela tan saludables costumbres; dedíquense los pedagogos a inspirar el amor al trabajo sin sanciones arbitrarias, ya que hay sanciones naturales e inevitables que bastará poner en evidencia. Sobre todo evitemos dar a los niños la noción de comparación y de medida entre los individuos, porque para que los hombres comprendan y aprecien la diversidad infinita que hay entre los caracteres y las inteligencias es necesario evitar a los escolares la concepción inmutable de buen alumno a la que cada uno debe tender, pero de la cual se aproxima más o menos con mayor o menor mérito.Suprimamos, pues, en las escuelas las clasificaciones, los exámenes, las distribuciones de premios y las recompensas de toda clase. Este será el principio práctico.Emilia Boivin.En el número 6, año quinto, del Boletín creí necesario publicar lo siguiente :No Más CastigosRecibimos frecuentes comunicaciones de Centros obreros instructivos y Fraternidades republicanas, quejándose de algunos profesores, que castigan a los niños en sus escuelas.Nosotros mismos hemos tenido el disgusto de presenciar, en nuestras cortas y escasas excursiones, pruebas materiales del hecho que motiva la queja, viendo niños de rodillas o en otras actitudes forzadas de castigo.Esas prácticas irracionales y atávicas han de desaparecer; la Pedagogía moderna las rechaza en absoluto.Los profesores que se ofrecen a la Escuela Moderna y solicitan su recomendación para ejercer la profesión en las escuelas similares, han de renunciar a todo castigo material y moral, so pena de quedar descalificados para siempre. La severidad gruñona, la impaciencia, la ira rayan a veces hasta la sevicia y han debido desaparecer con el antiguo dómine. En las escuelas libres todo ha de ser paz, alegría y confraternidad.Creemos que este aviso bastará para desterrar en lo sucesivo tales prácticas, impropias de personas que han de tener por único ideal la formación de una generación apta para establecer una sociedad verdaderamente fraternal, solidaria y justa.Texto extraído y libro completo en http://sagunto.cnt.es/wp-content/uploads/2011/02/FerrerGuardiaF1.-LaEscuelaModerna.pdf
miércoles, 18 de abril de 2012
Tus terapeutas, profes, padres, médicos y demás maderos te han dicho que tu personalidad está mal y que no funcionas correctamente. Nosotrxs pensamos que se equivocan y que tanto ellos como el sistema mundial son los que no funcionan correctamente.
La escuela es una prisión aburrida y abusiva diseñada para destruir el espíritu y mantenerte ignorante. Si te aburres y eres problemáticx en la escuela, es porque los profes son aburridos, la asignatura es soporífera y la escuela es una jaula. Solo te enseñan lo que el gobierno quiere que sepas. Hay millones de cosas interesantes que aprender, pero probablemente nunca las aprendas en la escuela. Eres como un caballo al que destruyen para que te conviertas en una buena pieza de la maquinaría cuando crezcas, es decir, trabaja, consume, muere. Se tarda 15 años de escuela en destruir a una persona y hacerle estar de acuerdo con la miseria de la vida cotidiana. Afortunadamente, hay montones de niñxs que siguen rebelándose. Estxs niñxs -con espíritu- son el blanco de los ataques del sistema psiquiátrico que utiliza armas, no solo sin fundamento, sino siniestras, como el Trastorno negativista desafiante y el Trastorno por déficit de atención.
La mayoría de los psiquiatras son solo maderos en un sillón. Su trabajo es hacerte pensar que te pasa algo malo para que no veas lo que realmente te pasa -que vives en una sociedad de mierda donde te sientes impotente y esto te vuelve salvaje. No estás locx-, la sociedad de masas, la guerra, la supervivencia, el gobierno, los maderos, los banqueros, los ejército, la injusticia, la pobreza, etc. son los que están locos. Además, la psiquiatría es una absoluta invención, es decir, no hay base científica para ninguno de los llamados desórdenes mentares y, por tanto, no hay pruebas de cómo o si funciona ningún medicamento. Es un arma política; está ahí para destruir tu confianza, tu independencia, tu energía y tu mente.
No se les debería dar medicación psiquiátrica a lxs niñxs. Darles medicación psiquiátrica es un abuso y un asalto. Los médicos no tienen ni idea de cómo funciona la medicación, sobre todo, en los cerebros que aun se están desarrollando. Si quieres cambiar la química de tu cerebro, organiza tu dieta (come mucha fruta y vegetales frescos y crudos), tus ejercicios y cualquier adicción que tengas. La mayoría de las medicaciones psiquiátricas y “terapias” como la terapia electroconvulsiva (TEC) es solo daño indiscriminado al cerebro y puede provocar incapacidad permanente y pérdida de funciones cognitivas, tanto en niñxs como en adultxs.
Las personalidades no pueden estar mal. Es imposible que una personalidad pueda estar “trastornada”. Los médicos ni siquiera saben qué es una personalidad. La psique humana ha sido y será debatida por todos los tiempos, es un misterio y es un un asunto de debate de la filosofía, no de la medicina. Tú eres tú, y tú eres un individuo con un espíritu libre atrapado en una sociedad humana y un mundo controlado por grupúsculos de personas a las que no les gusta la libertad y tienen el poder para oprimirte.
Lo normal no existe. Todo en el planeta, y más allá de él, es completamente único. No hay nadie ni nada como tú en ninguna esquina del universo. Quien intente hacerte creer que lo “normal” existe es imbécil. A quien use su autoridad, fuerza o el consentimiento de compañeros imbéciles para hacerte encajar en una definición de “normal” a través de diagnóstico psiquiátrico, medicación, castigo o terapia conductual que induce a la conformidad se le debe parar se le debe parar.
Resiste a médicos, padres, profes y cualquier otro madero que no busquen tus bien de corazón. Cuida de tu salud y tu educación, ambas son importantes y eres responsable de ellas. ¡Contraataca a aquellos que quieren destruirte y controlarte!
Texto Extraído de http://es.contrainfo.espiv.net/
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