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martes, 17 de mayo de 2016

Nociones del federalismo en Piotr Kropotkin - Ángel Cappelletti

Kropotkin, no menos que Bakunin, rechaza la democracia representativa y el parlamentarismo. No les concede siquiera un papel de transición en la vía hacia la sociedad comunista, como suelen hacer los marxistas de su época. La expropiación, medio indispensable, sería imposible bajo el principio de representación parlamentaria. En lugar de la democracia representativa, propone simplemente la acracia que, como forma política, corresponde a la propiedad común (o, mejor, a la no-propiedad), del mismo modo que aquélla corresponde al capitalismo, y la monarquía absoluta a la servidumbre: «una sociedad fundada en la servidumbre podía conformarse con la monarquía absoluta; una sociedad basada en el salario y en la explotación de las masas por los detentadores del capital se acomoda con el parlamentarismo. Pero una sociedad libre, que vuelva a entrar en posesión de la herencia común, tendrá que buscar en el libre agrupamiento y en la libre federación de los grupos una organización nueva, que convenga a la nueva fase económica de la historia».[1] Esta nueva organización es la anarquía.

No sin razón dice Bertrand Russell que, si deseamos entender el anarquismo, debemos recurrir a Kropotkin, que expresa sus puntos de vista «con extraordinaria persuasividad y encanto» (Cfr. Vivian Harper, Bertrand Russell and the anarchists — «Anarchy» -109 — pág. 69).

En un artículo titulado precisamente Anarquismo, que escribe en 1905 para La Enciclopedia Británica (segunda edición), ofrece la siguiente definición del mismo: «Nombre que se le da a un principio o a una teoría de la vida y de la conducta según los cuales la sociedad es concebida sin gobierno (del griego “an” y “arche”: sin autoridad)».[2]

El anarquismo constituye, por consiguiente, para él, ante todo una teoría antropológica y moral («teoría de la vida y de la conducta») que se proyecta en una teoría de la sociedad.

Lo característico de tal sociedad, desde un punto de vista positivo, es que en ella la armonía, indispensable a toda vida social, se obtiene no mediante la sumisión a una instancia superior, personal (el gobierno) o impersonal (la ley), sino por una serie de contratos bilaterales o multilaterales entre partes iguales, esto es, por acuerdos libres entre los diversos componentes del cuerpo social, entre los múltiples y variados grupos, ya de carácter local ya de índole profesional, que surgen espontáneamente según las necesidades de la producción y del consumo hasta el punto de poder satisfacer la ínfima variedad de las necesidades humanas en una sociedad civilizada. Esta vasta red de grupos, espontáneamente constituidos y libremente federados, sustituirán paulatinamente al Estado en todas sus funciones: «representarían una red entretejida, compuesta de una infinita variedad de grupos y de federaciones de todas las medidas y grados, locales, regionales, nacionales e internacionales —temporarios o más o menos permanentes— para todos los fines posibles: producción, consumo e intercambios, organizaciones sanitarias, educación, protección mutua, defensa del territorio, etc.; y, por otro lado, para satisfacer el número siempre creciente de necesidades científicas, artísticas, literarias y sociales».[3]

Esta concepción eminentemente «federal» de la sociedad que va, sin duda, mucho más allá que cualquiera de los «federalistas» republicanos, surge, para decirlo con palabras de A. Tilgher (un filósofo dell’anarchismo — «Il Tempo», Roma, 2 de julio de 1921, citado por Berneri), «como una reacción radical y violenta frente a la profunda transformación sufrida en el curso del siglo XIX por la institución estatal». Ante un estado que ha incorporado a sí, en la impersonalidad aparente del constitucionalismo, todo el antiguo poder de los monarcas y de los señores feudales, afianzándolo gracias a la ficción de la representación popular, multiplicándolo a través de los recursos de la ciencia y de la técnica, potenciándolo merced a las expectativas cada vez más grandes depositadas en él por los individuos y los grupos humanos, Kropotkin, como ya antes Proudhon y Bakunin, ve en el federalismo, esto es, en la máximo descentralización del poder, la única posibilidad de una sociedad íntegramente humana.

Por otra parte, sería grave error de interpretación creer que la libre federación de los grupos que Kropotkin propone y propicia es concebida por éste como una estructura estática. Por el contrario —según el mismo dice— allí «la armonía sería la resultante del ajuste y del reajuste, siempre modificados, del equilibrio entre multitud de fuerzas y de influencias, y este ajuste sería más fácil de obtener, ya que ninguna de dichas fuerzas gozaría de una protección especial por parte del Estado».[4] Sólo en una sociedad semejante podría desarrollar el hombre plenamente sus facultades morales e intelectuales y se vería libre de la coacción del capital y del Estado, del temor al castigo terrestre o sobrenatural, de la servidumbre respecto a entidades individuales o metafísicas. Lograría así su cabal individualización, cosa que resulta imposible tanto en una sociedad organizada sobre las bases del individualismo liberal como dentro de cualquier socialismo de Estado o presunto Estado popular (Volkstaat).

Según Camilo Berneri (Pietro Kropotkine federalista - Napoli, 1949), el federalismo de nuestro pensador encuentra un fundamento primero en las experiencias vividas durante su juventud y especialmente en sus actividades siberianas, que le mostraron hasta el cansancio la incuria y la inutilidad del centralismo burocrático; se desarrolla luego con la crítica al parlamentarismo, en el cual se ve el triunfo de la incompetencia y de la improvisación; y culmina con sus estudios históricos, que tienden a revelarle en la disolución del centralizado imperio romano y en nacimiento de las libres comunas medievales, así como en las comunas surgidas con la Revolución Francesa, el modelo más adecuado de la sociedad del porvenir. «La época de las Comunas y la de la Revolución francesa fueron, como para Salvemini, los dos campos históricos en los que encontró Kropotkin confirmaciones a sus propias ideas federalistas y elementos de desarrollo de su concepción libertaria de la vida y de la política», escribe Berneri. Y acertadamente añade: «Pero en él permanecía vivo el recuerdo de las observaciones sobre el mir ruso y sobre el libre acuerdo de las poblaciones primitivas, y es precisamente este recuerdo el que lo llevó a un federalismo integral».

Los anarquistas, que según dice el propio Kropotkin en el antes citado artículo (anarquismo), «constituyen el ala izquierda» del socialismo, no sólo se oponen a la propiedad privada de la tierra, al sistema capitalista de producción, orientada hacia el lucro, y al régimen del salariado, sino que también hacen notar que el Estado fue y es el instrumento principal de la monopolización de la tierra y de la apropiación (por parte de los capitalistas) del exceso de producción acumulado (plusvalía): «así, al mismo tiempo que combaten el monopolio de la tierra y el capitalismo, los anarquistas combaten con misma energía al Estado, porque es el soporte principal de este sistema; no está o aquella forma de Estado, sino la noción misma de Estado, en bloque, ya sea monarquía o inclusive una república gobernada por medio del referéndum».[5] El Estado es siempre, por su propia esencia, Estado de clase; destinado por naturaleza a favorecer a una minoría en perjuicio de una mayoría. En este punto es donde se revela con mayor claridad quizás la distancia que media entre el comunismo anárquico de Kropotkin y el marxismo. Para nuestro autor, hablar de un Estado obrero o de un Estado de las clases oprimidas es un contrasentido. Las clases oprimidas, al apoderarse del poder estatal, se transforman, para él, ipso facto, en clases opresoras. Por otra parte, entregar al Estado (como pretenden los marxistas y, en general, los socialistas autoritarios) tierras, minas, bancos, ferrocarriles, seguros, industrias principales, etc., además de las funciones que tradicionalmente se le atribuyen, significarían crear un nuevo y más potente instrumento de tiranía. Esto no sería otra cosa sino un capitalismo de Estado, en nada mejor y en muchos sentidos peor que el capitalismo privado. El poder pasaría, en tal caso, del capitalista al burócrata. Por el contrario, el verdadero progreso está en la descentralización (tanto en la dimensión territorial como en la funcional), en el desarrollo de la iniciativa de grupos e individuos, en la federación libre de los mismos, en una organización que vaya de abajo hacía arriba y de la periferia al centro, en lugar de la actual organización jerárquica, que se estructura desde arriba hacia abajo y desde el centro hacia la periferia.[6]

Cuando el 10 de junio de 1920 Margaret Bondfield y un grupo de delegados del partido Laborista inglés lo visito en su retiro de Dimitrov, Kropotkin les entrega una «carta a los trabajadores del mundo», en la cual, a la vez hace, como dice Berneri, «una crítica serena pero intransigente al bolchevismo como dictadura de partido y como gobierno centralizado», expresa sus ideas acerca del problema de las nacionalidades que forman parte del ex-imperio ruso. Las naciones occidentales no deben basar sus futuras relaciones con Rusia en el supuesto de la supremacía de la nación rusa sobre las diversas nacionalidades que configuraban el dominio de los zares. El imperio ha muerto para siempre, y el porvenir de las diferencias provincias que lo integraban está en una vasta federación. Pero, como bien anota ya el citado Berneri, el federalismo de Kropotkin va más allá de este programa de autonomía etnográfica, y prevé para un futuro próximo la configuración de cada una de las regiones federales como una libre federación de comunas rurales y de ciudades libres. Y lo mismo cree entrever para la Europa occidental.

Mientras tanto, la revolución rusa, que se esfuerza por seguir adelante a partir de la noción de «igualdad de hecho» (esto es, de la igualdad económica), ve frustrados sus propósitos por el centralismo y la dictadura bolchevique, que nos hace sino continuar el camino del jacobinismo proletario, emprendido por Babeuf: «Debo confesar francamente que, a mi modo de ver, esta tentativa de edificar una república comunista sobre las bases estatales fuertemente centralizadas, bajo la ley de hierro de la dictadura de un partido, está resultando un fiasco formidable, Rusia nos enseña cómo no se debe imponer el comunismo, aunque sea a una población cansada del antiguo régimen e impotente para oponer una resistencia activa al experimento de los nuevos gobernantes» (citado por Berneri).

Kropotkin reprocha a Lenin y a los bolcheviques el uso indiscriminado de la violencia. «No se puede hacer la revolución con guantes blancos», contesta Lenin. ¿Significa esto que Kropotkin adopta una posición de la no-violencia, como Tolstoi, o que hecha de menos una legalidad democrática en el proceso de cambio, como los mencheviques? Ni lo uno ni lo otro. Por temperamento y por convicción Kropotkin siente disgusto ante la violencia. De ninguna manera se lo puede considerar un teórico del terrorismo. Ni siquiera puede decirse que se muestre entusiasta ante la romántica pasión de Bakunin por la destrucción como «pasión creativa» (Cfr. La reacción en Alemania). Pero tampoco coincide con el iluminismo de Godwin, quien confía en cambiar las bases de la sociedad, discutiendo y racionando, ni con el mutualismo de Proudhon, quien espera conseguir una sociedad sin Estado y sin clases, mediante la mera multiplicación de las cooperativas y los bancos de crédito gratuito. Kropotkin considera la violencia como algo no deseable, pero, a diferencia de Tolstoi, se niega a hacer de ello un principio absoluto. Si bien estima inaceptable su uso ciego e indiscriminado, si bien cree que siempre que sea posible se deben utilizar medios pacíficos y que tan pronto como las circunstancias lo permitan la revolución debe deponer toda actitud de fuerza, no deja de considerar también que cierta clase de no-violencia de ultranza pueda llegar a ser sumamente violento para los oprimidos. Por eso, aunque con disgusto, no puede menos de aceptar la violencia, en la medida en que ella es elemento ineludible en todas las revoluciones y en la medida en que sólo la revolución —y no el legalismo burgués de los mencheviques— puede dar a luz a una sociedad sin clases y sin Estado.

Los marxistas han considerado siempre el comunismo anárquico de Kropotkin como una forma de utopía. El mismo Lenin lo manifestó a sí, en sus cartas, a Kropotkin. Quien quiere los fines quiere los medios —dice— y sin la toma del poder por parte de la clase obrera resulta evidentemente imposible acabar con el sistema capitalista. La toma del poder, a su vez, implica la adopción de medidas de fuerza, y su conservación efectiva, el establecimiento de una dictadura. ¿Cómo, de otra manera, podrá defenderse la revolución contra sus enemigos externos e internos? ¿Cómo podrá salvar, consolidar y extender el socialismo hasta elevarlo al nivel del comunismo sino apoderándose de todos los resortes del Estado y utilizándolos contra quienes se oponen al cambio radical? Los bolcheviques han seguido ese camino. Conquistaron el poder y lo conservaron. Hoy sin embargo, a sesenta años de la revolución de octubre, Kropotkin podría preguntarles: Y bien ¿para qué? ¿Han conseguido realmente construir una sociedad comunista? ¿Se puede decir siquiera que la Unión Soviética se haya establecido un régimen socialista que hacia aquella meta tiende? El Estado ciertamente se ha fortalecido; la dictadura ha sobrepasado en cuanto a todas las formas de concentración del poder hasta ahora conocidas, pero ¿ha servido eso para algo? ¿Podemos creer honestamente que el actual régimen soviético es un régimen socialista? ¿No se trata más bien de un capitalismo de Estado, en nada mejor, y en muchos aspectos peor que el capitalismo privado? Y si la utopía de una doctrina o de un programa se mide por la inadecuación de principios entre medios y fines ¿no será el comunismo estatista y autoritario más utópico que el anti-autoritario y anárquico que defendía Kropotkin? Al valerse del Estado y al tomar el poder los bolcheviques se han metido, sin duda, en el escenario de la historia, pero en él han representado un papel totalmente diverso del que había asignado; ha hecho muchas cosas, y creen por eso no ser utópico, pero han hecho precisamente lo contrario de lo que se proponían hacer, y son por eso más utópicos que nadie.

Kropotkin, como lo hizo en 1920, volvería a recordarles hoy, con mayo énfasis, si cabe, que todo Estado, aun cuando se auto-titule y considere un Estado obrero, termina por regenerar una clase dominante, y por reconstruir así en otra forma de la sociedad de clase, introduciendo por la ventana lo que se había arrojado por la puerta. ¿Puede acaso el Estado prescindir de la burocracia? ¿Puede en las actuales circunstancias suprimir el ejército, que por su misma naturaleza, y no por una mera eventualidad histórica, tiene siempre una jerárquica y feudal? La dialéctica, manejada ad usum Delphini, nos permitirá esperar un cambio súbito y total en el futuro. Siempre es posible, en todo caso, hacer un acto de fe en el más allá. Pero si nos atenemos a la experiencia, hoy sólo podemos decir que la vía estatal y dictatorial, tal como en Rusia se ha transitado, no conduce al socialismo ni al comunismo.

Esto no significa que se nos oculten las objeciones que la doctrina puede suscitar. El federalismo o comunalismo parece una magnífica alternativa libertaria frente al llamado «centralismo democrático». Sin embargo, el proyecto de grupos locales (industriales o agrícolas), dueños de los medios de producción ¿no implicaría una forma de particularismo? Más aún, ¿no existiría el peligro de que surgieran grupos ricos y grupos pobres y que éstos pasaran a depender económicamente (y, a la larga, políticamente) de aquéllos? En definitiva, ¿no se reproduciría, bajo la forma de la propiedad comunal, una cierta propiedad privada de grupo, ciertamente incompatible con el postulado comunista?

Kropotkin salva, en principio, estas objeciones mediante la idea de federación, concebida como grupo de grupos o comunas de comunas. Pero resulta difícil suponer que tal federación universal se realice en un breve lapso, y mientras no se realice, el peligro del particularismo y de la restitución de la propiedad privada seguirá subsistiendo. Las lagunas en el proyecto Kropotkiano son en todo caso, numerosas, ¿Cómo concebir, por ejemplo, una comuna o grupo de comunas anarco-comunistas, rodeadas por Estados capitalistas o «socialistas» (capitalistas de Estado), sin que las mismas se vean obligadas a asumir, por la mera fuerza del entorno, algunas funciones típicamente estatales?

Es claro que este problema no se planteaba para Kropotkin desde el momento en que él suponía que: «La próxima revolución tendría un carácter de generalidad que la distinguiría de todas las precedentes. No será sólo un país el que se lanzará a la lucha, sino todos los de Europa. Si en otro tiempo era posible una revolución local, en nuestros días, con los brazos de solidaridad que se han establecido en Europa y dado el equilibrio inestable de todos los Estados, una revolución local es imposible, si dura, algún tiempo».[7] Pero esta previsión de Kropotkin también ha sido desmentida por la historia.



Fragmento tomado del libro «El pensamiento de Kropotkin: ciencia, ética y anarquía». El título de este blog no corresponde al original. 

1- La conquista del pan

2- El anarquismo.

3- Ibíd.


4- Ibíd


5- Ibíd


6- Ibíd


7- Palabras de un rebelde — Barcelona — 1916 — pág. 29.



lunes, 16 de noviembre de 2015

Acuerdos y resoluciones del congreso constituyente de la ACAT – AIT (1929)

El siguiente documento histórico del anarquismo y el anarcosindicalismo latinoamericanos corresponde a los «Acuerdos y resoluciones del congreso constituyente de la Asociación Continental Americana de los Trabajadores (A.C.A.T.)», efectuado en Buenos Aires en mayo de 1929. Ha sido transcrito por el equipo de N&A desde «El Anarquismo en América Latina» (Biblioteca Ayacucho, 1990); libro compilatorio de escritos de diversos autores y documentos históricos seleccionados por Carlos M. Rama y Ángel Cappelletti y que incluye un interesante prefacio estructurado por Cappelletti.  Las notas al final del texto son las originales incluidas en el libro. Hemos cambiado las notas a pie de página señaladas con ‘asterisco’ por notas numeradas. El texto de Max Nettlau que se señala en la primera nota aún no lo hemos transcrito. La imagen a continuación no corresponde al citado congreso. Para acceder al documento en PDF pueden hacer clic aquí. (N&A)



ASOCIACIÓN CONTINENTAL DE TRABAJADORES1

ACUERDOS Y RESOLUCIONES
DEL CONGRESO CONSTITUYENTE
EFECTUADO EN BUENOS AIRES
LOS DÍAS 11 AL 16 DE MAYO DE 1929

CON TODA FELICIDAD, colmando los deseos de sus iniciadores, se realizó el congreso continental americano durante los días 11 al 16 de mayo de 1929, en la ciudad de Buenos Aires.

Este congreso venía a cumplir una vieja aspiración. La idea de reunir en un vasto organismo continental a todos los trabajadores revolucionarios de América, ligándolos entre sí solidariamente, es muy vieja, casi tan vieja como lo es el movimiento libertario del nuevo mundo. Es, por otra parte, natural que así fuera; el deseo más íntimo de los anarquistas de todos los tiempos, ha sido unirse entre sí internacionalmente, respetando las modalidades particulares que determina la naturaleza étnica de cada país. Este pensamiento está en la esencia de los ideales que defendemos.

Por desgracia, nunca hasta este instante se realizó un esfuerzo lo necesariamente tenaz y continuado para cumplir esta aspiración nuestra hacia el internacionalismo. En el congreso extraordinario de la F.O.R.A., realizado en 1920, se comprendió esta necesidad y se tomó una resolución categórica en ese sentido. Es a partir de esa fecha que se realiza un esfuerzo serio y persistente para llegar al resultado anhelado, especialmente durante los años 1927, 28 y 29, con la constitución por el Consejo Federal de la F.O.R.A. de la Secretaría de Relaciones Internacionales, que tuvo a su cargo la preparación  y organización del congreso continental.

La Confederación General de Trabajadores de México también perseguía el propósito de fundar un organismo libertario continental y a tal efecto se estableció entre F.O. Regional Argentina y C.G.T. la más estrecha relación para cumplir de común acuerdo este deseo colectivo.

Se intentó la realización de dos congresos americanos, uno de parte de la C.G.T. que convocó a los organismos libertarios del continente en Panamá, en 1925, y el segundo de parte de la F.O.R.A., en Buenos Aires, en mayo de 1927. Ambos intentos fracasaron. Las delegaciones asistentes a los mismos no eran lo suficientemente numerosas como para abocarse de hecho a la constitución de un organismo continental.

Diversas razones contribuyeron a este fracaso. A la conferencia de Panamá opuso el gobierno de aquel país toda clase de impedimentos. Pero no es esta la razón principal del fracaso. Los trabajos para la realización, tanto de una como de la otra conferencia, no alcanzaron la suficiente intensidad como para asegurar el éxito. Es preciso agregar a esto, que constituye de por sí un impedimento serio, la ausencia de organizaciones vigorosas en el continente que pudieran, abandonadas a su propios esfuerzo, contribuir a la común tarea de elevar la organización representativa del proletariado revolucionario americano.

Después del fracaso de la segunda conferencia, con la formación de la Secretaría de Relaciones Internacionales, se realiza el esfuerzo más intenso y metódico para dar vida a la actual Asociación Continental Americana de los trabajadores.


CONGRESO DE MAYO DE 1929


El sábado 11 de mayo de 1929, inicia sus sesiones el Congreso Continental. Los trabajos del mismo se prolongaron hasta el día 16, en que se realizó la sesión de clausura.

Un ambiente de cálida fraternidad entre los delegados y la numerosa concurrencia de simpatizantes que llenaba el amplio salón de la F.O.R.A., fue la señal distintiva del congreso. El espíritu de amplitud y de cordura primó entre todos los delegados durante las sesiones y se refleja en cada una de las resoluciones tomadas sobre todos los puntos del orden del día.

Las resoluciones son de por sí suficientemente elocuentes y señalan claramente cuáles fueron los pensamientos dominantes del congreso continental americano, con respecto a los problemas actuales que nos plantea la lucha contra la reacción del capitalismo y del Estado. El congreso afirmó ampliamente los ideales libertarios como norte de las actividades de la naciente institución, y proclamó su confianza en los mismos para destruir los cimientos del Estado y del capitalismo y edificar sobre sus ruinas la sociedad de los libres y de los iguales.

Damos a continuación el detalle de los países representados en la conferencia, organismos actualmente adheridos a la A.C.A.T. y resoluciones tomadas.

Que ninguna de las instituciones y compañeros que pusieron sus esperanzas en los bellos ideales que sirvieron de inspiración y de guía al congreso continental, defraude ahora los propósitos afirmados en la magna reunión que ligó entre sí solidariamente a los diversos movimientos libertarios del continente.

La Continental ha sido creada. Ella representa el centro natural de convergencia del anarquismo en América. Que cada uno y todos se agrupen entonces en torno a ese baluarte levantado frente a todas las instituciones autoritarias del capitalismo y del movimiento obrero de tendencias políticas.2

ORDEN DEL DÍA

El orden del día presentado por la F.O.R.A. fue ligeramente modificado por los delegados, tratándose de acuerdo con esta alteración en la siguiente forma:

1.      ─  Finalidad, doctrina y táctica.
2.     ─  Constitución de la Continental.
3.     ─  Relaciones con la A.I.T.
4.     ─  Relaciones con los organismos nacionales.
5.     ─  Lucha contra la reacción internacional.
6.     ─ El movimiento campesino.
7.     ─  Nombramiento de Bureau y sede del mismo.
8.     ─  Label en la prensa de las organizaciones adheridas.
9.     ─  Archivo del movimiento obrero anarquista continental.
10.  ─  Intercambio de delegados entre los diversos países.
11.   ─  Lucha por la jornada de seis horas.
12.  ─  Actitud frente a la I.W.W.
13.  ─  Clausura del congreso continental.

Las resoluciones adoptadas sobre cada uno de estos puntos y que señalan claramente cuáles han sido las ideas fundamentales del congreso, las trascribimos a continuación:


DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
DECLARACIONES GENERALES


ORGANIZACIÓN SOCIAL.─ Dos son los caminos propuestos por los movimientos proletarios y socialistas para superar la situación presente: la conquista del Estado para operar la transformación política de la sociedad por medio de decretos, y la organización de la vida económica sobre la base del trabajo de todos y de cada uno. La primera resolución pretende realizar la nueva organización social de arriba abajo; la segunda aspira a hacerse de abajo a arriba: una tiene por norma de conducta la autoridad, la otra la libertad.

La Asociación Continental Americana de los Trabajadores, que recoge las experiencias del último siglo de luchas y que tiene en cuenta las enseñanzas de la realidad y de la vida, repudia la conquista del Estado político como medio de emancipación proletaria y concentra todas sus esperanzas en la organización del trabajo sobre las piedras angulares de su libertad, de su utilización y de su solidaridad.

En consecuencia, aspira a un régimen social en donde el trabajo será la base y la garantía de libertad y de justicia para todos.

ABOLICIÓN DEL ESTADO.─  Un régimen social basado en el trabajo común de las asociaciones libres de productores libres, excluye el Estado, que ha sido siempre instrumento de dominación de una casta o clase parasitaria en detrimento de la masa productora y que pierde su razón de ser cuando la nivelación económica, la expropiación de los expropiadores, ha establecido la igualdad de todos los seres humanos ante la vida, ante los instrumentos de trabajo y ante el disfrute de los productos.

La Asociación Continental Americana de los Trabajadores, como intérprete de los intereses de los que producen y no de los explotadores del trabajo beneficiarios de la producción ajena, quiere una sociedad de libres y de iguales, por lo tanto una sociedad anarquista.

SUPRESIÓN DE LOS MONOPOLIOS.─  El capitalismo, que es la forma económica más injusta que se pueda imaginar, y no siempre la más renditiva  provechosa desde el punto de vista de la producción misma, tiene sus más profundas raíces en el reconocimiento y la defensa de la propiedad monopolista, exclusiva, hereditaria.

La A.C.A. de Trabajadores rechaza todo concepto de monopolio en el usufructo de las riquezas sociales y reivindica el derecho pleno de la humanidad presente y futura a beneficiarse por igual, según las necesidades, de los bienes de la naturaleza y del trabajo del hombre. Sin reconocer una forma especial de organización de las futuras relaciones económicas, recomienda el comunismo como aquella condición que promete una más amplia garantía de bienestar y de libertad individual.

EL HOMBRE LIBRE EN LA SOCIEDAD LIBRE.─  Para el capitalismo y el estatismo dominantes, el ideal consiste en la esclavización y la opresión crecientes de las grandes masas en beneficio de las minorías privilegiadas del monopolio. La A.C.A.T. tiene por ideal supremo el hombre libre en la sociedad libre, y propaga su realización mediante la supresión revolucionaria del aparato estatal y de la organización económica capitalista simultáneamente, en la convicción de que la abolición del uno y el mantenimiento del otro conducirá irremisiblemente, como lo ha enseñado ya la experiencia, a la restauración del orden de cosas que se había querido destruir.

El socialismo libertario no puede ser realizado más que por la revolución social. En consecuencia, los trabajadores revolucionarios deben prepararse intelectual y prácticamente en el sentido de tomar posesión de los medios de producción, distribución y transporte a su alcance para utilizarlos automáticamente al día siguiente de la revolución, así como elaborar los medios de relación entre los diversos grupos de producción, o de lugar, sin que esto marque una única forma de convivencia revolucionaria, y siempre que se salven los principios fundamentales enunciado en nuestra finalidad.

MEDIOS DE LUCHA

1º. El objetivo de la organización obrera consiste en asociar a todos los asalariados para la lucha contra la clase explotadora, de acuerdo con el lema de la primera internacional: «La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos».

2º. Para que sea posible llegar a este objetivo, los métodos de acción deben estar en concordancia con la doctrina revolucionaria. De ahí que sean las prácticas de la lucha de la A.C.A.T. y de las organizaciones que la integran, la huelga parcial y general, el sabotaje y el boicot en los casos en que sea necesario practicar la solidaridad más allá de los respectivos planos nacionales.

3º. Se rechaza el arbitraje oficial y las intervenciones oficiosas para el arreglo de las controversias entre el capital y el trabajo. En consecuencia, será combatida la política de la colaboración de clases, comprometiéndose incluso las organizaciones obreras firmantes de este pacto solidario a combatir los proyectos legislativos que, en los respectivos países, tiendan a convertir en obligatoria la intervención del Estado en las huelgas y otros conflictos sociales.

4º. La base de las organizaciones obreras libertarias es el federalismo. Los individuos se asocian voluntariamente en el sindicato, los sindicatos forman las federaciones y el conjunto constituye el organismo nacional. De abajo arriba se establece la unión del proletariado, conservando tanto el individuo como el grupo asociado su autonomía dentro de la Internacional de los trabajadores.

 ─Las organizaciones por oficio o por rama industrial u organizaciones por fábrica en las modernas empresas racionalizadas, debe quedar librada a la mejor utilidad reconocida por los interesados. El federalismo es una concepción organizatriz en la línea convergente que no se destruye siempre que se obtenga la relación de intereses en el plano de la inmediata concreción de una fábrica, de un pueblo, de una región, teniendo en cuenta que el hombre se debe primero al medio ambiente en que vive como ente social y después a su oficio como productor.

5º. La Asociación Continental Americana de los Trabajadores se declara adversaria de toda política y rechaza todo compromiso o alianza con los partidos que aceptan la colaboración de clases y con los sectores sindicales que actúan en la esfera del Estado, sean parlamentarios o dictatoriales.

6º. La A.C.A.T. manifiesta su simpatía a todo ensayo proletario revolucionario para la consecución de su emancipación política, económica y social completa por medio de la insurrección armada.

7º. Como aspiración de futuro, la A.C.A.T. recomienda el comunismo anárquico, entendiendo que la propaganda de las ideas filosóficas del anarquismo debe ser la preocupación constante de todos los revolucionarios que aspiran a suprimir, con la tiranía económica del capital, la tiranía política y jurídica del Estado.

FINES INMEDIATOS

Sin renunciar a sus objetivos generales, al contrario como un medio eficaz de acelerar su realización, la A.C.A.T. propaga los siguientes fines inmediatos:

1º. Obtención de más altos salarios, es decir, de una mayor participación de los trabajadores en los resultados de la producción.
2º. Reducción de la jornada de trabajo.
3º. Defensa de las conquistas sociales, económicas y morales con todos los medios de la acción directa revolucionaria que no contradicen los elevados fines perseguidos.
4º. Lucha incesante contra el militarismo y la guerra, por la propaganda del boicot a la industria de los armamentos, de la negativa individual y colectiva a servir en el ejército, del desprestigio moral del oficio militar y de la huelga general revolucionaria y el sabotaje en caso de guerra.
5º. Desconocimiento de las barreras artificiosas de las nacionalidades estatales y proclamación de la patria universal del trabajo y de la comunidad de intereses de los trabajadores del mundo entero.
6º. Divulgación y afirmación de una mentalidad hondamente libertaria y de producción consciente como condición previa de una transformación social promisora.
7º. Ejercicio constante de la solidaridad en favor de las víctimas de la lucha revolucionaria contra el capitalismo y el Estado.
8º. Estímulo y apoyo a todas las corrientes y movimientos sociales y de cultura que, aun sin coincidir con nosotros en los objetivos finales enteramente, con su acción y propaganda contribuyen a debilitar los puntales del autoritarismo político y del privilegio económico, sin abandonar nunca la propia cohesión interna ni perder de vista las finalidades que singularizan el movimiento libertador del trabajo.

NOMBRE

1º. Con el nombre de Asociación Continental Americana de los Trabajadores se constituye una confederación continental de organizaciones obreras y campesinas de América que aspiran a la reorganización social sobre las bases de la libertad y de la justicia para todo y reconocen como medio de lucha al acción directa.
2º. La A.C.A.T. constituye un miembro colectivo de la Asociación Internacional de los Trabajadores.

ADMINISTRACIÓN

1º. La A.C.A.T. se regirá por un secretariado de tres miembros nombrados en sus congresos, y por un consejo nombrado por las organizaciones adheridas a razón de un miembro por organización.
2º. La misión del secretariado consistirá en atender la propaganda internacional, el estrechamiento de relaciones entre el proletariado revolucionario continental, en la penetración en los países todavía no trabajados por el ideal revolucionario y en todo cuanto tenga atingencia con las necesidades de la lucha obrera en el terreno internacional.
3º. El consejo asesorará al secretariado y cooperará con él mediante sus informaciones y sus iniciativas.

CONGRESOS

Cada tres años se realizarán congresos continentales de delegados a fin de estudiar los problemas de teoría y táctica que se presenten y para atender a las necesidades nuevas de la propaganda y de la lucha.

SERVICIO DE INFORMACIONES

El secretariado editará una revista de informaciones y de propaganda, la que será distribuida proporcionalmente entre las organizaciones adheridas.

FINANZAS

Cada organismo adherente contribuirá a la propaganda internacional con la cantidad que le sea posible, pero se esforzará por establecer una cuota fija que sea aproximada, de ser posible, a la fiada por la F.O.R.A.: cinco centavos argentinos por asociado, que se distribuirán entre la A.I.T, la Continental y el Fondo de Socorro de la Internacional.

RESOLUCIONES

1. ─  DECLARACIÓN SOLIDARIA CON LOS PRESOS SOCIALES.

El congreso continental del movimiento obrero libertario, al iniciar sus sesiones, envía a las víctimas de la reacción en todos los países sus saludos fraternales. Se declara solidario en su lucha contra la reacción estatal, contra la opresión y contra la explotación. Que los compañeros que se encuentran tras los tétricos y fríos muros de la prisión en los desiertos helados de Siberia, en los presidios de Tierra del Fuego. Más afuera, Cuba, Colombia y otras partes o están forzados a llevar una vida de emigrantes políticos, estén seguros de que el movimiento obrero libertario del continente americano laborará con toda energía por su liberación. El grito de libertad en favor de los prisioneros por cuestiones sociales no enmudecerá hasta que se vea libre la última de las víctimas de la reacción y de la dictadura de no importa qué país. La acción para arrancar a las víctimas de la lucha social de las manos de los gobernantes fue siempre la tarea más sagrada del movimiento obrero libertario. Los compañeros perseguidos de todos los países pueden contar también para el futuro con la ayuda solidaria y la acción del proletariado de América.

2. ─ CONTRA LA REACCIÓN INTERNACIONAL

I

Consideramos uno de los deberes revolucionarios de esta hora la lucha contra el retroceso medioeval de los espíritus y de las instituciones sociales y políticas.

En esa lucha es preciso combatir con igual intensidad el militarismo, la guerra y la reacción, que son tres manifestaciones diversas de un mismo principio y de una misma aspiración.

En la lucha especial contra el militarismo se recomienda:

a)    La negativa individual a hacer el servicio militar; la negativa colectiva con el mismo fin.
b)    La divulgación de conceptos de responsabilidad que lleven el descrédito a la función militar y hagan un deber para el proletariado de la negativa a trabajar para el ejército, en paz o en guerra.
c)     La preparación y la divulgación de la idea de boicot completo, de víveres, municiones, transporte, etc., para el ejército y sus sostenedores.
d)    La propulsión de una literatura infantil que contrarreste el envenenamiento militarista de las escuelas del Estado.

Contra la guerra se reconocen como armas eficaces las anteriores y además la huelga revolucionaria o insurrección popular, con la consiguiente intensificación de la lucha y de la propaganda.

La lucha contra la reacción que complementa la lucha contra la guerra y el militarismo, debe hacerse ante todo por la afirmación de la solidaridad de intereses morales y materiales de los oprimidos y explotados de todos los países, por el boicot consciente y progresivo al estatismo, por el desenmascaramiento de la reacción que entraña la legislación obrera o social, por la campaña contra las exigencias cada vez mayores del aparato de dominación y de opresión, por la reivindicación de la libertad y de la igualdad para todos los seres humanos y, en fin, por el perfeccionamiento y la intensificación de la obra de conspiración material y espiritual permanente contra las iniquidades del privilegio y del despotismo.

El proletariado revolucionario de América, ante la abdicación casi completa ─contra la cual pesan muy poco las honrosas excepciones─ de las clases intelectuales y de las juventudes estudiantiles, tiene la grave responsabilidad y la alta misión de encabezar con sus propias fuerzas, sin rechazar por ello la adhesión de las buenas voluntades, la obra de la liberación del trabajo contra todas las doctrinas y tendencias de esclavización y de opresión del hombre por el hombre.

En ese esfuerzo, los trabajadores revolucionarios pondrán de su parte cuanto les sea posible para suscitar en todos los ambientes y movimientos, corrientes convergentes hacia el supremo ideal de todas las luchas del progreso: la instauración de un orden social de cosas en donde la vida del hombre tendrá las máximas posibilidades de desarrollo libre y armónico.

II

El congreso continental americano está firmemente compenetrado de que la preparación internacional para la guerra en todos los Estados tiene que ser contrarrestada igualmente por una agitación internacional antiguerrerista de los trabajadores.

El congreso constata por consiguiente con alegría la colaboración orgánica regular en la cuestión del antimilitarismo entre el Bureau Internacional Antimilitarista y la Asociación Internacional en el Comisión Internacional Antimilitarista.

El congreso exhorta a todos los antimilitaristas revolucionarios a sostener personal y colectivamente el trabajo internacional de la Comisión Internacional Antimilitarista.

a)    Adhiriéndose a la A.I.T. si se trata de sindicatos.
b)    Adhiriéndose al Bureau Internacional Antimilitarista si se trata de otras organizaciones.
c)     Adhiriéndose a la B.I.A si se trata de personas.
d)    Transmitiendo todos los acontecimientos importantes del país respectivo en relación al militarismo, al antimilitarismo, a la preparación de guerra, a la reacción, etc., a la Comisión Internacional Antimilitarista.
e)    Favoreciendo la más amplia divulgación de los comunicado noticias y artículos del servicio de la prensa de la C.I. Antimilitarista.
f)     Enviando a la C.I.A. periódicos y direcciones de organismos y personas que pudieran interesarse por el servicio de prensa.
g)    Conquistando suscriptores al servicio de prensa.


3.─ EL PROBLEMA INMIGRATORIO.
I

El congreso obrero continental reunido en Buenos Aires del 11 al 16 de mayo de 1929, ha fijado su posición ante el problema de la emigración de trabajadores, del siguiente modo:

La emigración no sólo hay que atribuirla a la superpoblación en los viejos continentes, sino ante todo también a la política económica capitalista. Los gobiernos capitalistas de los países europeos tienen un interés en librarse de las partes descontentas del proletariado sin trabajo, para apaciguar un factor de intranquilidad.

Los gobiernos capitalistas de los países de inmigración están interesados por su parte en recibir el mayor número posible de fuerzas de trabajo a fin de colmar el mercado del trabajo y de reducir los salarios. Con ese propósito emprenden los gobiernos capitalistas en América del Sur una propaganda en favor de la inmigración.

En las grandes ciudades de América del Sur, como Buenos Aires, Río de Janeiro, etc., existe hoy ya una gran desocupación. El congreso previene por tanto al proletariado de Europa ante los agentes de los capitalistas y de los gobiernos. Los obreros emigrantes, antes de emprender su emigración, deberán ponerse en relación con las organizaciones obreras de los países a donde quieren llegar, si es posible por intermedio de sus propias organizaciones, a los fines de informarse antes de partir sobre las condiciones de trabajo, la altura de los salarios, la situación del mercado, etc. Así protegen su propio interés, pues no necesitan aceptar, a causa del desconocimiento de la situación, trabajo en malas condiciones ni se verán en la penosa situación de tener que oficiar de opresores de los salarios frente a sus compañeros de trabajo o de poner en peligro las conquistas obtenidas por las organizaciones obreras.

El congreso dirige a los obreros emigrantes un llamado apremiante para que se organicen en los sindicatos revolucionarios a fin de defender los intereses de su clase. Al capitalismo internacionalmente organizado debe oponerle el proletariado mundial su organización internacional, revolucionaria y libertaria. Sólo por la abolición de la explotación económica y de la dominación política, sólo después de la supresión de todas las fronteras artificiales y de las diferencias de clase violentamente sostenidas pueden ser armónicas las relaciones de los obreros de todos los países y el tráfico entre pueblo y pueblo.

II

Como labores inmediatas se recomienda: Una intensa propaganda alrededor de las Casas de Inmigrantes a fin de que se conozca: 1º. Dónde están las sociedades obreras de resistencia en la capital y en el interior; 2º. Las condiciones de trabajo, lucha y propaganda; 3º. El significado y alcance de los arrendadores de tierras, particulares y del Estado. Y en fin, todas las cosas útiles con respecto al trabajo campesino, para orientación del inmigrante; 4º. Conocer la interesada propaganda de los consulados y delegados comerciales y divulgar la verdad al respecto, para que antes de cruzar el mar sepan lo que van a encontrar. Además, lo que son las empresas de inmigración y colocación. Crear a la par una estadística al respecto.

4. ─  EL PROBLEMA CAMPESINO

El congreso continental declara que el campesino representa un elemento de primer orden dentro de las luchas hacia la emancipación humana. Declara también que el hecho de que en América exista enorme porcentaje de campesinos en el proletariado, fortalece la circunstancia anterior. En consecuencia, exhorta a los organismos y a las individualidades a reivindicar al campesino del segundo término a que generalmente se le ha relegado y a interesarlo en nuestras organizaciones. Manifiesta además que es eficaz considerar las distintas condiciones morales y materiales del campesino de cada país, para encajar la técnica orgánica dentro de estas condiciones. Asimismo declara que la heterogeneidad de circunstancias en que está circunscripto el campesino de cada país reclama un más grande conocimiento del asunto y en consecuencia un más grande estudio teórico y material en cada caso. Para el efecto acuerda emprender una encuesta internacional por medio de la prensa revolucionaria; encuesta que tratará de aportar informes y análisis de los diversos movimientos del campo.

El movimiento campesino se tratará amplia y preferentemente en el próximo congreso continental a fin de encontrarle una solución lo más completa posible.

5. ─ INTERCAMBIO DE DELEGADOS

El congreso continental, reconociendo la importancia del intercambio de delegados entre los diversos países de América, recomienda al secretariado que estudie los medios de materializar esta iniciativa lo antes posible.

6. ─ JORNADA DE SEIS HORAS.3

Después de un largo debate, el congreso continental americano resuelve hacer suya la resolución sobre las seis horas adoptada en el tercer congreso de la A.I.T. celebrado en Lieja.

7. ─ PUBLICACIÓN DE UN MANIFIESTO.

El congreso continental comisiona al secretariado de la A.C.A.T. para editar un manifiesto dirigido al proletariado de Bolivia y del Paraguay, poniéndole de relieve el peligro de guerra y sus intereses comunes frente al enemigo común: el Estado y el capitalismo.

8. ─ EDICIÓN DE UN FOLLETO.

Se resuelve editar un folleto conteniendo los trabajos más importantes de carácter doctrinario que se han presentado a la consideración del congreso continental.

9. ─ EL TRABAJO A DESTAJO.

El congreso constituyente de la A.C.A.T. llama la atención sobre los perjuicios que ocasiona el trabajo a destajo que lleva al campo gremial la lucha de obrero a obrero, con peligro para los fines emancipadores, y en consecuencia recomienda a las organizaciones adheridas que hagan todo lo posible por desterrar esta práctica del sistema de explotación capitalista.

10. ─ RELACIONES CON LAS ORGANIZACIONES NACIONALES.

El congreso constituyente de la A.C.A.T., para el caso en que sea solicitada la adhesión de una organización sindical nacional en un país donde existe ya una organización adherida, resuelve ajustarse a lo resuelto por el primer congreso de la A.I.T. sobre las condiciones de la adhesión.

11. ─ CONTRA LAS DIVERSAS FORMAS DE EXPLOTACIÓN.

La Conferencia continental de trabajadores revolucionarios, aun propiciando con plena fe y confianza en el porvenir, una transformación completa del orden político y del orden económico burgués, reconoce la urgencia de la lucha por el pan y por los mejoramientos cotidianos como exponente de la voluntad proletaria de operar esa transformación.

Además, constata la multiplicidad de formas de explotación del hombre por el hombre, ─en el terreno de la industria, donde el hombre aparece como productor; en el comercio, donde aparece como consumidor; en el campo de las especulaciones financieras, en el radio de acción del capitalismo agrario y latifundista, etc. ─ y opina que la obra revolucionaria definitiva, lo mismo que la defensa cotidiana, deben llevarse a cabo en todos los frentes posibles.

12. ─ CREACIÓN DE ARCHIVOS

En cada país adherido se establecerá un archivo del movimiento obrero anarquista continental. Cada organización debe separar de cuantas publicaciones realice, manifiestos, volantes, periódicos, etc., tanto ejemplares como organizaciones cuente la A.C.A.T. y enviarlos a cada una de estas organizaciones a los efectos de ir desde ya formando estos archivos.4  

NOTAS:

  1. Transcribimos íntegramente del folleto Congreso Constituyente de la ACAT, Buenos Aires, ACAT, 1930, el informe de Diego Abad de Santillán sobre los acuerdos y resoluciones, y asimismo el texto anexo de Max Nettlau, (que en la fuente citada corresponde a las páginas 38/46) y es una Carta abierta sobre la significación del Congreso Obrero libertario americano (C.M.R.)
  2. Omitimos la nómina de delegaciones y personalidades asistentes por obvias razones editoriales. (C.M.R.)
  3. La finalidad principal de la jornada de seis horas era la de encontrar un remedio parcial a la desocupación obrera provocada por la crisis (A.J.C)
  4. Suprimimos la versión del acta de la sesión de clausura del congreso constituyente de la ACAT, que aparece firmada por Diego Abad de Santillán, autor asimismo de la redacción de los demás texto que anteceden (C.M.R.).