Mostrando entradas con la etiqueta comunismo libertario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comunismo libertario. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de marzo de 2016

Anarquismo y Comunismo - Emilio López Arango

Para los comunistas anárquicos la división entre las palabras comunismo y anarquismo no existe. Sin embargo, no siempre corresponde la denominación de las teorías, máxime si a fuerza de sistematizarlas se olvida una parte de su esencia, al contenido que quieren expresar sus fórmulas exteriores o que se supone reside en las premisas de un programa.

No todos los anarquistas son comunistas –y no pocos, creyendo serlo, propagan teorías que niegan los fundamentos económico sociales del comunismo–, de la misma manera que no deben confundirse las tendencias autoritarias que invocan ese nombre sin verdadera idea de la comunidad, que para ser tal debe inspirarse en principios de libertad y justicia. El anarquismo es una concepción moral, en oposición a los dogmas consagrados y a los prejuicios hechos ley o costumbre. El comunismo es la utopía social, el hecho económico aún no realizado, el medio de convivencia que, si tiene algunos antecedentes históricos en las ciudades libres de la Edad Media y en las primitivas comunidades religiosas, no pueden sin embargo ser definido ni con las mueras experiencias del pasado ni con las demasiado agobiadoras realidades del presente. 

Si el anarquista es un inadaptado, un descontento instintivo, un hombre que lucha contra la opresión circundante y combate la tiranía ambiente para que esas cualidades negativas tengan algún valor, es necesario que al mismo tiempo plantee, aunque más no sea en teoría, la solución del problema social. He ahí pues, donde la teoría económica del comunismo se convierte en el objetivo substancial del anarquismo. Porque fuera de la sociedad no hay soluciones revolucionarias, justas y equitativas para la vida del hombre que aspira a ser un igual entre los iguales. 

Cabe pues, que definamos el valor o los valores de dos palabras que, unidas, representan una tendencia político-económica en pugna con los principios aceptados por todos los defensores del orden actual. Y nos interesa en particular la definición del comunismo, como base económica de la ideología anarquista, ya que las influencias autoritarias y capitalistas contribuyen hoy a alejarnos de la idea básica de la libertad, de la justicia y del derecho, que solo podrá ser efectiva en una comunidad de hombres que sepan practicar el apoyo mutuo. 

Entre la teoría política del anarquismo, fuertemente ligada a las corrientes liberales del siglo pasado, y el hecho económico que expresa la concepción comunista, se manifiestan no pocos antagonismos de doctrina y de táctica. Desde el individualista adverso a cualquier forma de organización, al adepto de la forma industrial, hay una variedad creciente de tendencia, escuelas y capillas. No nos detendremos a enumerar las diferentes corrientes que contribuyen en una u otra forma a crear el caudal ideológico del anarquismo. Lo que nos interesa por ahora es definir la justa equivalencia de dos conceptos que, separados, sirven de denominativo a las tendencias sociales más contradictorias y se prestan a toda clase de confusiones. 

El comunismo anárquico, para la mayoría de los que actúan al margen o por encima de la lucha de intereses económicos, entraña un principio de imposición por el hecho de esbozar un programa de futuro. Pero para los partidarios del sindicalismo posibilista la tesis comunista, como resultancia de la evolución social, está subordinada al proceso capitalista y en consecuencia sigue el ritmo histórico señalado por los teóricos del materialismo. 

Los que siguiendo las huellas de Marx aplican la teoría materialista ­–estrechas y rígidas en su pretendido cientifismo histórico– al movimiento de la clase trabajadora, se olvidan de las fuentes del comunismo. Se basan en el hecho de que los problemas sociales están sujetos al imperativo de la lucha de clases, esto es, al antagonismo de los intereses económicos, y, en consecuencia, corresponde a los trabajadores obrar como componentes de una clase específica y dirigir todos sus esfuerzos a la conquista de los medios de producción, distribución y consumo. ¿No está en esa tesis implícitamente reconocida la razón de ser del capitalismo? Propender a la conquista de las instituciones capitalistas, reconociendo la existencia del Estado o empeñándose en ignorarla, no significa un propósito de destrucción: por el contrario, se adelanta el deseo de conservar esas instituciones en la esperanza de que, bajo una nueva dirección, sirvan a los intereses de la clase trabajadora después de la derrota de la burguesía. 

Cabe pues, que formulemos esta pregunta: ¿Qué valor puede tener la conquista del poder económico por o para la clase trabajadora, si, circunscrito al cambio de directores, técnicos y administradores del trabajo y de la economía, persisten las causas del sometimiento del asalariado, la incapacidad de la mayoría para la auto-producción y auto-gobierno, la dependencia de hecho de las grandes masas a sus jefes y guías? De una restauración capitalista mediante el cambio de gobernantes, sale siempre fortalecido el capitalismo.

Debido a la preponderancia de los factores materiales –a la subordinación del individuo a las llamadas necesidades sociales, que regulan las potencias políticas y financieras– de la ciudad han desaparecido completamente los fundamentos éticos del comunismo. La comuna no puede tener un equivalente en los emporios capitalistas –en las modernas citys del parasitismo burocrático, de los mercaderes y politicantes–, porque toda posibilidad de colaboración desaparece bajo el peso aplastador del Estado y del capitalismo. El obrero es un simple accesorio de la máquina económica y sus ideas, sus aptitudes y voluntad se mecanizan con la disciplina del trabajo impersonal. De ahí que llegue a suponer que la vida humana depende de sus labores, no importa que sean de carácter nocivo o completamente superfluo, concediendo escasa importancia a las tareas agrícolas. 

Si el problema actual, para los obreros de la industria, consiste en aumentar la capacidad del capitalismo en esa fase de la producción ¿en qué condiciones estarán mañana para suprimir las industrias no útiles, la burocracia y el parasitismo que exigen tanto el aparato estatal, como al administración y al dirección técnica de las grandes empresas? ¿Cómo harán frente al problema que significa desmontar la máquina del Estado político, sustituyendo sus engranajes con los complicados resortes de la economía capitalista?

Para los pregoneros del comunismo industrial –que como vemos es una negación del comunalismo–, no tiene importancia ese problema post-revolucionario. Dentro de su fórmula –“crear la sociedad nueva dentro del cascaron de la vieja”– pretenden encerrar todas las contingencias posteriores a la revolución, precisamente porque aceptan la posibilidad de un gobierno de la economía después del triunfo de los trabajadores y de la caída del poder burgués. Pero el Estado económico, que es en resumidas cuentas una supervivencia del capitalismo, aún cuando cambie el orden de las clases en el usufructo del poder y de las riquezas, ¿no necesitará de un aparato gubernamental, de leyes y de ordenanzas para regirse y de ejércitos y policías para mantener su equilibrio? La conservación de la organización industrial arrebatada al capitalismo obligará a los trabajadores a conservar el resto del aparato político y judicial: el Estado. 

Hay, pues, un error fundamental en ese pseudo-anarquismo industrialista, es la tendencia llamada reconstructiva porque aboga por la organización del trabajo siguiendo el curso del proceso de centralización industrial y que hace depender el futuro de la humanidad de las aptitudes del obrero para transformarse en la clase dirigente. Y ese error aleja a los pueblos de las fuentes más puras de la revolución. Que no tiene contenido espiritual en las ciudades invadidas por la fiebre capitalista y por la pasión autoritaria. 

Para retornar a las fuentes del comunismo, sin el cual no es posible concretar en una realización social las ideas anarquistas, es imprescindible combatir toda tendencia encaminada a conservar el régimen capitalista después de la revolución. En consecuencia, debemos buscar en el comunalismo, esto es, la raíz de las sociedades humanas, las demostraciones históricas que prueban la posibilidad de la vida social prescindiendo del capitalismo y del Estado. 

En la comuna está el fundamento de las teorías anarquistas, porque la concepción libertaria no tendría una verdadera base revolucionaria si eludiera la solución del problema económico en beneficio de todos los seres humanos.

***

Para los anarquistas no puede depender el hecho revolucionario del fortalecimiento del Estado. La mentalidad ciudadana, tanto por los hábitos políticos como por la prevalencia de las necesidades creadas por el régimen industrial, es refractaria a la idea del comunismo. Por eso los políticos socialistas subordinan la concepción comunista al imperativo de las necesidades que suponen están determinadas por el fatalismo histórico, que es la base “científica” de las teorías económicas de Marx. 

El anarquismo, idea de libertad y justicia, tiene en la comuna su base económica. Hoy resulta un tanto difícil concebir el valor de este principio. El proletariado industrial, movido por necesidades perentorias, hecho a imagen y semejanza de la sociedad que lo esclaviza, ignora el trabajo verdaderamente creador y útil, vive desarraigo de la tierra, fuente de toda riqueza. La ciudad está en permanente litigio con el campo, al que domina con el poder de sus finanzas, con la potencia de sus máquinas, con el arma política que forja las más odiosas tiranías y las mentiras más engañosas. No es posible defender la integridad de las ideas anarquistas eludiendo la solución del problema campesino, que es la raíz histórica de la comuna libre. El comunalismo tiene su base en el campo, en el trabajo fecundo de las comunidades campesinas en el retorno a la vida sencilla en contacto con la naturaleza, depurada de errores pretéritos y de las desviaciones y extravíos generados por el egoísmo y la maldad del hombre civilizado...

La simplificación de la vida traerá como consecuencia el derrumbe del sistema capitalista. El trabajo tendrá una verdadera utilidad, para la satisfacción de las necesidades fisiológicas, y la ciencia redimirá al hombre del pecado capital: la explotación. ¿Podrá el proletariado llegar a vencer las preocupaciones que hoy esterilizan sus mejores energías y libertarse de la cadena que lo ata al régimen social que cree combatir y demoler imitando a sus enemigos? 

He aquí una respuesta que en vano buscaríamos en los hechos que sirven para explicar el creciente avance de las ideas autoritarias y la desviación del movimiento revolucionario por el predominio de las preocupaciones materialistas en los sectores influenciados por los teóricos del social-estatismo y del pseudo-comunismo industrialista. 


Emilio López Arango




Tomado del Libro «Ideario Del pensamiento anarquista en el movimiento obrero»

domingo, 28 de diciembre de 2014

Consideraciones sobre el comunismo libertario


En la región chilena, como en muchas otras regiones de América Latina, existen serios problemas con la definición de comunismo libertario o anarco-comunismo. Por un lado en ambientes universitarios, el significado de comunista libertario se asocia con ‘un marxista pero no tan leninista como los otros leninistas’; por otro lado, en ambientes que podríamos catalogar como anarquistas con simpatías hacia tendencias insurreccionalistas o individualistas, ser ‘comunista libertario’ o ‘anarco-comunista’ significa ser plataformista o directamente ser cercano al FEL. Ambos significados son erróneos y pueden considerarse fruto de la propaganda falsaria de tendencias marxistas o directamente de la ignorancia. 

El comunismo libertario o anarcocomunismo es una tendencia histórica del anarquismo y corresponde a una rama económica que ha sido bandera de diversas tendencias anarquistas: grupos de afinidad, federaciones, sindicatos, revistas, individualidades, insurreccionalistas, ecologistas, organizaciones políticas, feministas, etc. El Comunismo libertario o anarco-comunismo son sinónimos, pero también podríamos decir que la finalidad de los anarco-comunistas es vivir en el comunismo libertario, es decir, en una sociedad sin dominación, ni del Estado ni del Capital ni del patriarcado. El comunismo anarquista es muy anterior a la tendencia organizativa llamada plataformismo (tendencia que lleva pocos años en esta región). En Chile el anarquismo nació anarco-comunista, El Oprimido, órgano anarquista con una breve existencia, en 1893 ya titulaba en su portada: Periódico Comunista Anárquico. (1)

Presentado de otra forma, podríamos decir que el anarquismo ha tenido tres grandes tendencias económicas: El mutualismo expuesto por Proudhon; el colectivismo anarquista asociado a Mijaíl Bakunin y finalmente, el comunismo anárquico, anarco-comunismo o comunismo libertario, -sinónimos todos- la tendencia económica más aceptada por diversas organizaciones internacionales y conocidos anarquistas como Piotr Kropotkin, Alexander Berkman, Emma Goldman, Rudolf Rocker y Errico Malatesta. Cabe señalar que el llamado anarcoindividualismo también ha presentado a través de diferentes autores algunas propuestas económicas o consideraciones del tipo. Si bien las diferentes tendencias económicas señaladas suponen cada una de ellas métodos diferentes de organización de las personas y distribución de las cosas, no necesariamente quienes han aceptado el comunismo anárquico como método y finalidad, han descartado por completo otros métodos económicos anarquistas, como es el caso de Luigi Fabbri, quien en su magnífica exposición libertaria en el libro Revolución no es Dictadura señala: "Aun en un régimen completamente anárquico estamos persuadidos que, aunque la organización de la producción y del consumo sobre bases comunistas será el tipo dominante y la regla general (y precisamente porque será una regla libre y no obligatoriamente impuesta a todos), no impedirá ella que subsistan —o por voluntad de los individuos o por especiales necesidades del ambiente o del trabajo— formas diversas de organización, colectivistas, mutualistas, etc., y aun algunas formas de propiedad individual, a condición de que ésta no implique sometimiento o explotación de nadie". (2)

El comunismo libertario o anarcocomunismo se distingue de las otras tendencias económicas del anarquismo en el rechazo total al centralismo organizativo de la sociedad y en la completa negación del sistema bancario/monetario. Los anarcocomunistas entienden que para construir una sociedad sin dominación es necesario acabar con la propiedad privada de los medios de producción y con el salario. Ante el egoísmo burgués del sistema salarial, los anarcocomunistas proponen repartir las cosas según las necesidades de las personas y no de acuerdo a la capacidad individual de cada uno para producir. Por tanto, podríamos decir que el método económico del comunismo anarquista es una crítica total a la sociedad neoliberal - y a toda forma de capitalismo- donde rige la meritocracia y el sálvate si puedes. En síntesis, el anarcocomunismo es un método económico y político revolucionario del anarquismo para construir una nueva sociedad, donde el apoyo mutuo expresado en el federalismo organizado entre libres asociaciones de personas  y grupos humanos se constituye como la base para las relaciones sociales, sin Estado y sin capitalismo.


Algunas diferencias entre los comunistas autoritarios y los comunistas libertarios


Los comunistas autoritarios se basan en el marxismo y el leninismo. Los comunistas libertarios se basan en el anarquismo y en autores como Kropotkin y Malatesta.

Los comunistas autoritarios desean la conquista del Poder Político y hacerse con el control del Estado. Los comunistas libertarios desean la destrucción del Poder Político y con ello, abolir el Estado y reemplazar la organización jerárquica de la sociedad por la libre federación de personas y grupos sociales.

Considerando lo anterior, los comunistas autoritarios enarbolan la bandera del Poder Popular como estrategia para consolidar un Poder en contraposición al régimen burgués y hacerse con el Poder del Estado para consolidar un socialismo de Estado. En cambio, los comunistas libertarios levantan la idea de la Autogestión social como estrategia revolucionaria para la socialización directa por los mismos trabajadores de los medios de producción y consolidar un socialismo libertario.

Los comunistas autoritarios no niegan necesariamente la construcción del Poder Político paulatino por la vía electoral y parlamentaria. Por el contrario, los comunistas libertarios ven en el camino electoral un mecanismo donde la clase dominante fortalece la dominación y por tanto son abstencionistas activos, es decir, critican activamente el electoralismo fortaleciendo las organizaciones sociales de manera horizontal y no promocionando el principio de autoridad, el intermediarismo y la jerarquía que caracteriza al parlamentarismo y electoralismo presidencial.

Los comunistas autoritarios ven en el sindicalismo una herramienta como trampolín para el Poder del Estado, en cambio, los comunistas libertarios consideran al sindicalismo como una vía práctica hacia la sociedad sin Estado ni capitalismo.

Los comunistas autoritarios desean organizar la economía por medio del Estado, es decir, de arriba hacia abajo, donde la dictadura del proletariado es una dictadura contra el proletariado y donde las decisiones son tomadas por una pequeña burocracia en el Poder. En contraposición, los comunistas libertarios desean organizar la economía sin el Estado, es decir, de abajo hacia arriba, de lo simple a lo complejo, mediante pactos libres entre diversas instancias sociales organizadas horizontalmente.

Los comunistas libertarios se organizan horizontalmente, en cambio, los comunistas autoritarios se organizan mediante jerarquías, donde pequeños grupos de personas deciden las cosas importantes de la colectividad.

Para ahondar más en el comunismo anárquico recomiendo una interesante propuesta concreta organizativa de la sociedad anarquista, que a la vez es una completa introducción a la economía del Comunismo Libertario, escrita por el compañero Daniel Ferri Ruiz, haciendo clic aquí.



 (1) El Oprimido, los extranjeros y la prehistoria del anarquismo chileno (1889 – 1897) http://archivohistoricolarevuelta.wordpress.com/2012/07/23/el-oprimido-los-extranjeros-y-la-prehistoria-del-anarquismo-chileno-1889-1897/

 (2)  Revolución no es dictadura. La gestión directa de las bases en el socialismo Luigi Fabbri   http://es.theanarchistlibrary.org/library/luigi-fabbri-revolucion-no-es-dictadura


miércoles, 17 de septiembre de 2014

El anarquismo comunista - Errico Malatesta

El siguiente escrito fue elaborado a partir de diversos artículos de Errico Malatesta, publicados en la prensa anarquista de principios de siglo pasado, y corresponde a un fragmento del capítulo I del libro Malatesta, pensamiento y acción revolucionarios  (Compilación a cargo de Vernon Richards. Para más información, referencias y citas, pueden consultar el libro haciendo clic aquí  

Hemos sido (en 1876), como somos todavía, anarquistas comunistas, pero esto no quiere decir que hagamos del comunismo una panacea y un dogma y no veamos que para la realización del comunismo se requieren ciertas condiciones morales y materiales que es necesario crear. 

La fine dell’ Anarchismo de Luigi Galleani... (es) en sustancia una exposición clara, serena y elocuente del comunismo anárquico, según la concepción kropotkiniana: concepción que yo personalmente encuentro demasiado optimista, demasiado fácil y confiada en las armonías naturales, pero que no por ello deja de ser la contribución más grande que se haya aportado hasta ahora a la difusión del anarquismo.

También nosotros aspiramos al comunismo como a la más perfecta realización de la solidaridad social, pero debe ser comunismo anárquico, es decir, libremente querido y aceptado, y medio para asegurar y acrecentar la libertad de cada uno; pero consideramos que el comunismo estatal, autoritario y obligatorio es la más odiosa tiranía que alguna vez haya afligido, atormentado y obstaculizado la marcha de la humanidad.

Estos anarquistas que se dicen comunistas -y me ubico entre ellos- son tales no porque deseen imponer su modo especial de ver o crean que aparte de éste no haya ninguna salvación, sino porque están convencidos, hasta que se pruebe lo contrario, de que cuanto más se hermanen los hombres y más íntima sea la cooperación de sus esfuerzos en favor de todos los asociados, tanto mayor será el bienestar y la libertad de que podrá gozar cada uno. El hombre, piensan ellos, aunque esté liberado de la opresión de los demás hombres quedará siempre expuesto a las fuerzas hostiles de la naturaleza, que él no puede vencer por sí solo, aunque ayudado por los demás hombres puede dominarlas y transformarlas en medios de su propio bienestar. Un hombre que quisiera proveer a sus necesidades materiales trabajando por sí solo, sería esclavo de su trabajo. Un campesino, por ejemplo, que quisiera cultivar por sí solo su trozo de tierra, renunciaría a todas las ventajas de la cooperación y se condenaría a una vida miserable: no podría concederse períodos de reposo, viajes, estudios, contactos con la vida múltiple de los vastos agrupamientos humanos... y no siempre lograría calmar su hambre.

Es grotesco pensar que anarquistas, aunque se digan comunistas y lo sean, deseen vivir en un convento, sometidos a la regla común, a la comida y al vestido uniforme, etcétera; pero sería igualmente absurdo pensar que quieran hacer lo que les plazca sin tener en cuenta las necesidades de los demás, el derecho de todos a gozar de una libertad igual.

Todo el mundo sabe que Kropotkin, por ejemplo, que se contaba entre los anarquistas más apasionados y elocuentes propagadores de la concepción comunista, fue al mismo tiempo un gran apóstol de la independencia individual y quería con pasión que todos pudieran desarrollar y satisfacer libremente sus gustos artísticos, dedicarse a las investigaciones científicas, unir armoniosamente el trabajo manual y el intelectual para llegar a ser hombres en el sentido más elevado de la palabra.

Además los comunistas (anarquistas, se entiende) creen que a causa de las diferencias naturales de fertilidad, salubridad y ubicación del suelo, sería imposible asegurar, individualmente a cada uno iguales condiciones de trabajo, y realizar, si no la solidaridad, por lo menos la justicia. Pero al mismo tiempo se dan cuenta de las inmensas dificultades que implica practicar, antes de un largo período de libre evolución, ese comunismo voluntario universal que ellos consideran como ideal supremo de la humanidad emancipada y hermanada. Y llegan, por lo tanto, a una conclusión que podría expresarse con la siguiente fórmula: en la medida en que se realice el comunismo será posible realizar el individualismo, es decir, el máximo de solidaridad para gozar del máximo de libertad.

El comunismo aparece teóricamente como un sistema ideal que sustituiría en las relaciones humanas la lucha por la solidaridad, utilizaría de la mejor manera posible las energías naturales y el trabajo humano y haría de la humanidad una gran familia de hermanos dispuestos a ayudarse y amarse. Pero ¿es esto practicable en las actuales condiciones morales y materiales de la humanidad? ¿Y dentro de qué límites?

El comunismo universal, es decir, una comunidad sola entre todos los seres humanos, es una aspiración, un faro ideal hacia el cual hay que tender, pero no podría ser ahora, por cierto, una forma concreta de organización económica. Esto, naturalmente, para nuestra época y probablemente por algún tiempo futuro: quienes vivan en el porvenir pensarán en tiempos más lejanos.

Por ahora sólo se puede pensar en una comunidad múltiple entre poblaciones vecinas y afines que tendrían además relaciones de diverso tipo, comunitarias o comerciales; y aún dentro de estos límites se plantea siempre el problema de un posible antagonismo entre comunismo y libertad, puesto que, incluso existiendo un sentimiento que favorecido por la acción económica impulsa a los hombres hacia la hermandad y la solidaridad consciente y voluntaria, y que nos inducirá a propugnar y practicar el mayor comunismo posible, creo que así como el completo individualismo sería antieconómico e imposible, también sería ahora imposible y antilibertario el completo comunismo, sobre todo si se extiende a un territorio vasto.

Para organizar en gran escala una sociedad comunista sería necesario transformar radicalmente toda la vida económica: los modos de producción, de intercambio y de consumo; y esto sólo se podría hacer gradualmente, a medida que las circunstancias objetivas lo permitieran y la masa fuera comprendiendo las ventajas de tal sistema y supiese manejarlo por sí misma. Si en cambio se quisiese, y se pudiese, proceder de golpe por la voluntad y la preponderancia de un partido, las masas, habituadas a obedecer y servir, aceptarían el nuevo modo de vida como una nueva ley impuesta por un nuevo gobierno, y esperarían que un poder supremo impusiese a cada uno el modo de producir y midiese su consumo. Y el nuevo poder, al no saber o no ser capaz de satisfacer las necesidades y deseos inmensamente variados y a menudo contradictorios, y no queriendo declararse inútil y proceder a dejar a los interesados la libertad de actuar como deseen y puedan, reconstruiría un Estado, fundado como todos los Estados en la fuerza militar y policial, Estado que, si lograse durar, sólo equivaldría a sustituir los viejos patrones por otros nuevos y más fanáticos. Con el pretexto, y quizás con la honesta y sincera intención de regenerar el mundo con un nuevo Evangelio, se querría imponer a todos una regla única, se suprimiría toda libertad, se volvería imposible toda iniciativa; y como consecuencia tendríamos el desaliento y la parálisis de la producción, el comercio clandestino o fraudulento, la prepotencia y la corrupción de la burocracia, la miseria general y, en fin, el retorno más o menos completo a las condiciones de opresión y explotación que la revolución se proponía abolir.

La experiencia, rusa no debe haber ocurrido en vano.

En conclusión, me parece que ningún sistema puede ser vital y liberar realmente a la humanidad de la atávica servidumbre, si no es fruto de una libre evolución.

Las sociedades humanas, para que sean convivencia de hombres libres que cooperan para el mayor bien de todos, y no conventos o despotismos que se mantienen por la superstición religiosa o la fuerza brutal, no deben resultar de la creación artificial de un hombre o de una secta. Tienen que ser resultado de las necesidades y las voluntades, coincidentes o contrastantes, de todos sus miembros que, aprobando o rechazando, descubren las instituciones que en un momento dado son las mejores posibles y las desarrollan y cambian a medida que cambian las circunstancias y las voluntades.

Se puede preferir entonces el comunismo, o el individualismo, o el colectivismo, o cualquier otro sistema imaginable y trabajar con la propaganda y el ejemplo para el triunfo de las propias aspiraciones; pero hay que cuidarse muy bien, bajo pena de un seguro desastre, de pretender que el propio sistema sea único e infalible, bueno para todos los hombres, en todos los lugares y tiempos, y que se lo deba hacer triunfar con métodos que no sean la persuasión que resulta de la evidencia de los hechos.

Lo importante, lo indispensable, el punto del cual hay que partir es asegurar a todos los medios que necesitan para ser libres.


Errico Malatesta 


jueves, 10 de abril de 2014

Vídeo recomendado: El Comunismo Libertario

Todo sistema social tiene asociado un modelo económico. El sistema capitalista de mercado, en el que nos vemos inmersos por ahora, tiene asociado el modelo de economía capitalista tradicional. El sistema de capitalismo estatal (Comunismo autoritario como en la extinta URSS, China o Cuba) tiene asociado el modelo de planificación centralizada. Del mismo modo el Comunismo Libertario (muchos prefieren llamarlo directamente anarquía) tiene asociado el modelo de economía libertaria.

(...) 

Podemos comenzar a definirlo por oposición. El Comunismo libertario es un sistema social que, a diferencia del resto, es antiautoritario. Es el único sistema social que cree en la mayoría de edad de la humanidad. El único sistema que cree que los seres humanos se pueden gobernar a si mismos sin necesidad de clases dominantes de ningún tipo (ni nobles, ni reyes, ni dioses, ni curas, ni capitalistas explotadores, ni políticos profesionales burgueses, ni partidos únicos “proletarios”). Todas estas clases dirigentes han creado y mantenido sistemas sociales autoritarios mediante la violencia y la mentira. Todas estas clases dirigentes se han apropiado, en nombre del orden, la ley , dios, la patria, el pueblo o cualquier otra entelequia, de los beneficios, la plusvalía generada por el trabajo de todos aquellos que tenían por abajo, gobernándolos, explotándolos y reprimiéndolos cuando les convenía para mantener sus privilegios.


El Comunismo Libertario es una sociedad sin dinero, sin gobernantes, donde todo se decide de abajo a arriba. Donde las personas se auto-organizan y deciden todo aquello que les afecta en comunidad. Donde no existe la propiedad privada. Donde no existe la desigualdad. Donde, por fin, se hace realidad la terna revolucionaria: Libertad, Igualdad y Fraternidad.


El Capitalismo democrático se olvida de la fraternidad y solo le interesa la Igualdad ante la ley, pero no la igualdad de decisión. Así mismo la única libertad que contempla es la de la posesión de los medios de producción y de los bienes, sin importar las desigualdades sociales. Todo ataque a la propiedad privada es duramente reprimido.


El Comunismo Autoritario (o capitalismo de estado), olvida la libertad, todos son siervos del estado. Proclama la igualdad, pero la del cuartel, todos iguales menos los dirigentes del Partido que son “un poquito más iguales” (os recomiendo leer Rebelión en la Granja). Habla de fraternidad, pero no puede haber verdadera fraternidad, sin libertad ni verdadera igualdad.


A diferencia de estos dos sistemas autoritarios, el Comunismo Libertario (o anarquía), es un sistema que garantiza la Libertad, puesto que todo lo decide toda la población mediante el sistema Federal de Abajo a Arriba. Garantiza la igualdad, puesto que todos pueden decidir sobre lo que les afecta y no existe la posibilidad de acumular, no existe el dinero, todo es realmente de todos. Garantiza la solidaridad puesto que se organiza federalmente con otras entidades y comparten los excedentes, no mediante varemos monetarios o de trueque (siempre injustos y germen del egoísmo) si no mediante la puesta en común de esos excedentes y el reparto equitativo de los mismos según las necesidades de cada colectividad. 


 Daniel Ferri Ruiz 

(fragmentos tomados de Introducción a la economía del Comunismo Libertario) 
 


Podríamos decir que el anarquismo ha tenido tres grandes tendencias económicas: El mutualismo expuesto por Proudhon; el colectivismo anarquista asociado a Mijaíl Bakunin y finalmente, el comunismo anárquico, anarco-comunismo o comunismo libertario, (sinónimos todos) la tendencia económica más aceptada por diversas organizaciones internacionales y conocidos anarquistas como Piotr Kropotkin, Alexander Berkman, Emma Goldman, Rudolf Rocker y Errico Malatesta. Cabe señalar que el llamado anarcoindividualismo también ha presentado a través de diferentes autores algunas propuestas económicas o consideraciones del tipo. Si bien las diferentes tendencias económicas señaladas suponen cada una de ellas métodos diferentes de organización de las personas y distribución de las cosas, no necesariamente quienes han aceptado el comunismo anárquico como método y finalidad, han descartado por completo otros métodos económicos anarquistas, como es el caso de Luigi Fabbri quien en su magnífica exposición libertaria en el libro Revolución no es Dictadura señala: "Aun en un régimen completamente anárquico estamos persuadidos que, aunque la organización de la producción y del consumo sobre bases comunistas será el tipo dominante y la regla general (y precisamente porque será una regla libre y no obligatoriamente impuesta a todos), no impedirá ella que subsistan —o por voluntad de los individuos o por especiales necesidades del ambiente o del trabajo— formas diversas de organización, colectivistas, mutualistas, etc., y aun algunas formas de propiedad individual, a condición de que ésta no implique sometimiento o explotación de nadie".(N&A)