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martes, 4 de agosto de 2015

Las bases ideológicas de la concepción del «amor libre» en el anarcofeminismo


Bakunin formuló que el objetivo político de la disolución del Estado capitalista debía empezar no sólo con la disolución de los aparatos represivos del Estado como suponían Karl Marx y Friederich Engels (cárceles, ejército, policía…), sino también con los ideológicos que reproducían el Estado sin necesidad de control violento y directamente represivo. De entre estas instituciones ideológicas, las que se destacan desde un principio teórico son la familia y el matrimonio. De esta forma Bakunin complementa las teorías marxistas de Friederich Engels sobre la génesis represiva del Estado moderno. Fue Engels quien hizo la conexión entre el Estado capitalista y el origen de la propiedad privada, la familia y la esclavitud. En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, formula que la moderna lucha de clases está fundada en la primitiva revolución neolítica, la cual supeditó una nueva organización social a las nuevas necesidades económicas derivadas del usufructo de la tierra. La agricultura y las nuevas propiedades de la tierra hicieron que las sociedades matrilineales dieran paso a la familia nuclear monogámica y patriarcal, desde la cual la mujer debía dar la garantía al hombre de una línea patrilineal que mantuviera intacta la perpetuidad hereditaria de la tierra. Esta unidad social no bastaba para seguir produciendo la rentabilidad de la propiedad, y así, surgió la figura del esclavo. Para asegurar la propiedad del esclavo y de la tierra tuvo que surgir una institución social que protegiera la propiedad privada. Engels sitúa aquí el origen del Estado, una institución surgida para velar por los intereses del propietario de la tierra y del esclavo. Para subvertir la moderna dialéctica esclavista que explota al proletariado, Engels propone que basta con alternar las condiciones materiales y económicas que fundamentan la explotación del Estado. Aniquilando el Estado capitalista desaparecería la propiedad privada, y así, cesarían las condiciones materiales de explotación humana. Este análisis materialista, si bien fundamenta el origen de la monogamia con la función de la mujer en reproducir la familia patriarcal para así salvaguardar la propiedad privada, no concluye, sin embargo, que esta función de la mujer es tan esclava en reproducir la familia como la del esclavo en producir y reproducir la tierra, la propiedad privada y el Estado.

Los diferentes teóricos fundadores del anarquismo respecto a la liberación de la mujer no son consistentes. Las referencias de Piotr Kropotkin al tema son prácticamente nulas y Pierre Joseph Proudhon demuestra su misoginia en su obra póstuma La pornocracia. Sin embargo, sí encontramos en Mikhail Bakunin teorizaciones donde asocia la lucha de clases con la situación opresiva de la mujer. En este sentido, Bakunin dio un paso más allá del análisis de Engels, concluyendo que la mujer es, en el capitalismo, propiedad privada del hombre, y que mediante el matrimonio y la familia, ésta estaba reproduciendo las condiciones en que se fundamentaba el Estado. Indica cómo la ideología del Estado capitalista encuentra dos formas de reproducirse en la familia. Por un lado reproduce el paradigma jerárquico, donde el hombre se encuentra en lo más alto, y mediante su posesión jurídica otorgada por el Estado, posee a otro miembro con derechos exclusivos, la mujer, estando los hijos por debajo de ambos. Por otro lado el Estado reproduce su ideología de la propiedad privada de generación en generación mediante el principio de la ley de la herencia, perpetuada de padres a hijos varones (Bakunin, s.d.:127). La mujer, entonces, se encuentra bajo un estado de doble subyugación, estado legalizado por los códigos jurídicos. Ante sus propias premisas, Bakunin arguye, consecuentemente: 

La igualdad social con el hombre implica que exigimos, juntamente con la libertad, iguales derechos y deberes para los hombres y las mujeres, o sea, la igualdad de los derechos de la mujer ─ políticos, sociales, económicos ─ con los del hombre; por consiguiente, queremos la abolición de la ley de la familia y del matrimonio, la abolición de la ley tanto eclesiástica como civil, ligadas indisolublemente al derecho de la herencia. (Bakunin, s.d.:127) 

A un estadio que nos recordaría el primitivismo comunista de Engels supone antes de la revolución neolítica, Bakunin arguye que no sólo la propiedad privada y el Estado deben ser abolidos, sino también la familia, y como consecuencia lógica, las leyes de herencia y aquellas que regulan el matrimonio jurídico. Por tanto, Bakunin formuló que no sólo se debían alterar las condiciones materiales de explotación de la unidad social que reproducía el Estado, sino las condiciones ideales que regulaban las relaciones entre hombre y mujer: relaciones afectivas, amorosas y sexuales. Así, en la ausencia de código legal ni institución estatal que regule las relaciones entre hombres y mujeres, Bakunin apuesta por lo que él denomina “matrimonio libre”. Según el autor éste es un “régimen natural, basado únicamente en el respeto humano y en la libertad de dos personas: el hombre y la mujer que se aman”. (Bakunin, s.d.:128). Es decir, su único guardián es la sociedad, y ésta velará por su integridad, salud y educación.

El papel de la mujer en la familia y el matrimonio son teorizados, según Bakunin y a eco de Engels, como reproductores fundamentales de la ideología del Estado. El Estado posee unos intereses políticos y económicos que sólo pertenecen a una minoría, la cual se sitúa en lo alto de la jerarquía del Estado. A su vez nacionaliza a todos sus ciudadanos mediante la invención de la nacionalidad, creando un sentimiento patriótico que distorsiona los intereses de la clase productora. Asimismo, esta clase productora reproduce los mecanismos que la oprimen desde el seno de estas dos instituciones, al crear el obrero la jerarquía de poder familiar. Desde esta perspectiva crítica, la preservación del matrimonio y la familia en la clase obrera es crucial, entonces, para asegurar el mantenimiento del estado capitalista, del patriarcado, y de la ideología nacionalista burguesa que los sustenta.


Antonio Prado 


Fragmento tomado del prólogo del libro  «Matrimonio, familia y estado: escritoras anarco-feministas en la Revista Blanca (1898-1936)», Fundación Anselmo Lorenzo, 2011. El título del artículo no corresponde al original.(N&A)







sábado, 4 de julio de 2015

La concepción del amor libre en el joven Mijaíl Bakunin

Con 29 años, Mijaíl Bakunin escribía desde París a su hermano Pavel, desarrollando hermosos párrafos acerca de la concepción del amor libre y certeras críticas a la posesión afectiva, «Querer, al amar, la dependencia de aquella persona a la que se ama, es amar una cosa y no un ser humano», añadía el joven ruso posterior fundador del colectivismo anarquista. En 1845 Mijaíl Bakunin aún no constituía un pensamiento anarquista plenamente desarrollado, sin embargo, sus palabras se teñían intensamente del amor a la libertad que años más tarde conformó la esencia del pensamiento del socialismo revolucionario bakuninista sobre el cual el movimiento anarquista mundial sentó las bases. Tomado del Libro «Conversaciones con Bakunin», compilación a cargo de Arthur Lehning, Editorial Anagrama. Es un fragmento de la carta original (N&A) 





París, 29 de Marzo de 1845

Mijaíl Bakunin 

a su hermano Pavel


Amo, Pavel, amo apasionadamente; no sé si puedo ser amado como me gustaría serlo, pero no desespero; sé al menos que tiene mucha simpatía por mí; debo y quiero merecer el amor de la que me ama, amándola religiosamente, es decir activamente; ella está sometida a la esclavitud más terrible e infamante; y yo debo liberarla luchando contra sus opresores y encendiendo en su corazón el sentido de su propia dignidad, suscitando en ella el amor y la necesidad de la libertad, los instintos de la rebelión y la independencia, recordándole a ella misma sus sentimientos acerca de su fuerza y sus derechos. 

Amor es querer la libertad, la independencia total del otro, es este el primer acto de amor verdadero; es la emancipación completa del objeto al que se ama; verdaderamente no se puede amar más que a un ser perfectamente libre, independiente no solamente de todos los demás sino incluso y sobre todo de aquel de quien es amado y a quien se ama. Esta es mi profesión de fe política, social y religiosa, éste es el sentido íntimo no sólo de mis acciones y mis tendencias políticas, sino hasta donde puedo de mi existencia particular e individual; porque el tiempo en el que estos dos tipos de acciones podrían ir por separado está ya muy lejos; ahora el hombre quiere la libertad en todas las acepciones de esta palabra, o no la quiere. 

Querer, al amar, la dependencia de aquella persona a la que se ama, es amar una cosa y no un ser humano, pues el hombre solamente se distingue de la cosa por la libertad; y si el amor también implicara la dependencia sería lo más peligroso y lo más infamante del mundo, porque reaviva entonces una fuente inagotable de esclavitud y embrutecimiento para la humanidad. Todo lo que emancipe a los hombres, todo lo que al hacerlos entrar en sí mismos suscita en ellos el principio de su vida propia, de una actividad original y verdaderamente independiente, todo lo que les da la fuerza para ser ellos mismos, todo esto es verdad; todo lo demás es falso, liberticida, absurdo. 

Emancipar al hombre es la única influencia legítima y bienhechora. ¡Abajo todos los dogmas religiosos y filosóficos, no son más que engaños! La verdad no es una teoría sino un hecho, la vida misma, es la comunidad de los hombres libres e independientes: es la unidad del amor que surge de las profundidades misteriosas e infinitas de la libertad. 


Mijaíl Bakunin

domingo, 30 de noviembre de 2014

Bakunin: Contra la Autoridad Patriarcal (1873)


El siguiente texto forma parte del Capítulo 15, ‘Women, Love and Marriage’, (Mujer, amor y matrimonio) del Libro Anarchism, A Documentary History of LibertarianIdeas, del compilador Robert Graham. Traducción al castellano por @rebeldealegre 


Bakunin, en contraste con Proudhon, se oponía a la autoridad patriarcal. En su ensayo sobre la educación integral, denuncia la autoridad del padre sobre sus hijos. En sus programas y manifiestos revolucionarios, defiende consistentemente los iguales derechos para la mujer. En su Catequismo Revolucionario de 1866 escribió: “La mujer, distinta al hombre pero no inferior a él, inteligente, industriosa y libre como él, se declara su igual tanto en derechos como en toda función y deber político y social.”  (Selected Writings, New York: Grove Press, 1974, ed. A. Lelming, page 83). En consecuencia llama a:


La abolición no solo de la familia natural sino de la familia legal fundada sobre la ley y la propiedad. El matrimonio religioso y civil será reemplazado por el matrimonio libre.

Hombres y mujeres adultos tienen el derecho a unirse y separarse como les plazca, ni tiene la sociedad el derecho a obstaculizar su unión o a forzarles a mantenerla. Con la abolición del derecho a herencia y la educación de los niños asegurada por la sociedad, todas las razones legales para la irrevocabilidad del matrimonio desaparecerán. La unión de un hombre y una mujer debe ser libre, pues una elección libre es la condición indispensable para la sinceridad moral. En el matrimonio, mujer y hombre deben disfrutar de libertad absoluta. Ni la violencia ni la pasión ni los derechos antes rendidos pueden justificar una invasión de uno a la libertad del otro, y toda invasión como tal ha de considerarse un crimen. (Bakunin on Anarchism, Montreal: Black Rose Books, 1 980, pp. 93-94)

Dentro de la Primera Internacional, los federalistas anti-autoritarios asociados con Bakunin, como Eugene Varlin, adoptaron una postura similar, que tuvo la oposición de los seguidores de Proudhon, los mutualistas franceses. Pero no solo fueron los Proudhonianos en la Primera Internacional quienes ridiculizaron las ideas de Bakunin respecto a la igualdad de sexos. En su nota en oposición a la afirmación de Bakunin en el Programa de la Alianza Socialista Internacional (1868) de que la Alianza apoyaba por sobre todo “la igualdad política, económica y social de los individuos de cualquier sexo” (Bakunin, Selected Writings, pág. 174), Marx llamó a Bakunin hermafrodita, y ridiculizó a su esposa por haber añadido su firma al programa. La relación de Bakunin con su esposa Antonia fue objeto de considerable desdén porque, consistente con sus principios anarquistas, él nunca buscó restringir sus relaciones con otros hombres y actuó como padre cariñoso con los hijos de ella.

En los siguientes extractos de Estatismo y Anarquía (1873), reimpresos en Bakunin sobre Anarquismo, Bakunin vuelve al tema de la dominación patriarcal. En contraste con otros socialistas rusos de su era, Bakunin no tenía ilusión alguna respecto a la estructura social autoritaria y patriarcal de la comuna campesina rusa, el Mir, que otros veían como la base para el socialismo campesino.

El ideal del pueblo ruso se ve eclipsado por tres (…) rasgos que debemos combatir con toda nuestra energía… 1) paternalismo, 2) la absorción del individuo por parte del Mir, 3) confianza en el Zar.  (…) Los dos últimos, la absorción del individuo por parte del Mir y el culto al Zar, son el efecto natural e inevitable del primero, es decir, el paternalismo de quienes gobiernan. Este es un gran mal histórico, el peor de todos…

Este mal deforma toda la vida rusa, y por cierto la paraliza, con su vulgar letargo de la familia, el mentir crónico, la ávida hipocresía, y finalmente, el servilismo que hace la vida insoportable. El despotismo del marido, del padre, del hermano mayor sobre la familia (ya una institución inmoral por virtud de sus desigualdades jurídico-económicas), la convierten en una escuela de violencia y de bestialidad triunfante, de cobardía y de las perversiones cotidianas del hogar familiar. La expresión “cementerio blanqueado” (*) es una buena descripción de la familia rusa.

… [El patriarca de la familia] es simultáneamente un esclavo y un déspota: un déspota ejerciendo su tiranía sobre todos bajo su techo y dependientes de su voluntad. Los únicos amos que él reconoce son el Mir y el Zar. Si él es la cabeza de la familia, se comportará como un déspota absoluto, pero será sirviente del Mir y esclavo del Zar. La comunidad rural es su universo; solo existe su familia y a un nivel más alto el clan. Esto explica por qué el principio patriarcal domina al Mir, una tiranía odiosa, una sumisión cobarde, y la negación absoluta de todos los derechos individuales y de la familia . . .

Uno de los más grandes infortunios en Rusia es que cada comunidad constituye un círculo cerrado. Ninguna comunidad encuentra necesario tener la menor conexión orgánica con otras comunidades. Están ligadas por el intermediario del Zar, el “pequeño padre,” y solamente por el supremo poder patriarcal conferido a él. Es claro que la desunión paraliza a las personas, condena a sus revueltas casi siempre locales a la derrota cierta y a la vez consolida la victoria del despotismo ...

La lucha contra el régimen patriarcal está en el presente levantándose en casi todo pueblo y en toda familia. En la comunidad rural, el Mir ha degenerado al punto en que se ha vuelto un instrumento del Estado. El poder y la voluntad burocrática arbitraria del Estado es odiado por el pueblo y la revuelta contra este poder y su voluntad arbitraria es al mismo tiempo una revuelta contra el despotismo de la comunidad rural y del Mir.



(*) N. del. T.: Expresión bíblica [Mateo 23:27] para algo que se ve bello por fuera, pero el interior es sucio.

sábado, 9 de febrero de 2013

Las siete virtudes del amor libre - Thierry Lodé

Tenemos que hablar del amor, de los triunfos del amor. El amor libre es una exigencia libertaria que se opone pronto a los matrimonios arreglados o al corsé estatista de un contrato que encierra a la mujer como si fuera una propiedad del hombre. Sacudiéndose la tiranía de un patriarcado establecido sobre el dominio de las mujeres, la cuestión del amor libre sigue siendo el proyecto de la libertad de amar. Porque el amor libre es ante todo una crítica de la exclusión.

Evidentemente, algunos pueden creer que el amor libre está perfectamente introducido en las costumbres de una liberación sexual anunciada. Porque así es en las ideas libertarias, y su fuerza original se infiltra por aquí y por allá poco a poco, muchas veces sin premeditación. De la camaradería amorosa y revolucionaria elaborada por Émile Armand a la vida aislada de los solteros, el camino de la igualdad de los sexos no parece sin embargo tan fácil. Aquí reside el combate cotidiano contra las exclusiones.

La primera conquista del amor libre ha sido aclarar la diferencia entre reproducción y sexualidad. Porque explotando esta diferencia se ha fabricado la desigualdad, una desigualdad obscena que ha permitido encerrar a las mujeres en la estrecha obligación de la reproducción. La sexualidad no se resuelve con la reproducción y existen todas las conductas en la naturaleza. Si la viviparidad humana tiene sus obligaciones, ya no es posible alegar esas dificultades para establecer, con pleno derecho, la desigualdad. El deseo del niño no está negado por la sexualidad libre. Y no es menos cierto que si la reproducción supone un compromiso amoroso, éste puede estar fundado en un consentimiento libre. Cuando se instituye realmente como una alienación del individuo, el contrato que hace rígido el matrimonio pretende a veces presentarse como un medio de protección del débil, presuponiendo la incapacidad de responsabilidad en los protagonistas. Al negar la humanidad misma de los individuos, el contrato matrimonial se convierte rápidamente en una póliza de costumbres, prohibiendo la homosexualidad y otras formas amorosas, inscribiendo la exclusividad de la relación amorosa en beneficio del control de la crianza de la progenitura.

Biológicamente, el ser humano se coloca entre el bonobo y el gorila. Si del bonobo tiene una cierta reivindicación de la pluralidad de las conductas sexuales, con el gorila comparte la exogamia de las féminas. En el gorila, en efecto, las hembras son apartadas del grupo de pertenencia. El pachá reina solo en un harén de hembras procedentes de intercambios con otros grupos. Encontramos algo así como la concepción de la comunidad de mujeres desarrollada por Carpócrates y el comunismo primitivo de los agnósticos libertinos. Entre los humanos, las mujeres salen del grupo y [en muchos países] el cambio de nombre de soltera a nombre de mujer casada establece esa ruptura. Pero el humano no siempre exhibe poligamia. Los múltiples grupos humanos, desde los papúes a los indios, llevan a cabo a menudo una estructura comunitaria. La pareja exclusivamente monógama es progresivamente construida a lo largo de la Edad Media, y se impone singularmente durante la transformación industrial del siglo XIX. Le sucede la pareja, cuya soledad molesta a la sociedad. No obstante, al emanciparse de la obligación de reproducirse, la sexualidad lleva a los individuos a descubrirse los unos a los otros, a sentirse y a comprenderse. Así es como los bonobos utilizan la sexualidad para evitar que surjan conflictos.

El segundo éxito del amor libre es haber eliminado la coraza de las fábulas religiosas. El rechazo de la bendición no sólo se ha opuesto a la injerencia religiosa en los asuntos de las personas, sino que ve el juramento religioso como la negación misma del amor. Al romper las cadenas que imponen las iglesias, el amor ha recuperado algo de su candor.

Las religiones monoteístas, al imponer la exclusividad del dios que veneran, reinvindican la exclusión. Su dios no sólo ha ensangrentado una parte del mundo, sino que ha podrido el matrimonio al prohibir la anticoncepción y la libertad. Han sido necesarias las leyes republicanas sobre el divorcio para abrir una brecha en esa eternidad. Al emanciparse de dios, el divorcio ha perturbado enormemente a sus lacayos sectarios. Ha introducido la fractura fundamental que rompe la extensión temporal del juramento. Al introducir la libertad en el seno de la relación humana, el amor libre ha encontrado rápidamente su injerencia atea, estableciendo un abismo definitivo en el aparato cínico de las ceremonias devotas.

El tercer éxito del amor libre consiste en esa ausencia de reducción del otro. El niño ya no es un bastardo. En lugar de perpetrar la ilegítima consecuencia de un concubinato, es un hijo del amor. Es incluso pertinente en la comunidad familiar reconstituida, y todos los niños son reconocidos como iguales. El enamorado no es cornudo, la persona no es infiel. El amor se ha hecho plural, y a la familia propietaria le sucede una comunidad de individuos libres. Esta es la actitud que me lleva a reconocer en el otro al individuo último que construye mi amor. No entra ya en esas categorías humillantes y obscenas contenidas en la institución de la exclusión. Como rechazo a estas disminuciones, el amor libre contiene verdaderamente una idea revolucionaria al privilegiar la autonomía individual.

La cuarta victoria de la exigencia libertaria del amor libre tiene lugar a partir de 1968, con el deseo de autenticidad, el rechazo de la exclusividad en las relaciones y una voluntad de transformación de las culturas cotidianas. Esta reivindicación de la autenticidad de los amores ha sido caricaturizada a menudo como una mera sucesión de relaciones múltiples y superficiales. La sexualidad exclusiva (monogamia exclusiva, homosexualidad exclusiva, poligamia) no existe en la naturaleza, la única norma es la diversidad en el comportamiento sexual. Sin embargo, la liberación de las actividades sexuales puede agotarse en su propia contradicción, llevando de la autonomía aparente de las personas a la soledad desigual del aislamiento en el mundo mercantil. El amor libre no se reduce al sexo liberado ni a la promiscuidad lujuriosa. Por el contrario, la experiencia libre del otro supone una búsqueda de autenticidad. Cada uno y cada una revelan una persona única, un amor diferente que no puede reclamar ese capricho infantil de la exclusividad. La libertad que constituye nuestra individualidad es primero una exigencia de confianza, de relaciones sin la cárcel de la exclusión.

Porque el sentimiento amoroso es una contrucción paradójica, en la que cada uno tiene su experiencia singular y, no obstante, es compartida por todos. Nos designa como alguien único sobre la tierra al estar enamorados de otra persona única, y sin embargo todos hemos tenido esa experiencia. Muchas veces no hay otras razones que las de uno mismo. ¿Cómo establecer en nombre de esto la increíble perversidad de la exclusión de los otros? El matrimonio instituye esta regla doble de la exclusividad impuesta y de la sospecha inevitable porque el compromiso se considera infinito. Los celos, ese "prejuicio de la propiedad", como decía Armand, envenenan la relación amorosa y sin embargo son valorados en la sociedad mercantil. En esa penitenciaría de costumbres, las dos partes se deben desconfianza. Nosotros, por el contrario, afirmamos que el rechazo de la exclusividad amorosa es una fundamento necesario para el amor libre.

La quinta cualidad del amor libre está contenida en el trastocamiento de la economía doméstica que ha provocado esta exigencia libertaria. El matrimonio instituye la dependencia económica y sexual de las mujeres. La guerra de los sexos ha instaurado el matrimonio en una sujeción femenina a diferentes tareas no retribuidas. La familia presupone compartir de modo desigual las tareas, y la ausencia de remuneración por las actividades particulares. Llevar la casa, rápidamente encargado a las mujeres, constituye una parte de la organización económica curiosamente llevada a cabo con una servidumbre absoluta y sin sueldo. Al subrayar esta disparidad, la reivindicación de igualdad del amor libre ha puesto totalmente en desuso esta servidumbre doméstica y ha establecido las bases de una revolución de la vida cotidiana. Y "los que prefieren la revolución y la lucha de clases sin aludir explícitamente a la vida cotidiana… tienen un cadáver en la boca", como aseguraba Vaneigem.

El sexto mérito del amor libre es reconocer la fuerza legítima del deseo. Clasificados por los devotos en el apartado de las obsesiones, el deseo y el fantasma son desplazados hipócritamente a lo negativo del amor. Para la fuerza pública, la seducción de las mujeres se reduce a su duplicidad, y el deseo de los hombres se limita a la concupiscencia. Se ha instituido incluso el concepto policial de provocación pasiva. Para los funcionarios del Estado, el deseo es algo así como la vergüenza del amor. El fundamento biológico de las atracciones seductoras es perfectamente identificado y al mismo tiempo desaconsejado por el matrimonio. La atracción amorosa es demasiado animal, "un encuentro de salivas" decía Cioran. Lo que da lugar a la atracción de los otros reside también en lo extravagante.

Numerosos animales hacen gestos insólitos para seducir a su compañero. La tendencia a la exageración es un componente fundamental de la biología que permite explicar la exuberancia de los rasgos sexuales entre los animales, como el color en los pájaros, la cola del pavo real o las pinzas del cangrejo de mar. La biología evolutiva muestra que los rasgos artificialmente aumentados pueden incluso superar las estimulaciones simples. El hombre no es indiferente a la exageración de esos rasgos, como muy bien saben los publicistas, que "mejoran" los retratos femeninos para aumentar las ventas de un producto. Si el maquillaje y el tratamiento de imágenes son las últimas mentiras del mundo mercantil, también es cierto que nuestra mente es cada vez más natural. Es probable que la atracción nazca biológicamente de ese estímulo supranormal, un estímulo excesivo que desencadena una atracción más intensa, con la ayuda de ciertas feromonas. En el curso de la evolución biológica, los procesos de selección sexual han aumentado la presencia de esas características extrañas que estimulan el deseo sexual. El deseo nace de lo sensorial y su fundamento es biológico. Incluso las representaciones y dibujos femeninos, incluso las muñecas que usan los niños, todo lo que afecta a la parte baja del cuerpo humano constituye el problema, aunque se disimule con la longitud de las piernas, los ojos grandes, la finura del talle, exagerando todos los rasgos del deseo. Así, la belleza física no sería más que la impresión de un deseo formado por la composición de caracteres exagerados. Entonces es posible interrogarse sobre los determinismos del deseo, la imagen con la que nos quedamos los enamorados prisioneros al reconocer a la vez el dinamismo vivaz que constituye el deseo, y la inercia de sus constituyentes, que pueden también engañarnos. El deseo es un componente fundamental que el amor libre ha rehabilitado.

La séptima fuerza del amor libre reside curiosamente en lo incierto. La única cosa que conoce el enamorado es su propio sentimiento íntimo. Sólo existe una certeza en el amor, mi propia razón. La respuesta del otro se establece en lo desconocido. El deseo que funda el descubrimiento del otro es tan confuso que el sentimiento no desaparece nunca totalmente. El amor se prescribe como una fuerza oculta. Pero lo incierto establece igualmente la verdad del amor, la soledad de su vigor. Porque el amor no está fundado en un derecho. El malentendido no reside sólo en el miedo al engaño, al disimulo. El enamorado no tiene más derecho que el de amar. El drama casi roza la comedia. Entonces, las pruebas del amor serían exigidas como fragmentos de esos juramentos perdidos. Yo no tengo derecho a nada del amor del otro aunque tengo derecho al amor. Aquí la humanidad se construye sin obligaciones ni restricciones. Hay en la incertidumbre una fuerza viva que reconoce intuitivamente la libertad del otro. Es también un pequeño sufrimiento, que descubre a ese individuo irreductible su libertad y su humanidad.

Decididamente, el amor libre instaura a la vez una reconciliación amorosa de las libertades y una exigencia de emancipación social. He aquí todo el sentido crítico de Lucienne Gervais: "Se representa a menudo al amor haciendo burla a los viejos: pues bien, yo veo al amor, libre al fin, haciendo burla a las morales caducas, a los viejos usos y a las viejas costumbres. Veo al amor haciendo burla al viejo mundo".

Referencias:

ARMAND E. 1906 « Les « Colonies » communistes », L’Ere Nouvelle
CIORAN E. 1987 « Précis de décomposition ». Eds Gallimard
GERVAIS L. 1907 « L'amour libre », l'anarchie, n° 111
LODE T. 2006 « La guerre des sexes chez les animaux » Eds O Jacob
VANEIGEM R 1967 « Traité de savoir vivre à l’usage des jeunes générations » Eds Gallimard.
ZAÏKOVSKA S. 1913 « Le féminisme », La Vie anarchiste n°12, 1er mai 1913

Texto extraído de El Anticristo