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viernes, 27 de abril de 2018

Menos anarquistas que Marx - Diego Abad de Santillán


El anarquismo no es una doctrina de cátedra ni un descubrimiento de laboratorio, sino un movimiento social de los oprimidos y los explotados contra la opresión y la explotación. Con filósofos o sin ellos, el anarquismo no desaparecerá como movimiento revolucionario llamado a cimentar la sociedad entera sobre nuevas bases económicas, morales y políticas, por la sencilla razón de que no ha nacido de las fórmulas mágicas de tal o cual pensador ni fue generado en ninguna biblioteca de viejos infolios. 

No negamos que los filósofos y los pensadores hayan acelerado el desenvolvimiento de las ideas anarquistas y estamos lejos de poner en tela de juicio su valiosa contribución al proceso de concreción y de solidificación del pensamiento revolucionario. Pero de eso a conceder el monopolio del anarquismo a los filósofos y filosofastros, hay un gran trecho. Los pensadores y los plagiarios de los pensadores pueden escribir grandes bibliotecas y leer millares y millares de volúmenes; pueden elevar monumentos literarios de mayor o menor valor a la libertad, a la igualdad, a la fraternidad, al esperanto y al sexualismo revolucionario, pero con esos monumentos no se crea un movimiento social en que toman parte preferentemente quienes apenas saben leer y quienes, por su situación material, no pueden permitirse el lujo de devorar bibliotecas o de divagar en el café. ¡Pobre anarquismo si, por su esencia, se fundara en la labor de los filósofos y filosofastros!

Felizmente, el anarquismo sigue su curso con una cierta independencia de nuestras discusiones y mientras debatimos si lo blanco es blanco o negro, puede muy bien ocurrir que hayamos perdido el contacto efectivo con el movimiento social libertario de los trabajadores. Porque es entre los trabajadores oprimidos y explotados donde se alimenta la tendencia revolucionaria a cuyo desenvolvimiento debemos contribuir con nuevas ideas e iniciativas y cuya difusión debemos facilitar por medio del periódico, del libro, de la tribuna, pero no monopolizar como entretenimiento peripatético o como deporte de nuestras horas de "snobismo" intelectual.

 El lastre mental de las definiciones hechas y de los conceptos estereotipados en los círculos de la "intelligentzia" es terriblemente sofocador. Hemos creado caprichosamente palabras y hábitos mentales que luego nos esclavizan y nos unen a la noria de los automatismos. Las ideas de la lucha de clases, de la unidad de los trabajadores, del hombre económico y del hombre político, etc., son para nosotros otros tantos puntos sobre los cuales el peso de los hábitos adquiridos nos impide reflexionar. Cuando se procura reaccionar contra la dominación de uno de esos convencionalismos, se advierte la magnitud de su arraigo en las conciencias y de su poder sobre los hombres.

Ciertamente no vamos a sostener que sea imposible hacer una cierta separación ideal entre las actividades económicas y las actividades políticas, pero también podemos clasificar a los hombres en sanguíneos y biliosos, en partidarios de los tallarines y en partidarios del arroz a la valenciana, en altos y bajos; en..., la serie es interminable. Lo que nos parece arbitrario es eso de las separaciones absolutas, por ejemplo: en el sindicato eres un hombre económico y ¡cuidado con introducir allí el veneno corruptor de tus ideas particulares! Si quieres ser hombre político, preocuparte de cosas ideales y culturales, vete al grupo de afinidad de tu predilección o al partido de tus preferencias. Ese punto de vista de los sindicalistas franceses y de una minoría de soi-disent anarquistas que regentean el movimiento obrero de Barcelona, no lo hemos podido comprender nunca. Si Malatesta se siente inclinado a compartirlo, allá él; si Neno Vasco lo defendió en un libro de ciento cincuenta páginas, lo mismo nos da. ¿Somos anarquistas, o no lo somos? Si lo somos, hemos de serlo a todas horas y en todos los lugares; si no lo somos, mal haríamos en simular ciertos días de fiesta o entre ciertos contertulios, ideas y sentimientos que no abrigamos.

Se nos dice que el sindicato es para los obreros asalariados que quieren luchar contra el capitalismo. ¡Otra frase hecha! Ahí está el ejemplo ruso de la primera hora, para demostrar a los que no tienen voluntad de ser ciegos, que el capitalismo es un adversario menos fundamental que el estatismo, que el principio de autoridad. La revolución rusa destruyó las viejas formas capitalistas; llevó a la ruina el capital privado, pero dejó en pie una máquina estatal y el capitalismo arrojado por la ventana volvió dos años más tarde, por la puerta, acompañado de los honores y genuflexiones de sus pretendidos enemigos de ayer, recibido como el salvador del país. Ser enemigo del capitalismo no es bastante para ser revolucionario, después, sobre todo, de la experiencia rusa. Y los que se esfuerzan por sugerir a las masas obreras que su enemigo principal es el capitalismo se esfuerzan simultáneamente por desviar el proletariado de su guerra instintiva al Estado. Por lo demás, las luchas de cada día no nos ponen frente al capitalismo una sola vez, que no tengamos que contar con la huéspeda -la intervención del Estado en forma de gendarme, de soldado, de juez, etc.- Los intereses del Estado, aun en los países que se pretenden regidos por gobiernos "obreros" se identifican con los del capitalismo. Lo ve todo el mundo. Y hacía falta que vinieran unos señores sofistas en nombre del sindicalismo a separar las dos cosas y a agrupar a los trabajadores para la lucha contra el capitalismo, dejando intacto el Estado, sus instituciones y las ideas que lo fundamentan, en loor a una pretendida unidad de clase que se quebrantaría cuando los anarquistas, enemigos del principio de autoridad, atacáramos el Estado y el estatismo. 

Comparad esas generalidades con la valentía de nuestros precursores, los hombres de la primera Internacional en España e Italia, que decían: "En economía somos federalistas, en religión ateos, en política anarquistas". Aquellos hombres no tenían miedo a las palabras ni retrocedían ante ideas que hubieran parecido demasiado radicales para su tiempo; pero sus continuadores quieren evitar que se hable de Dios en el Sindicato, porque entonces los religiosos escaparán y no volverán a pagar sus cuotas para mantener secretarios; no quieren que se hable de política, porque los partidarios del Estado harían lo mismo que los religiosos si prevaleciese el punto de vista de los anarquistas; a lo sumo, ¡gracias a Dios!, nos dejan hablar de economía, y, felizmente, no se prohíbe atacar el capitalismo… siempre que no se vaya muy lejos, pues de ir hasta el fondo de la cuestión, los timoratos se retirarían de la agrupación de los asalariados y sus cuotas se perderían.

Terminemos con estas majaderías. El sindicato, como decía Borgui, es un continente cuyo contenido puede ser diverso. Supongamos tres botellas, una de vino, otra de petróleo y otra de ácido sulfúrico: ¿es que hemos de confundir el contenido el ácido sulfúrico con el vino, por el hecho de que ambos líquidos están contenidos en botellas? El sindicato, con esa base común de organismo de asalariados, puede ser fascista, católico, comunista, anarquista… Lo único que no puede ser el sindicato es… sindicalista, según el tipo imaginado por Pierre Besnard en Francia.

Algunos pontífices sindicalistas, anarquistas de días de fiesta, nos acusan del crimen de querer plantar la bandera del anarquismo en el movimiento obrero. ¡Horror! En el movimiento obrero no hay que plantar esa bandera; esa bandera pertenece a las tertulias del café o a los grupos de afinidad; esa bandera tienen que monopolizarla los filósofos; para los trabajadores es demasiado abstracta; los trabajadores deben permanecer unidos en tanto que son explotados.

Confesamos el crimen, y confesamos, además, que no lloraríamos la muerte de organizaciones obreras que no tuvieran más preocupaciones que la obtención de mejores salarios y de menos horas de trabajo; digámoslo todo: no lloraríamos la muerte de organizaciones en donde no pudiera flamear la bandera del anarquismo.

Ese crimen afecta a los nervios de Fabio; felizmente, no dispone de verdugos ni de guardia civil; no ocupa todavía el puesto de mandarín del futuro reinado sindicalista y el crimen no nos llevará por esta vez a la guillotina. Pero tenemos en cuenta las amenazas ocultas en una dictadura de dirigentes de organizaciones obreras. Lo que será ese régimen nos lo advierte ya su pensamiento: las masas organizadas no son nada, lo son todo los que las dirigen; en otras palabras ha sido dicho, pero el significado es ese. El sindicato soy yo, dirán nuestros futuros gobernantes, y nos harán callar, como nos hacen callar Trotzky y los diferentes Mussolinis europeos. Dejemos los problemas del mañana para el mañana, y mientras nos sea posible hoy, luchemos por que el movimiento obrero se encamine a la anarquía y reconozca como suya nuestra bandera. Y en torno a esa bandera agrupemos a los explotados y los oprimidos para la lucha por un mundo mejor, hoy para una huelga por un poco más de pan, mañana para una defensa solidaria del hermano caído en la garras de la ley; otro día para lo que se presente, y diariamente para educar en la libertad a los materiales humanos que deberán construir el mundo libre. 

No queremos fundar grandes organizaciones obreras sobre la mentira y la simulación de nuestras ideas; no nos conformamos tampoco con influenciar con nuestras ideas las organizaciones proletarias; queremos despertar en esas organizaciones las ideas y tendencias naturales del movimiento obrero, y a esas tendencias se les da el nombre de anarquismo, porque el movimiento obrero, libre de las influencias extrañas que lo desvían de sus cauces espontáneos, tiende a la destrucción del Estado y a organizar la vida social sobre las bases libres que nosotros deseamos. La finalidad anarquista del movimiento obrero no es ningún descubrimiento nuestro. La frase de Bovio: anárquico es el pensamiento y hacia la anarquía marcha la historia, la defendió también Carlos Marx; recordemos una vez más este pasaje del famoso libelo contra Bakunin: “Todos los socialistas comprenden por anarquía esto: una vez alcanzado el objetivo del movimiento proletario, el poder de Estado desaparece y las funciones de gobierno se transforman en simples funciones administrativas.” 

Ahí tenemos a Heinrich Cunow, el compinche de Karl Kautski en Die Neue Zeit, que acusa a Marx y a Engels de haberse dejado influir por corrientes ideológicas anarcoliberales de su tiempo (véase el libro Die Marxsche Geschichte-, Geseschafts-und Staatstheorie. Grunzüge der Marxchen Soziologie). Y no hace falta más que tomar en la mano libros de los socialistas más conocidos, por ejemplo Vandervelde, por ejemplo Lenin, para comprobar que aceptaban y reconocían como un proceso natural el de la finalidad anarquista del movimiento obrero social y revolucionario. ¡No seamos menos anarquistas que Marx, pues, y no llevemos nuestra cobardía hasta el punto de abdicar de nuestras ideas en los sindicatos y de cesar en nuestros esfuerzos por plantar sobre el movimiento obrero total o al menos sobre la parte que nos responda, la bandera de la anarquía, el objetivo de nuestras luchas y de nuestros pasos! 

No se es traicionado más que por los propios, dice el refrán; sería doloroso que la defensa de la finalidad anarquista del movimiento revolucionario tuviéramos que hacerla contra los anarquistas mismos, recurriendo a la autoridad de nuestro querido amigo Carlos Marx. Las maniobras de algunos dirigentes de la Confederación Nacional del Trabajo de España, que se dicen anarquistas, para borrar de ese organismo la finalidad anárquica históricamente reconocida por el proletariado revolucionario organizado de ese país es un mal síntoma. Esperamos que la enfermedad no prosperará.

D. A. de Santillán

 (Del Suplemento semanal de La Protesta, Buenos Aires, 10 de agosto de 1925.)




domingo, 7 de agosto de 2016

Antecedentes sobre el impacto de la legislación laboral en el anarcosindicalismo chileno

Los siguientes momentos corresponden a un fragmento del capítulo "V.- La ofensiva estatal: legislación social y Dictadura (1924-1931)", del libro «Sin Dios, Ni Patrones. Historia, diversidad y conflictos del anarquismo en la región chilena (1890-1990)» de Víctor Muñoz Cortés; el cual pueden consultar íntegro haciendo clic aquí. El título del blog no corresponde a la fuente original. Hemos modificado la numeración de las citas para adaptarlas al formato blog.

Aunque casi 100 años nos separan de los episodios narrados, consideramos de urgente importancia —dado el contexto de resurgimiento del anarquismo en el mundo del trabajo y la contingencia del movimiento contra las AFP— estudiar las implicancias históricas del desarrollo estatal y legislativo en el movimiento obrero, anarquista y anarcosindicalista. Para tal efecto, recomendamos encarecidamente la lectura íntegra del libro mencionado. (N&A)



 



El Estado se transforma. Leyes sociales y resistencia
 

El 8 de septiembre de 1924 la Junta Militar obligó con su amenazadora presencia la aprobación del primer cuerpo legislativo en materia laboral del Estado de Chile, lo que constituyó un gran cambio en el sistema de relaciones entre el capital y el trabajo. Pero antes de continuar cabe detenerse un poco en el historial de leyes sociales y medidas de enfrentamiento que el Estado había utilizado hasta ese momento, para entender los nuevos cambios que operarán en la propia maquinaria gubernamental.

Durante todo el periodo en que usualmente se ubica la llamada “Cuestión Social” (1880 y 1925) no había un cuerpo legislativo que regulara los conflictos entre trabajadores y empresarios. Existía, no obstante, una variada cantidad de respuestas informales que solían aparecer en medio de los momentos de tensión y que se fueron modificando en el tiempo. 


En muchos casos las entidades laborales recurrían a ciertas autoridades administrativas para que oficiaran a favor de sus demandas. Ese fue el proceder predominante entre las sociedades de socorros mutuos del siglo XIX. Pero cuando el modelo orgánico laboral vinculado a las sociedades de resistencia irrumpió en tierras chilenas, se produjo un paulatino cambio en los métodos de presión. Además de la mediación informal de algunos representantes estatales (a la cual casi nunca se abandonó totalmente), se difundió exitosamente la idea de conquistar demandas por medio de la acción directa, principalmente por vía de huelgas. 

Anarquistas, socialistas y aún algunos miembros del Partido Democrático, contribuyeron a la radicalización del mundo asociativo popular. Esto derivó en que las condiciones de trabajo estuvieran directamente relacionadas con la propia capacidad de presión de los sindicatos.

El Estado modificó muy lentamente la forma de involucrarse en el mundo laboral. Durante la Cuestión Social, además de la intervención privada de algunos de sus miembros, el aparato administrativo se abocó principalmente al resguardo del orden público y a normalizar las faenas productivas en momentos de conflicto, mediante la protección de los rompe-huelgas o la facilitación de contingentes de fuerzas armadas para remplazar a los huelguistas. En momentos más tensos, el Estado procedió a reprimir violentamente a los trabajadores paralizados. El punto más dramático de esa actitud fueron las Matanzas que se ejecutaron en diversos lugares del país (Valparaíso, 1903; Santiago, 1905; Antofagasta, 1906; Iquique, 1907; Puerto Natales, 1919; San Gregorio, 1921; La Coruña; 1925) (1).


Pero junto a esta tendencia predominante del Estado en materia laboral, antes de 1925 hubo algunas puntuales medidas legislativas que buscaban reformar parcialmente la situación en que desarrollaban su trabajo los asalariados. Medidas que se deben en gran parte a la acción de algunos políticos bastante adelantados para la época.


En diciembre de 1917, por ejemplo, entró en vigencia el llamado Decreto Yáñez (en referencia a su precursor, Eleodoro Yáñez), que fijaba un método de mediación para solucionar las huelgas. El Intendente reuniría a representantes de trabajadores e industriales y él se ubicaría como relacionador. Se crearían “juntas de conciliación” y “comités de arbitraje”. Sin embargo, y debido a que la autoridad generalmente terminaba “asegurando la libertad de trabajo”, y protegiendo con ello a los rompehuelgas, escasamente los trabajadores paralizados recurrían a él. Por lo demás, los acuerdos no tenían valor legal y podían violarse fácilmente (2). 

Si bien el Decreto Yáñez no tuvo demasiada aplicación, su promulgación y sobre todo su contenido fueron un adelanto de la propia transformación del Estado en materia de relaciones laborales. Las leyes sociales promulgadas por la Junta Militar el 8 de septiembre de 1924 son el corolario de un proceso lento de sensibilización de la clase política y militar chilena. Pero son también el resultado indirecto de décadas de presión callejera.

Las Leyes Sociales de 1924 fueron principalmente siete: la n°4.053, sobre contratos laborales y regulación de trabajo de niños y mujeres; 4.054, reducción del 2% del salario del trabajador para el Fondo de seguridad social y jubilaciones; 4.055, sobre accidentes laborales; 4056, de regulación de conflictos laborales (toda huelga era ilegal); 4.057, de sindicalización legal (sindicatos profesionales e industriales), que prohibía asociarse a otros sindicatos para huelgas y prohibía las paralizaciones solidarias. La Ley también impedía la recolección de fondos económicos para sostener huelgas; 4.058, sobre cooperativas; y 4.059, que separaba a empleados de obreros, dando muchos más beneficios a los primeros y separándolos en la práctica, de los segundos (3).

Otra medida relacionada con las anteriores, fue el decreto por el cual el 1° de Mayo pasaba a ser un feriado legal. ¿Cuál era el objetivo de las leyes sociales? Varios autores coinciden en que no fueron promulgadas precisamente para beneficiar a los trabajadores. El historiador James Morris señaló: “el principal objetivo de estas leyes era prolongar el autoritarismo y no tomar un verdadero paso hacia una sociedad pluralista a través del incentivo hacia los sindicatos libres”(4). Peter DeShazo indica que, según sus estudios, “los militares deseaban lograr el mismo fin que las élites civiles, o sea, la aniquilación de los trabajadores organizados”(5).


En definitiva, parece ser que las Leyes Sociales vienen a controlar y acabar con la independencia del movimiento obrero. Como es de prever, la estrategia de los anarquistas fue mantener la autonomía de los sindicatos y de La Protesta social(6). El primer acuerdo de la Cuarta Convención Nacional de la IWW en enero de 1926, por ejemplo, invitaba a “luchar por la abolición total del Código del Trabajo y del Carnet Obligatorio”. Comenzaban así su lucha contra la sindicalización legal o forzosa, como le llamaban(7).


Por algún tiempo los anarquistas contaron con el apoyo de otros sectores, como el comunista (hasta que en la década del treinta la dirección de ese Partido dictó lo contrario). Y todos juntos llamaron a no legalizar los sindicatos. Los anarcosindicalistas se resistieron a las leyes sociales concretando campañas nacionales, como aquella que se articuló para detener la Ley 4.054 que descontaba del sueldo de los trabajadores un porcentaje para la jubilación(8). Esa empresa fue la más popular, porque dicha medida afectaba a todos y de forma inmediata. En cambio las otras leyes (las que controlaban el sindicalismo) solo dañaban directamente a las tendencias revolucionarias.


En noviembre de 1925 los libertarios crearon en Valparaíso el Comité Pro-abolición de la Ley 4.054(9). Le siguieron rápidamente desde la capital y otras ciudades en el norte y en el sur. El 22 de enero de 1926 entró en vigencia la Ley y desde entonces se reactivó la resistencia. El 20 de febrero los libertarios convocaron a un paro de protesta, pero la FOCH de los comunistas no acudió, dejando solos a los ácratas. El 30 de septiembre la Unión Industrial del Cuero inició una huelga señalando que el 2% debería ser cancelado por los empleadores(10). El gobierno llamó al diálogo para reformar la Ley y los trabajadores aceptaron. Una clara señal, según Peter DeShazo, de la debilidad de los mismos. El 1°, el 3 y el 5 de noviembre, mientras la UIC aún estaba en paro, hubo nuevos comicios en Santiago contra esa Ley en la que participaron todos los sectores reformistas y revolucionarios(11).


En diciembre hubo una gira al sur realizada por el “Comité Contra Ley 4054”, en la que viajaron el comunista Juan Chacón y el zapatero IWW Amaro Castro(12). Otra Ley que se combatió tenazmente fue la del contrato individual. Las organizaciones sindicales libertarias exigían el respeto de los convenios colectivos entre empleadores y sindicatos. En la defensa de esa demanda, hubo puntos de encuentros con otros sectores políticos para “rechazar el contrato individual y mantener contratos colectivos como único camino para defenderse”(13). Los miembros de la Federación de Obreros de Imprenta, que desde 1919 habían implantado su primer contrato colectivo (tarifado), fueron especialmente insistentes en ello(14). 


La huelga general del 17 de enero de 1927 fue la última gran manifestación social en donde se hicieron parte todas estas consignas. Iniciada por los trabajadores de ferrocarriles, sumó a todas las fuerzas sindicales y sociales existentes. Dada la diversidad y las divisiones internas, las demandas eran variadas y la unidad práctica casi imposible. Por su escasa proyección, por la represión, y por las disputas entre ideologías, la huelga acabó en desastre(15).


Todas las campañas contra el Código del Trabajo quedaron en la nada con la Dictadura militar del coronel Carlos Ibáñez del Campo, que desde febrero de 1927 y hasta julio de 1931 prohibió y persiguió, con relegación, exilio y muerte, a toda la oposición, y particularmente al movimiento revolucionario. La capacidad represiva contra el movimiento sindical disidente de la Dictadura, sirvió de marco ideal para la puesta en práctica de gran parte de la legislación en materia laboral.

Tomado del libro «Sin Dios, Ni Patrones. Historia, diversidad y conflictos del anarquismo en la región chilena (1890-1990)», Víctor Muñoz. 




1 - Una especie de extensión legislativa de la ideología “protectora del orden público”del Estado en materia laboral, fue la dictación en diciembre de 1918 de la Ley de Residencia, que facultaba a los intendentes para expulsar del país a todo extranjero que se considerara amenaza para la seguridad y unidad nacional. Con ella en mano, varios anarquistas y socialistas fueron lanzados tras las fronteras. Muchos de los afectados por aquella medida tenían un rol activo en el mundo sindical. Otro mecanismo de control en el movimiento obrero puede ser el retrato forzoso que el Estado y las empresas implantaron en algunas faenas productivas en 1917 tras vencer en la segunda huelga general de los gremios contra esa medida (la primera había sido ganada por los trabajadores en 1913)

2 - Peter DeShazo,Trabajadores urbanos..., op. Cit., p. 241, 244-245.

3 - Peter DeShazo,Trabajadores urbanos..., op. Cit., p. 309-310

4 - James Morris, citado por Peter DeShazo, Trabajadores urbanos..., op. Cit., p.308.

5 - Peter DeShazo,Trabajadores urbanos..., op. Cit., p. 308.

6 - Peter DeShazo,Trabajadores urbanos..., op. Cit., p. 331-336.

7 -“Sobre sindicalización forzosa”,La Voz del Mar, Valparaíso, 7 y 29 agosto 1925.

8 -“La ley 4054”,Adelante, Rancagua, diciembre de 1926; “La 4054”,El Obrero Gráfico, Antofagasta, 16 noviembre 1926; “Burda trampa de la Ley 4054”, El Obrero Gráfico, Valparaíso, 1 mayo 1926.

9 - Ya en 1903 se realizó un mitin en Valparaíso en protesta por la implementación del ahorro forzoso y obligatorio que se deseaba imponer en la pampa salitrera.“Actitud que se impone”, La Revuelta, Valparaíso, 11 noviembre 1903.

10 - “La Unión Industrial del Cuero fue a huelga indefinida”,Justicia, Santiago, 3 octubre 1926.

11 -“Brillante resultó el comicio”,Justicia, Santiago, 2 noviembre 1926. “El gran movimiento contra la Ley 4054”,Justicia, Santiago, 4 noviembre 1926. “Con el paro decretado por los gremios del rodado culmina hoy el movimiento contra la Ley 4054”,Justicia, Santiago, 5 noviembre 1926.

12-“Gira Comité contra Ley 4054”, La Región, Temuco, 26 diciembre 1926.

13-“Unión Gremial de Obreros y Empleados”, El Obrero Gráfico, Valparaíso, segunda quincena de agosto 1926.

14-“Nuestro contrato colectivo de trabajo”,El Obrero Gráfico, Valparaíso, segunda quincena de junio de 1926.

15 -“El gran movimiento nacional de la clase trabajadora”, Justicia, Santiago, 16 enero 1927.



martes, 26 de julio de 2016

AFPs, reformas, reformismo y anarquismo

El pasado domingo 24 de julio mares humanos colmaron La Alameda levantando una sola consigna: No + AFP. La capital del saqueo se vistió de tempestades anunciando un nuevo ciclo proletario de protestas. Ya no es solo por “educación gratuita y de calidad”, sino que por la supresión del régimen de las AFP, sistema de pensiones herencia del pinochetismo, profundizado por los partidos de la izquierda neoliberal. En la multitudinaria protesta que solamente en Santiago reunió a más de 300.000 personas, no faltaron columnas, grupos e individualidades anarquistas y anarcosindicalistas. En este contexto, en el seno del movimiento anarquista surgen interesantes debates: si no queremos más AFPs, ¿Qué sistema de pensiones sostener? ¿Participar y fortalecer el movimiento contra las AFPs constituye un atentado contra los principios anarquistas? ¿Si tal movimiento es reformista es una contradicción que el movimiento libertario participe en él? 

Para abordar tales cuestionamientos de una manera integral, consideramos importante dialogar a través de los matices de la terminología vinculada. Para tal efecto, usaremos y abusaremos de las palabras de Errico Malatesta y Emilio López Arango.

Para Errico Malatesta el anarquismo siempre ha sido reformista. Aclara, empero, que sería más certero calificar al anarquismo como un movimiento reformador (para distinguirlo del reformismo político vulgar). La revolución —nos explica—, en el sentido histórico de la palabra, significa la reforma radical de las instituciones, ejecutada raudamente por medio de la insurrección violenta del pueblo contra el arraigado poder y privilegio. En este sentido, el anarquismo no podría ser otra cosa que reformista. El anarquismo es revolucionario porque no quiere solamente mejorar las instituciones que existen ahora, sino destruirlas completamente, abolir todas y cada una de las formas de poder del humano sobre el humano y todo parasitismo, de todo tipo, sobre el trabajo humano. Pero la revolución no puede ocurrir a pedido. ¿Debemos, entonces, permanecer como espectadores pasivos, esperando que el momento correcto se presente?

Todo, tanto en la historia como en la naturaleza, ocurre gradualmente. Cuando una represa revienta es porque o bien la presión del agua ha crecido demasiado para que la represa siga conteniendo o por la desintegración gradual de las moléculas del material del que está hecho la represa. De igual modo, las revoluciones estallan bajo la creciente presión de aquellas fuerzas que buscan el cambio social y ese punto se alcanza cuando el gobierno existente puede ser derrocado y cuando, por procesos de presión interna las fuerzas del conservadurismo se debilitan progresivamente.

Pero nunca hemos de reconocer —y aquí es donde nuestro ‘reformismo’ difiere de aquel tipo de ‘revolucionismo’ que termina sumergido en las urnas de votación— las instituciones existentes. Hemos de llevar a cabo todas las reformas posibles en el espíritu en el que un ejército avanza siempre arrebatando en su camino el territorio ocupado por el enemigo. Y siempre hemos de permanecer hostiles a todo gobierno —ya sea monarquista como el de hoy o republicano o bolchevique, como el de mañana—.(1)

Con los anteriores párrafos, podemos reforzar la diferencia entre el carácter reformador del anarquismo y del reformismo vulgar del parlamenterismo democrático-representativo, por el otro. Más que reformista o propiciador del reformismo, el anarquismo es, para el anarquista italiano, reformador en un sentido revolucionario y libertario. Tal dirección anárquica no significa, sin embargo, el triunfo garantizado del movimiento. En efecto, cuando las clases oprimidas conforman movimientos de acciones directas por una conquista determinada, ante el temor de que tal arremetida se transforme en un movimiento que destruya los cimientos de la sociedad burguesa —o por las mismas necesidades del desarrollo del capitalismo—, tales demandas suelen verse expresadas en los códigos de las instituciones burguesas. La mayoría de las veces funcionales a los intereses de la clase dominante.

Sin embargo, exigir y construir las bases necesarias para erigir tales conquistas no es en sí mismo reformismo o revolucionario. Será lo uno o lo otro, según el medio/formas que se empleen para arribar a tal demanda (además del objetivo a concretar, por supuesto). Si se protesta mediante métodos proletarios libertarios (acción directa, protestas, asambleas, anarcosindicalismo) por el acceso a la salud o por el fin de las AFPs, no será necesariamente reformismo. Si lo hacemos presentándonos como parte de una candidatura para consignar tal medida desde las alturas del poder, sí lo será. Si nos organizamos horizontalmente en pos de mejorar nuestra seguridad, no tendría porqué ser reformismo. Si exigimos que tal seguridad sea proporcionada por las instituciones coercitivas del Estado, sí lo será.

Complejizando tales distinciones prácticas y terminológicas, Emilio López Arango nos plantea un necesario ejercicio crítico del reformismo. Para el histórico militante de la FORA, el reformismo no se expresa únicamente en los cambios que sufre la estructura jurídica del Estado, sino que también en el traspaso de las riquezas y de los privilegios detentados por una minoría. Los señores feudales y la nobleza propietaria se vieron obligados a dar cabida en su mesa a la clase burguesa, adueñada del poder político. La revolución del siglo XVIII dio un golpe de muerte al feudalismo. Mas el problema social quedó en pie con ese traspaso de poderes y de títulos de propiedad. ¿Podría el proletariado, mediante un acto de fuerza que le diera el control de la máquina capitalista, eliminar de un golpe todas las diferencias de clase y de casta? ¿No sería más probable que, aplicando el método histórico de los marxistas, creara en su seno nuevos privilegiados y nuevos gobernantes, que serían precisamente los jefes políticos o los funcionarios sindicales? (2) Así, el reformismo no solo se expresa en la política parlamentaria o de la socialdemocracia, sino que también en los sectores que propugnan la dictadura del proletariado. El reformismo no está en el hecho natural de que los obreros reclamen mejoras económicas, sino en la subordinación de la ideología socialista totalitaria a un programa que tiende a perpetuar el régimen del salariado.(3)

Además de las tácticas socialistas democráticas y de los marxistas dictatoriales, para López Arango el reformismo también se expresa en los sectores sindicalistas apolíticos o en compañeros que abogan por prácticas "libres de dogmatismos". Tales posturas, al rechazar sistemáticamente todo compromiso con un “dogma”, dejan sentado el concepto fatalista del marxismo, pues confían al desarrollo industrial de las naciones y a la prevalencia cada vez más absorbente del capitalismo, la tarea de crear en los pueblos y en los individuos las aptitudes necesarias para preparar y realizar la revolución.(4) Tal actitud de los sindicalistas apolíticos o de compañeros que se dejan llevar por los movimientos sin un análisis teórico anarquista de las condiciones existentes, pueden ser arrastrados con mayor facilidad por el devenir de la ideología dominante. Si en la autogestión obrera no se incorpora integralmente el anarquismo —nos advierte Murray Bookchin—, la gestión tiende a prevalecer sobre el auto (de sí, para sí); la administración tiende a asumir el control sobre la autonomía del individuo. Gracias a la influencia ejercida por los valores tecnocráticos sobre el pensamiento del hombre, la individualidad —que reviste una importancia fundamental en la concepción libertaria de la organización de la vida en todos sus aspectos—, tiende a ser sustituida, con un juego sutil pero inexorable, por las virtudes de eficaces estrategias administrativas. Como consecuencia, se va promoviendo la autogestión no tanto con finalidad libertaria cuanto por metas funcionales, y esto ocurre incluso en los sindicalistas más comprometidos. (5)

Volviendo con López Arango, cabe destacar que considera que sería un gran error sostener que todas las conquistas del proletariado son estériles y que no representan nada en la marca del progreso. ¿Acaso es lo mismo —arguye nuestro autor— trabajar diez o doce horas que limitar a ocho o seis la jornada de trabajo? (...) Rechazar ese positivo mejoramiento en las condiciones materiales del asalariado con el argumento de que perdura el sistema capitalista aunque la jornada de trabajo se reduzcan a cuatro o dos horas, supone tanto como defender la teoría de la miseria como factor de la revolución. Por otra parte, ¿es posible eludir el esfuerzo que reclama la lucha cotidiana contra la explotación capitalista, conservando todas las energías para dar el golpe de gracia al capitalismo cuando se agote la paciencia de los trabajadores? ¿Se puede acumular en alguna parte la energía que se pierde en la espera del gran acontecimiento? ¿O es que la inercia constituye un caudal de fuerzas ignoradas que se concentran en algún punto de la tierra y que explosionan al mágico conjuro de un genio desconocido por los hombres?

La realidad nos demuestra que toda conquista fundamental está condicionada por conquistas parciales. No se puede llegar a la revolución social de un salto sobre el infinito sin partir de un punto dado y seguir una determinada trayectoria de esfuerzos y realizaciones. Un programa total anarquista, que no extrae ninguna experiencia del presente que no se manifiesta en ningún propósito actual termina siendo una negación y defender la tesis empírica de “todo o nada” equivale a negar la posibilidad de que los trabajadores realicen por sí mismos su emancipación económica y social.(6)


N&A





5- La autogestión, si no existen individuos capaces de gestionarse autónomamente, corre el riesgo de transformarse en cualquier cosa que sea exactamente su opuesto: una jerarquía basada en la obediencia y el mandato. La abolición de las clases no compromete mínimamente la existencia de estas relaciones jerárquicas. Estas pueden subsistir en el interior de la familia, entre los sexos y entre los diferentes grupos de edad, entre los grupos étnicos y en el interior de los organismos burocráticos, lo mismo que en los grupos sociales administrativos que pretenden realizar la política de una organización o de una sociedad libertaria. (Autogestión y nueva tecnología: la imaginación contra la máquina - Murray Bookchin) 



domingo, 18 de octubre de 2015

La IWW en Chile. Un sindicato y una leyenda (1919-1951)

El siguiente escrito es un fragmento de la “PARTE II, De los Oficios y las Ideas, Desarrollo del anarcosindicalismo en la región chilena”, del libro «Sin Dios, Ni Patrones. Historia, diversidad y conflictos del anarquismo en la región chilena (1890-1990)» de Víctor Muñoz Cortés; el cual pueden consultar íntegro haciendo clic aquí. Foto de cabecera: Huelga IWW en Santiago, 1924. 


La IWW fue sin lugar a dudas la organización libertaria más recordada de la región chilena. No es ni la más grande ni la más afectiva de cuantas hubo, y tampoco fueron muchos sus años de efectiva trascendencia en el movimiento social criollo, pero sus tres letras se convirtieron en todo un emblema de rebeldía generacional que perduró muchas décadas después de su auge. La IWW no solo marcó a los trabajadores y trabajadoras que eligieron sumarse a sus filas. Muchos estudiantes y profesores se sintieron afines con su ideario, el empresariado padeció su efectividad y el Estado tuvo hasta que inventar montajes para suprimirla y garantizar el orden social. Revolucionaria, conflictiva, internacionalista, la IWW y sus siglas, encarnaron en sí mismas el imaginario subversivo de los años veinte. A continuación abordaremos los orígenes y algunos aspectos significativos de la tensa historia de esta organización y su paso por el país365.

 Tras la desaparición de la Federación Obrera Regional Chilena (1913- 1917), los intentos para reunir a los anarcosindicalistas de diversos oficios y a nivel “nacional” no cesaron y pronto los mismos gremios marítimos de Valparaíso –precursores de la experiencia fallida recién mencionada– transmitieron una novedosa propuesta: adherir al sistema industrialista que proponía la organización de origen norteamericano Trabajadores Industriales del Mundo, más conocida como IWW, por sus iniciales en inglés (Industrial Workers of the World).

El contacto entre el Sindicato de Estibadores de Valparaíso y los tripulantes de barcos pertenecientes al Marine Transport Worker´s Industrial Unión y a la IWW de Nueva York, Chicago y California que arribaban a ese puerto, permitieron la introducción de las nuevas ideas366. 

La propuesta fue madurada en 1918 en el interior de un congreso de la Sociedad Gremial de Gente de Mar y tras ello fue presentada a las demás federaciones y sindicatos de orientación libertaria del país, acordándose realizar una convención para establecer las bases del nuevo organismo. La Federación Obrera Local de Santiago organizó el encuentro entre el 24 y el 27 de diciembre de 1919 en la capital. Tras una asamblea abierta y bien concurrida quedó constituida la sección chilena de la IWW367.

En ese congreso fundacional se hicieron representar organizaciones de resistencia de toda la región formándose Uniones locales desde Iquique a Corral. Si bien en un primer momento la conexión fue más bien nominal y hasta un poco ficticia, con los meses se consolidaron activos núcleos IWW en Iquique, Valparaíso, Santiago, Talca y Concepción, principalmente.

La IWW era una central sindicalista revolucionaria fundada en Estados Unidos en 1905. Con los años se crearon secciones en varios continentes. En América Latina sus principales enclaves estuvieron en México y Chile, aunque también hubo núcleos en Venezuela, Ecuador y Uruguay368. 

Cada sección nacional de la IWW era autónoma y variaba en sus inclinaciones ideológicas según sus propios componentes. Así por ejemplo, la sección estadounidense en estos años era más bien sindicalista revolucionaria (sin finalidad ideológica), mientras que la sección chilena estuvo ligada desde su origen al anarco-sindicalismo, aún cuando solo en 1923 estableció formalmente en sus estatutos el Comunismo Anárquico como finalidad de la organización.

La IWW proponía relacionar los sindicatos bajo el sistema industrialista. Esto es, crear una organización que reuniera a las entidades laborales por ramo (departamentos) de la producción en lugar de mantener los sindicatos por oficio. Así por ejemplo los estibadores, lancheros, jornaleros, pescadores y carpinteros de rivera formarían el Departamento Industrial Marítimo, mientras que los ladrilleros, estucadores, carpinteros y pintores se agruparían en el Departamento Industrial de la Construcción369. 

Allí donde no se contaba con sindicatos de un gremio, se reunía a individualidades de distintas especialidades y se formaba un Departamento de Oficios Varios370. Esta centralización implicaba un alto nivel de coordinación y apoyo en los conflictos que se suscitaban, pues se estimaba que la capacidad de negociación crecería junto con la organización. La idea es que si paralizaba un sindicato en particular, todos los oficios que componían su Departamento le acompañarían en la huelga. En la práctica estos métodos demostraron ser efectivos sobre todo en los gremios portuarios y entre los trabajadores de la construcción. Pero a su vez, sostenerlos involucró un alto costo social dado que en cada huelga los sindicatos, sin importar su propia situación particular, quedaban relativamente a merced de las iniciativas de otras entidades. Mientras existió afinidad y acuerdo no hubo mayores problemas, pero cuando aquella se reducía o desgastaba por la propia intensidad conflictiva de la IWW, o por la falta de unanimidad en las organizaciones de oficio, la coordinación se hizo más difícil. De hecho, de esta tensión nació la principal disputa en el interior del campo sindicalista libertario de los años veinte: la cuestión de la autonomía.

En cada ciudad los sindicatos de oficios se agrupaban en sus departamentos correspondientes. Los diversos departamentos componían a su vez la Unión Local. Las uniones locales enviaban representantes al Consejo Administrativo de la IWW. En cada Convención Nacional participaban todos los gremios adheridos y juntos discutían el devenir orgánico y estratégico de la entidad en su generalidad.

La IWW reivindicaba la acción directa y proponía como medios de lucha la huelga parcial y general, el boicot, el sabotaje (obstruir la fuente laboral371), el label (marcar el producto boicoteado) y la abstención de participar en elecciones estatales372. Sus cuotas eran bajas y no se producía el enriquecimiento de las Cajas de Resistencia, pues todo el dinero se ocupaba en conflictos. De esa forma se evitaba la burocratización373. Además de ello, y según Moisés Montoya, uno de sus destacados miembros:

“La IWW lucha por arrebatar a todos los proletarios de sus vicios para convertirlos en productores útiles y libres, capaces de administrarse solos, sin la intervención de los demás. Para esto desarrolla el siguiente programa: En lugar de una cantina, en que el alcohol hace al hombre un instrumento dócil para cualquier cambullón, tiene una biblioteca con una librería donde se expenden folletos y libros para embriagar de ideales a todos los que desean emanciparse. En lugar de una filarmónica, que sirve para educar los pies y prostituir a las compañeras, tienen ateneos en que se discuten todas las ideas, con veladas culturales y conferencias para educar el cerebro y convertir a los compañeros en hombres capaces de defenderse de todos los robos políticos. En lugar de un ring, en que se convierte al hombre en una bestia humana, sin razonamiento, enseñándole a abofetear al compañero, mientras frente al patrón es un carnero que se deja explotar mansamente, tiene una Escuela de Dibujo, en que se enseña a apreciar la belleza del arte y a organizar la sociedad futura”374.

Esta organización no solo debe analizarse desde la perspectiva sindical, pues la IWW también fue un importante núcleo de irradiación política y cultural para trabajadores, estudiantes y mentalidades inquietas en general. La IWW, por ejemplo, animó LUX, la más prolífera de las editoriales anarquistas que hubo en la región y creó varios periódicos en las ciudades en que tuvo presencia: El Productor en Iquique; Mar y Tierra, La Voz del Mar y La Voz del Tripulante en Valparaíso; Boletín de los Trabajadores Industriales del Mundo, Acción Directa, El Comunista, Hoja Sanitaria de la IWW y La Voz del Industrialismo en Santiago; El Azote y El Proletario en Talca; Bandera Roja, Emancipación Proletaria y La Luz de Concepción.

Las diversas secciones de la IWW contaban con locales para realizar conferencias y debates públicos. Su Ateneo de Santiago fue todo un centro de encuentro político en la década del veinte en donde llegaban muchas personas cercanas y bien ajenas al ideario ácrata, a escuchar y debatir lo que allí se decía375. Lo mismo ocurría en Valparaíso con las conferencias temáticas que todos los jueves realizaban en la Plaza Echaurren. La IWW también impulsó el teatro obrero y las escuelas racionalistas376. Y hasta fundó un policlínico en 1923 para los trabajadores y sus familias.

En sus primeros años de vida el modelo de organización de la IWW, es decir, la organización por industria, fue asumido con entusiasmo por la mayoría de las organizaciones laborales influidas por libertarios. Sus pilares fueron los estibadores y tripulantes de la marina mercante, los obreros de la construcción (albañiles y estucadores) y los mueblistas, principalmente, pero también contó con lancheros, jornaleros, donkeros, carpinteros de bahía, pintores, baldosistas, constructores de automóviles, zapateros, sastres, entre otros. Si bien los wobblies –como así mismo se llamaban– nunca pudieron unificar a todos los gremios libertarios, pues muchos de ellos –obreros de imprenta, panaderos y zapateros– preferían su autonomía, entre 1919 y 1923 los IWW efectivamente fueron “la central” de los libertarios criollos, relacionando a la mayoría de los sindicatos, periódicos, grupos y estudiantes anarquistas del país377.

 Gracias a la actividad entre los tripulantes de embarcaciones de circulación nacional e internacional, así como por las constantes giras de propaganda y organización, los principios de la IWW se expandieron con prolijidad por Mar y Tierra y en gran parte del territorio378. Sus “uniones locales” más estables estuvieron en Iquique379, Valparaíso380, Santiago, Talca381, Concepción y Talcahuano382. Y aunque fueron más frágiles y fugaces, igual las hubo en Arica383, Caleta Buena, Antofagasta, Tocopilla, Viña del Mar, San Antonio384, San Felipe, Rancagua, San Javier, Tomé, Carahue385 y Corral. Además, como varios de sus miembros eran tripulantes de barcos, constantemente los IWW llegaban a los puertos de toda la región, cultivando relaciones e influyendo en gremios portuarios desde Arica a Punta Arenas386.

En los primeros meses de 1920 fue tal el crecimiento y la actividad huelguística de la IWW que las autoridades se le fueron encima. Como se sabe, durante todo el segundo semestre de 1920 la organización fue procesada por su pretendido carácter ilícito y terrorista. Cuestión que quedó en nada cuando se supo que todo había sido originado por un montaje policial.

Del 15 al 18 de Mayo de 1921 se realizó en Valparaíso la Segunda Convención Nacional de la IWW. Asistieron cincuenta y cinco delegados en representación de ochenta y seis organizaciones laborales de Caleta Buena, Iquique, Antofagasta, Taltal, Valparaíso, Viña del Mar, Santiago, Talca, Talcahuano, Tomé y Concepción. Este sería su primer encuentro formal. Allí se tomaron los siguientes acuerdos:

“Hogar Común. Las Uniones Locales propiciarán la concentración de las finanzas gastadas en pequeños salones gremiales para instalar el Hogar común con capacidad para sesiones amplias de las Uniones Locales o Departamentos Industriales y dar facilidades a la instalación de Biblioteca, Teatro, Clínica y Oficina de Contratación de Trabajo.

Pro-imprenta. Se acuerda que cada asociado a los gremios adheridos a los Trabajadores Industriales del Mundo pagará una cuota mínima de un peso para adquirir una imprenta.

Jornada de trabajo. Exigiéndolo el exceso de desgaste físico y favoreciendo la mayor ocupación de obreros cesantes, recomienda la jornada máxima de 44 horas semanales, en todas las fábricas y faenas, divididas en 8 horas diarias y 4 horas el día sábado.

Salarios. Los departamentos y Uniones Locales deben luchar por un salario mínimo que compense las máximas necesidades de los trabajadores; no obstante sostenemos la abolición del salario. Único factor de la tiranía y explotación capitalista.

Trabajo a contrato. Se acuerda tratar de abolir el sistema de contrato y especialmente los contratistas en las faenas marítimas, por considerarse perniciosa para los intereses de los trabajadores y porque en las fábricas y obras se establece la competencia entre ellos y éste sólo beneficia al capitalista.

A falta de trabajo. A falta justificada de trabajo en fábricas, talleres y faenas, imponer (la redondilla) o sea turnos rotativos o disminución de horas de trabajo, a fin de impedir la suspensión o cesantía forzosa de los trabajadores.

Enganches. Boycotearlos en todas formas y sentidos, sosteniendo la libre demanda y libre concurrencia o contratos directos, impidiendo así la especulación y despotismo desenfrenado por enganchadores.

Matrícula de gente de mar y fotografía de identidad en fábricas y faenas. Acuérdese sostener y gastar todo el empeño posible en anular estas marcas impuestas por el capitalismo gubernamental.

Peso máximo de llevar al hombro. Las Uniones Locales deben exigir a los capitalistas fijen el máximo de peso de 70 kilos.

Herramientas en el trabajo. Se insinúa iniciar la lucha por la abolición de las herramientas llevadas por los obreros en todas las faenas y establecimientos fabriles, exigiendo sean costadas y proporcionadas por los capitalistas y patrones.

Emancipación de la mujer. Las Uniones Locales y los asociados en particular deben luchar en todas las esferas propagando, adelantando y sosteniendo la emancipación de la mujer, organizándola. Creando en nuestro periódico secciones especiales donde se les invite a colaborar. Igualmente la edición de folletos, proclamas afines en este sentido. También propiciarán la lucha por la forma lógica y justa de igual trabajo, igual salario para contrarrestar la libre competencia entre ambos sexos a que las condena el régimen capitalista.

Alcoholismo. Se encarga a los Centros de Estudios Sociales dependientes de la I.W.W. y los que simpaticen con nuestros principios, intensifiquen con energía una campaña práctica y teórica hasta donde les sea posible y con el concurso de las Uniones Locales contra este anestesiador vicio, fomentado por los vinicultores y gobernantes.

Habitaciones obreras. No reconociendo el derecho de usurpación de la tierra por unos pocos, máxime cuando éstos nos explotan descaradamente obligándonos a vegetar en conventillos u otras habitaciones estrechas insalubres y caras, se recomienda mantener una constante agitación en pro de su abaratamiento y salubridad hasta la huelga de arrendatarios: es decir no pagar arriendos por las habitaciones sucios y caras.

Atención sanitaria. Las Uniones Locales y Departamentos deberán exigir a los capitalistas asistencia médica en fábricas, talleres, minas, bahía, etc. También estimular las atenciones sanitarias fundando clínicas, extendiendo sus servicios a sus asociados y sus familias para contrarrestar la hipocresía de la caridad burguesa con la solidaridad proletaria.

Funerales. Se recomienda que los funerales de los asociados sólo se harán solidarias las organizaciones cuando hayan caído en las luchas sociales o por accidente en el trabajo, como medio de propaganda emancipadora y apostrofar la indolencia capitalista. En los demás casos las organizaciones quedan en libertad de obrar como lo estimen conveniente.

Primero de Mayo. El primero de Mayo es un día de protesta mundial y de acción revolucionaria. No obstante, nosotros, los Trabajadores Industriales del Mundo declaramos que mientras exista el régimen capitalista con sus ejércitos de parásitos usurpadores del esfuerzo productor y acaparadores de la tierra convirtiéndola en propiedad privada, y la explotación del hombre por hombres privilegiados, todos los días mientras este estado subsista será y deben ser de protesta y de continuada agitación proletaria.



Presos por cuestiones sociales. Las Uniones Locales y organizaciones afines deben mantener una constante agitación por la libertad de nuestros camaradas, que por servir a las causas proletarias son víctimas de venganza capitalista, secuestrándolos en cárceles y presidios. No menos debe ser la atención debida a los hogares de todos los abnegados luchadores.

Comunismo Libertario y Consejo de Fábrica. Recomiéndese a los trabajadores el estudio del comunismo libertario; igualmente el estudio de los consejos de fábricas ideados y puestos en práctica en Rusia e Italia, debiendo atender al estudio y difusión de ambos temas los conferencistas y los redactores de los periódicos y folletos que se editen.

Saludo Fraternal. La convención acuerda enviar un saludo fraternal a los camaradas revolucionarios del mundo, y exteriorizarlo a nuestros dignos camaradas que por hoy se encuentran en las cárceles y presidios, borrón infamante del capitalismo, y manifestamos por ellos nuestra protesta y afirmamos luchar con el calor de nuestra convicción hasta conseguir su libertad.

Voto de simpatía. Considerando que con la Federación de Estudiantes de Chile y la Federación Obrera de Magallanes andamos ligados por los vejámenes y crímenes de que fuimos víctimas en la pasada administración gubernativa y tomando en consideración que en la primera existen miembros que nos han prestado desinteresado concurso a nuestra organización y con la segunda nos ligan intereses comunes, la comisión acuerda un voto de simpatía y solidaridad a estas Federaciones que sea al mismo tiempo una protesta hacia nuestros comunes victimarios”387.

Tras esa Convención la IWW reactivó sus campañas reivindicativas a nivel nacional. En junio de 1921 y junto a la FOCH ayudaron a los panaderos a ganar su huelga general. Ese mismo mes, pero en el puerto, apoyaron una paralización de obreros de la Fábrica de Galletas Hucke. La boicotearon dos semanas hasta que vencieron388.

Entre 1920 y 1921 la IWW era la organización laboral más poderosa y belicosa de Valparaíso. Contaba con unos 6 mil afiliados entre estibadores, lancheros, transportistas, operadores de grúas, tripulantes, cargueros de ferrocarriles y trabajadoras fábricas. Con ellos protagonizó numerosas huelgas y boicots. Muchas veces la sola amenaza de paralización bastaba para conquistar sus demandas.

La IWW se ganó muchos enemigos entre el empresariado, la prensa de masas y el Estado, pero también entre los comunistas y la FOCH, puesto que varios sindicatos de la vieja federación, sobre todo en Antofagasta, Rancagua, Talca y Talcahuano, se pasaron a la filas anarcosindicalistas. Los gremios conservadores, desde luego, acusaban a la IWW de subversiva y antipatriótica389.

En respuesta a los libertarios industrialistas, los patrones organizaron la Asociación de Comerciantes de Valparaíso, que luego tuvo similares en Antofagasta, Talcahuano y otras ciudades. La Asociación le declaró un lockout a los IWW desde el 18 al 26 de agosto de 1921, paralizando las descargas portuarias para des-emplear a los subversivos. La IWW, por su parte, respondió con la huelga general a partir del día 28. Les secundaron los IWW de Antofagasta y Talcahuano y pronto encontraron la solidaridad de sus compañeros de Iquique, Mejillones, San Antonio, Coronel y Punta Arenas390. 

Por las magnitudes de la huelga el gobierno ofreció mediar y la Oficina del Trabajo llamó al arbitraje, cuestión que fue rechazada por los comerciantes. Finalmente todo acabaría –momentáneamente– en un empate. Sin embargo, el 24 de octubre el presidente Arturo Alessandri decretó la abolición de la “redondilla”. Esta derrota afectó dramáticamente a los IWW de todos los puertos del país, pues la redondilla era allí la base de su poder391. La redondilla era un mecanismo de empleo en donde los turnos de trabajo para cargar y descargar naves eran establecidos por el sindicato. Ellos regulaban el horario y ellos elegían también quienes desempeñarían el trabajo. En Iquique la redondilla fue suprimida en octubre de 1923 tras sangrientos ochenta y ocho días de huelga. En ese conflicto, además, asaltaron la imprenta de El Sembrador, publicación anarquista íntimamente ligada al Sindicato de Lancheros de la ciudad392. La nortina sección de la IWW cesó sus actividades. Ese mismo año los wobblies de la Fábrica de galletas Hucke de Valparaíso fueron derrotados también en otro conflicto laboral.

Además de estos reveses en el terreno sindical, en 1923 estalló la crisis interna del campo anarcosindicalista, separándose aguas entre la IWW por un lado, y los anarquistas específicos y los sindicatos federalistas, por el otro. A los primeros se les acusaba de centralistas y marxistas. A esas alturas seguían siendo “fieles” a la IWW los obreros portuarios de Valparaíso y San Antonio y los trabajadores de la construcción de la capital, principalmente. Y es que aún cuando conservaban organizaciones en otras provincias, la fuerza de la IWW estaba siendo considerablemente mermada.

En la Tercera Convención Nacional realizada en Santiago en marzo de 1924, y producto de las críticas que venían del interior del movimiento sindicalista libertario, la IWW se hizo industrialista y federalista al mismo tiempo. No excluiría formas de organización mientras se luchara mediante la acción directa. Además, en el afán de responder a las acusaciones de centralismo, se abolió el Comité Regional Administrativo y se instauró un Comité de Relaciones. Por último, explicitó su adhesión al comunismo anárquico393.

En la Cuarta Convención Nacional de Concepción, realizada desde el 1° al 4 de enero de 1926, además de reafirmar los acuerdos anteriores, se planteó rehacer los contactos con la Asociación Internacional de Trabajadores –con sede en Berlín–, pues tenían a la entidad mundial libertaria descuidada. Se revitalizó el llamado a propagar el neomaltusianismo y se reafirmó el deseo de intensificar las campañas por la libertad de Sacco y Vanzetti394.




A partir de la dictación de las leyes sociales en 1925 y hasta su extinción, la IWW realizó campañas en contra del Código del Trabajo y los sindicatos legales, reafirmando la necesidad de organizarse fuera del Estado para conservar la autonomía de los movimientos sociales.

 Entre 1925 y 1927 sus fuerzas eran bastante escasas dado que la mayoría de los sindicatos libertarios pertenecía ahora al sector autonomista, que desde 1926 se alineó en la Federación Obrera Regional Chilena. Entonces los IWW se concentraban en los obreros de la construcción y en los tripulantes de embarcaciones. Entre estos últimos seguían siendo hegemónicos en comparación con otras tendencias. De hecho, en mayo de 1925 y mayo de 1926, organizaron las Convenciones Marítimas Portuarias, en Valparaíso y Coquimbo, respectivamente. Planeaban organizar una “Gran Unión Marítima del Litoral Chileno”. Aún eran capaces, además, de hacer giras de propaganda a Punta Arenas y Ecuador395.

La Dictadura de Ibáñez entre febrero de 1927 y julio de 1931 reprimió desde un principio a la IWW. Sus principales organizadores y propagandistas fueron perseguidos, algunos de ellos capturados y confinados, mientras que otros debieron cruzar la frontera para ponerse a salvo. Un grupo de wobblies que se reunió en Buenos Aires publicó Acción Directa allí en 1928 y algunos de ellos (Armando Triviño y Pedro Ortúzar) participaron en la fundación de la Asociación Continental Americana de Trabajadores, ACAT, dependiente de la AIT.

Tras la caída de Ibáñez, los IWW intentaron reagruparse pero sin mayor éxito, salvo en algunos de sus gremios característicos, como el de tripulantes de embarcaciones396.En Valparaíso contaban con un sindicato de mueblistas y uno de metalúrgicos. En Santiago poseían un Departamento de mueblistas y una organización de oficios varios.

En sus locales, acondicionados como ateneos, seguían realizando veladas solidarias y actividades de difusión política397. Los inmuebles de la IWW de los años treinta y cuarenta albergaron el Hogar del Artista Obrero y el Policlínico de la IWW398. Esa última entidad, ahora bajo el nombre de Policlínico Juan Gandulfo, en recuerdo de su fundador fallecido en 1932, seguirá existiendo en 1954.

El 18 y 19 de septiembre de 1937 los wobblies realizaron su Sexta Convención Nacional en Viña del Mar. En ella reafirmaron sus principios e insistieron en mantenerse al margen de las otras organizaciones obreras. Desde la nueva central libertaria –la Confederación General de Trabajadores– se les acusó de tradicionalista, por “vivir de recuerdos” en lugar de sumarse a la organización anarcosindicalista mayoritaria. No obstante esas disputas, existentes sobre todo en la primera mitad de los años treinta, la IWW y la CGT no se excluyeron de unirse en determinadas campañas o en la conmemoración del 1º de Mayo.

Ya en la década del cuarenta los IWW fueron desplazados de casi todos sus espacios y solo unos pequeños grupos conservaron sus siglas en instancias relacionadas con el teatro y la salud de los trabajadores399. La última noticia que se tiene de la IWW es la edición en 1951 de una nueva versión de su clásico periódico Acción Directa.


La IWW fue efectiva en varios aspectos. A ella se debió la unificación, aunque momentánea, de casi todo el espectro libertario de la región chilena, cuestión que a pesar de haber sido buscada con anterioridad, jamás se había logrado. Varios triunfos en huelgas parecieron demostrar la idealidad de sus métodos de organización por industrias, al comprometer la solidaridad de varios oficios a favor del sindicato en conflicto. Quién sabe si fue eso mismo, sumado a la represión estatal y la persecución empresarial, lo que acabó desgastándola. Ciertamente varias de sus actitudes demostraron un cierto dejo de sectarismo, sobre todo en las disputas con marxistas y otros sindicatos libertarios, pero la IWW, con sus victorias y derrotas, conquistó un lugar destacado en la historia del movimiento social chileno de los años veinte.


Víctor Muñoz Cortés 



365 Sobre la IWW en Chile, véase Mario Araya, Los Wobblies criollos. Fundación e ideología en la región chilena de la Industrial Workers of the World IWW (1919- 1927), Tesis para optar al grado de Licenciado en Historia y Ciencias Sociales, Santiago, Universidad ARCIS, 2008; Peter DeShazo, The Industrial Workers of the World in Chile, 1917-1927, M.A. Thesis, University of Wisconsin, Wisconsin, 1973.
366 Peter DeShazo, Trabajadores urbanos…, , op. Cit., p. 225.
367 “Los Trabajadores Industriales del Mundo IWW y la FOLS de Santiago celebran una convención en Santiago”, Numen, Santiago, 3 de enero 1920.
368 En 1921 los confiteros, mozos, ayudantes y peones de Montevideo se organizan como IWW. “Uruguay”, El Productor, Iquique, 21 agosto 1921.
369 Por ejemplo, en 1922 el Departamento de Manufacturas en Madera de Santiago estaba dividido en 3 sub-departamentos geográficos (Barrio Independencia, Cortés Yungay y San Eugenio), y tenía 450 miembros entre mueblistas, talladores, barnizadores, tapiceros, maquinistas barraqueros y taqueros.
370 En 1923, por ejemplo, se creó un Departamento Femenino de Oficios Varios en Santiago para reunir a las mujeres de todas las fábricas y luchar contra los prejuicios religiosos. Y es que, aparte del policlínico, en 1924 se habían “implantado las clases nocturnas de castellano, matemáticas, dibujo lineal y ornamental, conferencias sobre educación y alimentación del niño, de sociología y sobre típicos de suma importancia para la sociedad en general”. Ver “Departamento Femenino de Oficios Varios”, El Obrero Constructor, Santiago, junio 1924. “Correspondencia del extranjero”, Nuestra Tribuna, Necochea, 1 noviembre 1923.
371 Esta medida fue retirada en la Convención de Mayo de 1921.
372 “Constitución”, Boletín de los Trabajadores Industriales del Mundo, Santiago, abril de 1920.
373 El portuario Luís Toro hace una completa descripción de la organización y metodología de acción de la IWW en “Nuestra organización revolucionaria”, La Voz del Mar, Valparaíso, segunda quincena de agosto, primera quincena de septiembre 1924.
374 “¿Qué opina usted del Movimiento obrero en Chile? Responde Moisés Montoya”, Claridad, Santiago, 11 agosto 1923.
375 El 6 y 13 de julio de 1926, por ejemplo, el mismísimo presbítero Daniel Merino discutió contra los ácratas sobre “La función social de la propiedad privada y del capital”. “Informaciones gremiales”, Justicia, Santiago, 5 julio 1926. En Iquique los anarquistas locales habían debatido públicamente con el obispo José María Caro a fines de 1924. Véase “Controversiando con el obispo Caro”, El Surco, Iquique, 3 y 10 de enero 1925.
376 En los años veinte su local estaba en Nataniel 1057.
377 En marzo de 1921, los gremios santiaguinos vinculados a la IWW, eran Unión en Resistencia de Elaboradores en Madera, Unión en Resistencia de Estucadores, Unión en Resistencia de Albañiles y Concreteros, Unión en Resistencia de Baldosistas, Federación de Pintores, Federación de Curtidores, Club de Talladores, Centro Comunista de Panaderos, Federación de Obreros y Obreras en Calzado, Federación de Obreros de Imprenta de Santiago, Federación de Sastres.
378 Si bien la IWW nunca asimiló a todos los gremios anarco-sindicalistas, la cantidad de afiliados no deja de ser importante para la época. En 1920, antes de un año de haber sido organizada, la IWW contaba con 10 mil miembros. En julio de 1921, luego de la segunda Convención Regional, decían tener cerca de 13 mil. A fines de 1922, tras la represión, contaba solo con 3 mil. La cifra aumentaría en los años siguientes, sobre todo debido a la reunificación de los sectores portuarios. En Valparaíso llegaron a tener 4 mil miembros pero tras algunas huelgas perdidas y la represión imperante en 1924 solo tenían 1240 con sus cuotas al día. En Santiago el promedio era de 3 mil, siendo en su mayoría trabajadores de la construcción. Mario Araya, Los wobblies criollos: op. Cit.; Peter DeShazo, Trabajadores urbanos…, , op. Cit..; Cifras en Acción Directa, Santiago, 15 de diciembre de 1922. Ver también Trabajo, Punta Arenas, 1925-1926.
379 En Iquique, entre 1921 y 1923, la IWW estuvo compuesta por Lancheros, Cargadores, Departamento Femenino, Oficios Varios, Calafates. Ver El Productor, Iquique, 1921-1923; Ver también La Unión Local, Manifiesto al proletariado. Explicando nuestra actitud (volante), Imprenta Progreso, Iquique, 21 de diciembre de 1922; Los grupos de jornaleros marítimos, A los jornaleros marítimos (volante), Imprenta Progreso, Iquique, 1 de agosto 1924; La Unión Local, Voz de Alerta. Al pueblo y a los obreros marítimos (volante), Imprenta Progreso, Iquique, 15 de marzo de 1924.
380 El local de la IWW en Valparaíso, en 1926, estaba en San Ignacio 109.
381 La IWW de Talca estaba compuesta también por cigarreros de la Fábrica propiedad de Fígari. Por un Departamento de Oficios Varios, Unión de Elaboradores en Madera, Estucadores y Sastres. Y por un Departamento Femenino. “Fábrica de cigarrillos boicoteada”, El Productor, Iquique, 25 agosto 1923. Ver El Azote, Talca, 1921. 382 Su local en Concepción estaba en Orompello n°1195. Sobre la IWW en esa zona ver Bandera Roja, Concepción, 1926. 383 “Solidaridad con los IWW de Arica”, La Voz del Tripulante, Valparaíso, diciembre 1936. 384 “San Antonio”, La Voz del Mar, Valparaíso, 22 febrero 1925. En 1938, el local de la IWW en San Antonio estaba en Aldea n°151. Destacaron en esa sección Segundo Vera, Carlos Navarrete.
385 A fines de 1924 se creó en Carahue la Unión Local IWW que organizó a los zapateros de la ciudad y estaba trabajando por adherir a ella a los trabajadores a jornal de la Cía Buques y Maderas, y de ferrocarriles. Un estudiante, perseguido de la era de San Fuentes, de apellido García les ayudaba gestionando un policlínico de la IWW y dando charlas. “De Carahue”, La Voz del Mar, Valparaíso, primera quincena de enero 1925.
386 Entre 1925 y 1927, por ejemplo, hubo una activa presencia de la IWW en Punta Arenas. Véase, El Trabajo, Punta Arenas, 1925-1926.
387 “Bases, Principios y Métodos de la I.W.W. Aprobados en la Segunda Convención efectuada del 15 al 18 de Mayo de 1921”, Acción Directa, Santiago, primera quincena de agosto de 1921. “Segunda Convención de los IWW”, Claridad, Santiago, 4 junio 1921.
388 Peter DeShazo, Trabajadores urbanos…, , op. Cit., p. 270.
389 Enemiga declarado de la IWW fue la Federación de Gente del Mar de la Marina Mercante. Ver El Tripulante, Valparaíso, 1925-1926. Por ejemplo “Las letras fatídicas. IWW”, del 28 de mayo y 4 de junio de 1925; “Como se nos combate”, “La Asociación de Comerciantes y la Dirección del Territorio Marítimo contra nosotros”, La Voz del Mar, Valparaíso, primera quincena noviembre 1924, 11 noviembre 1926; Sobre los consejos federales de la FOCH ver “La IWW en la región chilena”, Acción Directa, Santiago, primera quincena de mayo 1921; “Consejo n°2 de Gente de Mar”, La Chispa, Talcahuano, 29 de mayo de 1921.
390 “El lockout de Valparaíso”, “El comicio del viernes”, El Productor, Iquique, 12 septiembre 1921.
391 Peter DeShazo, Trabajadores urbanos…, , op. Cit., p. 269-274.
392 Ver reportajes de El Sembrador, Iquique, 20 octubre 1923; También revisar El Productor de la misma ciudad.
393 En esa convención asistieron delegaciones de Santiago, Valparaíso, Talca y Concepción: AGP, FOIC, F. Organizaciones autónomas, Pintores, Unión en Resistencia de Albañiles y RS, CES, Empajadores de Damajuanas, Comité Pro-presos y Deportados. De Iquique no llegaron por la crisis. La FOIC y la F. de Organizaciones Autónomas se retiraron. “La IWW y su Tercera Convención Regional”, Ideas, Antofagasta, primera quincena de mayo 1924; “Tercera Convención IWW”, Campana Nueva, Valparaíso, primera quincena abril 1924; “La última convención IWW”, El Obrero Constructor, Santiago, junio 1924.
394 “La 4ta Convención de la IWW en Concepción”, La Voz del Mar, Valparaíso, 16 abril 1926.
395 Véanse las notas sobre las conferencias del IWW Carlos Mondaca en Punta Arenas en 1926, a través de El Trabajo, Punta Arenas, 1926. “Nuestra gira al Ecuador”, La Voz del Mar, Valparaíso, 26 de septiembre 1926.
396 Véase La Voz del Tripulante, Valparaíso, 1936-1938.
397 Ver por ejemplo “Conferencias y charlas de interés sindical”, La Hora, Santiago, 15 julio 1937; “La IWW puede revivir sus días de gloria”, “Por línea justa”, El Ariete, Santiago, segunda quincena de junio y segunda quincena de noviembre de 1939.
398 En esos años, sus locales en Santiago estaban ubicados sucesivamente en Avenida Matta n°644, 614, 832, y 1113. Memorándum, 22 septiembre 1933, AHN, FMI., V. 8383; “Teatro del pueblo”, La Hora, Santiago, 2 abril de 1941.
399 En 1934 contaban con un Sindicato de Mueblistas. En 1940 fundaron un Comité IWW en el sector San Pablo y pensaban que estaban reviviendo. “Los Trabajadores Industriales del Mundo renacen en Chile: Mantienen un gran hogar social con Policlínica para los Barrios”, Vea, Santiago, 3 de julio 1940; Memorándum, 24 abril 1932, AHN, FMI, V. 8147; Memorándum, 14 de mayo 1932, AHN, FMI., V. 8147; Memorándum, 25 de abril, AHN, FMI., V. 8148. En 1938, y según su prensa, contaban con pequeños grupos en Arica, Iquique, Antofagasta, Taltal, Valparaíso, Los Andes, Santiago y San Antonio