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martes, 19 de junio de 2018

La casa del comunismo libertario acogerá un conservatorio sobre Silvia Federici

La jornada será el lunes 13 de Agosto en el Centro Social Autogestionado del Barrio Franklin 



Silvia Federici, autora de los libros «Calibán y La Bruja» y «Revolución en Punto Cero», es una de las activistas que en los últimos años ha motivado muchísimo interés por parte de diversos sectores de los movimientos que resisten contra el capitalismo y los patriarcados. Las luchas contra el racismo, por la defensa de los territorios, por un feminismo autónomo y la resignificación del trabajo doméstico, mantienen una fuerte vinculación con el pensamiento federiciano. Durante la conversación se abordarán consideraciones fundamentales que tratarán de otorgar algunas herramientas teóricas, históricas y epistemológicas que en lo posible ayuden a comprender las particularidades del libro «Calibán y La Bruja» y que en general presenten las distintas facetas de la autora quien, a sus 76 años, continúa muy activa en las luchas contra toda forma de subordinación.

Silvia Federici ha desarrollado una profunda crítica a las relaciones de dominación. En ciertos manuales se le define como “marxista”, sin embargo Federici critica radicalmente el machismo sistémico en el marxismo y su visión desarrollista. Cuestiona a su vez el santo intocable del marxismo económico: la noción de Plusvalía. Para Federici la generación de plusvalía no es únicamente una relación del varón en la fábrica sino una construcción socialopresiva desde el hogar. Dicho de otro modo: La plusvalía no se constituye únicamente desde el momento en que se marca tarjeta y se termina el turno sino desde el momento en que el trabajo reproductivo se desarrolla, esto es, lavado, planchado, cocinar y el cuidado niños, niñas, ancianas y desempleados en el hogar, en donde no existe descanso ni vacaciones en la infinita lista de labores domésticas. El trabajo no es solamente ir a la fábrica o a la oficina sino prácticamente todas las relaciones vinculadas en la totalidad explotadora del capitalismo, en donde el trabajo de la reproducción constituye el trabajo más importante para que funcione la máquina: la producción de vidas humanas, mano de obra para la acumulación capitalista. Para la autora entonces las relaciones patriarcales en el hogar y en la reproducción no se les puede considerar solo «opresión» de las mujeres sino que también «explotación». Explotación que debe ser subvertida por relaciones libres en donde las comunidades dispongan de lo socialmente constituido tanto en los hogares como en otros ámbitos productivos. 

Para más información evento en facebook:

martes, 7 de marzo de 2017

Silvia Federici sobre huelga internacional de mujeres: "Sería una pena si vamos a la calle todas contentas y después regresamos a casa"

Desde que la conocemos, las conversaciones con Silvia han sido siempre muy fértiles. No solo por su lucidez y agudeza teórico-política, sino también por su generosidad infinita en el relato de su experiencia, en esa búsqueda de coherencia entre lo que se hace y se piensa. En la previa del 8 de marzo, conversamos con ella sobre el paro internacional de mujeres y la actualidad de la lucha feminista.

Elegimos volver a escucharla hoy, en este contexto tan intenso donde la lucha de las mujeres se despliega con una fuerza por momentos inesperada. Donde cada una desde su comunidad de mujeres pone empeño en organizar, difundir y participar del 8 de marzo y del paro histórico que sucederá en más de treinta países alrededor del mundo.

En lo vertiginoso de estos acontecimientos nos venimos diciendo unas a otras: no aceptemos más la violencia, potenciemos nuestra fuerza para multiplicar nuestro ya basta, organicemos encuentros, espacios y marchas que hagan temblar la tierra. Pero también nos repetimos una y otra vez: hagamos más denso el tejido del entre mujeres; potenciemos nuestra ayuda mutua, nuestro autocuidado y reciprocidad; estemos cada vez más movilizadas pero también robemos tiempo para sentir y pensar cómo seguimos, cómo nos auto organizamos cada vez más y qué desafíos está alumbrando la lucha.

Dicho de otro modo, al desplegar la lucha ésta ilumina nuevos problemas políticos. De nada sirve hacer sin pensar. Pensemos a partir de lo que estamos experimentando y abramos los espacios para construir los cómo seguir. Nuestras compañeras y hermanas nacidas en las luchas que nos antecedieron portan experiencias que es preciso recuperar para no empezar de cero, para nutrirnos y cambiar. Por eso esta conversación busca ser un espacio-momento para que Silvia nos comparta palabras que nos ayuden a pensar lo que está sucediendo.

¿Qué está sucediendo con la lucha de las mujeres? ¿Qué has reflexionado sobre las últimas manifestaciones en Estados Unidos?

Aquí es un momento en el que se está dando una movilización muy fuerte de todos los movimientos sociales, y sobre todo del movimiento de las mujeres. Hemos visto estas marchas en Washington, en Nueva York, en varias ciudades. Mujeres de todo tipo, de todas las edades se están movilizando, sintieron la necesidad de salir a la calle. Y pienso que no es solamente una necesidad de responder a Trump, es la expresión de un gran descontento que se ha acumulado en estos años, porque las situación de las mujeres en todos los niveles, con excepción de una minoría, se ha deteriorado desde hace mucho tiempo, enfrentando una crisis en su vida cotidiana.

Esta es una crisis de trabajo, una crisis de falta de tiempo para sí mismas, una crisis de la relación con los otros, es el no tener recursos, no tener tiempo ni acceso a los servicios más fundamentales. Además de enfrentarse continuamente a la violencia, que es violencia individual pero también del Estado, de la policía, en las cárceles, es la militarización de la vida que aquí es cada vez más fuerte. Creo que ahora estos son los elementos que unifican y pueden unificar al movimiento feminista. Es un movimiento contra la violencia y los abusos institucionales, pero también es una manifestación de deseo, de voluntad de construir una sociedad diferente. En estas marchas, en Nueva York por ejemplo, se podía ver una gran creatividad, mucha fuerza y energía, por eso se puede comparar con lo que sucedió en los años setenta.

Es un movimiento que ha crecido mucho en los últimos años, sobre todo a partir de la desilusión que tantas mujeres han experimentado. Se pensó que trabajar fuera de la casa posibilitaba conseguir autonomía. Y no nos dio autonomía porque el trabajo es precario, no da seguridad. Lo que vemos es un gran número de mujeres, y hombres también, cargadas de deudas. Han luchado por entrar a las universidades, como se luchaba en los años setenta, y ahora con la privatización de la educación deben un montón de dinero para poder estudiar. Muchas jóvenes con veinte años no pueden ver cuál va a ser su futuro.

¿De qué luchas previas se nutren estas manifestaciones? Porque al mirar las imágenes -no podíamos dejar de mirar lo que pasaba, la cantidad de personas- desde el sur nos preguntamos ¿de dónde se están nutriendo? ¿De dónde nació ese desborde? ¿Qué había previamente organizado?

Creo que la decisión de una parte del establishment americano de apoyar a Trump ha sido una respuesta a las luchas que ya se estaban dando. Por ejemplo, la lucha por el aumento del salario mínimo ha involucrado a muchas mujeres muy fuertemente, y siempre se cruzaba con la lucha de los migrantes. Porque son sobre todo las mujeres y las personas migrantes las que tienen salarios muy bajos. También ha crecido un movimiento estudiantil contra la deuda generada por la falta de gratuidad. Por otro lado, muchos han apoyado a Trump pensando que sería el presidente que cortaría las deudas e implementaría una educación gratuita. Es también creciente la movilización contra el control del cuerpo. Por ejemplo, en muchos Estados se redujo drásticamente el acceso al aborto. Hoy las mujeres se enfrentan con dificultades en todos los lugares donde están, con cortes en servicios como la educación y la precariedad de la vida, ninguna sabe si tendrá o no trabajo. Sobre todo entre jóvenes y mujeres no se ve qué tipo de futuro se tendrá. También la rabia y la indignación contra estos abusos, la violencia institucional continua, la matanza de la policía sobre los y las jóvenes de color, migrantes, latinos. La conciencia de que vivimos en un régimen muy brutal, que no es una novedad, pero que ahora ya no se puede no ver. En los últimos años casi todos los días un joven negro fue asesinado con una impunidad absoluta. Entonces, hay un descontento muy fuerte, económico y no económico, porque los dos están conectados. Porque está claro que esta violencia se justifica y se sostiene en la represión y en la precariedad económica.

¿Cómo estás viviendo estos mismos movimientos en el plano internacional, por ejemplo lo que está siendo en este momento la organización del paro internacional de mujeres? 

Es una idea muy excitante, sobre todo esta dimensión internacional de las luchas es muy importante. En las últimas semanas ha sido muy importante ver tantas movilizaciones en todas las ciudades al mismo tiempo, el sentimiento de ser parte de algo que se está moviendo en muchas partes del país y del mundo. Así como la respuesta al llamamiento de paro de las compañeras en Argentina en octubre pasado que fue muy fuerte. También aquí muchas compañeras salieron a la calle. Todavía es difícil saber, pero es claro que solamente algunas podrán hacer el paro porque hay tantas dificultades prácticas para organizar un paro de las mujeres, sobre todo en un país como Estados Unidos, donde existen realidades tan diferentes y hay grupos de mujeres tan diversas, en una situación donde faltan los servicios sociales, donde muchas mujeres son solteras y no tienen un marido que pueda sustituirla. Pero se envía una señal importante, es una posibilidad de compromiso con las nuevas formas de lucha y de organización. Ojalá sea un compromiso para crear redes de comunicación entre mujeres de diverso tipo. Crear un tejido social más fuerte, capaz de resistir a lo que está sucediendo y también empezar a construir nuevas relaciones. Empezar a implementar lo que se viene hablando sobre formas de auto gobernarnos, reclamar el control de nuestra vida, empezar el proceso de no solamente ponernos en contra sino ir definiendo qué tipo de sociedad queremos, cómo vamos a construirla, qué precisamos de inmediato y cuáles son los objetivos del futuro.

Yo creo que es importante hoy abrir una visión estratégica, no solamente salir a la calle, sino salir a la calle con una visión de lo que deseamos e intentamos construir. Sería una pena si vamos a la calle todas contentas y después regresamos a casa y no se une este momento con la construcción de algo distinto. Por eso es importante no solo demandar a un Estado que no responde, sino comprender contra qué luchamos, que no son personajes. Estos personajes son la expresión de un mal que es el sistema. Comprender lo que está sucediendo a nivel económico, político, ecológico y empezar a hacer las conexiones. Es verdaderamente la misma lucha: luchar contra la contaminación, contra el capitalismo, la precarización de la vida y el despojo y luchar contra el patriarcado son momentos diferentes de una misma lucha. Pienso que esta movilización puede ayudar a crear conciencia sobre la interconexión de estas luchas. Ojalá tengamos la capacidad crear un terreno de unificación entre mujeres distintas.

Nosotras sentimos que nos entusiasma el paro y la movilización porque es un mensaje, es una disputa en varios planos, también simbólica. Acá en el sur, sobre todo la idea de la doble jornada, el trabajo doméstico, ha tomado mucha fuerza porque al discutir el paro hubo que intercambiar sobre qué precisábamos para parar. Eso dio lugar a un montón de discusión entre mujeres. Muchas han planteado que no pueden parar porque están solas con sus hijos e hijas, entonces vemos formas diversas de parar y participar. No nos proponemos hacer un paro en el que si no podés parar las veinticuatro horas no formás parte de la jornada y de la lucha, sino hacer un paro que diversifique las opciones y todas podamos participar.

Justamente, yo pienso que a partir de las dificultades de hacer este paro, de las dificultades de las mujeres que no pueden dejar a sus hijos, es importante comprender cuál es el paso próximo. Porque, ¿qué pasa con estas mujeres que están encarceladas por el trabajo doméstico todos los días y que no tienen a nadie que las pueda ayudar? El paro es un momento de comprensión y de transformación, porque mirando estas dificultades organizativas se puede ver qué necesitamos, qué se puede hacer como cosa urgente. Ver que existen tantas mujeres que no pueden ir a una reunión, al cine, porque son prisioneras de ese trabajo. Cuando estuve en Bruselas unos meses vi que allá las compañeras han impulsado la iniciativa de describir su jornada de trabajo y luego han recogido esos testimonios. Han dicho también al estado “todo esto es lo que las mujeres hacen”, están intentado decir “esta es la cuenta por todo lo que hemos realizado”. Este tipo de acciones pueden incrementar la conciencia y permiten pensar nuevas prácticas. Porque si estamos encarceladas en el hogar entonces ¿qué estructura necesitamos en lo urbano, en el barrio, para dar respuesta?, ¿cuáles son las necesidades inmediatas y urgentes? 

En esa clave, al pensar el paro lo estábamos concibiendo como un momento pedagógico para nosotras y para todas las mujeres, por tanto para señalar los desafíos en todos los sentidos que vos nombras, para pensar qué movimiento tenemos que construir, bien atado a la vida y la cotidianidad. Pero también señalar los límites de la izquierda, los límites de ciertas formas de hacer política, lo que sucede con el sindicalismo. El paro iluminó muchas cosas, no solo para el propio movimiento de mujeres sino para muchas más personas.


Así es. Antes existieron sindicatos que se ocupaban de la vida, del barrio, que luchaban tomando en cuenta toda la vida de las trabajadoras y trabajadores, no solo sobre las ocho o nueve horas. Ahora es una forma burocrática que ya no funciona más, que no puede dar respuestas. He estado hablando con una compañera que organizó en Islandia el paro de 1975, desde allí las mujeres se han organizado en espacios urbanos donde se conversa, se circula información, en todas las ciudades están estos espacios que son experiencias colectivas para las mujeres. Estos lugares han facilitado mucho la organización, porque cada uno ha sido un punto de expansión de la información, de la táctica. Me gusta mucho pensar que se pueden crear estos lugares, espacios de las mujeres. Crear, desde donde una vive, espacios donde cuidarnos y dar discusiones entre mujeres. Insistir en la capacidad de crear, reclamar el espacio, el derecho a la ciudad. Es importante pensar este momento como un momento histórico, lo que está pasando con el Encuentro de Mujeres en Argentina, que se organice algo internacionalmente de forma autónoma sin los recursos y la intervención de la ONU. Se han hecho acciones todos los 8 de marzo, pero este año está la dimensión internacional. Esta jornada está reviviendo el sentido del 8 de marzo y dando lugar a un nuevo internacionalismo.

Pero es importante pensar estratégicamente qué es lo que queremos. Claro que no podemos saber muchas cosas, pero sí qué precisamos saber. Necesitamos una visión estratégica más allá de la manifestación. También la memoria histórica es importante para crear resistencia, la memoria sobre lo que ha significado este día para la lucha de la mujeres, sobre el internacionalismo feminista y el  significado de eso en la actualidad. Creo que hoy las mujeres debemos estar más presentes en las luchas contra la guerra. En estas manifestaciones en Estados Unidos no se le ha dado suficiente atención a la problemática de la guerra.

Este punto es importante desde la perspectiva latinoamericana y también nos preguntamos por esto que nombras. La gente se moviliza cuando puede, cuando hay conciencia y voluntad, pero ¿qué piensa sobre las invasiones y la guerra el pueblo estadounidense?

Ahora se ven límites que no se veían y se empieza a insistir en la necesidad de la lucha contra la guerra. Han estado y están bombardeando con drones Yemen, han destruido Medio Oriente. Existe una relación fuerte entre la guerra permanente y la militarización de la vida aquí, por eso es importante esta temática. ¿De qué internacionalismo hablamos si no? Es importante que todos digamos que no se puede excluir a las personas de ningún país, pero también que no se debe bombardear ni destruir la vida en ningún país. Pienso que en los materiales que se van a preparar y escribir es importante tener esta visión histórica del internacionalismo feminista.

Con respecto a la memoria histórica, al crecer bastante la auto organización de las mujeres en varias ciudades de Uruguay, las compañeras plantean una sensación de ser huérfanas, de empezar una lucha sin saber que otras mujeres lucharon antes, desconociendo qué problemas tuvieron y cómo se organizaron. ¿Tuvieron esta sensación en los años setenta cuando el movimiento desbordaba las calles?

Para nosotras fue muy importante el trabajo de comenzar a reconstruir la historia de otras mujeres, de comprender de dónde venimos, cuales fueron nuestras madres, reconstruir y pensar en el feminismo liberal, en el feminismo socialista -del que nace el 8 de marzo-, saber lo que planteaban sobre la liberación de la mujer. De la historia del feminismo en América Latina he descubierto dos años atrás la lucha de las mujeres en Argentina, a Virginia Bolten y su consigna “ni patrón ni marido” y su periódico La Voz de la Mujer.

Las historias locales, en el Río de la Plata, también son muy potentes. Por ejemplo, la consigna de las mujeres en Uruguay en los años ochenta era “nosotras queremos cambiar la vida”. Es hermoso reconectar con esas luchas.

Es imprescindible conversar con estas mujeres que son libros vivientes, libros de la historia de las luchas. Esta concepción que planteas es importante para construir una memoria larga. Tú te sientes parte de algo, no puedes mirar el futuro sin mirar el pasado. Solamente cuando ves toda la historia de lucha, los límites, los problemas de las experiencias organizativas pasadas, intentas no repetir las mismas cosas. No puedes identificar lo que estás haciendo si no miras que se ha hecho antes y cuáles son las diferencias, aprender de esa experiencia, no pensar que has inventado todo.


Escasos quince días nos separan del paro del 8 de marzo. Las palabras de Silvia, que son las de una luchadora que reflexiona y teoriza a partir preocupaciones que también son las nuestras, seguramente serán fértiles para seguir construyendo este camino, que es el suyo y el de miles de mujeres que por todo el mundo van diciendo ¡ya basta



Mariana Menéndez



viernes, 30 de diciembre de 2016

Sobre el comunismo anarquista en Silvia Federici

Silvia Federici es una feminista autónoma que ha desarrollado una profunda crítica a las relaciones de dominación. En ciertos manuales se le define como “marxista”, sin embargo Federici critica radicalmente el machismo sistémico en el marxismo y su visión desarrollista. Cuestiona a su vez el santo intocable del marxismo económico: la noción de Plusvalía. Para Federici la generación de plusvalía no es únicamente una relación del varón en la fábrica sino una construcción social opresiva desde el hogar. Dicho de otro modo: La plusvalía no se constituye únicamente desde el momento en que se marca tarjeta y se termina el turno sino desde el momento en que el trabajo reproductivo se desarrolla, esto es, lavado, planchado, cocinar y el cuidado niños, niñas, ancianas y desempleados en el hogar, en donde no existe descanso ni vacaciones en la infinita lista de labores domésticas. El trabajo no es solamente ir a la fábrica o a la oficina sino prácticamente todas las relaciones vinculadas en la totalidad explotadora del capitalismo, en donde el trabajo de la reproducción constituye el trabajo más importante para que funcione la máquina: la producción de vidas humanas, mano de obra para la acumulación capitalista. Para la autora entonces las relaciones patriarcales en el hogar y en la reproducción no se les puede considerar solo «opresión» de las mujeres sino que también «explotación». Explotación que debe ser subvertida por relaciones libres en donde las comunidades dispongan de lo socialmente constituido tanto en los hogares como en otros ámbitos productivos. 

De este modo Silvia Federici se encuentra en una potente sintonía con un comunismo anárquico de corte kropotniano. Un comunismo organizado desde las comunas mediante la concreción revolucionaria de las clases explotadas y oprimidas. Un comunismo sostenido desde los hogares, barrios, comunas, campos, fábricas y talleres en el que los aportes de todos y todas son igualmente importantes, en donde el «cada uno según sus capacidades» del comunismo anarquista de principios de siglo XX se potencia con las luchas de la economía feminista defendidas por Silvia.

N&A

Charla: Mujeres y Reproducción Social en el Capitalismo Contemporáneo

Resistimos un nuevo patriarcado en el que las mujeres deben ser dos cosas: productoras y reproductoras al mismo tiempo, una espiral que acaba consumiendo toda la vida de las mujeres.

Silvia Federici


lunes, 6 de junio de 2016

Las yanaconas verde olivo que torturaron a Constanza Vargas

Una mujer transita, agobiada por los trámites de la cotidianidad, por calles que exudan hedor a gases, que vibran al ritmo de una ardorosa lucha protagonizada por el movimiento estudiantil de la región chilena. Ella transita sin saber que su vientre también forja rebeldías silenciosas. Sin embargo es capaz de mirar de frente el grito de quienes pugnan por sostener su digna existencia, y atendiendo a su sentido de la justicia, acude en defensa de los niños agredidos por la policía. Es entonces cuando otra mujer, una que no está allí para forjar nada sino para reducirlo todo, una que jamás supo de dignidades ni de rebeldías... esa, una que se hizo policía, se planta ante la mujer con sed de justicia y a patadas fractura la vida que crecía en el vientre de María Paz, la mujer que transitaba por las calles de la injusticia.

Tiare Vergara es el nombre de la funcionaria de Carabineros de Chile que causó un aborto a María Paz Cajas. Tiare Vergara es el vivo ejemplo de lo que ningún ser humano con mínimo sentido de la justicia y respeto por la dignidad humana querría ser, una mujer policía, un perro guardían de la clase dominante, una bestia cebada con la sangre de los pobres. Es bueno mirar de frente a estos seres, saber sus nombres y ver cómo se empequeñecen ante nuestros ojos, condenarles con nuestro más absoluto desprecio, que es el desprecio de quienes nos resistimos a la corrupción que supone el ejercicio del poder político.

No pasó una semana de este penoso evento hasta que tuvimos noticias de que un contingente de Carabineros de Chile intentó desalojar de forma violenta una toma en colegios de Ñuñoa, hiriendo a dos niñas con balines de goma con centros de metal. La rápida intervención del director de uno de los colegios en toma, evitó que las bestias verde olivo se ensañaran contra los cuerpos de las niñas.

Pero la euforia de los represores no conoce frenos. El día sábado 4 de junio, Carabineros de Chile asistió al desalojo de la toma del liceo de niñas de Concepción y allí se ensañó contra una joven que recién cumplía la mayoría de edad. Constanza Vargas fue golpeada, vejada, insultada y torturada por funcionarias de Carabineros de Chile. Las motivaciones lesbofóbicas que prevalecieron en el trato que las carabineras dieron a Constanza, no sólo evidencian la profunda misoginia que abraza a estas funcionarias, sino que develan el funcionamiento de toda una estructura patriarcal capitalista que no habrá de ofrecer tregua jamás a quienes se le resistan. Tan es así, que hoy Constanza Vargas está siendo formalizada por 'maltrato a Carabineros'. Sí, en el mundo del revés, los pájaros le disparan a las escopetas y una niña reducida por la fuerza policial, 'maltrata' a todo un contingente de torturadoras verde olivo. El manotazo que en medio de la resistencia a la opresión de su brazo, dejara caer Constanza contra el cuerpo de la funcionaria Tatiana Melo, valdría que la injusticia chilena viera en la víctima a una cruel agresora.

“Me decían ‘hácete la chora ahora’ […] Yo tenía un aro en la nariz que primero intentaron sacármelo con un corta uñas. Al no lograrlo probaron con un alicate tirándome el aro, de manera que me sangró la nariz y mientras me recogía en el suelo, se burlaban y se reían. Me tuvieron en eso alrededor de 20 a 25 minutos, además se acercaban a mí con amenazas de que me iban a pegar si yo me hacía la chorita, y si decía algo más, me sacarían la cresta entre las cuatro. Cerca del lugar había una capitana que solo estaba viendo la situación y no hizo nada, a pesar de que me vio llorando del dolor”.

Y nada haría la mujer que aspiró conquistar la igualdad mediante el derecho a matar. ¿Qué podría hacer una capitana sino avalar con su silencio y gestión, el ejercicio torturador de las bestias que habitan el corral que le dieron a administrar? La moral de capitana, esa que no tuvo María Cajas, es la que debemos expulsar de nuestra sociedad. Por ello, las mujeres con conciencia feminista nos concentraremos este miércoles 8 de junio a las 18 hrs en Paseo Ahumada para elevar nuestro grito antipatriarcal y anticapitalista contra una institución inherentemente machista como lo es Carabineros de Chile. Que escuchen todas las funcionarias y funcionarios que en esa institución reptan:

¡NINGUNA AGRESIÓN SIN RESPUESTA!

domingo, 29 de mayo de 2016

Silvia Federici: "desconfío del feminismo de Estado"

La siguiente entrevista ha sido formulada por la redacción de Planv durante la visita de Silvia Federici a Ecuador, 22 de mayo de 2016. Al finalizar, incluimos un link para acceder al libro «Calibán y la Bruja». 

Tiene 74 años de edad y una vitalidad que sorprende. Menuda y enjuta, su convicción se le nota en los ojos y en las manos. Estuvo en Ecuador como parte de un periplo que la ha llevado por varios países de América Latina, en donde se reunió con organizaciones de mujeres. En Ecuador lanzó también su libro Calibán y la bruja, el cual es una investigación histórica sobre la acumulación capitalista en el medievo y cómo, para tener éxito disciplinaron el cuerpo de las mujeres a través de la cacería de brujas.



«A partir de la asociación entre anticoncepción, aborto y brujería, en la Bula de Inocencio VIII, los crímenes reproductivos ocuparon un lugar prominente en los juicios. La caza de brujas fue un intento de criminalizar el control de la natalidad y de poner el cuerpo femenino, el útero, al servicio del incremento de la población y la acumulación de fuerza de trabajo, promovido por una clase política preocupada por el descenso de la población y motivada por la convicción de que una población grande constituye la riqueza de una nación. En consecuencia, del mismo modo que los cercamientos expropiaron las tierras comunales al campesinado, la caza de brujas expropió los cuerpos de las mujeres, los cuales fueron así liberados de cualquier obstáculo que les impidiera funcionar como máquinas para producir mano de obra», dice el prólogo de su primera edición.

¿Cuál es su impresión a partir de los encuentros con los colectivos de derechos humanos y organizaciones feministas?
Que es un movimiento fuerte, que entusiasma y que está creciendo en el sentido en que están empezando a conectarse con otros sectores, y a descubrir terrenos conjuntos. Es un momento problemático, en todo el continente americano y en el mundo. Me había formado una impresión de las mujeres en América Latina y esto había sido muy inspirador. Yo he aprendido mucho de mi encuentro con mujeres luchadoras de todo tipo, en México, Argentina… Lo que he visto en Ecuador es que la mujer está en primera línea en tantas luchas sociales.

¿Por qué es inspirador? 
Porque posiblemente las mujeres aquí a nivel de base, se han encontrado con situaciones muy fuertes de represión política y económica. Han desarrollado formas de resistencia, y no solamente en el sentido de oponerse a la opresión, sino también de nuevas formas de construcción colectiva, como son los comedores populares en América Latina, nuevas formas de intercambio… Hemos empezado a ver a mujeres que se han enfrentado cuerpo a cuerpo contra el capitalismo minero, contra el despojo; han sido capaces de romper el muro del terror, el miedo que había paralizado sus comunidades, a partir de su cotidianidad, creando cada día nuevas formas de juntarse, de solidaridad, y sobre todo nuevas formas de supervivir. Eso que pasa aquí pasa también en comunidades migrantes en Estados Unidos, comunidades pobres en general. En América Latina tenemos 50 millones de pobres, oficialmente. Unas 30 millones de personas se van a dormir sin haber comido lo suficiente; personas que duermen en la calle, falta de atención de salud… Me fortalece mucho ver las formas en que las mujeres aquí han resistido.¿Hay diferencias entre las formas de lucha, son varias formas de lucha?
He aprendido aquí y en México que hay diferencias, por ejemplo entre las luchas de las mujeres urbanas y las mujeres en el campesinas o indígenas. Ahora, en Estados Unidos también hay un gran empobrecimiento. Los efectos de la globalización hace que haya menores diferencias entre las luchas en América Latina y Estados Unidos o Europa. Las problemáticas, por ejemplo, del empobrecimiento, del despojo de territorios, la militarización cotidiana de la vida. En Estados Unidos tenemos un movimiento que se llama Black Lives Matter porque hay una guerra de la policía contra los jóvenes negros. Me recuerdo lo que se decía en el foro de Buenaventura, Colombia contra el feminicidio, que las mujeres son las más racializadas y el objetivo primero del feminicidio.


¿Cuáles son las agendas de las luchas de las mujeres ahora? Te lo pregunto porque el gobierno del Ecuador reinvindica la tipificación del femicidio y una presunta igualdad política de las mujeres, al tener, por ejemplo, tres mujeres al frente del congreso ecuatoriano. ¿Ese es un avance, es una política de género?


Creo hay una posición que llega de la lucha de las mujeres en todo el mundo. Es una respuesta a la pregunta de si poner a algunas mujeres en planos de dirigencia, visibilizarla como políticas. Entonces se da la impresión de que las instituciones son sensibles a la agenda de las mujeres. Pero hemos verificado que las mujeres que son integradas al Estado, que hacen política, como el caso ejemplar de la señora Hillary Clinton, que puede ser la próxima presidente de los Estados Unidos y que ella se presenta como feminista, no cambian la política del Estado. En realidad, como secretaria de Estado, la señora Clinton ha promovido una política favorable a la guerra, contraria a todo interés ecologista, ha promovido el fraking, es muy amiga de Wall Street, y por eso no es un caso aislado. Cuando las mujeres se juntan al Estado, no cambian la política del Estado. Solamente nos dan la ilusión que algo ha pasado. Acá se ve lo del Plan Familia, la legislación contra el aborto. La política no se cambia. Por eso no tengo confianza en las mujeres que son del Estado, tengo confianza en las mujeres que están construyendo desde abajo, desde nuevas formas de organización.

¿El feminismo es una manifestación del antipoder?
El poder no es una cosa única. Está el poder con y el poder sobre. Nosotros no estamos por el poder sobre los otros. Estamos con el poder como desarrollo de las capacidades colectivas, lo que necesitamos, lo que queremos hacer. Es una forma de poder, pero no es un poder que está sobre las otras personas, es muy importante diferenciar eso.





¿Crees que es suficiente con tipificar el feminicidio?
No es suficiente, porque lo importante es saber cómo se pueda luchar contra esto. Y es importante también comprender las varias formas para saber cómo se puede resistir y cambiar. No comprendemos cuáles son las fuerzas contra las mujeres, y comprender los mecanismos que impulsan esta violencia, que es una violencia nueva, aumentada cualitativa y cuantitativamente y que tiene varias caras. Está la violencia estatal, violencia pública no estatal, violencia institucional, violencia familiar, y se puede mostrar una interacción de los tipos de violencias pero es importante diferenciarlas. Y comprender cuáles son los grandes mecanismos que impulsan estas violencia. Nuestra compañera brasileña, Rita Segato, ha escrito cosas muy interesantes. Primero, hay una forma nueva de violencia que es la de los narcos, los paramilitares, que está conectada en el área que se está intentando despojar y vaciar a la población para abrir espacios a la minería, a la extracción petrolera. Estos territorios han sido testigos de una violencia tan atroz, que Rita Segato ha hablado de violencia expresiva. Porque es una violencia que manda un mensaje: no hay compasión, debes irte, necesitamos que todo esto esté vacío. Hay también una violencia masculina, que no es necesariamente doméstica, está asociada a las nuevas formas de trabajo y a las formas de explotación del neoliberlismo. Por ejemplo, el fracaso del empleo masculino, y eso significa que muchos hombres descargan sus frustraciones sobre los cuerpos de las mujeres, que intentan vender a sus parejas para la prostitución; y hay hombres jóvenes que son reclutados en ejércitos mercenarios que al fin son usados para desplazar a la población. Están conectadas unas con otras. Yo nunca hablo de la violencia familiar como violencia privada. No lo es, porque es una violencia tolerada por el Estado, y también las mujeres hoy trabajan en varios lugares donde encuentran muchos peligros, trabajar en la calle, ser migrante… Es parte de la desestructuración que se da en nuestras sociedades. El presidente Correa ha dicho varias veces que la ideología de género es una novelería. Una moda despectiva, y en general se intenta mostrar que el género es solo un tema de mujeres feministas.La lucha de las mujeres no empieza con el movimiento feminista. Empieza en Estados Unidos cuanto militan en varios movimientos sociales, el movimiento contra la guerra, por los derechos civiles y en los cuales se había comprobado que cuando ponían sus problemas sobre la mesa no eran escuchadas. Empezaron entonces a separarse para poder investigar sus propias condiciones de vida. Lo cual fue sumamente importante como una gran explosión de conocimiento, de creatividad y de nuevas prácticas. Creo que para comprender qué es el feminismo, como para comprender la importancia de las luchas anticoloniales, la luchas por los derechos civiles, la lucha contra la esclavitud, es importante comprender que el capitalismo se ha desarrollado a partir de esas enormes divisiones sobre la base del género, de la raza, de la colonización. En una sociedad tan estratificada y dividida no se puede pensar en luchar de una sola manera, como los slogans de la izquierda, cuando dicen que el pueblo unido jamás será vencido, y no es cierto, el pueblo no es unido. Si las mujeres, los negros o los indígenas no toman en sus propias manos su realidad, a investigarla, a conocerla, no pueden desarrollar formas eficaces de lucha. Si seguimos divididos significa que el capitalismo a seguir. Las divisiones ya estaban antes de nosotras, no somos las feministas las que dividen a la gente, como mucha gente de izquierda lo dice. Lo importante es que todos quienes están en la parte baja de la escala social empiecen a organizarse de forma autónoma, porque si no, no se puede ganar conocimiento y experiencia sobre la propia realidad. Eso ha pasado en Estados Unidos. El feminismo ha sido muy importante por eso, porque nos ha aportado un gran conocimiento, y por su capacidad subversiva, de cambio real.

Pero si tiene una capacidad subversiva, también ha sido institucionalizado. 
Desde el principio se ha tratado de cooptar el movimiento feminista, se lo ha cooptado. La intervención de las Naciones Unidas en el feminismo ha sido un caso clásico. A partir de 1975, la ONU se muestra como promotora de la emancipación femenina, entonces ha construido un feminismo domesticado, que ha servido mucho para desmovilizar al movimiento feminista de su esencia subversiva. Muchas hablan de feminismos por eso, porque hay un feminismo de Estado. Mujeres que hablan de la igualdad, de igualdad de oportunidades. Nosotros creemos que la mayoría de los hombres son explotados, y por eso no hablamos de igualdad con los hombres.

Respecto a Calibán y la Bruja, ¿es un libro que confronta la forma masculina de ver la historia?

Es un libro de historia contra la historia. Es sobre el desarrollo del capitalismo a partir del medioevo, de la forma en que el capitalismo se desarrolla, pero mirando el punto de vista de la reproducción de la vida, la fuerza de trabajo. En el movimiento feminista empezamos a preguntarnos por qué llega lo patriarcal al capitalismo. Y vemos que tenemos un proceso de disciplinamiento de las mujeres a través del terror de la cacería de brujas, de la quema de cientos de miles de mujeres como condición necesaria para la reproducción de la fuerza de trabajo a través del sometimiento de la mujer, confinada en el trabajo doméstico gratuito. Y era necesario hacer un trabajo histórico sobre el inicio de la acumulación del capital a través del trabajo de las mujeres, a quienes se les ha otorgado el papel de reproducción. Karl Marx se da cuenta de las mujeres solamente cuando entran a la fábrica. Empecé a estudiar el papel de las mujeres en el desarrollo del capitalismo. Hablo en el libro sobre todo de la caza de brujas, que fue un proceso fundante del capitalismo y crea las herramientas de la disciplina de las mujeres, de la sumisión de las mujeres a los hombres. Y crea divisiones entre los campesinos y artesanos, que estaban atacados por el avance del capitalismo. Y se acaba con un capítulo de la extinción de brujas en América Latina, con los españoles que trajeron la inquisición, la caza de brujas y la demonización, un nuevo tipo de relación patriarcal que no existía de esa manera.








La complicidad del feminismo burgués con el capitalismo y el Estado policial


Actualmente, el feminismo se manifiesta a través de diversas tendencias políticas en nuestras sociedades. Algunas de ellas se complementan entre sí; otras, a pesar de compartir ciertos análisis e incluso acciones en las luchas contra los patriarcados, conforman contradicciones insuperables mediante la conciliación. El feminismo neoliberal es, por ejemplo, irreconciliable con el feminismo libertario, pues a pesar de que comparten visiones acerca del machismo —fundamentalmente de las relaciones interpersonales y en la noción de construcción histórica y social de los géneros—, en el terreno político consolidan modos que se enfrentan. Un ejemplo práctico de tal conflicto es la agresión física que propinó una carabinera a María Paz Cajas, de 34 años, acaecida el día jueves 26 de mayo de 2016, durante el estado de sitio que el gobierno de Bachelet organizó contra todo aquel que pareciera estudiante. Producto de un golpe en la vagina que le diera una carabinera, María Paz sufrió una hemorragia que la autoridad médica del Hospital San Juan de Dios, diagnosticó como un síntoma de aborto. Cinco semanas de embarazo tenía María Paz, lo cual ignoraba. Mientras la golpeaban brutalmente, tal como se constata en el vídeo, gritaba desesperadamente: "Soy mamá". Esto poco le importó a la fuerza policial que la llevó detenida mientras se le esfumaba entre las piernas la vida de otro hijo arrebatado por las FFEE, personificadas en Tiare Vergara, la carabinera asesina1.

Con tal reciente y doloroso ejemplo no queremos decir que la carabinera era feminista, de ninguna manera. —Aunque tampoco nos sorprendería que de aquí a un tiempo se levanten supuestas feministas con la tenida verde olivo—. Sin embargo, son las feministas burguesas quienes fomentan la incorporación de mujeres en las filas policiales, del ejército, los parlamentos y los puestos ejecutivos de las empresas y corporaciones. De este modo, en vez de fortalecer el movimiento de las mujeres, agudizan las diferencias de clase y género, pues mediante la promoción de la inserción de féminas en los puestos de poder, dividen el movimiento de las mujeres por su liberación, a su vez que incentivan la idea de que una mujer puede ser agredida brutalmente y el asunto no pasará a mayores ni será digno de cuestionamiento, siempre y cuando la agresión la ejecute otra mujer.

El feminismo estatista no es nuevo. Según Silvia Federici, se creó en los años 70 del siglo pasado y se caracteriza por concebir a la mujer en competición con el hombre, arropándose en el concepto de “igualdad de oportunidades” para arribar a los espacios del capital o del ejército. Aquello, enfatiza Federici, no es feminismo, sino un aprovechamiento de la lucha de las mujeres por su autonomía2. Para la autora de «Calibán y La Bruja», es importante criticar la conformación de este 'no-feminismo' funcional a los intereses de la clase capitalista mundial, promocionado y dirigido por agencias internacionales de la burguesía. «Las feministas harían bien en tener en cuenta —advierte— que las iniciativas de las Naciones Unidas en favor de las mujeres han coincidido con los ataques más devastadores contra ellas en todo el planeta, y que la responsabilidad de los mismos recae sobre las agencias miembro de las Naciones Unidas: el Banco Mundial, el FMI, la OIT y, por encima de todo, el Consejo de Seguridad de la ONU»3.

Frente a la represión con base a las necesidades del desarrollo del capitalismo, Silvia Federici considera vital una «movilización feminista contra la intervención estatal en nuestra vida cotidiana al igual que frente a la política internacional. Las feministas también debemos organizarnos contra la brutalidad policial, el reforzamiento del aparato militar y, sobre todo, contra la guerra. Nuestro primer y más importante paso debe ser oponernos al reclutamiento de mujeres en los ejércitos, hecho tristemente aceptado con el apoyo de algunas feministas en nombre de la igualdad y la emancipación de las mujeres»4. En este sentido, agrega que «La imagen de la mujer uniformada, conquistando la igualdad con los hombres mediante el derecho a matar, es la imagen de lo que la globalización puede ofrecernos: el derecho a sobrevivir a expensas de otras mujeres y de sus hijos, cuyos países y recursos necesita explotar el capital corporativo»5.


Tal proceso de apropiación del feminismo por parte de agencias del poder también se ejerce en la región chilena. Desde organizaciones internacionales de la burguesía se destinan cuantiosos recursos con tal de domesticar los incipientes núcleos feministas que poco a poco han ido conformando un interesante movimiento que no sólo cuestiona las relaciones patriarcales, sino que el principio de jerarquía, el capitalismo, el racismo, la trans y lesbofobia. En la región chilena, el feminismo neoliberal es representado en agencias como OCAC6 y el Sernam, que con sus agendas infladas con millonarias sumas procedentes del saqueo y la destrucción del planeta, pretenden dirigir las luchas de las mujeres elaborando programas que sitúan en la administración estatal y empresarial, a activistas comúnmente catalogadas en la jerga institucional como “líderes”. Así, buscan restar capacidad de movilización del movimiento de las mujeres de las clases populares y, al mismo tiempo, dirigir las luchas contra el machismo por canales acordes a los intereses dominantes. En efecto, el feminismo burgués y sus mecanismos constituyen una especie de “parlamentarismo” en el movimiento de las mujeres. 

En resumen, el feminismo burgués cumple básicamente dos funciones: La primera es reforzar las estructuras de dominación del patriarcado moderno, tales como los parlamentos, los gobiernos, los ejércitos, las policías y los salones ejecutivos de las empresas capitalistas. La segunda es dividir al movimiento de las mujeres por su emancipación entre unas que obedecen y otras que dirigen desde las alturas, fortaleciendo de este modo la Nueva División Internacional del Trabajo (NDIT), a la vez que contaminan las luchas mediante la ideología dominante. El feminismo burgués es el subvencionismo, la importancia del acceder a escaños del poder constituido por sobre y contra el fortalecimiento de los movimientos de las oprimidas.  Es la feminización de la derrota, es el feminismo que se caracteriza por distanciarnos estructuralmente de la abolición del patriarcado y la sociedad separada. En síntesis, el feminismo burgués es el no-feminismo, pues aboga por reformar el patriarcado en clave capitalista en vez de abolir el poder masculino y la mercantilización de la existencia.

Frente al capitalismo, el Estado y el patriarcado, antepongamos el feminismo anarquista que, sin abandonar la importancia de las luchas contra el machismo en todos los ámbitos de la vida en sociedad, fortalezca las organizaciones clasistas, autónomas, anarcosindicalistas y comunitarias, que propicien movimientos antagónicos y que al mismo tiempo cimienten las bases de una sociedad organizada en comunismo anarquista. 


N&A




2- Entrevista en "El critic", 13 de mayo 2016








 

jueves, 17 de diciembre de 2015

Una Huelga General - Mariarosa Dalla Costa (Traducción al castellano por @rebeldealegre )

«Wages for Housework» fue el nombre que tomó la campaña feminista internacional que luchó por un salario para el trabajo doméstico desde una concepción feminista. De este modo lo narra Silvia  Federici: "Estuve cinco años en una organización que llevó a cabo una campaña internacional que luchaba a favor de un salario para el trabajo doméstico. En 1972 en Italia fundamos un colectivo internacional bajo el nombre de Colectivo Feminista Internacional, con el cual lanzamos la campaña internacional Salario por el Trabajo Doméstico (Wages for Housework). Lo que decíamos era que el salario para el trabajo doméstico es muy importante.

Antes que nada tiene muchas funciones. Es diferente cuando el trabajador asalariado lucha por mejoras salariales y cuando el esclavo lucha por un salario, y hacíamos esta analogía entre el ama de casa y el esclavo, porque antes que nada estamos haciendo visible el trabajo que se hace, puesto que la invisibilidad ha sido una de las causas fundamentales de nuestra opresión. Así que lo primero era hacer visible nuestra explotación, dejando claro que esto es trabajo, es trabajo que produce capital. De este modo, cuando pedimos un salario por el trabajo doméstico estamos creando un espacio de lucha, haciendo visible la explotación y haciendo visible nuestra relación con el capital y el estado, saliendo de la realidad del trabajo doméstico, saliendo de la idea de que el trabajo doméstico es un servicio personal. Segundo, la falta de dinero por el trabajo que hacemos nos convierte en dependientes de los hombres, así que trabajas, pero después tienes que pedir dinero para vivir.

El salario para el trabajo doméstico permitiría a las mujeres tener algún tipo de autonomía económica de los hombres, no del capital, y esto, de hecho, ya sería un cambio importante en las relaciones con los hombres y la sociedad. Tercero, cuando salen a buscar un trabajo, muchas veces las mujeres consiguen trabajos relacionados con el trabajo doméstico y, acostumbradas a hacer este trabajo gratuitamente, es más probable que acepten salarios más bajos. Así que luchando por un salario para el trabajo doméstico se rompen toda una serie de dependencias, invisibilidades y naturalidades a la vez que se abre un espacio de lucha. No lo vemos como un fin en sí mismo, sino como un movimiento de una lucha más general donde podemos conseguir involucrar a muchas mujeres, porque, aunque no hagamos trabajos domésticos, todas somos amas de casa de alguna manera, puesto que cada mujer es vista de una manera concreta debido a este trabajo. Para nosotras, la idea de que el trabajo doméstico institucionaliza a la mujer en casa no era válida: es la falta de dinero, de autonomía, la que la mantiene encerrada en casa."* 

A continuación, compartimos un artículo disponible por primera vez en castellano gracias al incansable aporte y traducción de @rebeldealegre, que refleja el profundo alcance de la crítica feminista de los años 70, movimiento que marcó un antes y un después en la economía feminista y anticapitalista. Salud y anarcofeminismo. N&A






Publicado originalmente en All Work and No Pay: Women, Housework and the Wages Due. Falling Wall Press. [1975] [Dalla Costa ofreció el siguiente discurso en la celebración del Día Internacional de la Mujer en Mestre, Italia, 1974.]

Hoy el movimiento feminista en Italia abre la campaña Wages for Housework (Salarios para el trabajo doméstico). Como han oído en las canciones, como han visto en la exhibición fotográfica, como han leído en los carteles, las preguntas que planteamos hoy son muchas: las condiciones barbáricas en que tenemos que enfrentar el aborto, el sadismo al que somos sujetas en las clínicas obstetras y ginecológicas, nuestras condiciones de trabajo — en los empleos fuera del hogar nuestras condiciones son siempre peores que las de los hombres, y en el hogar trabajamos sin salario — el hecho de que los servicios sociales o bien no existen o son tan malos que tememos que nuestras niñas y niños las usen, y así.

Bien, en algún momento se podría preguntar, ¿cuál es la conexión entre la campaña que abrimos hoy, la campaña de Salarios para el trabajo doméstico, y todas estas cosas que planteamos hoy, las que hemos expuesto y contra las que luchamos. Todas estas cosas de las que hemos hablado, de las que hemos hecho canciones, que hemos mostrado en nuestras exhibiciones y películas?

Nosotras creemos que la debilidad de todas las mujeres — aquella debilidad que está tras el hecho de haber sido tachadas de toda la historia, que está detrás del hecho de que cuando dejamos la casa debemos enfrentar los empleos más repulsivos, mal pagados e inseguros — esta debilidad se basa en el hecho de que todas nosotras las mujeres, lo que sea que hagamos, estamos agotadas y exhaustas desde un inicio por las 13 horas de trabajo doméstico que nadie ha reconocido nunca, por el que nadie ha pagado nunca.  

Y esta es la condición básica que fuerza a las mujeres a estar satisfechas con guarderías como “Pagliuca”, “Celestini”, “OMNI”. [“Pagliuca” y “Celestini” — ambas guarderías infamemente brutales. “OMNI” — las guarderías del Estado, están pobremente equipadas y son mal administradas.] Esta debilidad nos fuerza a pagar medio millón de liras por un aborto y esto, digámoslo claramente, ocurre en cada ciudad y en cada país — y encima de todo arriesgamos la muerte y la prisión. 

Todas hacemos trabajo doméstico; es la única cosa que todas las mujeres tienen en común, es la única base sobre la que podemos congregar nuestro poder, el poder de millones de mujeres.

No es accidental que los reformistas de toda estirpe hayan evitado siempre y detenidamente la idea de que nos organicemos sobre la base del trabajo doméstico. Siempre se han negado a reconocer el trabajo doméstico como trabajo, precisamente porque es el único trabajo que todas tenemos en común. Una cosa es confrontar a doscientas o trescientas mujeres trabajadoras en una fábrica de zapatos, y otra cosa muy distinta confrontar a millones de amas de casa. Y ya que todas las mujeres trabajadoras de fábrica son amas de casa, es todavía otro asunto confrontar a estas doscientas o trescientas trabajadoras de fábrica unidas a millones de amas de casa.

Pero esto es lo que estamos poniendo en la agenda hoy en esta plaza. Este es el primer momento de organización. Hemos decidido organizarnos en torno al trabajo que todas hacemos, para así tener el poder de millones de mujeres.
  
Para nosotras, ahí, la demanda por salarios para el trabajo doméstico es una demanda directa de poder, porque el trabajo doméstico es lo que millones de mujeres tienen en común.

Si podemos organizarnos las millones que somos en torno a esta demanda — y ya hay muchísimas en esta plaza — podemos tener tanto poder que ya no necesitaremos estar más en una posición de debilidad cuando salgamos de casa. Podemos obtener nuevas condiciones de trabajo en el trabajo doméstico mismo — si tengo dinero propio en mi bolsillo puede incluso comprar un lavaplatos sin sentirme culpable y sin tener que rogarle por meses a mi marido para obtenerlo mientras él, que no lava, considera que un lavaplatos es innecesario.

De modo que si tengo dinero propio, pagado en mis manos,  puedo cambiar las condiciones del trabajo doméstico. Y aún más, podré escoger si quiero salir a trabajar. Si tengo 120.000 liras por el trabajo doméstico nunca más me venderé por 60.000 liras en una fábrica textil, o como secretaria de alguien, o como cajera o acomodadora en el cine. De igual modo, si ya tengo cierta cantidad de dinero en mis manos, si ya tengo conmigo el poder de millones de mujeres, podré dictar una calidad completamente nueva de servicios, guarderías, comedores, y todas aquellas instalaciones que son indispensables para reducir las horas de trabajo y para permitirnos tener vida social.

Queremos decir algo más. Por largo tiempo — y fuertemente en particular  en los últimos 10 años, pero digamos que siempre — los trabajadores varones han salido a luchar contra sus horas de trabajo y por más dinero, y se han reunido en esta plaza.

En las fábricas de Porto Marghera ha habido muchas huelgas, muchas luchas. Recordamos muy bien las marchas de trabajadores varones que comenzaron en Porto Marghera, cruzaron el Puente Mestre y llegaron aquí a esta plaza.

Pero dejemos esto en claro. Ninguna huelga ha sido nunca una huelga general. Cuando la mitad de la población trabajadora está en casa en las cocinas, mientras los otros están en huelga, eso no es una huelga general.

Nunca hemos visto una huelga general. Sólo hemos visto varones, generalmente varones de grandes fábricas, salir a las calles, mientras sus esposas, hijas, hermanas, madres, seguían cocinando en las cocinas.

Hoy en esta plaza, con la apertura de nuestra movilización por Salarios para el Trabajo Doméstico, ponemos en la agenda nuestras horas de trabajo, nuestras vacaciones, nuestras huelgas y nuestro dinero.

Cuando obtengamos un nivel de poder que nos permita reducir nuestras 13 o más horas de trabajo al día, a ocho o incluso menos que ocho, cuando a la vez podamos poner en agenda nuestras vacaciones — porque no es secreto para nadie que los días domingo y durante las vacaciones las mujeres nunca tienen vacaciones — entonces, tal vez, podamos hablar por primera vez de una huelga ‘general’ de la clase trabajadora.

Mariarosa Dalla Costa