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lunes, 16 de noviembre de 2015

Acuerdos y resoluciones del congreso constituyente de la ACAT – AIT (1929)

El siguiente documento histórico del anarquismo y el anarcosindicalismo latinoamericanos corresponde a los «Acuerdos y resoluciones del congreso constituyente de la Asociación Continental Americana de los Trabajadores (A.C.A.T.)», efectuado en Buenos Aires en mayo de 1929. Ha sido transcrito por el equipo de N&A desde «El Anarquismo en América Latina» (Biblioteca Ayacucho, 1990); libro compilatorio de escritos de diversos autores y documentos históricos seleccionados por Carlos M. Rama y Ángel Cappelletti y que incluye un interesante prefacio estructurado por Cappelletti.  Las notas al final del texto son las originales incluidas en el libro. Hemos cambiado las notas a pie de página señaladas con ‘asterisco’ por notas numeradas. El texto de Max Nettlau que se señala en la primera nota aún no lo hemos transcrito. La imagen a continuación no corresponde al citado congreso. Para acceder al documento en PDF pueden hacer clic aquí. (N&A)



ASOCIACIÓN CONTINENTAL DE TRABAJADORES1

ACUERDOS Y RESOLUCIONES
DEL CONGRESO CONSTITUYENTE
EFECTUADO EN BUENOS AIRES
LOS DÍAS 11 AL 16 DE MAYO DE 1929

CON TODA FELICIDAD, colmando los deseos de sus iniciadores, se realizó el congreso continental americano durante los días 11 al 16 de mayo de 1929, en la ciudad de Buenos Aires.

Este congreso venía a cumplir una vieja aspiración. La idea de reunir en un vasto organismo continental a todos los trabajadores revolucionarios de América, ligándolos entre sí solidariamente, es muy vieja, casi tan vieja como lo es el movimiento libertario del nuevo mundo. Es, por otra parte, natural que así fuera; el deseo más íntimo de los anarquistas de todos los tiempos, ha sido unirse entre sí internacionalmente, respetando las modalidades particulares que determina la naturaleza étnica de cada país. Este pensamiento está en la esencia de los ideales que defendemos.

Por desgracia, nunca hasta este instante se realizó un esfuerzo lo necesariamente tenaz y continuado para cumplir esta aspiración nuestra hacia el internacionalismo. En el congreso extraordinario de la F.O.R.A., realizado en 1920, se comprendió esta necesidad y se tomó una resolución categórica en ese sentido. Es a partir de esa fecha que se realiza un esfuerzo serio y persistente para llegar al resultado anhelado, especialmente durante los años 1927, 28 y 29, con la constitución por el Consejo Federal de la F.O.R.A. de la Secretaría de Relaciones Internacionales, que tuvo a su cargo la preparación  y organización del congreso continental.

La Confederación General de Trabajadores de México también perseguía el propósito de fundar un organismo libertario continental y a tal efecto se estableció entre F.O. Regional Argentina y C.G.T. la más estrecha relación para cumplir de común acuerdo este deseo colectivo.

Se intentó la realización de dos congresos americanos, uno de parte de la C.G.T. que convocó a los organismos libertarios del continente en Panamá, en 1925, y el segundo de parte de la F.O.R.A., en Buenos Aires, en mayo de 1927. Ambos intentos fracasaron. Las delegaciones asistentes a los mismos no eran lo suficientemente numerosas como para abocarse de hecho a la constitución de un organismo continental.

Diversas razones contribuyeron a este fracaso. A la conferencia de Panamá opuso el gobierno de aquel país toda clase de impedimentos. Pero no es esta la razón principal del fracaso. Los trabajos para la realización, tanto de una como de la otra conferencia, no alcanzaron la suficiente intensidad como para asegurar el éxito. Es preciso agregar a esto, que constituye de por sí un impedimento serio, la ausencia de organizaciones vigorosas en el continente que pudieran, abandonadas a su propios esfuerzo, contribuir a la común tarea de elevar la organización representativa del proletariado revolucionario americano.

Después del fracaso de la segunda conferencia, con la formación de la Secretaría de Relaciones Internacionales, se realiza el esfuerzo más intenso y metódico para dar vida a la actual Asociación Continental Americana de los trabajadores.


CONGRESO DE MAYO DE 1929


El sábado 11 de mayo de 1929, inicia sus sesiones el Congreso Continental. Los trabajos del mismo se prolongaron hasta el día 16, en que se realizó la sesión de clausura.

Un ambiente de cálida fraternidad entre los delegados y la numerosa concurrencia de simpatizantes que llenaba el amplio salón de la F.O.R.A., fue la señal distintiva del congreso. El espíritu de amplitud y de cordura primó entre todos los delegados durante las sesiones y se refleja en cada una de las resoluciones tomadas sobre todos los puntos del orden del día.

Las resoluciones son de por sí suficientemente elocuentes y señalan claramente cuáles fueron los pensamientos dominantes del congreso continental americano, con respecto a los problemas actuales que nos plantea la lucha contra la reacción del capitalismo y del Estado. El congreso afirmó ampliamente los ideales libertarios como norte de las actividades de la naciente institución, y proclamó su confianza en los mismos para destruir los cimientos del Estado y del capitalismo y edificar sobre sus ruinas la sociedad de los libres y de los iguales.

Damos a continuación el detalle de los países representados en la conferencia, organismos actualmente adheridos a la A.C.A.T. y resoluciones tomadas.

Que ninguna de las instituciones y compañeros que pusieron sus esperanzas en los bellos ideales que sirvieron de inspiración y de guía al congreso continental, defraude ahora los propósitos afirmados en la magna reunión que ligó entre sí solidariamente a los diversos movimientos libertarios del continente.

La Continental ha sido creada. Ella representa el centro natural de convergencia del anarquismo en América. Que cada uno y todos se agrupen entonces en torno a ese baluarte levantado frente a todas las instituciones autoritarias del capitalismo y del movimiento obrero de tendencias políticas.2

ORDEN DEL DÍA

El orden del día presentado por la F.O.R.A. fue ligeramente modificado por los delegados, tratándose de acuerdo con esta alteración en la siguiente forma:

1.      ─  Finalidad, doctrina y táctica.
2.     ─  Constitución de la Continental.
3.     ─  Relaciones con la A.I.T.
4.     ─  Relaciones con los organismos nacionales.
5.     ─  Lucha contra la reacción internacional.
6.     ─ El movimiento campesino.
7.     ─  Nombramiento de Bureau y sede del mismo.
8.     ─  Label en la prensa de las organizaciones adheridas.
9.     ─  Archivo del movimiento obrero anarquista continental.
10.  ─  Intercambio de delegados entre los diversos países.
11.   ─  Lucha por la jornada de seis horas.
12.  ─  Actitud frente a la I.W.W.
13.  ─  Clausura del congreso continental.

Las resoluciones adoptadas sobre cada uno de estos puntos y que señalan claramente cuáles han sido las ideas fundamentales del congreso, las trascribimos a continuación:


DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
DECLARACIONES GENERALES


ORGANIZACIÓN SOCIAL.─ Dos son los caminos propuestos por los movimientos proletarios y socialistas para superar la situación presente: la conquista del Estado para operar la transformación política de la sociedad por medio de decretos, y la organización de la vida económica sobre la base del trabajo de todos y de cada uno. La primera resolución pretende realizar la nueva organización social de arriba abajo; la segunda aspira a hacerse de abajo a arriba: una tiene por norma de conducta la autoridad, la otra la libertad.

La Asociación Continental Americana de los Trabajadores, que recoge las experiencias del último siglo de luchas y que tiene en cuenta las enseñanzas de la realidad y de la vida, repudia la conquista del Estado político como medio de emancipación proletaria y concentra todas sus esperanzas en la organización del trabajo sobre las piedras angulares de su libertad, de su utilización y de su solidaridad.

En consecuencia, aspira a un régimen social en donde el trabajo será la base y la garantía de libertad y de justicia para todos.

ABOLICIÓN DEL ESTADO.─  Un régimen social basado en el trabajo común de las asociaciones libres de productores libres, excluye el Estado, que ha sido siempre instrumento de dominación de una casta o clase parasitaria en detrimento de la masa productora y que pierde su razón de ser cuando la nivelación económica, la expropiación de los expropiadores, ha establecido la igualdad de todos los seres humanos ante la vida, ante los instrumentos de trabajo y ante el disfrute de los productos.

La Asociación Continental Americana de los Trabajadores, como intérprete de los intereses de los que producen y no de los explotadores del trabajo beneficiarios de la producción ajena, quiere una sociedad de libres y de iguales, por lo tanto una sociedad anarquista.

SUPRESIÓN DE LOS MONOPOLIOS.─  El capitalismo, que es la forma económica más injusta que se pueda imaginar, y no siempre la más renditiva  provechosa desde el punto de vista de la producción misma, tiene sus más profundas raíces en el reconocimiento y la defensa de la propiedad monopolista, exclusiva, hereditaria.

La A.C.A. de Trabajadores rechaza todo concepto de monopolio en el usufructo de las riquezas sociales y reivindica el derecho pleno de la humanidad presente y futura a beneficiarse por igual, según las necesidades, de los bienes de la naturaleza y del trabajo del hombre. Sin reconocer una forma especial de organización de las futuras relaciones económicas, recomienda el comunismo como aquella condición que promete una más amplia garantía de bienestar y de libertad individual.

EL HOMBRE LIBRE EN LA SOCIEDAD LIBRE.─  Para el capitalismo y el estatismo dominantes, el ideal consiste en la esclavización y la opresión crecientes de las grandes masas en beneficio de las minorías privilegiadas del monopolio. La A.C.A.T. tiene por ideal supremo el hombre libre en la sociedad libre, y propaga su realización mediante la supresión revolucionaria del aparato estatal y de la organización económica capitalista simultáneamente, en la convicción de que la abolición del uno y el mantenimiento del otro conducirá irremisiblemente, como lo ha enseñado ya la experiencia, a la restauración del orden de cosas que se había querido destruir.

El socialismo libertario no puede ser realizado más que por la revolución social. En consecuencia, los trabajadores revolucionarios deben prepararse intelectual y prácticamente en el sentido de tomar posesión de los medios de producción, distribución y transporte a su alcance para utilizarlos automáticamente al día siguiente de la revolución, así como elaborar los medios de relación entre los diversos grupos de producción, o de lugar, sin que esto marque una única forma de convivencia revolucionaria, y siempre que se salven los principios fundamentales enunciado en nuestra finalidad.

MEDIOS DE LUCHA

1º. El objetivo de la organización obrera consiste en asociar a todos los asalariados para la lucha contra la clase explotadora, de acuerdo con el lema de la primera internacional: «La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos».

2º. Para que sea posible llegar a este objetivo, los métodos de acción deben estar en concordancia con la doctrina revolucionaria. De ahí que sean las prácticas de la lucha de la A.C.A.T. y de las organizaciones que la integran, la huelga parcial y general, el sabotaje y el boicot en los casos en que sea necesario practicar la solidaridad más allá de los respectivos planos nacionales.

3º. Se rechaza el arbitraje oficial y las intervenciones oficiosas para el arreglo de las controversias entre el capital y el trabajo. En consecuencia, será combatida la política de la colaboración de clases, comprometiéndose incluso las organizaciones obreras firmantes de este pacto solidario a combatir los proyectos legislativos que, en los respectivos países, tiendan a convertir en obligatoria la intervención del Estado en las huelgas y otros conflictos sociales.

4º. La base de las organizaciones obreras libertarias es el federalismo. Los individuos se asocian voluntariamente en el sindicato, los sindicatos forman las federaciones y el conjunto constituye el organismo nacional. De abajo arriba se establece la unión del proletariado, conservando tanto el individuo como el grupo asociado su autonomía dentro de la Internacional de los trabajadores.

 ─Las organizaciones por oficio o por rama industrial u organizaciones por fábrica en las modernas empresas racionalizadas, debe quedar librada a la mejor utilidad reconocida por los interesados. El federalismo es una concepción organizatriz en la línea convergente que no se destruye siempre que se obtenga la relación de intereses en el plano de la inmediata concreción de una fábrica, de un pueblo, de una región, teniendo en cuenta que el hombre se debe primero al medio ambiente en que vive como ente social y después a su oficio como productor.

5º. La Asociación Continental Americana de los Trabajadores se declara adversaria de toda política y rechaza todo compromiso o alianza con los partidos que aceptan la colaboración de clases y con los sectores sindicales que actúan en la esfera del Estado, sean parlamentarios o dictatoriales.

6º. La A.C.A.T. manifiesta su simpatía a todo ensayo proletario revolucionario para la consecución de su emancipación política, económica y social completa por medio de la insurrección armada.

7º. Como aspiración de futuro, la A.C.A.T. recomienda el comunismo anárquico, entendiendo que la propaganda de las ideas filosóficas del anarquismo debe ser la preocupación constante de todos los revolucionarios que aspiran a suprimir, con la tiranía económica del capital, la tiranía política y jurídica del Estado.

FINES INMEDIATOS

Sin renunciar a sus objetivos generales, al contrario como un medio eficaz de acelerar su realización, la A.C.A.T. propaga los siguientes fines inmediatos:

1º. Obtención de más altos salarios, es decir, de una mayor participación de los trabajadores en los resultados de la producción.
2º. Reducción de la jornada de trabajo.
3º. Defensa de las conquistas sociales, económicas y morales con todos los medios de la acción directa revolucionaria que no contradicen los elevados fines perseguidos.
4º. Lucha incesante contra el militarismo y la guerra, por la propaganda del boicot a la industria de los armamentos, de la negativa individual y colectiva a servir en el ejército, del desprestigio moral del oficio militar y de la huelga general revolucionaria y el sabotaje en caso de guerra.
5º. Desconocimiento de las barreras artificiosas de las nacionalidades estatales y proclamación de la patria universal del trabajo y de la comunidad de intereses de los trabajadores del mundo entero.
6º. Divulgación y afirmación de una mentalidad hondamente libertaria y de producción consciente como condición previa de una transformación social promisora.
7º. Ejercicio constante de la solidaridad en favor de las víctimas de la lucha revolucionaria contra el capitalismo y el Estado.
8º. Estímulo y apoyo a todas las corrientes y movimientos sociales y de cultura que, aun sin coincidir con nosotros en los objetivos finales enteramente, con su acción y propaganda contribuyen a debilitar los puntales del autoritarismo político y del privilegio económico, sin abandonar nunca la propia cohesión interna ni perder de vista las finalidades que singularizan el movimiento libertador del trabajo.

NOMBRE

1º. Con el nombre de Asociación Continental Americana de los Trabajadores se constituye una confederación continental de organizaciones obreras y campesinas de América que aspiran a la reorganización social sobre las bases de la libertad y de la justicia para todo y reconocen como medio de lucha al acción directa.
2º. La A.C.A.T. constituye un miembro colectivo de la Asociación Internacional de los Trabajadores.

ADMINISTRACIÓN

1º. La A.C.A.T. se regirá por un secretariado de tres miembros nombrados en sus congresos, y por un consejo nombrado por las organizaciones adheridas a razón de un miembro por organización.
2º. La misión del secretariado consistirá en atender la propaganda internacional, el estrechamiento de relaciones entre el proletariado revolucionario continental, en la penetración en los países todavía no trabajados por el ideal revolucionario y en todo cuanto tenga atingencia con las necesidades de la lucha obrera en el terreno internacional.
3º. El consejo asesorará al secretariado y cooperará con él mediante sus informaciones y sus iniciativas.

CONGRESOS

Cada tres años se realizarán congresos continentales de delegados a fin de estudiar los problemas de teoría y táctica que se presenten y para atender a las necesidades nuevas de la propaganda y de la lucha.

SERVICIO DE INFORMACIONES

El secretariado editará una revista de informaciones y de propaganda, la que será distribuida proporcionalmente entre las organizaciones adheridas.

FINANZAS

Cada organismo adherente contribuirá a la propaganda internacional con la cantidad que le sea posible, pero se esforzará por establecer una cuota fija que sea aproximada, de ser posible, a la fiada por la F.O.R.A.: cinco centavos argentinos por asociado, que se distribuirán entre la A.I.T, la Continental y el Fondo de Socorro de la Internacional.

RESOLUCIONES

1. ─  DECLARACIÓN SOLIDARIA CON LOS PRESOS SOCIALES.

El congreso continental del movimiento obrero libertario, al iniciar sus sesiones, envía a las víctimas de la reacción en todos los países sus saludos fraternales. Se declara solidario en su lucha contra la reacción estatal, contra la opresión y contra la explotación. Que los compañeros que se encuentran tras los tétricos y fríos muros de la prisión en los desiertos helados de Siberia, en los presidios de Tierra del Fuego. Más afuera, Cuba, Colombia y otras partes o están forzados a llevar una vida de emigrantes políticos, estén seguros de que el movimiento obrero libertario del continente americano laborará con toda energía por su liberación. El grito de libertad en favor de los prisioneros por cuestiones sociales no enmudecerá hasta que se vea libre la última de las víctimas de la reacción y de la dictadura de no importa qué país. La acción para arrancar a las víctimas de la lucha social de las manos de los gobernantes fue siempre la tarea más sagrada del movimiento obrero libertario. Los compañeros perseguidos de todos los países pueden contar también para el futuro con la ayuda solidaria y la acción del proletariado de América.

2. ─ CONTRA LA REACCIÓN INTERNACIONAL

I

Consideramos uno de los deberes revolucionarios de esta hora la lucha contra el retroceso medioeval de los espíritus y de las instituciones sociales y políticas.

En esa lucha es preciso combatir con igual intensidad el militarismo, la guerra y la reacción, que son tres manifestaciones diversas de un mismo principio y de una misma aspiración.

En la lucha especial contra el militarismo se recomienda:

a)    La negativa individual a hacer el servicio militar; la negativa colectiva con el mismo fin.
b)    La divulgación de conceptos de responsabilidad que lleven el descrédito a la función militar y hagan un deber para el proletariado de la negativa a trabajar para el ejército, en paz o en guerra.
c)     La preparación y la divulgación de la idea de boicot completo, de víveres, municiones, transporte, etc., para el ejército y sus sostenedores.
d)    La propulsión de una literatura infantil que contrarreste el envenenamiento militarista de las escuelas del Estado.

Contra la guerra se reconocen como armas eficaces las anteriores y además la huelga revolucionaria o insurrección popular, con la consiguiente intensificación de la lucha y de la propaganda.

La lucha contra la reacción que complementa la lucha contra la guerra y el militarismo, debe hacerse ante todo por la afirmación de la solidaridad de intereses morales y materiales de los oprimidos y explotados de todos los países, por el boicot consciente y progresivo al estatismo, por el desenmascaramiento de la reacción que entraña la legislación obrera o social, por la campaña contra las exigencias cada vez mayores del aparato de dominación y de opresión, por la reivindicación de la libertad y de la igualdad para todos los seres humanos y, en fin, por el perfeccionamiento y la intensificación de la obra de conspiración material y espiritual permanente contra las iniquidades del privilegio y del despotismo.

El proletariado revolucionario de América, ante la abdicación casi completa ─contra la cual pesan muy poco las honrosas excepciones─ de las clases intelectuales y de las juventudes estudiantiles, tiene la grave responsabilidad y la alta misión de encabezar con sus propias fuerzas, sin rechazar por ello la adhesión de las buenas voluntades, la obra de la liberación del trabajo contra todas las doctrinas y tendencias de esclavización y de opresión del hombre por el hombre.

En ese esfuerzo, los trabajadores revolucionarios pondrán de su parte cuanto les sea posible para suscitar en todos los ambientes y movimientos, corrientes convergentes hacia el supremo ideal de todas las luchas del progreso: la instauración de un orden social de cosas en donde la vida del hombre tendrá las máximas posibilidades de desarrollo libre y armónico.

II

El congreso continental americano está firmemente compenetrado de que la preparación internacional para la guerra en todos los Estados tiene que ser contrarrestada igualmente por una agitación internacional antiguerrerista de los trabajadores.

El congreso constata por consiguiente con alegría la colaboración orgánica regular en la cuestión del antimilitarismo entre el Bureau Internacional Antimilitarista y la Asociación Internacional en el Comisión Internacional Antimilitarista.

El congreso exhorta a todos los antimilitaristas revolucionarios a sostener personal y colectivamente el trabajo internacional de la Comisión Internacional Antimilitarista.

a)    Adhiriéndose a la A.I.T. si se trata de sindicatos.
b)    Adhiriéndose al Bureau Internacional Antimilitarista si se trata de otras organizaciones.
c)     Adhiriéndose a la B.I.A si se trata de personas.
d)    Transmitiendo todos los acontecimientos importantes del país respectivo en relación al militarismo, al antimilitarismo, a la preparación de guerra, a la reacción, etc., a la Comisión Internacional Antimilitarista.
e)    Favoreciendo la más amplia divulgación de los comunicado noticias y artículos del servicio de la prensa de la C.I. Antimilitarista.
f)     Enviando a la C.I.A. periódicos y direcciones de organismos y personas que pudieran interesarse por el servicio de prensa.
g)    Conquistando suscriptores al servicio de prensa.


3.─ EL PROBLEMA INMIGRATORIO.
I

El congreso obrero continental reunido en Buenos Aires del 11 al 16 de mayo de 1929, ha fijado su posición ante el problema de la emigración de trabajadores, del siguiente modo:

La emigración no sólo hay que atribuirla a la superpoblación en los viejos continentes, sino ante todo también a la política económica capitalista. Los gobiernos capitalistas de los países europeos tienen un interés en librarse de las partes descontentas del proletariado sin trabajo, para apaciguar un factor de intranquilidad.

Los gobiernos capitalistas de los países de inmigración están interesados por su parte en recibir el mayor número posible de fuerzas de trabajo a fin de colmar el mercado del trabajo y de reducir los salarios. Con ese propósito emprenden los gobiernos capitalistas en América del Sur una propaganda en favor de la inmigración.

En las grandes ciudades de América del Sur, como Buenos Aires, Río de Janeiro, etc., existe hoy ya una gran desocupación. El congreso previene por tanto al proletariado de Europa ante los agentes de los capitalistas y de los gobiernos. Los obreros emigrantes, antes de emprender su emigración, deberán ponerse en relación con las organizaciones obreras de los países a donde quieren llegar, si es posible por intermedio de sus propias organizaciones, a los fines de informarse antes de partir sobre las condiciones de trabajo, la altura de los salarios, la situación del mercado, etc. Así protegen su propio interés, pues no necesitan aceptar, a causa del desconocimiento de la situación, trabajo en malas condiciones ni se verán en la penosa situación de tener que oficiar de opresores de los salarios frente a sus compañeros de trabajo o de poner en peligro las conquistas obtenidas por las organizaciones obreras.

El congreso dirige a los obreros emigrantes un llamado apremiante para que se organicen en los sindicatos revolucionarios a fin de defender los intereses de su clase. Al capitalismo internacionalmente organizado debe oponerle el proletariado mundial su organización internacional, revolucionaria y libertaria. Sólo por la abolición de la explotación económica y de la dominación política, sólo después de la supresión de todas las fronteras artificiales y de las diferencias de clase violentamente sostenidas pueden ser armónicas las relaciones de los obreros de todos los países y el tráfico entre pueblo y pueblo.

II

Como labores inmediatas se recomienda: Una intensa propaganda alrededor de las Casas de Inmigrantes a fin de que se conozca: 1º. Dónde están las sociedades obreras de resistencia en la capital y en el interior; 2º. Las condiciones de trabajo, lucha y propaganda; 3º. El significado y alcance de los arrendadores de tierras, particulares y del Estado. Y en fin, todas las cosas útiles con respecto al trabajo campesino, para orientación del inmigrante; 4º. Conocer la interesada propaganda de los consulados y delegados comerciales y divulgar la verdad al respecto, para que antes de cruzar el mar sepan lo que van a encontrar. Además, lo que son las empresas de inmigración y colocación. Crear a la par una estadística al respecto.

4. ─  EL PROBLEMA CAMPESINO

El congreso continental declara que el campesino representa un elemento de primer orden dentro de las luchas hacia la emancipación humana. Declara también que el hecho de que en América exista enorme porcentaje de campesinos en el proletariado, fortalece la circunstancia anterior. En consecuencia, exhorta a los organismos y a las individualidades a reivindicar al campesino del segundo término a que generalmente se le ha relegado y a interesarlo en nuestras organizaciones. Manifiesta además que es eficaz considerar las distintas condiciones morales y materiales del campesino de cada país, para encajar la técnica orgánica dentro de estas condiciones. Asimismo declara que la heterogeneidad de circunstancias en que está circunscripto el campesino de cada país reclama un más grande conocimiento del asunto y en consecuencia un más grande estudio teórico y material en cada caso. Para el efecto acuerda emprender una encuesta internacional por medio de la prensa revolucionaria; encuesta que tratará de aportar informes y análisis de los diversos movimientos del campo.

El movimiento campesino se tratará amplia y preferentemente en el próximo congreso continental a fin de encontrarle una solución lo más completa posible.

5. ─ INTERCAMBIO DE DELEGADOS

El congreso continental, reconociendo la importancia del intercambio de delegados entre los diversos países de América, recomienda al secretariado que estudie los medios de materializar esta iniciativa lo antes posible.

6. ─ JORNADA DE SEIS HORAS.3

Después de un largo debate, el congreso continental americano resuelve hacer suya la resolución sobre las seis horas adoptada en el tercer congreso de la A.I.T. celebrado en Lieja.

7. ─ PUBLICACIÓN DE UN MANIFIESTO.

El congreso continental comisiona al secretariado de la A.C.A.T. para editar un manifiesto dirigido al proletariado de Bolivia y del Paraguay, poniéndole de relieve el peligro de guerra y sus intereses comunes frente al enemigo común: el Estado y el capitalismo.

8. ─ EDICIÓN DE UN FOLLETO.

Se resuelve editar un folleto conteniendo los trabajos más importantes de carácter doctrinario que se han presentado a la consideración del congreso continental.

9. ─ EL TRABAJO A DESTAJO.

El congreso constituyente de la A.C.A.T. llama la atención sobre los perjuicios que ocasiona el trabajo a destajo que lleva al campo gremial la lucha de obrero a obrero, con peligro para los fines emancipadores, y en consecuencia recomienda a las organizaciones adheridas que hagan todo lo posible por desterrar esta práctica del sistema de explotación capitalista.

10. ─ RELACIONES CON LAS ORGANIZACIONES NACIONALES.

El congreso constituyente de la A.C.A.T., para el caso en que sea solicitada la adhesión de una organización sindical nacional en un país donde existe ya una organización adherida, resuelve ajustarse a lo resuelto por el primer congreso de la A.I.T. sobre las condiciones de la adhesión.

11. ─ CONTRA LAS DIVERSAS FORMAS DE EXPLOTACIÓN.

La Conferencia continental de trabajadores revolucionarios, aun propiciando con plena fe y confianza en el porvenir, una transformación completa del orden político y del orden económico burgués, reconoce la urgencia de la lucha por el pan y por los mejoramientos cotidianos como exponente de la voluntad proletaria de operar esa transformación.

Además, constata la multiplicidad de formas de explotación del hombre por el hombre, ─en el terreno de la industria, donde el hombre aparece como productor; en el comercio, donde aparece como consumidor; en el campo de las especulaciones financieras, en el radio de acción del capitalismo agrario y latifundista, etc. ─ y opina que la obra revolucionaria definitiva, lo mismo que la defensa cotidiana, deben llevarse a cabo en todos los frentes posibles.

12. ─ CREACIÓN DE ARCHIVOS

En cada país adherido se establecerá un archivo del movimiento obrero anarquista continental. Cada organización debe separar de cuantas publicaciones realice, manifiestos, volantes, periódicos, etc., tanto ejemplares como organizaciones cuente la A.C.A.T. y enviarlos a cada una de estas organizaciones a los efectos de ir desde ya formando estos archivos.4  

NOTAS:

  1. Transcribimos íntegramente del folleto Congreso Constituyente de la ACAT, Buenos Aires, ACAT, 1930, el informe de Diego Abad de Santillán sobre los acuerdos y resoluciones, y asimismo el texto anexo de Max Nettlau, (que en la fuente citada corresponde a las páginas 38/46) y es una Carta abierta sobre la significación del Congreso Obrero libertario americano (C.M.R.)
  2. Omitimos la nómina de delegaciones y personalidades asistentes por obvias razones editoriales. (C.M.R.)
  3. La finalidad principal de la jornada de seis horas era la de encontrar un remedio parcial a la desocupación obrera provocada por la crisis (A.J.C)
  4. Suprimimos la versión del acta de la sesión de clausura del congreso constituyente de la ACAT, que aparece firmada por Diego Abad de Santillán, autor asimismo de la redacción de los demás texto que anteceden (C.M.R.).

martes, 24 de febrero de 2015

Libertad e igualdad - Mijaíl Bakunin

El siguiente texto, disponible por primera vez en internet, corresponde al capítulo titulado Libertad e igualdad del libro Escritos de Filosofía Política II, Mijaíl Bakunin. (Es el primer fragmento del tomo II, y corresponde a la parte III del total del compilado. Las Partes I y II, incluidas en el Tomo I, se pueden consultar haciendo clic aquí) Se han omitido las fuentes bibliográficas incluidas en el formato papel. Las negritas tipo subtítulo corresponden al compilador, Gregori Maximoff, y el desarrollo a Mijaíl Bakunin. Con este texto iniciamos la transcripción del Tomo II, obra imprescindible para comprender el pensamiento y práctica política en Mijaíl Bakunin. Nota explicativa incluida en la edición papel, Altaya 1995: “Maximoff preparó el texto original de este volumen en ruso, y extrajo principalmente los textos seleccionados de la primera edición rusa de las obras escogidas de Bakunin, de la que aparecieron cinco volúmenes entre 1919 y 1922; pero también recurrió a la edición alemana (1921-1924), y a unos pocos panfletos y revistas.” (N&A) 




Leyes naturales y leyes hechas por el hombre. El hombre nunca puede ser absolutamente libre en relación con las leyes naturales y sociales.

¿Qué es la libertad? ¿Qué es la esclavitud? ¿Consiste la libertad del hombre en una rebelión contra todas las leyes? Diremos No, en tanto que esas leyes sean naturales, económicas y sociales; no impuestas autoritariamente, sino inmanentes a las cosas, las relaciones y las situaciones cuyo desarrollo natural es expresado por esas leyes. Diremos Sí cuando son leyes políticas y jurídicas, impuestas por el hombre sobre el hombre: sea violentamente por el derecho de la fuerza; sea por el engaño y la hipocresía, en nombre de la religión o de cualquier doctrina; o, finalmente, por la fuerza de la ficción, de la mentira democrática llamada sufragio universal.

El hombre no pude rebelarse contra la Naturaleza ni escapar de ella. No es posible la rebelión del hombre contra las leyes de la Naturaleza, por la simple razón de que el hombre mismo es un producto de la Naturaleza y sólo existe en virtud de esas leyes. Una rebelión por su parte sería… un empeño ridículo, una rebelión contra sí mismo, un verdadero suicidio. El hombre que ha tomado la determinación de destruirse, e incluso lleva a cabo tal designio actúa otra vez de acuerdo con esas mismas leyes naturales, de las que nada puede eximirle: ni el pensamiento, ni los deseos, ni la desesperación, ni otras pasiones, ni la vida, ni la muerte.

El propio hombre no es otra cosa que Naturaleza. Sus sentimientos más sublimes o más monstruosos, las decisiones o manifestaciones más perversas, más egoístas o más heroicas de su voluntad, los pensamientos más abstractos, teológicos o insanos –todo ello no es otra cosa que Naturaleza. La Naturaleza envuelve, penetra, constituye toda su existencia. ¿Cómo podría escapar alguna vez de esta Naturaleza?

Las fuentes del escapismo. Es realmente digno de asombro considerar cómo pudo el hombre concebir esa idea de escapar de la Naturaleza. Siendo su separación de ella completamente imposible, ¿cómo pudo alguna vez el hombre soñar tal cosa? ¿De dónde le vino ese monstruoso sueño? ¿De dónde sino de la teología, la ciencia del No-Ser, y más tarde de la metafísica, que es la imposible reconciliación de la No-Existencia con la realidad? 

Debemos distinguir bien entre las leyes naturales y las leyes autoritarias, arbitrarias, políticas, religiosas, criminales y civiles que las clases privilegiadas han establecido siempre en el curso de la historia para la explotación del trabajo de las masas trabajadoras –leyes que, bajo la pretensión de una moralidad ficticia, fueron siempre fuente de la más profunda inmoralidad. En consecuencia, se impone la obediencia involuntaria e ineludible de todas las leyes que, independientemente del deseo humano, constituyen la auténtica vida de la Naturaleza y la sociedad; y se impone al mismo tiempo la mayor independencia posible de cada individuo en relación con todas las pretensiones de mando procedentes de cualquiera voluntad humana, ya sea individual o colectiva, y que no tiendan a afirmarse mediante de una influencia natural, sino imponiendo su ley, su despotismo. 

La libertad no implica la renuncia a ejercer influencia. La libertad de cada hombre es el efecto siempre renovado de una multitud de influencias físicas, mentales y morales determinadas por el medio donde ha nacido, y en el que vive y muere. Querer escapar a esta influencia en nombre de alguna libertad trascendental o divina, autosuficiente y absolutamente egoísta, es tender a la inexistencia; renunciar a ejercer influencia sobre otros significa renunciar a la acción social, o incluso a la acción de los propios pensamientos y sentimientos, lo que de nuevo es tender a la inexistencia. Esa célebre independencia tal exaltada por los idealistas y los metafísicos, y la libertad individual así concebida, no son más que puras nadarías.

El colmo de la equivocación se encuentra en quienes ignoran la ley natural y social de la solidaridad humana hasta el extremo de imaginar que la independencia mutua absoluta de los individuos o de las masas es posible o deseable.  Desear esto es desear la aniquilación misma de la sociedad, porque la vida social es simplemente esa incesante dependencia mutua de los individuos y de las masas. Todos los individuos, incluso los más fuertes e inteligentes, son en cada instante de sus vidas productores y producto a la vez de la voluntad y la acción de las masas. 

En la Naturaleza como en la sociedad humana, que en sí misma no es otra cosa que Naturaleza, todo lo viviente está sometido a la condición suprema de intervenir de la manera más positiva en la vida de otros –interviniendo de una manera tan poderosa como permite la Naturaleza particular de cada individuo dado. Rechazar esta influencia recíproca significa conjurar la muerte en el pleno sentido de la palabra. Y cuando pedimos libertad para las masas no pretendemos haber abolido la influencia natural ejercida sobre ellas por cualquier individuo o grupo de individuos. Lo que queremos es la abolición de las influencias ficticias, privilegiadas, legales y oficiales.

Libertad de conformidad con las leyes naturales. La libertad del hombre consiste simplemente en obedecer a las leyes naturales porque él mismo las reconoce como tales, y no porque se las haya impuesto ninguna voluntad extrínseca, divina o humana, colectiva o individual. 

En el marco de las leyes naturales, sólo hay una clase de libertad posible para el hombre: reconocerlas y aplicarlas cada vez más de acuerdo con el objetivo de emancipación o humanización, individual o colectiva, que se ha propuesto. Esas leyes, una vez reconocidas, ejercen una autoridad que nunca ha sido puesta en duda por la gran masa de la humanidad. Tendríamos que ser, por ejemplo, locos o teólogos –o al menos metafísicos, juristas o economistas burgueses- para rebelarnos contra la ley de que dos más dos suman cuatro. Es preciso tener fe para imaginar que no nos quemaría el fuego o no nos hundiríamos en el agua sin recurrir a algún subterfugio que, a su vez, está fundado en alguna otra ley natural. Pero esas rebeldías o, más bien, esos intentos fantasiosos de rebeldías imposibles, constituyen sólo raras excepciones; en general, puede decirse que la masa de la humanidad se deja gobernar en su vida cotidiana casi de manera absoluta por el sentido común, es decir, por el conjunto de las leyes naturales generalmente admitidas.

La libertad racional. Ciertamente, con la ayuda del conocimiento y la meditada aplicación de las leyes de la Naturaleza, el hombre se emancipa gradualmente a sí mismo; pero logra su emancipación no en relación con el yugo universal, con el que nacen todas las criaturas vivientes, incluido él mismo,  y por el cual se producen y desvanecen todas las cosas existentes en este mundo. El hombre sólo se libera a sí mismo de la brutal presión debida a su mundo externo, material y social, incluyendo en é todas las cosas y gentes que le rodean. Domina las cosas mediante la ciencia y el trabajo; y sacude el yugo arbitrario de los hombres mediante las revoluciones.
Este es, entonces, el único significado racional de la palabra libertad: dominio sobre las cosas externas, basado en la respetuosa observancia de las leyes de la Naturaleza; es la independencia de las exigencias y los actos despóticos de los hombres; es la ciencia, el trabajo, la rebelión política y, finalmente, la organización a la vez planificada y libre del medio social acorde con las leyes naturales inmanentes a cada sociedad humana. La primera y la última condición de esta libertad sigue siendo la más absoluta sumisión a la omnipotencia de la Naturaleza, nuestra madre, y la observancia y la aplicación más rigurosa de sus leyes.

Una amplia difusión del conocimiento llevará a la plena libertad.  La mayor desgracia reside en que un gran número de leyes naturales, establecidas ya como tales por la ciencia, siguen desconocidas para las masas, gracias a los solícitos cuidados de los gobiernos tutelares que existen, como sabemos , solo para el bien del pueblo. Hay también otra dificultad: a saber, que la mayor parte de las leyes naturales inmanentes al desarrollo de la sociedad humana – tan necesarias, invariables e inevitables como las leyes que gobiernan al mundo físico- no han sido debidamente reconocidas y establecidas por la propia ciencia.

Cuando hayan sido reconocidas –primero por la ciencia, y luego por un amplio sistema de educación e instrucción popular- e integradas orgánicamente en la ciencia general, la cuestión de la libertad estará complemente resuelta. La más recalcitrante de las autoridades debe admitir que no habrá necesidad de organización política, administración o legislación. Estas tres cosas, emanadas de la voluntad del soberano o de un parlamento elegido sobre la base del sufragio universal, en el caso en que fueran conformes con el sistema de las leyes naturales –lo que nunca ha sucedido y nunca sucederá-, son siempre igualmente  vanas y hostiles a la libertad del pueblo, porque le imponen un sistema de leyes externas y, por tanto, despóticas.

La libertad sólo es válida cuando es compartida por todos. La definición materialista, realista y colectivista de la libertad es completamente opuesta a la definición de los idealistas. La definición materialista se formula así: el hombre sólo se convierte en hombre y llega a tener conciencia y a realizar su propia humanidad en la sociedad, gracias a la acción colectiva de toda la sociedad. Sólo se libera a sí mismo del yugo de la Naturaleza externa por el trabajo colectivo y social, único capaz de transformar la superficie de la tierra en una residencia favorable para el desarrollo de la humanidad. Y sin esta emancipación material no puede haber emancipación intelectual o moral para nadie. 

El hombre no puede librarse a sí mismo del yugo de su propia naturaleza. Sólo puede subordinar sus instintos y movimientos corporales a la dirección de su mente en continuo desarrollo con ayuda de la educación y la crianza. Sin embargo, ambas cosas son fenómenos básica y exclusivamente sociales. Porque fuera de la sociedad el hombre seguiría siendo una bestia salvaje o un santo, lo que viene a ser aproximadamente lo mismo. Finalmente, un hombre aislado no puede tener conciencia de su libertad. Ser libre significa que el hombre será reconocido y tratado como tal por otro hombre, por todos los hombres que lo rodean. La libertad no es, entonces, un hecho que nace del aislamiento, sino de la acción recíproca; no es un resultado de la exclusión sino, por el contrario, de la interacción social, porque la libertad de cada individuo es simplemente el reflejo de su humanidad o de sus derechos humanos en la conciencia de todos los hombres libres, sus hermanos, sus iguales.

Sólo puedo llamarme y sentirme hombre libre en presencia de otro hombre y en relación a él. Ante un animal de especie inferior no soy libre ni soy un hombre, porque ese animal es incapaz de concebir y, en consecuencia, es incapaz de reconocer mi humanidad.

Un caníbal que se come a sus cautivos, tratándolos como animales salvajes, no es un hombre, sino una bestia. El amo de esclavos no es un hombre, sino un amo. Al ignorar la humanidad de sus esclavos, ignora su propia humanidad. Todas las antiguas sociedades ofrecen buenos ejemplos de ello: los griegos y los romanos no se sentían libres como hombres, no se consideraban tales desde el punto de vista del derecho humano. Se consideraban seres privilegiados por su condición de griegos o romanos, pero sólo en su propia patria y mientras ésta permaneciera inconquistada o conquistara a otros países gracias a la especial protección de sus dioses nacionales. Ni se asombraban ni se consideraban en el derecho o en la obligación de rebelarse cuando, tras haber sido vencidos, caían ellos mismos en la esclavitud.

La libertad cristiana. El mayor mérito del cristianismo fue que proclamó la humanidad de todos los seres humanos, incluyendo a las mujeres, y la igualdad de todos los hombres ante Dios. Pero ¿cómo proclamó este principio? En el cielo, en la vida futura, y no en la verdadera vida existente sobre la tierra. Además, esta igualdad venidera constituye una falsedad porque, como sabemos, el número de los elegidos es muy pequeño. Sobre este punto, todos los teólogos de las diversas sectas cristianas están completamente de acuerdo. Para ellos, la llamada igualdad cristiana supone el más flagrante privilegio para algunos miles de los elegidos por la gracia divina frente a los millones de condenados. Por lo mismo, la igualdad de todos ante Dios –aunque abarcase a todos y cada uno- sería sólo una igualdad en la nada y una esclavitud igual de todos ante un supremo dueño. 

¿No es la base del culto cristiano y la primera condición de la salvación la renuncia a la dignidad y el cultivo del desprecio por esa dignidad en presencia de la Divina Grandeza? Un cristiano no es entonces un hombre, porque le falta la conciencia de su humanidad. No respetando la dignidad humana en sí mismo, mal puede respetarla en otros; y al no respetarla en otros, no puede respetarla en sí mismo. Un cristiano puede ser profeta, santo, sacerdote, rey, general, ministro, funcionario del Estado, representantede alguna autoridad, gendarme, verdugo, noble, burgués explotador, maltratado proletario, opresor u oprimido, torturador o torturado, patrón o jornalero, pero no tiene el derecho de llamarse a sí mismo hombre, porque sólo somos hombres cuando respetamos y amamos a la humanidad y la libertad de todos los demás, y cuando nuestra propia libertad y humanidad son respetadas, amadas, estimuladas y creadas por todos los demás.

La libertad del individuo es incrementada y no limitada por la libertad de todos. Sólo soy libre cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres. Lejos de limitar o negar mi libertad, la libertad de los demás es su condición necesaria y su confirmación. Sólo soy libre en el verdadero sentido de la palabra en virtud de la libertad de los demás, de manera que cuanto mayor es el número de personas libres que me rodean, y cuanto más amplia, profunda y extensa es su libertad, más profunda y amplia será la mía.

Al contrario, la esclavitud de los hombres es lo que levanta una barrera ante mi libertad, o (lo que viene ser prácticamente lo mismo) es su bestialidad lo que constituye una negación de mi humanidad, porque, repito de nuevo, sólo podré considerarme verdaderamente libre cuando mi libertad o (lo que es igual) mi dignidad humana, mi derecho humano, cuya esencia es no obedecer a nadie y seguir sólo la guía de mis propias ideas, cuando esa libertad, reflejada por la conciencia igualmente libre de todos los hombres, vuelva a mí confirmada por el consenso de todos. Mi libertad personal, confirmada así por la libertad de todos los demás, se extiende hasta el infinito. 

Los elementos constituyentes de la libertad. Podemos ver entonces que la libertad, según la entienden los materialistas, constituye algo muy positivo, muy complejo y, sobre todo, eminentemente social, ya que sólo puede ser realizada por la sociedad y sólo en condiciones de estricta igualdad y solidaridad de cada persona con todos sus congéneres. Se pueden distinguir en ella tres fases de desarrollo o elementos, el primero de los cuales es altamente positivo y social. Es el desarrollo completo y el goce total por cada individuo en todas las facultades y poderes humanos a través de la educación, la formación científica y la prosperidad material; todo eso puede ser ofrecido exclusivamente gracias al trabajo colectivo, y al trabajo material y mental, muscular y nervioso de la sociedad en su conjunto.

La rebelión, segundo elemento de la libertad. El segundo elemento o fase de la libertad tiene un carácter negativo. Es el elemento de la rebelión por parte de la individualidad humana contra toda autoridad divina y humana, colectiva o individual. Es antes que nada la rebelión contra la tiranía del supremo fantasma teológico, contra Dios…

…Tras esto, y como consecuencia de la rebelión contra Dios, se encuentra la rebelión contra la tiranía del hombre, contra la autoridad, individual y colectiva, representada y legalizada por el Estado. 

Implicaciones de la teoría de la existencia presocial de la libertad individual. Pero si los metafísicos afirman que los hombres, en especial quienes creen en la inmortalidad del alma, se mantienen fuera de la sociedad de seres libres, llegamos inevitablemente a la conclusión de que el hombre sólo puede unirse a la sociedad a costa de su propia libertad, de su independencia natural, y sacrificando primero sus intereses personales y locales. Tal renuncia y auto-sacrificio son, por ello, tanto más imperativos cuanto más miembros tenga la sociedad y más compleja sea su organización. En este sentido, el Estado es la expresión de todos los sacrificios individuales. Dado este origen abstracto y al mismo tiempo violento, el Estado ha de restringir cada vez más en nombre de una falacia llamada «bien del pueblo», que en realidad representa exclusivamente el interés de las clases dominantes. Por lo tanto, el Estado aparece como una inevitable negación y aniquilación de toda libertad, de todos los intereses individuales y colectivos.

La libertad, último destino del desarrollo humano. Pero nosotros, que no creemos en Dios ni en la inmortalidad del alma, ni en el libre albedrío, mantenemos que esta libertad debería ser entendida en su acepción más amplia como la meta del progreso histórico de la humanidad. Por un contraste extraño, aunque lógico, nuestros adversarios idealistas de la teología y la metafísica, toman el principio de la libertad como la base y el punto de partida de sus teorías, para deducir de él la esclavitud inevitable de todos los hombres. Nosotros, materialistas en teoría, proponemos en la práctica crear y consolidar un idealismo racional y noble. Nuestros enemigos, los idealistas divinos y trascendentales, se hunden en un materialismo práctico, sangriento y vil, impelidos por la lógica misma según la cual cada desarrollo es la negación del principio básico.

Estamos convencidos de que toda la riqueza y todo el desarrollo intelectual, moral y material del hombre –así como el grado de independencia alcanzado- es producto de la vida en sociedad. Fuera de la sociedad el hombre no sólo frustraría su libertad, sino que nunca alcanzaría la talla de un verdadero hombre, es decir, de un ser consciente de sí mismo que siente y tiene el poder de la palabra. Fue solo el contacto entre las mentes y el trabajo colectivo lo que forzó al hombre a salir del estadio en que era un salvaje y una bestia, lo que constituyó su naturaleza original o el punto de partida de su desarrollo último.

La libertad y el socialismo son mutuamente complementarios. La realización concienzuda de la libertad, la justicia y la paz será imposible mientras una gran mayoría de la población permanezca desposeída en relación a sus necesidades más elementales, mientras esté privada de educación y condenada a la insignificancia política y social y a la esclavitud –de hecho, si no de derecho- por la pobreza tanto como por la necesidad de trabajar sin un momento de reposo o de ocio, produciendo toda la riqueza de la cual el mundo se enorgullece ahora y recibiendo a cambio una parte tan insignificante que apenas alcanza para asegurar [al trabajador] el pan del día siguiente;… estamos convencidos de que la libertad sin socialismo es un privilegio y una injusticia, y de que el socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad. 

Es característica del privilegio y de cada posición privilegiada destruir las mentes y los corazones de los hombres. El hombre privilegiado política o económicamente es un hombre mental y moralmente depravado. Esta es una ley social que no admite excepción y que es válida para naciones enteras tanto como para las clases, grupos e individualidades. Es la ley de la igualdad, condición suprema de la libertad y la humanidad.

Socialismo y libertad.  Por mucho que se recurra a toda clase de subterfugios, por mucho que se intente oscurecer el tema y falsificar la ciencia social en beneficio de la explotación burguesa, toda persona sensible sin interés de engañarse a sí misma se da cuenta ahora de que mientras un cierto número de gente que posee privilegios económicos tiene los medios para llevar una vida inaccesible a los trabajadores; de que mientras un número más o menos considerable de personas hereda, en diversas proporciones, capital y tierra que no son el producto de su propio trabajo, mientras la inmensa mayoría de los trabajadores no hereda nada; de que mientras las rentas de la tierra y los intereses del capital permitan a estos privilegiados vivir sin trabajar; de que mientras subsista tal estado de cosas, la igualdad es inconcebible. 

Incluso suponiendo que en la sociedad todos trabajen –ya sea forzados o por libre elección- pero que una clase de esta sociedad, gracias a su situación económica y a los privilegios políticos y sociales derivados de ella, pueda dedicarse exclusivamente al trabajo mental, mientras la inmensa mayoría de la población trabaja duro para su subsistencia; en una palabra, mientras los individuos al nacer no encuentren en la sociedad los mismos medios de vida, la misma educación, formación, trabajo y disfrute, la igualdad política, económica y social será imposible. 

En nombre de la igualdad la burguesía derribó y masacró a la nobleza. Y en nombre de la igualdad pedimos también la muerte violencia o el suicidio voluntario de la burguesía. Pero, siendo menos sanguinarios que la burguesía revolucionaria, no queremos la muerte de los hombres, sino la abolición de las posiciones sociales y las diferencias reales. Si la burguesía se resigna a estos cambios inevitables, no se tocará ni un pelo de su cabeza. Pero tanto peor para ella si olvidando la prudencia y sacrificando su interés individual al interés colectivo de su clase, una clase condenada a la extinción, se sitúa frente al curso de la justicia histórica del pueblo para salvar una posición que pronto será totalmente insostenible.

La naturaleza de la verdad libertad. Soy un fanático amante de la libertad, por considerarla único medios en el que pueden desarrollarse la inteligencia, la dignidad y la felicidad de los hombres; pero no de esa libertad formal, concebida, medida y regulada por el Estado, cuya existencia es una eterna falsedad que en realidad sólo representa el privilegio de unos cuantos sobre la esclavitud del resto; ni tampoco de aquella libertad individualista, egoísta, insatisfactoria para el espíritu y ficticia, proclamada por Jean-Jacques Rousseau y por todas las demás escuelas del liberalismo burgués, que considera al llamado derecho público representado por el Estado como el límite del derecho de cada uno, lo que desemboca siempre y de forma necesaria en la liquidación del derecho de cada uno. 
No: yo tengo presente la única libertad digna de ese nombre, la libertad que consiste en el pleno desarrollo de todos los poderes materiales, intelectuales y morales latentes en cada hombre; una libertad que no reconoce más restricciones que las trazadas por las leyes de nuestra propia naturaleza, lo cual equivale a decir que no hay restricción alguna porque esas leyes no nos son impuestas por ningún legislador exterior situado sobre nosotros o entre nosotros. Esas leyes no son inmanentes e inherentes; constituyen la auténtica base de nuestro ser, tanto material como intelectual y moral; y en lugar de encontrar en ellas un límite a nuestra libertad, debiéramos considerarlas como sus condiciones reales y su efectiva razón.

Yo tengo presente esta libertad de cada uno que, lejos de verse limitada por la libertad de los demás, es confirmada por ella y extendida al infinito. Y tengo presente la libertad de cada individuo no limitada por la libertad de todos, libertad en solidaridad, libertad en igual, libertad triunfando sobre la fuerza bruta y el principio de autoridad (que fue siempre expresión idea de esta fuerza); una libertad que, habiendo derribado todos los ídolos celestes y terrenos, habrá de fundar y organizar un nuevo mundo –el mundo de la solidaridad humana- sobre las ruinas de todas las Iglesias y Estados.

Soy un partidario convencido de la igualdad económica y social, porque sé que, fuera de esta igualdad, la libertad, la justicia, la dignidad humana, la moralidad y el bienestar de los individuos, así como el florecimiento de las naciones son una mentira.

Ya hemos dicho que por libertad entendemos, por un lado, el desarrollo más completo posible de todas las facultades naturales de cada individuo, y por otro, su independencia no respecto a las leyes impuestas por otras voluntades humanas, colectivas o aisladas.

Por libertad entendemos, desde el punto de vista positivo, el máximo desarrollo posible de todas las facultades naturales de cada individuo, y desde el punto de vista negativo, la independencia de la voluntad de cada uno en relación con la voluntad de otros.

Estamos convencidos –y la historia moderna confirma plenamente nuestra convicción- de que mientras la humanidad esté dividida en una minoría explotadora y una mayoría explotada, la libertad es imposible, transformándose por tanto en una mentira. Si deseas la libertad para todos, debes esforzarte con nosotros por conseguir la igualdad universal. 

¿Cómo pueden asegurarse la libertad y la igualdad? ¿Deseas hacer que sea imposible para cualquiera oprimir a su prójimo? Entonces asegúrate de que nadie tendrá poder. ¿Deseas que los hombres respeten la libertad, los derechos y la personalidad de sus prójimos? Asegúrate entonces de que sean compelidos a respetar esas cosas, no forzados por el deseo o la acción opresiva de otros hombres, ni tampoco por la represión del Estado y sus leyes, necesariamente representadas y aplicadas por hombres, que a su vez se hacen esclavos de ellas, sino por una verdadera organización del medio social; esta organización está constituida de manera que, permitiendo a cada uno el más completo disfrute de su libertad, no permite a ninguno elevarse sobre los otros ni dominarlos a no ser mediante la influencia natural de sus cualidades morales e intelectuales, sin que esta influencia se imponga nunca como un derecho y sin apoyarse en ninguna institución política.


Mijaíl Bakunin