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domingo, 6 de noviembre de 2016
jueves, 17 de diciembre de 2015
El falso feminismo del Partido Comunista y el "camarada Gramsci" - Mariarosa Dalla Costa & Selma James
Al final del ensayo «Las mujeres y la subversión de la comunidad» (1971) de Mariarosa Dalla Costa, presentado por Selma James para la versión latinoamericana del libro «El poder de la mujer y la subversión de la comunidad» (1975), nos encontramos con una nota que nos llamó poderosamente la atención en donde se cuestiona el machismo organizacional del marxismo para con las mujeres de los entornos del Partido Comunista Italiano de influencia gramsciana. A continuación copiamos de forma textual la 'nota 20' del ensayo signado por Mariarosa Dalla Costa:
20. Se ha
observado que muchos bolcheviques después de 1917 encontraron a su pareja
femenina entre la aristocracia desposeída. Cuando el poder sigue residiendo en
los hombres, tanto a nivel del Estado como en las relaciones individuales, las
mujeres siguen siendo "presas y siervas del placer de la comunidad".
(Karl Marx, Manuscritos económicos-filosóficos de 1844, FCE, México, 1962, p.
134. Traducción al español de Julieta Campos, basada en la traducción inglesa
de T. B. Bottomore) La progenie de "los nuevos zares" se remonta muy
atrás. Ya en 1921 en las "Decisiones del Tercer Congreso de la
Internacional Comunista", se lee en la Parte I dedicada al "Trabajo
entre las mujeres": "El Tercer Congreso del Comintern confirma la
proposición básica del marxismo revolucionario, a saber, que no existe una
«cuestión específica de la mujer» ni tampoco un «movimiento específico de las
mujeres», y todo tipo de alianza de las mujeres obreras con el feminismo
burgués, así como cualquier apoyo de las mujeres obreras a las tácticas
traidoras de los oportunistas y reformistas sociales, lleva al debilitamiento
de las fuerzas del proletariado... Para poner fin a la esclavitud de las
mujeres es necesario inaugurar la nueva organización comunista de la
sociedad".
Como
la teoría era masculina, la práctica consistía en "neutralizar".
Citemos a uno de los padres fundadores. En la primera Conferencia Nacional de
Mujeres Comunistas del Partido Comunista de Italia, el 26 de marzo de 1922,
"el camarada Gramsci señaló que debe organizarse una acción especial entre
las amas de casa, las cuales constituyen la gran mayoría de las mujeres
proletarias. Dijo que se las debe relacionar de alguna manera con nuestro
movimiento estableciendo organizaciones especiales. Las amas de casa, en lo que
respecta a la calidad de su trabajo, pueden considerarse similares a los
artesanos y, por lo tanto, es muy difícil que se hagan comunistas; sin embargo,
como son las compañeras de los obreros y como comparten de alguna manera la
vida de los obreros, el comunismo les atrae. Nuestra propaganda puede tener,
por lo tanto, una influencia encima (sic) de estas amas de casa; puede ser
instrumental, si no para darles puestos dentro de nuestra organización, sí para
neutralizarlas; de modo que no obstaculicen el camino de las posibles luchas de
los obreros". (Tomado de Compagna,
órgano del Partido Comunista Italiano para el trabajo con mujeres. Año I, Nº3,
2 de abril, 1922, p. 2)
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Feminismo,
Gramsci,
Mariarosa Dalla Costa,
Selma James
Una Huelga General - Mariarosa Dalla Costa (Traducción al castellano por @rebeldealegre )
«Wages for Housework» fue
el nombre que tomó la campaña feminista internacional que luchó por un salario para el trabajo doméstico desde una concepción feminista. De este modo lo narra Silvia Federici: "Estuve
cinco años en una organización que llevó a cabo una campaña internacional que
luchaba a favor de un salario para el trabajo doméstico. En 1972 en Italia
fundamos un colectivo internacional bajo el nombre de Colectivo Feminista
Internacional, con el cual lanzamos la campaña internacional Salario por el
Trabajo Doméstico (Wages for Housework). Lo que decíamos era que el salario
para el trabajo doméstico es muy importante.
Antes que nada tiene muchas
funciones. Es diferente cuando el trabajador asalariado lucha por mejoras
salariales y cuando el esclavo lucha por un salario, y hacíamos esta analogía
entre el ama de casa y el esclavo, porque antes que nada estamos haciendo
visible el trabajo que se hace, puesto que la invisibilidad ha sido una de las causas
fundamentales de nuestra opresión. Así que lo primero era hacer visible nuestra
explotación, dejando claro que esto es trabajo, es trabajo que produce capital.
De este modo, cuando pedimos un salario por el trabajo doméstico estamos
creando un espacio de lucha, haciendo visible la explotación y haciendo visible
nuestra relación con el capital y el estado, saliendo de la realidad del
trabajo doméstico, saliendo de la idea de que el trabajo doméstico es un
servicio personal. Segundo, la falta de dinero por el trabajo que hacemos nos
convierte en dependientes de los hombres, así que trabajas, pero después tienes
que pedir dinero para vivir.
El salario para el trabajo doméstico
permitiría a las mujeres tener algún tipo de autonomía económica de los hombres,
no del capital, y esto, de hecho, ya sería un cambio importante en las
relaciones con los hombres y la sociedad. Tercero, cuando salen a buscar un
trabajo, muchas veces las mujeres consiguen trabajos relacionados con el
trabajo doméstico y, acostumbradas a hacer este trabajo gratuitamente, es más
probable que acepten salarios más bajos. Así que luchando por un salario para
el trabajo doméstico se rompen toda una serie de dependencias, invisibilidades
y naturalidades a la vez que se abre un espacio de lucha. No lo vemos como un
fin en sí mismo, sino como un movimiento de una lucha más general donde podemos
conseguir involucrar a muchas mujeres, porque, aunque no hagamos trabajos
domésticos, todas somos amas de casa de alguna manera, puesto que cada mujer es
vista de una manera concreta debido a este trabajo. Para nosotras, la idea de
que el trabajo doméstico institucionaliza a la mujer en casa no era válida: es
la falta de dinero, de autonomía, la que la mantiene encerrada en casa."*
A
continuación, compartimos un artículo disponible por primera vez en castellano
gracias al incansable aporte y traducción de @rebeldealegre, que refleja el
profundo alcance de la crítica feminista de los años 70, movimiento que marcó un antes y un
después en la economía feminista y anticapitalista. Salud y anarcofeminismo. N&A
Publicado originalmente en All Work and No Pay: Women, Housework and the Wages
Due. Falling Wall Press. [1975] [Dalla Costa ofreció el siguiente
discurso en la celebración del Día Internacional de la Mujer en Mestre, Italia,
1974.]
Hoy
el movimiento feminista en Italia abre la campaña Wages for Housework (Salarios para el trabajo doméstico). Como han
oído en las canciones, como han visto en la exhibición fotográfica, como han
leído en los carteles, las preguntas que planteamos hoy son muchas: las
condiciones barbáricas en que tenemos que enfrentar el aborto, el sadismo al
que somos sujetas en las clínicas obstetras y ginecológicas, nuestras
condiciones de trabajo — en los empleos fuera del hogar nuestras condiciones
son siempre peores que las de los hombres, y en el hogar trabajamos sin salario
— el hecho de que los servicios sociales o bien no existen o son tan malos que
tememos que nuestras niñas y niños las usen, y así.
Bien,
en algún momento se podría preguntar, ¿cuál es la conexión entre la campaña que
abrimos hoy, la campaña de Salarios para
el trabajo doméstico, y todas estas cosas que planteamos hoy, las que hemos
expuesto y contra las que luchamos. Todas estas cosas de las que hemos hablado,
de las que hemos hecho canciones, que hemos mostrado en nuestras exhibiciones y
películas?
Nosotras
creemos que la debilidad de todas las mujeres — aquella debilidad que está tras
el hecho de haber sido tachadas de toda la historia, que está detrás del hecho
de que cuando dejamos la casa debemos enfrentar los empleos más repulsivos, mal
pagados e inseguros — esta debilidad se basa en el hecho de que todas nosotras
las mujeres, lo que sea que hagamos, estamos agotadas y exhaustas desde un
inicio por las 13 horas de trabajo doméstico que nadie ha reconocido nunca, por
el que nadie ha pagado nunca.
Y
esta es la condición básica que fuerza a las mujeres a estar satisfechas con
guarderías como “Pagliuca”, “Celestini”, “OMNI”. [“Pagliuca” y “Celestini” —
ambas guarderías infamemente brutales. “OMNI” — las guarderías del Estado,
están pobremente equipadas y son mal administradas.] Esta debilidad nos fuerza
a pagar medio millón de liras por un aborto y esto, digámoslo claramente,
ocurre en cada ciudad y en cada país — y encima de todo arriesgamos la muerte y
la prisión.
Todas hacemos trabajo doméstico; es la
única cosa que todas las mujeres tienen en común, es la única base sobre la que
podemos congregar nuestro poder, el poder de millones de mujeres.
No
es accidental que los reformistas de toda estirpe hayan evitado siempre y
detenidamente la idea de que nos organicemos sobre la base del trabajo
doméstico. Siempre se han negado a reconocer el trabajo doméstico como trabajo,
precisamente porque es el único trabajo que todas tenemos en común. Una cosa es
confrontar a doscientas o trescientas mujeres trabajadoras en una fábrica de
zapatos, y otra cosa muy distinta confrontar a millones de amas de casa. Y ya
que todas las mujeres trabajadoras de fábrica son amas de casa, es todavía otro
asunto confrontar a estas doscientas o trescientas trabajadoras de fábrica
unidas a millones de amas de casa.
Pero
esto es lo que estamos poniendo en la agenda hoy en esta plaza. Este es el
primer momento de organización. Hemos decidido organizarnos en torno al trabajo
que todas hacemos, para así tener el poder de millones de mujeres.
Para
nosotras, ahí, la demanda por salarios para el trabajo
doméstico es una demanda directa de poder, porque el trabajo doméstico es lo
que millones de mujeres tienen en común.
Si
podemos organizarnos las millones que somos en torno a esta demanda — y ya hay
muchísimas en esta plaza — podemos tener tanto poder que ya no necesitaremos
estar más en una posición de debilidad cuando salgamos de casa. Podemos obtener
nuevas condiciones de trabajo en el trabajo doméstico mismo — si tengo dinero
propio en mi bolsillo puede incluso comprar un lavaplatos sin sentirme culpable
y sin tener que rogarle por meses a mi marido para obtenerlo mientras él, que
no lava, considera que un lavaplatos es innecesario.
De
modo que si tengo dinero propio, pagado en mis manos, puedo cambiar las condiciones del trabajo
doméstico. Y aún más, podré escoger si quiero salir a trabajar. Si tengo
120.000 liras por el trabajo doméstico nunca más me venderé por 60.000 liras en
una fábrica textil, o como secretaria de alguien, o como cajera o acomodadora
en el cine. De igual modo, si ya tengo cierta cantidad de dinero en mis manos,
si ya tengo conmigo el poder de millones de mujeres, podré dictar una calidad
completamente nueva de servicios, guarderías, comedores, y todas aquellas
instalaciones que son indispensables para reducir las horas de trabajo y para
permitirnos tener vida social.
Queremos
decir algo más. Por largo tiempo — y fuertemente en particular en los últimos 10 años, pero digamos que
siempre — los trabajadores varones han salido a luchar contra sus horas de
trabajo y por más dinero, y se han reunido en esta plaza.
En
las fábricas de Porto Marghera ha habido muchas huelgas, muchas luchas.
Recordamos muy bien las marchas de trabajadores varones que comenzaron en Porto
Marghera, cruzaron el Puente Mestre y llegaron aquí a esta plaza.
Pero
dejemos esto en claro. Ninguna huelga
ha sido nunca una huelga general. Cuando la mitad de la población trabajadora está en casa
en las cocinas, mientras los otros están en huelga, eso no es una huelga general.
Nunca
hemos visto una huelga general. Sólo hemos visto varones, generalmente varones
de grandes fábricas, salir a las calles, mientras sus esposas, hijas, hermanas,
madres, seguían cocinando en las cocinas.
Hoy
en esta plaza, con la apertura de nuestra movilización por Salarios para el
Trabajo Doméstico, ponemos en la agenda nuestras
horas de trabajo, nuestras vacaciones, nuestras huelgas y nuestro dinero.
Cuando
obtengamos un nivel de poder que nos permita reducir nuestras 13 o más horas de
trabajo al día, a ocho o incluso menos que ocho, cuando a la vez podamos poner
en agenda nuestras vacaciones — porque no es secreto para nadie que los días
domingo y durante las vacaciones las mujeres nunca tienen vacaciones —
entonces, tal vez, podamos hablar por primera vez de una huelga ‘general’ de la
clase trabajadora.
Mariarosa Dalla Costa
*Silvia Federici: Las diferencias no son el problema, el problema es la jerarquía
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Silvia Federici
jueves, 11 de junio de 2015
Los orígenes de la familia capitalista, la escuela y el patriarcado salarial - Mariarosa Dalla Costa
El siguiente fragmento forma parte de un ensayo titulado 'Las mujeres y la subversión de la comunidad',
de Mariarosa Dalla Costa. Escrito entre junio y diciembre de 1971 y
publicado originalmente en 1972, en el libro ‘El poder de la mujer y la subversión de la comunidad’. Dicho libro
constituye una obra fundamental del feminismo
libertario y crítico del marxismo de las últimas décadas. Evidencia de ello es que
ha servido como sustento teórico para el desarrollo del libro ‘Calibán y la
Bruja’ de Silvia Federici. El título del artículo no corresponde al original. Para revisar el documento completo pueden hacer clic aquí. ¡Salud y
anarcofeminismo! (N&A)
![]() |
| Manifestación del 1º de Mayo en Nápoles. De izquierda a derecha, Mariarosa Dalla Costa, Leopoldina Fortunati. |
Esto implica reconocer todo un nuevo significado a la
"educación", y el trabajo que se está llevando a cabo ahora sobre la
historia de la educación obligatoria -aprendizaje forzoso- lo prueba. En
Inglaterra, se concebía a los maestros como una "policía moral" que
podía: 1) condicionar a los niños en contra del "crimen" -contener la
reapropiación de la clase obrera en la comunidad; 2) destruir a "la
chusma", organización de clase obrera basada en una familia que era
todavía una unidad productiva o, por lo menos, una unidad de organización
viable; 3) hacer de la asistencia regular y habitual y de la puntualidad algo
tan necesario para los futuros puestos de trabajo de los niños, y 4)
estratificar la clase mediante la clasificación y la selección. [Al igual que
con la familia, la transición a esta nueva forma de control social no fue fácil
y directa sino el resultado de fuerzas contradictorias tanto de la clase como
del capital, lo mismo que en cualquier fase de la historia del capitalismo.]
En la medida en que los hombres han sido las cabezas
despóticas de la familia patriarcal, basada en una estricta división del
trabajo, la experiencia de las mujeres, los niños y los hombres fue una
experiencia contradictoria que nosotros heredamos. Pero, en la sociedad
precapitalista, el trabajo de cada uno de los miembros de la comunidad de
siervos se consideraba dirigido a un objetivo: o bien la prosperidad del señor
feudal o nuestra supervivencia. En esta medida, toda la comunidad de siervos se
veía forzada a cooperar en una unidad de los no libres que involucraba en el
mismo grado a mujeres, niños y hombres y que el capitalismo tuvo que romper1.
En este sentido, el individuo no libre,
la democracia de la sujeción2, entró en crisis. El paso de la
esclavitud a la fuerza de trabajo libre separó al hombre proletario de la mujer
proletaria, y a ambos de sus hijos. El patriarca no libre se transformó en el
asalariado "libre", y sobre la experiencia contradictoria de los
sexos y las generaciones se alzó un extrañamiento más profundo pero también,
por lo tanto, una relación más subversiva.
Tenemos que acentuar que esta separación de niños y adultos
es esencial para comprender el pleno significado de la separación de mujeres y
hombres, para captar plenamente cómo la organización de la lucha por parte del
movimiento de las mujeres, aun cuando adopta la forma de un rechazo violento de
cualquier posibilidad de relación con los hombres, puede únicamente estar
dirigida a superar esta separación basada en la "libertad" del
trabajo asalariado.
La lucha de clases en
la educación
El análisis de la escuela que ha surgido en los últimos años
-especialmente con la aparición del movimiento estudiantil- ha identificado
claramente a la escuela como un centro de disciplina ideológica y de formación
de la fuerza de trabajo y de sus amos. Lo que quizás no se ha dicho, o al menos
con suficiente profundidad, es precisamente lo que precede a todo esto; es
decir, la desesperación habitual de los niños el primer día de escuela maternal
cuando ven que los dejan metidos en una clase y sus padres de repente los
abandonan. Pero precisamente en ese
momento empieza toda la historia de la escuela.
[No tratamos aquí de la estrechez de la familia nuclear que
impide que los niños tengan una transición fácil hacia la formación de
relaciones con otras personas; tampoco de lo que se desprende de esto: el
argumento esgrimido por los psicólogos de que un condicionamiento adecuado
hubiese podido evitar esta crisis. Tratamos de la organización total de la
sociedad en la que la familia, la escuela y la fábrica son, cada una de ellas,
un compartimiento tipo gueto. Tanto es así, que el paso de uno a otro de estos
compartimentos es doloroso. Este dolor no puede eliminarse remendando las
relaciones entre un gueto y otro sino únicamente destruyendo cada uno de
ellos.]
Vistos de esta manera, los niños de escuela primaria no son
esos apéndices que, únicamente por las demandas de "desayunos gratuitos,
transporte gratuito y libros gratuitos" -todo esto aprendido de los
mayores-, pueden estar unidos de alguna manera con los alumnos de escuelas
secundarias3. En los niños de escuela primaria, los que son hijos e
hijas de obreros, hay siempre una conciencia de que la escuela, de algún modo,
los está poniendo en contra de sus padres y de sus iguales y, en consecuencia,
hay una resistencia instintiva a estudiar y a ser "educado". Esta
resistencia es la razón de que en Inglaterra se haya confinado a los niños
negros en escuelas de educación subnormal4. El niño europeo de clase
obrera, al igual que el niño negro de clase obrera, ve en el maestro a alguien
que le está enseñando algo contra su madre y su padre, no como una defensa para
el niño, sino como un ataque a la clase a la que pertenece. El capitalismo es
el primer sistema productivo en el que los niños de los explotados son
disciplinados y educados en instituciones organizadas y controladas por la
clase gobernante.
[A pesar del hecho de que el capital dirige las escuelas, el
control no se concede nunca de una vez por todas. La clase obrera se enfrenta
continua y crecientemente al contenido de la escolarización capitalista y no
admite sus costos. La respuesta del sistema capitalista consiste en restablecer
el control que tiende a reglamentar cada vez más en términos tipo fábrica.
Sin embargo, la nueva política educativa que se nos está
machacando -aun mientras escribimos esto- es más compleja que todo eso. Aquí,
únicamente podemos dejar indicado el impulso de esta nueva política:
Los jóvenes de clase obrera no admiten que la educación les
prepare sólo para una fábrica, aun cuando sea para llevar cuellos blancos y
usar máquinas de escribir y tableros de dibujo en vez de máquinas remachadoras.
Los jóvenes de clase media rechazan el papel de mediadores
entre las clases y la personalidad reprimida que este papel de mediación
requiere.
Se pide fuerza de trabajo nueva, más salarios y
diferenciación de status. La actual tendencia igualitaria debe revertirse.
Debe crearse un nuevo tipo de proceso laboral que intente
interesar al obrero en la "participación" para que no rechace la
monotonía y fragmentación de la actual línea de ensamble.
Si los jóvenes se niegan a aceptar el tradicional
"camino al éxito", e incluso el "éxito", han de encontrar
nuevas metas a las que puedan aspirar, es decir, por las que vayan a la escuela
y al trabajo. Diariamente surgen nuevos "experimentos" de educación
"libre", en los que se alienta a los niños a participar en la
planeación de su educación y existe una mayor democracia entre maestros y
alumnos. Es tan ilusorio creer que esto es una derrota del capital como creer
que la regimentación será una victoria. En la creación de una fuerza de trabajo
manipulada más creativamente, el capital no perderá en el proceso ni un 0,1% del
beneficio. "De hecho", dicen en realidad, "puedes resultarnos
mucho más eficiente si tomas tu propio camino, siempre que pase por nuestro
territorio." En algunos lugares de la fábrica y en la fábrica social, el
eslogan del capital es cada vez más semejante al siguiente: "Libertad y
fraternidad para garantizar la igualdad e incluso extenderla".]
La prueba definitiva de que esta indoctrinación ajena, que
comienza en la escuela maternal, está basada en la separación de la familia, es
que aquellos niños de clase obrera que llegan a la universidad (los pocos que
llegan) tienen tan lavado el cerebro que son incapaces de hablar ya con su
comunidad.
Los niños de clase obrera son pues los primeros que
instintivamente se rebelan contra las escuelas y la educación que en ellas se
proporciona. Sus padres los encierran en las escuelas porque les preocupa que
sus hijos "tengan una educación", es decir, que estén equipados para
escapar de la línea de ensamble o de la cocina en las que ellos, sus padres,
están aprisionados. Si un niño de clase obrera muestra dotes especiales, toda
la familia se concentra inmediatamente en él, le da las mejores condiciones,
sacrificando con frecuencia a los demás, con la esperanza de que los sacará a
todos de la clase obrera. Esto se convierte, en efecto, en la forma en que
funciona el capital a través de las aspiraciones de los padres para incorporar
su ayuda al disciplinamiento de la fuerza de trabajo nueva.
En Italia, los padres cada vez tienen menos éxito en mandar
a sus hijos a la escuela. La resistencia de los niños a la escuela va en
aumento, aun cuando no está todavía organizada.
Al mismo tiempo que crece esta resistencia de los niños a
ser educados en escuelas, también aumenta su rechazo a aceptar la definición que ha dado el capital de su edad. Los niños quieren todo lo que ven;
no entienden que para tener cosas se haya de pagar por ellas y que para
pagarlas se deba tener un salario y, por lo tanto, se tenga que ser adulto. No
es extraño que resulte difícil explicar a los niños que no pueden tener lo que
la televisión le ha dicho que es imprescindible.
Pero algo está sucediendo con la nueva generación de niños y
con la juventud que está haciendo constantemente más difícil explicarles cuál
es el momento arbitrario en que se llega a la edad adulta. Lo que sucede es más
bien que la generación joven nos está demostrando su edad: en los sesenta, los
niños de seis años ya se sublevaron contra los perros de la policía en el sur
de los Estados Unidos. Encontramos el mismo fenómeno hoy en Italia y en Irlanda
del Norte donde los niños han sido tan activos en la rebelión como los adultos.
Cuando se reconozca a los niños (y a las mujeres) como parte integrante de la
historia, aparecerán sin duda otros ejemplos de participación de menores (y de
mujeres) en luchas revolucionarias. Lo nuevo es la autonomía de su
participación a pesar y en razón de
su exclusión de la producción directa. En las fábricas, la juventud rechaza el
liderazgo de los obreros mayores, y en las revueltas en las ciudades es la punta
de diamante. En las metrópolis las generaciones de la familia nuclear han
producido movimientos de jóvenes y estudiantes que han iniciado el proceso de
sacudimiento del marco de poder constituido; en el Tercer Mundo, los jóvenes
sin empleo salen frecuentemente a la calle antes de que la clase obrera se
organice en sindicatos.
Vale la pena hacer constar lo que dijo The Times de Londres (1 de junio de 1971) refiriéndose a una
reunión de maestros convocada porque uno de ellos había sido amonestado por
golpear a un alumno: "Elementos perturbadores e irresponsables acechan por
todos los rincones con la intención aparentemente planeada de erosionar todas
las fuerzas de autoridad". Esto "es una conspiración para destruir
los valores en que se basa nuestra civilización y de los cuales nuestras
escuelas son uno de los mejores bastiones".
La explotación de los
no asalariados
Hemos querido hacer estos
comentarios sobre la actitud de rebelión que se está extendiendo constantemente
entre los niños y la juventud, especialmente en los de clase obrera y
particularmente entre los negros, porque creemos que está íntimamente vinculada
con la explosión del movimiento de mujeres y es algo que este movimiento debe
tomar en cuenta. Nos ocupamos aquí de la revuelta de los que han sido
excluidos, de los que han sido apartados por el sistema de producción, y que
expresan con acciones su necesidad de destruir las fuerzas que obstaculizan el
camino de su existencia social, pero que esta vez se están juntando como
individuos.
Las mujeres y los niños han sido
excluidos. La revuelta de unos contra la explotación a través de la exclusión
es un índice de la rebelión de los otros.
En la medida en que el capital ha
reclutado al hombre y lo ha convertido en un trabajador asalariado, ha creado
una brecha entre él y todos los demás proletarios sin salario a quienes, al no
participar directamente en la producción social, se suponía por lo tanto
incapaces de ser los sujetos de una revuelta social.
Desde Marx, ha sido claro que el
capital domina y se desarrolla a través del salario, esto es, que el fundamento
de la sociedad capitalista era el trabajador asalariado y, hombre o mujer, la
explotación directa de éste. Lo que no ha estado claro, ni lo han supuesto las
organizaciones del movimiento de clase obrera, es que precisamente a través del
salario se ha organizado la explotación del trabajador no asalariado. Esta
explotación ha sido aún más efectiva porque la falta de un salario la ocultaba.
Es decir, el salario controlaba una cantidad de trabajo mayor que la que
aparecía en el convenio de la fábrica. En
lo que respecta a las mujeres, su trabajo parece un servicio personal fuera del
capital. La mujer parecía sufrir únicamente el chauvinismo masculino y era
mal tratada porque el capitalismo significaba "injusticia" general y
"conductas malas e irrazonables"; los pocos (hombres) que lo
advirtieron nos convencieron de que esto era "opresión" pero no
explotación. Pero la "opresión" ocultaba otro aspecto más penetrante
de la sociedad capitalista. El capital excluyó a los niños y los mandó a la
escuela no sólo porque obstaculizaban el trabajo más "productivo" de
otros o para indoctrinarlos. El dominio del capital a través del salario obliga
a toda persona físicamente capaz a funcionar bajo la ley de la división del
trabajo, y a funcionar en formas que, si no inmediatamente, son en definitiva
provechosas para la expansión y extensión del dominio del capital. Este es,
fundamentalmente, el significado de la escuela. En lo que respecta a los niños, su trabajo parece consistir en aprender
para su propio bien.
Los niños proletarios han sido
forzados a pasar por la misma educación en las escuelas: esta es la igualdad
capitalista frente a las infinitas posibilidades de la enseñanza. La mujer, por
otro lado, ha sido aislada en la casa, forzada a llevar a cabo trabajo que se
considera no calificado: el trabajo de dar a luz, criar, disciplinar, y servir
al obrero para la producción. Su papel en el ciclo de la producción social ha
permanecido invisible porque sólo el producto de su trabajo, el trabajador, era
visible. Con lo cual quedó atrapada dentro de las condiciones precapitalistas
de trabajo y nunca se le pagó un salario.
Y cuando decimos
"condiciones precapitalistas de trabajo" no nos referimos únicamente
a las mujeres que usan escobas para barrer. Ni siquiera las cocinas
norteamericanas mejor equipadas reflejan el nivel actual de desarrollo
tecnológico; reflejan, a lo sumo, la tecnología del siglo XIX. Cuando no se
cobra por hora, dentro de ciertos límites, a nadie le importa el tiempo que
alguien se tarde en hacer el trabajo.
Esta no es sólo una diferencia
cuantitativa sino cualitativa respecto a cualquier otro trabajo y emana
precisamente de la clase de mercancía que este trabajo está destinado a
producir. Generalmente, dentro del sistema capitalista, la productividad del
trabajo no aumenta a menos que haya una confrontación entre el capital y la
clase: las innovaciones tecnológicas y la cooperación son al mismo tiempo
momentos de ataque para la clase obrera y momentos de respuesta capitalista.
Pero si esto es cierto de la producción de mercancías en general, no lo ha sido
de la producción de esta clase especial de mercancía: la fuerza de trabajo. Si
la innovación tecnológica puede reducir el límite de trabajo necesario, y si la
lucha de la clase obrera en la industria puede utilizar esta innovación para
ganar horas libres, no puede decirse lo mismo del trabajo doméstico; en la
medida en que la mujer debe procrear, criar y responsabilizarse de los niños en
aislamiento, la alta mecanización de las labores domésticas no le deja más
tiempo libre. La mujer está siempre en servicio porque no existe la máquina que
haga niños y se preocupe de ellos5. La mayor productividad del
trabajo doméstico mediante la mecanización únicamente puede relacionarse con
servicios específicos como, por ejemplo, lavar y limpiar. La jornada de trabajo
de la mujer es interminable no porque carezca de máquinas sino porque está
aislada.
[En la medida en que ninguna
innovación tecnológica puede educar niños, sino solamente el "cuidado
humano", la liberación efectiva del tiempo dedicado al trabajo doméstico,
el cambio cualitativo del trabajo doméstico, sólo puede provenir de un
movimiento de las mujeres, de una lucha de las mujeres: cuanto más crezca el
movimiento, menos podrán contar los hombres -y en primer lugar los militantes
políticos- en que las mujeres cuiden a los niños. Al mismo tiempo, la nueva
atmósfera social que crea el movimiento ofrece a los niños un espacio, con
hombres y mujeres, que no tiene nada que ver con las guarderías organizadas por
el Estado. Estas son ya victorias de la lucha. Precisamente porque son los
resultados de un movimiento que es por naturaleza una lucha, no pretenden
sustituir la lucha por cualquier tipo de cooperación.]
1 El trabajo asalariado se basa en la subordinación de todas las
relaciones a la relación de salario. El obrero debe contratar como
"individuo" con el capital, despojado de la protección de sus
parientes.
2 Karl Marx, Crítica de la Filosofía del Estado de Hegel.
3 "Transporte gratuito, desayunos gratuitos, libros
gratuitos" fue uno de los lemas de una sección del movimiento estudiantil
en Italia que pretendía conectar la lucha de los estudiantes más jóvenes con
los obreros y los universitarios.
4 En Inglaterra y Estados Unidos, los psicólogos Eysenck y Jensen,
quienes están convencidos "científicamente" de que los negros tienen
una "inteligencia" inferior a los blancos y educadores progresistas
como Iván lllich aparecen como si sus posiciones fueran diametralmente
opuestas. Los une lo que pretenden lograr. Los divide el método. En cualquier
caso, los psicólogos no son más racistas que los demás, sino sólo más directos.
La "inteligencia" es la capacidad de reconocer que el argumento del
adversario es el correcto y formar la lógica propia con base en esto. Allí en
donde toda la sociedad opera institucionalmente a partir del supuesto de la
superioridad racial blanca, estos psicólogos proponen un
"condicionamiento" más completo y total, de manera que los niños que
no aprenden a leer, no aprendan en vez de esto a hacer cócteles molotov. Un
punto de vista sensato con el que Iván lllich, a quien le preocupa el
"subaprovechamiento" de los niños (es decir, que rechacen la
"inteligencia"), estaría de acuerdo.
5 No ignoramos en absoluto los intentos que se llevan a cabo en la
actualidad para hacer niños de laboratorio. Pero estos mecanismos ahora
pertenecen completamente a la ciencia y al control capitalistas. Se utilizarían
completamente en contra de nosotras y de la clase. No nos interesa abdicar de
la procreación para ponerla en manos del enemigo. Nos interesa conquistar la
libertad para procrear por la que no pagaremos ni el precio del salario ni el
precio de la exclusión social.
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