lunes, 21 de octubre de 2013

Poder y deseo - Baldelli (Publicado en la revista Bicicleta Nº 10 año 1978)

"En aquellas sociedades en dónde los medios del poder son de dimensiones enormes y están centralizados de manera que unos pocos hombres pueden situarse en la estructura histórica de tal manera que, con sus decisiones sobre el uso de esos medios, modifican las condiciones estructurales en que viven la mayoría de las gentes, en tales sociedades, esas elites del poder son quienes hacen la historia". Wright Milis, The Power Elite.

Es sabido que en los periodos llamados revolucionarios, no siempre se poseen todos los datos pertinentes para conocer una situación, ni siempre hay tiempo para reflexionar sobre ella, sobre todo si hay que enfrentarse con organizaciones poderosas, cuyos métodos incluyen la mentira y la represión policiaca. Por eso se deben aprovechar los periodos de clima no revolucionario para adquirir y aclarar unos cánones básicos de análisis político y social.

¿Qué es el poder?. Es aconsejable contestar a esta pregunta desde la psicología e incluso desde la biología, pues así como la sociedad se compone de individuos, todo problema social tiene tiene sus fundamentos en pensamientos, sentimientos y voluntades individuales. Pues bien, psicológicamente el poder es algo terrible y deseable. En el mundo animal existen seres poderosos y ha sido mediante su observación como el hombre ha aprendido, no tanto a concebir el poder en si mismo, como a confiar en él como una cosa sancionada por la naturaleza y por los dioses que creía la gobernaban.

Pero el poder no obra en función de la explotación, como con muchas más palabras, han afirmado Marx y los marxistas. La explotación por ser continua y organizada, no puede ser obra de impulsos instintivos como lo son las formas más primitivas del poder. Un animal ataca a otro porque tiene hambre o porque en el territorio que habitan ambos hay escasez de lo que necesitan los dos, pero el poder que acompaña a la explotación no es simplemente agresión.

En la mayoría de los animales, así se induce observando su conducta, la imaginación posibilita la satisfacción de los instintos en formas muy precisas, cuyo número además es muy limitado. En el hombre, por el contrario, la imaginación no parece tener limites. Pero mientras en los otros animales, siempre según podemos conjeturar, hay correspondencia casi perfecta entre las imágenes forjadas por el instinto y las capacidades del organismo, semejante correspondencia se ha perdido en el hombre, cuya constitución orgánica todavía no cambia por caleidoscópica que sea su imaginación. De ahí su fe en la magia, de la cual la ciencia es un parto retardado. El pensamiento mágico es a su vez, fé en la eficacia del deseo. Como deseando ponerse a correr o bajarse para coger algo, el cuerpo pronto y casi automáticamente pone en obra lo deseado, convierte el deseo en acto, de la misma manera el pensamiento mágico se cree en estado de causar efecto en la realidad más allá del cuerpo. Bendiciones y maldiciones, y tantas creencias en espíritus y fuerzas preternaturales, atestiguan la extensión y el vigor del pensamiento mágico, aun en nuestros días. La invención es hija del deseo más bien que de la necesidad. Es el deseo, el que crea los utensilios y las armas, y el poder es la facultad de contentar los deseos por medios extraorgánicos, como los utensilios y las armas.Dado que el deseo siempre tiene tendencia a ir más allá de las necesidades, las satisfacciones del poder son extraorgánicas también.


El tirano como el niño

Poder y violencia son cosas distintas. Los utensilios obran sobre la materia y es mediante otras formas por las que se ejerce el poder, es mediante la palabra. Es la palabra quien clarifica el deseo y lo proclama, sacándolo de su dominio interior y enterando de su existencia a la realidad exterior en la que se mueven hombres para los que la palabra es inteligible y el deseo algo que les vibra en el corazón. La palabra nos pone en contacto con otros hombres como los impulsos nerviosos unen nuestro cerebro con nuestros miembros. Por la palabra no sólo se exteriorizan los pensamientos de cada hombre, sino que también penetran en otros hombres. La palabra puede ser mando y el mandato obedecido es la síntesis del poder. El recién nacido reacciona al sonido de la palabra humana como a ningún otro sonido, y a los sonidos del recién nacido responde la madre instintivamente. Estos sonidos expresan una necesidad que la madre comprende y se apresura a contestar.

Por lo que atañe al poder el psicoanálisis sugiere que el deseo de mandar ("libido imperandi"), nace precisamente de esta situación entre madre y niño. La maldad con la que casi siempre se acompañan los mandatos, procedería por lo tanto de un sentimiento de venganza contra la madre y la vida en general, por no seguir ambas, pasada la infancia, entendiendo y satisfaciendo los deseos de niño que siempre permanecen en el hombre. El poder es un conjunto de métodos para obtener de los hombres aquellos frutos que en condiciones sociales naturales serían frutos de amor. Actúa el poderoso con la sociedad como el niño con la madre que tiene otros niños a quien cuidar. Explotación es la toma de los frutos de la cooperación social sin consideración para con los derechos de otros y sin producir el que los toma ningún fruto de amor.

Sin amor para dictarnos las acciones que sosieguen las necesidades y los deseos de otros no hay motivo para que todos nuestros esfuerzos no sean dirigidos a sosegar nuestros propios deseos y nuestras propias necesidades. Para que no sea así hay que hacer violencia a nuestra naturaleza, hay que crear condiciones en las que, para evitar males mayores, como el hambre, las palizas o la muerte, nos sea preciso renunciar a las satisfacciones de nuestros deseos. El poder organizado, institucionalizado, es a la vez creación y sostén de tales condiciones antinaturales. Cuanto más se refina el poder y más eficaz se hace la explotación, tanto más grande y casi ¡limitada se hace la cantidad y variedad de los deseos. Los límites de nuestros deseos parecen ser otros cuando se reduce al mínimo la intimidación abierta y tales limites toman aspecto de condiciones naturales y aún de justicia: cuando a las armas las sustituye el dinero, cuando los que mandan y explotan no son la nobleza u otro pueblo conquistador, sino los capitalistas. Dónde no hay dinero no hay capitalismo. Con el capitalismo el dinero se convierte en símbolo y medio unívoco de satisfacción de los deseos. Ofreciendo dinero a los trabajadores para que trabajen por él, el capitalista les otorga la oportunidad de satisfacer deseos y necesidades que no pueden satisfacer por otro medio. Con el fruto del trabajo ajeno el capitalista hace más dinero y con este dinero se pone en estado de satisfacer más y más deseos. Pero no por su capacidad de satisfacer un número más grande de deseos se distingue el capitalismo de otros sistemas, sino por hacer del incremento continuo de esta capacidad su objetivo principal. La fuerza motora del capitalismo es pues el gusto del poder, y la explotación capitalista es una fusión de las riquezas naturales con la riqueza humana del trabajo para que de ellas se alimente la voluntad de potencia de unos pocos que se han atribuido el papel de amos de la tierra.

 Donde hay amor, no hay poder

Las fuerzas de cohesión social no residen, según afirmó Hobbes, en el poder, pero de esta cohesión social se aprovecha el poder para sus fines y es muy importante el mantenerla para los detentadores del poder.

Que el hombre poderoso quiera el amor de la sociedad no es siempre evidente, como no es siempre evidente que un niño quiera el amor de su madre cuando se comporta hacia ella de manera odiosa y parece hacer todo lo posible por hacerse odiar. Dos son los motivos que empujan a una conducta al parecer tan absurda. El primero es probar que, así como una madre no puede dejar de querer a su niño y no puede vivir sin él, así la sociedad no puede vivir sin su tirano, y tiene que quererle sea quien sea. El segundo es más hondo, y es el de negar la autonomía del amor, probar que por si sólo no puede nada, y que todo lo que hace y puede hacer es porque el poder se lo manda este motivo más hondo viene de que el amor es la antítesis del poder, y esto el poder bien lo sabe. Donde hay amor no hay poder, y donde hay poder no hay amor. El poder es Impotencia de amar. Quien busca el poder es quien no sabe amar. De esta impotencia del poder deriva su necesidad de interpretar el amor en términos de poder. El poder teme al amor, y si el amor es temible tiene que ser una forma de poder. El amor puede negarse y eso es lo que teme el poder. Que el amor se niegue de forma absoluta que cese de producir sus frutos, y, ¿para qué va a servir el poder?. Los hombres desean el poder porque despierta admiración o temor. La admiración es signo de amor y el temor es posible donde hay amor a la vida y el amor verdaderamente humano a la vida es amor a otros humanos.

El poder que el niño teme en su madre es que esta le niegue su amor. Así para el tirano es que la sociedad le niegue el suyo. Pero el tirano no quiere ser niño; el quiere probar que es hombre, más hombre que los dernás' y ser hombre para él, como para todos los que se parecen a él, o quisieran ser como él, es no tener o aparentar no tener ninguna necesidad de amor. El que quiere, como el que quiere ser querido, es un débil, es algo incompleto, con sus finalidades fuera de si. Pero los que quieren son más completos que los que no quieren. Hay una superioridad en el amor que el poder no puede admitir, y eso explica como la opresión y la explotación de la sociedad por parte del poder han tomado formas que son un insulto a la naturaleza, no solo humana sino simplemente animal. El gran delito del capitalismo, como de toda otra forma de poder es el de Impedir el amor. Es la ausencia de amor la que hace del trabajo una negación de la libertad. El trabajo pierde toda significación ética cuando no es más que un medio para conseguir dinero. Hay algo sacro en el trabajo, y es que representa una conquista humana que permite vivir, o debería permitirlo, sin rivalidades ni matanzas. Pero para amar el trabajo, y para amarlo con el corazón más que con la cabeza, hay que sentir, y no sólo saber, que se trabaja para alguien a quien se quiere, hay que poder hacer un don del fruto del trabajo como de la actividad misma que lo produce. No es la posesión de los medios de producción la que hace odioso al capitalista, *sino el robar a los trabajadores el motivo de amor, sin el cual ningún trabajo es humano. Cuando al patrón capitalista le sustituye el patrón comunista, o cualquier otro, nada fundamental cambia, y del trabajo queda solo la esclavitud.

La imposición unitaria

Hay engaño en todo ataque contra el pasado en nombre de un hipotético porvenir o de un progreso indefinido y mal definido. Si se ataca el pasado es porque vive todavía, y por lo tanto no es pasado sino que se quiere que pase. El pasado somos nosotros también: todo lo que constituye nuestra identidad. Las cosas y personas a las cuales tenemos cariño, las conclusiones de nuestras experiencias, los valores a los cuales hemos entregado nuestra fé, todo esto es pasado. El desarrollo de nuestra individualidad no es nunca completo y nuestra voluntad, como nuestra fé, abarca el por venir, pero el que quiere que cambiemos en el nombre del progreso y de porvenir quiere imponernos la voluntad suya, quiere que cesemos de ser los seres autónomos que somos para servir de decoración en cierto cuadro de su imaginación, o de rueda en cierta máquina para su uso, si no de su invención. Individuos y sociedades son cosas vivas, orgánicas. Sus leyes son de conservación y crecimiento. El tan mentado progreso es casi siempre algo mecánico, impuesto desde fuera, factor de desequilibrio, creación constante de situaciones nuevas que hacen vanos tantos valiosos esfuerzos para remediar a los males que el progreso deja tras de si mientras otros prepara. Nos dicen que el progreso es necesario, ineluctable, inevitable, y ésta es otra mentira. Si así verdaderamente fuera, los seres humanos no serían libres. Si existe el así llamado progreso es porque hay hombres que lo quieren y que se han propuesto imponer su voluntad a los demás. La imponen con los medios acostumbrados del poder y sobre todo con el engaño. Siempre hay engaño cuando se habla de necesidad, histórica u otra, de fuerzas ineluctables, del triunfo ineluctable de una clase dada, de un partido, de una raza o de una nación.

Hable el poder cuanto quiera de libertad, de justicia y de otros ideales. Para reconocerlo por lo que es basta reparar en un comportamiento suyo que se puede disfrazar de mil maneras, pero no ocultar. Es que el poder es imperialista, quiere absorberlo todo, dominarlo todo, hacer todo dependiente de un único centro. Por eso siempre habla de unión y unificación de unidad y unicidad. Como que a nadie le gusta una sociedad o una humanidad dividida, muchos son los que creen en esta mentira del poder. El caso es que bajo pretexto de unificar a la sociedad el poder es el que divide. Por numerosos y diferentes que sean sus agrupaciones y organizaciones, sus creencias, sus actividades y sus costumbres, una sociedad no está más dividida que cualquier colonia animal sino la divide el poder. Un poder siempre halla otro poder con el cual enfrentarse, y para poder mejor enfrentarse a él se impone parasitariamente a la sociedad.

No cabe duda de que los conflictos ayudan a crear el poder, pero aun menos cabe duda de que es el poder quien crea los conflictos.

Muerte a lo grande

Hay que aprender que en lo grande está la tiranía y en lo pequeño la libertad. La sociabilidad del hombre no se puede manifestar de manera auténtica más que en pequeñas agrupaciones, por la muy sencilla razón que hay limites a las energías afectivas, a la atención y al tiempo que cada cual pueda dedicar a su prójimo. En toda organización demasiado grande el hombre se convierte en cifra, en abstracción, en objeto, en utensilio. Siempre hay que desconfiar de todo lo grande y de los que no saben dejar las cosas como están. Estos siempre piensan en la expansión como si, en el mundo tan limitado y tan poblado en que vivimos fuera posible expanderse sin obligar a otros a contraerse o a desaparecer. Hay que desconfiar particularmente de lo grande en los medios de comunicación, en los tan bién llamados "mass media" pues cuanto mayores son las multitudes que alcanzan, mayor es el engaño. Hay que desconfiar de los "mass media" porque son para las masas y no para hombres. Más aún, hay que repudiarlos completamente, hay que demostrar que la masa no existe.

Baldelli


lunes, 14 de octubre de 2013

Lumpen y delincuencia - (Artículo publicado en la revista Bicicleta número 9, año 1968)


La relación entre los marginados y el proceso revolucionario es el fondo del debate en Italia sobre la delincuencia y sus implicaciones sociales.

Los compañeros de Milán tratan en su artículo sobre la marginación física y social, la legalidad del Poder, y la aceptación de las pautas culturales de la clase dominante por parte de los mismos discriminados.


Para afrontar el problema de la criminalidad, hace falta barrer del terreno dos concepciones de carácter respectivamente burgués y marxista: La primera, defensiva, indica que el "delincuente" es una persona peligrosa, asocial, de la que conviene alejarse; la otra, metafísica, según la cual sólo quien vive las condiciones de un asalariado es revolucionario.

La mayor parte de los llamados criminales (90 %) proviene de las clases bajas y particularmente de aquel sector de explotados comúnmente definido como lumpen, es decir, de aquellos que viven al margen de la sociedad, sea físicamente (relegados a barriosghetos en la periferia de las grandes metrópolis), sea socialmente (de hecho son las condiciones de los emigrados, los marginados, los desocupados, los subempleados).


Marginación física y marginación social

Examinemos detalladamente estos dos aspectos: 

1) La marginación física. Se ha dicho (y es una afirmación constatable por todos aquellos que vivan en grandes ciudades) que el lumpen está relegado a los barrios-ghetos periféricos. Estos barrios tienen un aspecto terrorífico, aunque sólo se les contemple desde fuera (chabolas, falta absoluta de verde, etc.), pero si uno se adentra descubrirá un aspecto ulterior del control capitalista: la plaza principal es la de la iglesia y en la misma plaza se asenta una comisaría de la P.S. o de C.C. El condicionamiento ideológico y la represión del Estado. El habitante de estos barrios debe saber que ya hay quien le "cuide", que espera sólo un primer error para poder hacerle pagar la culpa de no ser una persona privilegiada. 

2) La marginación social. A estos barrios se envía naturalmente los emigrantes meridionales que, erradicados de su ambiente cultural, se encuentran incorporados a otro ambiente inhumano y deshumanizante. Muy a menudo no encuentran trabajo, o si lo encuentran, es el "trabajo negro", con horarios masacrantes, peligro continuo de muerte o de infortunio. Pero frente a esta ilegalidad del sistema, muy pocos alzan la voz. Ninguno escribe titulares a nueve columnas llamando con nombres y apellidos (criminales y asesinos) a sus patrones. Es mucho más fácil gritar y desgañitarse cuando alguno, cansado de su situación, ha decidido reapropiarse del dinero robado cotidianamente con la violencia. Para el lumpen el contacto con la ilegalidad es continuo; pero mientras que por una parte existe la ilegalidad de los patrones (esa que para el arco constitucional es un problema a arreglar con el tiempo, esa de los 5.000 muertos al año), por otra parte está la ¡legalidad de los emigrados (esa que conviene combatir con las balas de las "fuerzas del orden- y con las leyes especiales, esas de los bancos y de los ricos expropiados) y se sabe que los millones de los patrones valen mucho más que la vida de los trabajadores y de los "delincuentes".

Los delitos "gravísimos"

Pero la violencia del que manda no se detiene aquí: Falta naturalmente todo tipo de servicios sociales y lugares de esparcimiento, mientras que hay gran cantidad de traficantes de heroína que se preocupan de explotar hasta la muerte a los jóvenes del lumpen, esos criminales potenciales que cuando no basta la droga, son fusilados en las calles por los fieles siervos del Estado mientras cometen "delitos gravísimos" como robar un coche o una moto.

Dos tipos de legalidad

Abramos en este punto un paréntesis para subrayar cómo es ficticia para la misma burguesía la distinción entre legalidad e ¡legalidad, al tiempo que los compañeros plantean problemas de este tipo, olvidando que la ley es simplemente un instrumento utilizado por el Estado para reprimir a los compañeros que luchan y que la única distinción real es la de acciones útiles a los explotados y acciones útiles a los explotadores. También el robo, por ejemplo, puede ser un acto político revolucionario si se le entiende como una expropiación de los expropiadores, como una reapropiación de aquello a lo que se tiene derecho (así como las ocupaciones de casas, la autoreducción de entradas de cine, etc.). Se debe golpear a la clase dominante y no a los explotados, y lo conseguido no debe ser utilizado para el enriquecimiento personal y la creación de más explotación (como en algunos casos ha sucedido por ejemplo con secuestros, que servían para financiar nuevas empresas), sino para pagar las propias necesidades y para financiar el movimiento revolucionario. Partiendo de este concepto, no aceptamos mistificaciones del tipo "esperemos Navidad" (La Revolución Social) en cuanto que desde ya se debe establecer un acto de expropiación de los expropiadores.

Es natural que en este ambiente los jóvenes se organicen a menudo en bandas que de pequeños "trabajillos" en el barrio se agrandan cada vez más hasta el campo de acción de hurtos y pillajes que a menudo concluyen en su propia muerte, y que en general no son más que simples ejecutores que cubren, y a menudo pagan con la muerte o con decenas de años de cárcel, los encargos de algún parlamentario o algún gran industrial. Y es triste constatar la actitud con que muchos compañeros hablan de estas víctimas del estado actual de cosas acusándolos de ser fascistas, machistas, etc., sin hacerse ninguna autocrítica respecto al trabajo político no llevado a cabo en estos barrios ni entre esas personas. Nadie quiere mitificar al que practica la ilegalidad habitualmente como forma de sobrevivencia, pero aún es menos lícito lanzar anatemas a diestra y siniestra sin analizar correctamente los problemas.


La subordinación cultural

Que los oprimidos (mujeres, homosexuales, etc.) están doblemente explotados, lo demuestra el número de mujeres, muchachas homosexuales que se dejan prostituir por hombres que a menudo no trabajan: esto demuestra la adquisición de los valores impuestos por la clase dominante y la subordinación cultural e ideológica. Por esto es necesario reforzar la contrainformación entre los explotados para destruir el consenso que por una parte observa como los trabajadores se unen al unísono con los patrones contra la "criminalidad", y por otra, cómo los que no están privilegiados aceptan totalmente las concesiones más discriminatorias como la inferioridad de la mujer, el culto a la riqueza, etc.

La prensa burguesa a menudo lanza discursos sobre la falta de respeto hacia la vida, la falta de conciencia, etc., cuando algún tirano es ajusticiado por los compañeros revolucionarios (Padovani, Noce, Croce), o bien describe como monstruos, capaces únicamente de odio, a los proletarios lumpen caídos en las redes de la justicia. Nosotros nos preguntarnos: ¿Qué respeto por la vida puede haber en uno que sólo ha conocido una vida miserable, inhumana, violenta y sin salidas?

Pero quisiéramos también añadir que es mejor que los burgueses estén atentos a hablar de estas cosas, de respeto por la vida, de conciencia, porque no deberían sentirse ni un ápice tranquilos con su propia conciencia cuando esconden bajo términos como "involuntario", "debido a las circunstancias", "por accidente", "al orden de las cosas", a las víctimas de sus propios crímenes (500 compañeros asesinados en 30 años por la PS y la CC) y sus propios fallos (5.000 muertos cada año en los puestos de trabajo).

Angela, Elena, Emilia y Luca, del Colectivo Libertario del barrio Ticinese de Milán.

Reprod. de A-Riv. Anarchica nº 60




El mito de la violencia

Artículo traducido de A-Rivista anarchica, publicado en la revista Bicicleta número 9 en el año 1978, el cual comparto por considerarlo de valiosa actualidad y como aporte para el debate en torno al uso de la violencia, sus fines y contradicciones. (N&A)

Ya hemos tenido numerosas ocasiones de manifestar nuestra opinión sobre la cuestión de la lucha armada: Nosotros no estamos con la elección estratégica de la lucha armada llevada a cabo en Italia por las B.R., los N.A.P., etc.; así como, no obstante, el aún más difícil contexto social, no estamos con la estrategia encabezada por la Rote Armee Fraktion en Alemania Federal. Esto no significa que rechacemos en bloque su actuación: algunas de las acciones en las que sus militantes han sido protagonistas, han suscitado nuestra plena adhesión, no solamente emotiva. Pensamos, por ejemplo, en el clamoroso secuestro del juez conservador Sossi, con el que las B.R. contribuyeron a clarificar la vulnerabilidad y las múltiples contradicciones internas del régimen. O bien cuando hirieron al Dr. Mammoli, responsable médico de las cárceles de Pisa en las que el 5 de mayo de 1972 se encerró y cínicamente se dejó morir al anarquista Serantini: esta acción fue reivindicada por Azione Rivoluzionaria, una organización cuyos comunicados denotan un planteamiento libertario que la distingue netamente en el plano ideológico de los otros grupos revolucionarios armados que se remiten en conjunto al marxismo-leninismo (si bien interpretado de diversas formas).

Un mito posible

En general se subraya que muchos de los militantes de estas organizaciones han ganado y se ganan la estima y solidaridad de todos los revolucionarios por su actitud decidida y fuerte contra los policías, jueces y carceleros, ejecutores cínicos de la represión estatal. Todo esto, de todos modos, no puede hacernos modificar nuestra crítica a la estrategia de la lucha armada.

El primer punto que siempre es necesario resaltar es, naturalmente, el que se refiere a los fines que nos proponemos: la construcción de una sociedad anarquista. Toda nuestra obra tiende a empujar al pueblo, a través de la propaganda y del ejemplo, al terreno de la acción directa, condición esencial para la realización de nuestro fin: bajo esta óptica, nos parece que no se puede separar el ataque al Estado de la simultánea toma de conciencia revolucionaria, necesaria por parte de los explotados. Por tanto, una estrategia compuesta de acciones que éstos no comprendan y que por consiguiente no les empuje hacia el terreno de la acción directa no puede tener nuestra aprobación.

Algunos sectores de la izquierda revolucionaria parecen tener una confianza casi mítica en la violencia, tan cierto es esto que se considera a las organizaciones que han escogido el terreno de la lucha armada como las más revolucionarias, precisamente por la mayor Violencia que caracteriza su práctica. Sucede además que se juzga a menudo el combate contra el aparato represivo del Estado como positivo en sí mismo, como si el nivel de violencia conseguido sea casi el índice para valorar la conciencia revolucionaria de los participantes. A esta mentalidad no le es extraña la martilleante propaganda proviniente de amplios sectores de la llamada área de la autonomía, que también gracias a la propaganda y a la práctica de la violencia callejera han contribubido a su (relativo) éxito. Para explicar este nuevo (por lo menos en el panorama socio-politico italiano) y difuso uso de la violencia en las luchas sociales contribuyen muchos otros factores, como la marginación de amplios sectores juveniles, el aumento de toma de conciencia de las contradicciones de nuestra sociedad, la siempre y cada día más acentuada "totalitarización" del Estado y la consiguiente clausura de los espacios revolucionarios: cuestiones todas complejas, sobre las que ahora sólo nos podemos referir rápidamente.

Un mito necesario

Contrariamente a las posturas antes citadas, nosotros no tenemos ninguna fe mítica en la violencia. No creemos de ningún modo que la violencia en cuanto tal sea el medio válido para alcanzar nuestro fin: es uno de los medios necesarios (a veces, pero sólo a veces, indispensable) para abrir camino hacia la construcción de la sociedad anárquica. La anarquía sin embargo, no será nunca el resultado de un combate único o prevalentemente militar entre las fuerzas del Estado por una parte y, por otra, las fuerzas antiestatales: nosotros, los anarquistas, no estamos en guerra privada contra el Estado. La experiencia histórica, de hecho, nos enseña que en el plano puramente militar el Estado saldrá siempre victorioso del choque con las minorías revolucionarias, por muy aguerridas que éstas sean. La única posibilidad de que pueden disponer los revolucionarios es la participación activa popular en la lucha; y esto es tanto o más verdad para los anarquistas, para los que esta presencia del pueblo no puede ser instrumental (como lo es, por el contrario, para los partidos y los grupos marxistas que quieren apoderarse del poder para dominar nuevamente a las masas), sino que debe ser siempre cada vez más amplia y profunda. Es por esta razón que la lucha revolucionaria que no se caracterice en sentido decididamente libertario, no puede más que encontrarnos siempre fuertemente críticos respecto a ella.    


P. F.

domingo, 13 de octubre de 2013

La feria de los asnos

Desde la Edad Media se renueva periódicamente la feria de los asnos.

Atados a las barras del ferial, o todavía, a las cuerdas tendidas entre los árboles de la plaza del pueblo, los asnos esperan, la mayor parte sin impacientarse, un destino nuevo que no cambiará su situación.

Para unos el cabestro es la medida de una independencia aceptada e indiscutida. Para otros, vivaces, impacientes y nerviosos, es el lazo maldito del cual no logran deshacerse. A pesar de sus gesticulaciones, sus espantadas, sus coces, les vale muchas veces un suplemento de pienso con el que se piensa que se les va a calmar...

Observad la otra feria de los asnos con sus inmensas fábricas, sus grandes canteras y la multitud de trabajadores atados a la cadena, pegados a las máquinas y cronometrados sin piedad...

¡Mirad todos esos asnos de las fábricas, de los tajos y de los campos; es la imagen de la feria! Algunos resignados: el salario les parece eterno como su fatiga... cuando miran a sus compañeros más nerviosos, protestones y rebeldes, no se impresionan mucho... ¿Qué quieren los otros que reivindican siempre? ¡Un aumento de salario, un poco más de heno y avena, el mínimo vital! Con la satisfacción pasajera, ¡y qué satisfacción!, que sienten sus amos que se aseguran la tranquilidad que les permitirá seguir desarrollando su potencia.

¡Las riendas reforzadas! El salario mínimo asegura el desarrollo de un capital floreciente. ¡Hay que ser un asno para no comprenderlo!

¿Creéis que un asno de cualquier sindicato, ya sea escisionista, azul, blanco, rojo o/y negro puede comprender algo de la evolución capitalista? ¡No, como cualquier sindicato actual o futuro!

La feria es periódica. Los asnos siempre estarán atados por las riendas, las riendas del amo, el amo del pienso y del salario...

 Gastón Britel

 Año 1 Núm. 6 Mayo 1978
Año 1 Núm. 6 Mayo 1978

 

lunes, 7 de octubre de 2013

La delincuencia y el estado de la delincuencia - Germinal Rodríguez

Artículo publicado en la revista Bicicleta (región ibérica) Nº6 Mayo 1978

Al poner en tela de juicio el fenómeno delictivo, habremos de cuestionar necesariamente la legalidad que lo reprime en aras del llamado bien común, ese «bien común» que el delincuente destruye y que se consigue con la explotación económica a la que la clase obrera está sometida y con la marginación de ciertos sectores de la sociedad. Con su conducta, el delincuente no sólo explicita de una manera propia la lucha de clases, sino que, como marginado que rompe con la legalidad, apunta el doble juego del Estado: crear el delito y reprimirlo. Como libertarios, nuestra postura ha de basarse en la denuncia de ese «bien común» que se mantiene, no sólo con las porras de la policía, sino también con la complicidad y la modorra del resto de la sociedad, en la denuncia del Estado como único delincuente.

A la hora de analizar la delincuencia como fenómeno social hemos de empezar rechazando las interpretaciones que «los civilizados» de izquierda y derecha han vertido a los cuatro vientos sobre el tema. Los análisis que ellos nos ofrecen están mediatizados por unas categorías ideológicas que los hacen ser intencionadamente parciales e incompletos. Se analiza la delincuencia desde el concepto de la ley, una ley definida por y desde el Poder, y que en último extremo es la institucionalización de la dominación de una clase sobre otra.

Todo análisis de la delincuencia está presidido por la dicotomía «normal-anormal», pero no cuestiona quién marca la norma, sino que se da por admitido el abstracto consenso universal que tiende a identificar norma y justicia. Su norma, su justicia, las que unos crean y otros padecen.

Las interpretaciones que nos ofrecen las «fuerzas organizadas» que intentan cambiar el mundo desde los cómodos sillones del Parlamento no difieren mucho de los análisis que desde el Poder nos hacen aceptar, y acaso alguien se sorprenda de que de las disciplinadas filas del inefable PC salgan declaraciones como la que nos brinda Antonio Rato: «Creo que al delincuente se le debe aislar por la misma razón que se aísla al portador de un virus o a un demente peligroso. Es decir, sin tratar de penetrar en el fondo de su conciencia, ni mucho menos de evaluar hasta qué punto es responsable en concreto de su personalidad.» No es en absoluto casual que se difundan en el PC estas interpretaciones: existe el mismo interés por la represión en los grupos que están en el Poder como en los que aspiran a él.

El hecho de que se ofrezca esta «realidad de la delincuencia», presentándola como un fenómeno a reprimir, pero sin intentar buscar sus causas y raíces, sólo puede responder a una asombrosa ingenuidad o a una estrategia interesada, y hay quienes no nos creemos eso de la ingenuidad del Poder.


La «necesidad» del delito

Se trata de hacer de la delincuencia una realidad al servicio del sistema, de aislar al delincuente y colgarle la etiqueta del «mal»; el Estado se presentará esgrimiendo la bandera del «bien», y con este aval se encargará de eliminar las malas hierbas que crecieron junto a los demás ciudadanos de «bien» y, de «orden».

En última instancia el fenómeno delictivo presta al Estado un pingüe servicio: justifica su existencia en cuanto defensor del orden y la paz. El Estado necesita del desorden y del mal para justificar sus mecanismos de reproducción y defensa. ¿Qué sentido tendría una policía en una sociedad sin delito?

El Estado necesita del delito tanto que cuando le interesa se lo inventa: se provoca para después reprimir.

Detrás de esta fachada de defensores quedan camuflados los intereses de la clase dominante, que con esta ideología del delito mata dos pájaros de un tiro: asegura su reproducción como clase (no sólo a nivel político, sino también a nivel sicológico, en cuanto que sus criterios morales son asimilados por la sociedad) y, por otro lado, institucionaliza y normaliza la represión y el castigo para destruir a los elementos rebeldes con la irnpunidad que le da la aceptación del delincuente como «malo» y «peligroso», no sólo para el Estado, sino para toda la sociedad.

Es un círculo: unas estructuras crean el delito y otras lo reprimen, pero una sola mano maneja los hilos.

De este modo se hace recaer toda la violencia reprimida de la sociedad sobre una parte de ella misma, los delincuentes, desviando así lo que pudiera tener de revolucionario y subversivo.

El «caldo de cultivo»

Una ciencia al servicio del sistema va a interpretar la delincuencia como un fenómeno desligado de su contexto social: el mundo capitalista. Así, la genética hablará del cromosoma del criminal y la sociología y sicología intentarán explicarla como resultado de un aprendizaje patológico; pero si queremos buscar las raíces de la delincuencia ciertamente las encontraremos en el carácter capitalista de la sociedad, tanto de los Estados llamados capitalistas como de aquellos otros países basados en un capitalismo de Estado.

Decir que la delincuencia es patrimonio de la clase obrera no es desvelar ningún misterio: la procedencia de la población penal está clara a los ojos de todos; pocos hijos de la burguesía podemos encontrar en Carabanchel o en la Modelo. Es del mundo obrero de donde salen los candidatos a las celdas de nuestras prisiones.

Las grandes ciudades donde nos almacenan para que seamos más rentables y productivos son viveros de delincuencia. El emigrante que llegó a la capital a pedir que le explotaran se da cuenta de que las ocho horas de trabajo, si es que aceptaron su solicitud de explotación, no llegan para comprar esos productos que a todas horas le estan incitando a comprar. La constante frustración que crea el desequilibrio entre el deseo incrementado por la publicidad y la limitada capacidad adquisitiva tiene dos salidas: la docil (horas extras, letras para toda la vida...) y la rebelde, es decir, el delito.

El mundo capitalista está organizado para producir dóciles currantes que produzcan más y mejor y que consuman aquellos que mayores beneficios rinda al capitalismo. En un mundo tal el único delincuente es el Estado, de aquí la necesidad de dar la vuelta al concepto de la delincuencia: debemos asumir el hecho de que en esta sociedad ser delincuente es rebelarse contra las estructuras alienantes que la configuran. Intentar ser libre y recuperar lo que nos pertenece es ser calificado de delincuente por esta sociedad.

 Estado y delincuente

Una ideología represiva subyace en el discurso de las relaciones capitalistas: unos mandan, controlan la producción, los medios de comunicación, hacen las leyes.... otros obedecen, producen y acatan las leyes y la autoridad. Esto es el orden y el bien común, el Estado cuida de nosotros para que el mundo no se sumerja en el caos y la anarquía; en tres palabras: establece la norma.

Frente a esta sociedad ordenada, de individuos normales y obedientes, y en contra ella se levantan la antisociedad, el desorden, el caos y el mal. No se sabe, ni por otro lado interesa saber, de dónde procede este grupo de transgresores, pero el poder ha de combatirlos y estirparlos del mundo del orden, porque ponen en peligro el bien común, o sea los intereses del Poder.

Y para combatir este grupo social se crean las leyes, la justicia. Aquí encuentra la cárcel su razón de ser: aislar al delincuente, encerrarlo para que no destruya al «bien común», que tan trabajosamente hemos construido.

La cárcel no está destinada a extinguir el delito, sino a controlarlo y a rentabilizarlo; en cuanto tal, la cárcel significa el último eslabón que cierra el círculo de la opresión y el más degradante de todos.

«Tenemos que convertir las cárceles en islotes donde meter a los delincuentes para que se destruyan entre sí.» Estas declaraciones de un fiscal de Burgos son suficientemente elocuentes.

Pero, ante todo, la cárcel es el lugar en donde la represión institucionalizada alcanza las más altas cotas de degradación humana: palizas, chantajes, tortura, incomunicación, aniquilación sicológica, todo queda oculto tras los muros y las vallas electrificadas.

En una carta al ministro de Justicia, Emilio Monteseril, funcionario de la cárcel Modelo de Barcelona, después de pedir la excedencia, decía textualmene: «Las cárceles no son más que trituradoras de hombres, y nosotros los carceleros somos sus verdugos.»

Los medios de comunicación: un arma eficaz

Los medios de comunicación, como canales que el poder utiliza para la transmisión de su ideología, juegan un papel decisivo en el «manejo» del fenómeno delictivo.

A través de la prensa de sucesos se constata la presencia de otros jueces, «los jueces de papel impreso», que se yerguen como tendenciosos moralizadores de los hechos y que, en última instancia, constituyen una «conciencia normativa» paralela.

El lenguaje utilizado no es, ni mucho menos, neutral, va dirigido a crear un sistema de reflejos emocionales que actuarán ante valores-palabras fetiche. «Delincuente», «drogado», «homosexual», son ejemplos claros de palabras fetiche que desencadenarán una intensa emocionalidad.

Tras ser objeto de bombardeo continuo sobre situaciones de accidentes, robos, suicidios (previamente moralizados), nos invade un sentimiento de inseguridad total que nos lleva a reclamar la presencia de un poder que con su control, vigilancia y castigo nos garantice el «bien» amenazado y el «orden» transgredido.

La jugada que se efectúa a través de los medios de comunicación es pcrfecta: reclamamos nosotros mismos lo que ellos desean establecer. No imponen la vigilancia, el control o el castigo, sino que éstos son solicitados y el Poder los concede.

Delincuencia y subversión

Ante el Poder, el delincuente y el revolucionario son, con algunas diferencias de matiz, subvertidores del sistema social establecido.

A pesar de que el delincuente no actúa movido por una concepción revolucionaria o crítica de la realidad, marca el camino de la revolución, a menudo olvidado por el político: la destrucción fáctica del orden establecido. El delincuente se presenta así como un «subversivo» sin conciencia de tal, que a su modo lucha contra la opresión de unas estructuras capitalistas que marginan a los individuos según su poder adquisitivo o su clase social.

Pero la identificación total del delincuente y el revolucionario es, con mucho, una afirmación gratuita. Si bien el delincuente lleva impresa en su conducta una crítica al trabajo asalariado, un rechazo de la moral de obediencia y resignación que el Poder nos impone, sus actos no tienen como fin la abolición del salario, de la autoridad o de la moral burguesa, sino que son la expresión de una rebeldía espontánea pero sin objetivos.

Del mismo modo, el delincuente explicita una crítica de la mercancía que es sólo parcial e inconsciente: con el robo critica el valor de cambio de la propiedad, pero sin cuestionar su valor de uso, El robo viene a menudo a satisfacer las exigencias del consumismo.

Marginación y revolución

La delincuencia y la marginación en general vienen a indicarnos que la lucha contra el Estado no puede quedarse en las 'reivindicaciones salariales y en meros intentos de recuperación de plusvalía, que la opresión ideológica es quizá más sutil, pero también más virulenta y brutal que la opresión económica. La marginación señala la lucha contra la superestructura como condición «sine qua non» para la liberación social, así la lucha de los grupos marginados está centrada en la crítica a la autoridad y la ideología represora que conlleva, en la rebeldía contra la alienación que enmarca nuestra vida, pero a menudo pierde de vista al factro central del sistema capitalista: las relaciones de producción.

En este sentido la tarea fundamental sigue sin hacerse: dotar a la lucha de los marginados de unos horizontes de lucha social, extender la crítica individualizada y visceral que el marginado hace a la autoridad y al sistema y situarla en un contexto global y crítico. Es decir, reivindicar la «locura», la sexualidad libre, el consumo de droga o la negación al trabajo asalariado, no como expresiones viscerales de unos cuantos maniáticos ante una sociedad represiva, sino como propuesta de subversión ante una sociedad enferma.

El revolucionario ha de darse cuenta de que ha de ser un delincuente si quiere acabar con el orden establecido.

Delincuentes del mundo, si es que llevamos un mundo nuevo en nuestros coraZones, unámonos y destruyamos éste.

Germinal Rodríguez

bibliografía

•    Deligny, Fernand: Los vagabundos eficaces. Ed. Estela, Barcelona, 1971. - Grupos marginados y peligrosidad social. Campo Abierto Ed., Madrid, 1977.

•    Basaglia, Franco: La institución negada. Ed. Barral, Barcelona, 1977.

- La mayoría marginada. Ed. Laia, Barcelona, 1973.

•    Becker, Howard: Los extraños, sociología de la marginación. Editorial Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires, 1971.


Fuente: Bicicleta 

Más allá de la negación: entrevista con Nico Berti

Entrevista publicada en la revista Bicicleta (región ibérica) numero 21, (fines de años 70 del siglo pasado) 

Nico Berti es profesor de Historia Moderna en la Universidad de Padua. Colaborador de «A-Rivista Anarchica» y de «Interrogations». Presentó al Congreso de Autogestión, una ponencia con el titulo «Por una lectura histórica ideológica de la Autogestión anarquista. (Publicada en Bicicleta, 17-18)».

 ^ Tanto en tu escrito, que publicamos en el extra de Bici sobre Autogestión, como en los debates de estos días en el Congreso de Venecia, Insistes en la necesidad de una política anarquista, y esto puede escandalizar a más de uno en nuestros medios...
— El movimiento anarquista nació sobre una premisa de rechazo de la política, entendida como ciencia del poder sobre los hombres. El significado de este rechazo lleva a la negación de cualquier forma política de dominio: el estado y la estructura jerárquica de la sociedad. Pero esto, si bien forma parte de toda la tradición histórica del anarquismo es también un limite, porque el pensamiento anarquista no ha superado esta limitación de la negación. Y yo mantengo que este es el límite más grave del pensamiento anarquista actual.
En el Congreso hemos escuchado muchas negaciones y pocas propuestas positivas. Y es que además, el anarquismo ha sufrido indirectamente la influencia del pensamiento marxista, en el sentido de que las formas políticas son simplemente formas «superestructurales» destinadas a disolverse con el logro de unas condiciones económicas dadas. El anarquismo ha negado en principio esta separación, pero no ha sido capaz de hacer propuestas positivas, propuestas políticas para una sociedad autogestionada. El anarquismo debe construir ahora el pensamiento de esta política como ciencia, y no sólo como rechazo del Estado. Hay que construir la autonomía de lo político en sentido libertario, y los anarquistas todavía no lo han comprendido.

^ ¿No se puede responder que para eso está el federalismo?
— No tenemos una teoría política de la autogestión. El federalismo es una enunciación de principios, pero no es una ciencia. Es un principio constitutivo, pero no propositivo, argumentado. En general, las formas políticas concebidas en el pensamiento anarquista son siempre «negativas», sirven para limitar el poder, más que para desarrollar la libertad. No ha sido capaz de elaborar una concepción política propia y adecuada a la revolución socioeconómica que propugna.
^ Una Impresión, tras vuestras Intervenciones en el Congreso, es que va desarrollándose la teoría anarquista, mucho más que en España donde no se hace nada en este campo, pero sin una confrontación con la realidad social ...
— El movimiento anarquista italiano hoy sufre, como por otra parte todo el movimiento libertario en general, este retraso. Y el ejemplo más evidente viene dado porque no sabe responder a la demanda de autogestión que viene de abajo, más que proponiendo las fórmulas de siempre. Toda la creación del anarquismo se limita a la espontaneidad, y eso es demasiado poco a mi parecer.
^ ¿Consideras que el movimiento cooperativista, tan amplio en Italia, puede llegar a ser una base de desarrollo para la autogestión libertaria?
— El movimiento cooperativista en Italia está completamente hegemonizado por el PC y el PS. Desde un punto de vista histórico, el cooperativismo nació sobre matrices reformistas. Y esto ha creado, en el interior del movimiento obrero, la imposibilidad para los revolucionarios de utilizar esta base cooperativa. El movimiento cooperativista, que se extiende sobre todo por el centro y norte, no nació como contraposición al sistema existente, no ha sido nunca una alternativa. A principios de 1900, el movimiento obrero estaba dividido entre sindicalistas y cooperativistas. Y el anarquismo no estaba con ninguna de las dos tendencias. El sindicalismo revolucionario, de signo anarquista llegó después: la USI no nació como sindicato anarquista, sino como sindicato revolucionario. ¿Existe hoy la posibilidad de inyectar el anarquismo dentro del movimiento cooperativista? Yo creo que no.
^ Volviendo a la cuestión inicial, la elaboración de una teoría anarquista positiva. ¿Cuáles serían los puntos o líneas de trabajo y desarrollo?
— Yo creo que una ciencia de la política, de signo libertario, debe partir de un repaso de la cultura libertaria, en el sentido más amplio. El pensamiento anarquista es interdisciplinario: no asigna un papel principal ni a lo político ni a lo económico. Como la propuesta anarquista habla de un hombre pluridimensional, la elección de una ciencia del hombre debe partir de una visión interdisciplinar: antropología, pedagogía, economía, sociología, politología... Porque esto nos permitirá tener una imagen global del nivel de la situación general del desarrollo de las ciencias humanas hoy, y porque es compatible con el pensamiento tradicional anarquista. y con el movimiento anarquista que es irreductiblemente pluralista. Y privilegiar un elemento sobre otro es hasta un error ideológico.
Existe hoy una exigencia de cultura libertaria, que deriva de la insuficiencia de respuestas que no han sido capaces de dar varios sectores de las ciencias humanas. Dar sólo una explicación a un problema, no es suficiente. Hay la necesidad de una concepción sintética, que no significa que todo pueda converger en una organización. La estrategia puede ser diversificada pero siempre con visión global.
Hoy, la historia, está dando cada vez más la razón al anarquismo. Cada vez existe menos la contraposición entre dos clases: proletariado y burguesía. La sociedad capitalista es tan compleja que difumina las clases. En cambio, cada vez aparece más clara la contraposición entre dominadores y dominados, que es lo que los anarquistas han dicho siempre: o sea, la contraposición entre el poder y los dominados. Hoy, el antagonismo, más que de clase, es puramente político ante una demanda general de libertad que nos involucra a todos (trabajadores, campesinos, mujeres, viejos ..., y no todos pueden ser reducidos a clase obrera). Pero esto significa que para responder hay que tener una visión política y cultural general.
^ Hay que hablar del tema de la organización. El panorama, en Italia y en todas partes, es desolador .. .
— El problema de la organización es un problema central, y no se puede evadir. Pero la forma correcta de afrontarlo es partir de una concepción de pluralidad de organizaciones. La organización no puede ser única, porque ya no existe un solo punto, exacto, sobre el que presionar sobre el poder. Hay que encontrar una estrategia que presiones desde muchos puntos. Entiendo la organización como respuesta a una necesidad: organización de la cultura libertaria, de mujeres, anarcosindicalimo ..., varias organizaciones autónomas, pero relacionadas. Pero no una sola organización, lo que seria, no sólo poco libertario, sino que demostraría no haber comprendido que la organización hay que ampliarla, difundirla de forma permanente.
El movimiento anarquista lleva un gran retraso en este problema, porque, en general, los anarquistas o bien rechazan la organización, o tienden a organizarse copiando modelos marxistas libertarios.
^ Concretando en Italia ...
— Existe un problema general de organización. Es un problema capital. ¿Por qué no se consigue? Porque en el interior del movimiento anarquista italiano las posiciones son muy diferentes, porque hay miedo de que una tendencia llegue a ser dominante, porque el movimiento tiene muy poca madurez, porque no existe una tradición organizativa. En España existe, pero en Italia hay que inventarla. La tradición más fuerte aquí es del tipo malatestiano, insurreccionalista. Yo no soy favorable a la gran organización, tengo miedo de que de ella nazca un gran aparato burocrático. Pero, al mismo tiempo, siento el problema de la coordinación. Pienso, sin embargo, que todo esto es prematuro para Italia, si antes no se discuten las líneas generales de una estrategia. Una organización sin estrategia es un puro aparato privado de vida.
^ ¿Qué opinión te merecen los intentos de reconstrucción de la Unión Sindical Italiana?
— Yo no soy contrario a la reconstrucción de la USI, soy favorable, pero soy también muy pesimista sobre la efectiva capacidad de desarrollo hoy de la USI.
^ ¿Ves algún punto de confluencia entre el movimiento de la Autonomía» y el anarquismo?
— La Autonomía, me parece, tiene muchas caras, muchas almas. La más importante, la Autonomía organizada, no tiene mucho que ver con el anarquismo porque es marxista-leninista, aunque heterodoxa (y muy inteligente). Pero son siempre, al final, bolcheviques. Lo que es fundamental para ellos es la conquista del poder, a través del descubrimiento de algunas temáticas fundamentales, incluso anarquistas, como la fusión de lo político y lo económico para superar la dicotomía partido-sindicato, que nació en la Primera Internacional por culpa de Marx. Pero el aparato conceptual que les guía sigue siendo marxista-leninista. No veo la posibilidad de un trabajo común que sirva para algo.
^ ¿Qué posibilidades hay de desarrollar la autogestión teórica como práctica real?
— No es sólo una cuestión teórica. En Italia están naciendo experiencias autogestionarias que no necesariamente se basan en el movimiento anarquista. Cierto que es mucho mayor la teoría que la práctica. Yo creo que sólo a través de una experiencia se puede construir teoría. Si se sigue haciendo sólo teoría, se puede acabar por hacer teoría estéril.
^ Precisamente otra impresión al terminar el Congreso de Autogestión es que el tema está ya en crisis, que ya queda poco que hablar si no surge un movimiento amplio que haga suyo el tema, que lo desarrolle...
— Cierto. Pero no es culpa nuestra. Es un síntoma del nivel general de cultura, del conocimiento del movimiento anarquista, que ha llegado tarde a pensar en todo esto. Hemos pasado los últimos años contestando a la represión, y solamente durante los cuatro últimos nos hemos planteado la exigencia de pensar en forma propositiva. Pero creo que no es inútil discutir en el plano teórico. La teoría es un pasaje fundamental. Sólo teoría es pura academia; pero sólo práctica es puro empirismo. Hay que estudiar, a partir de nuestro patrimonio histórico, pero también de toda la realidad libertaria que el movimiento anarquista debe descubrir.
^ ¿En qué se podría concretar esa realidad?
– Intentos de unidades productivas, de colectivos, de luchas, de comunas, de cooperación, que ha aparecido en los últimos años. Las luchas obreras, especialmente en las pequeñas fábricas ... En todos los casos se ve una realidad hoy dispuesta, para la difusión del pensamiento anarquista. Pero hay que pasar de una fase de propaganda específicamente anarquista, a una fase de propaganda libertaria más amplia, lo que no significa reformismo, sino ir a lo concreto y desde allí dar el salto a lo ideológico. Sin pretender que lo concreto se adecue al discurso ideológico, porque esto no es más que puro sectarismo.
^ Por la intervención de Pellicani en el Congreso se puede constatar el intento de recuperar el tema de la autogestión, desde el socialismo o el reformismo.
– Hay una posibilidad de recuperación del tema en la medida en que el movimiento anarquista no sea capaz de sacar provecho de esta situación. Las corrientes «libertarias» (entre comillas) dentro de la izquierda, se aprovechan de este retraso del movimiento anárquico. La recuperación no la van a hacer por méritos propios, sino por culpa de los anarquistas. Por eso, es importante el momento actual como invención de formas de organización, de actividad, y el movimiento anarquista debe reflexionar sobre ello. Hay poca crítica en el interior del movimiento anarquista: hace tanta crítica de todo lo externo, que no le queda tiempo para hacer la suya propia. Pero, en cualquier caso, no se puede aplicar el método de la autogestión y ser al mismo tiempo reformista. Si el método es verdaderamente aplicado y universalizado, conduce inevitablemente al camino de la anarquía ...
^ ¿Cuál seria para ti el tema crucial para un próximo encuentro como el de Venecia?
– El tema fundamental para obligar a los anarquistas a pensar en forma propositiva puede ser el de la utopía: de la utopía posible, la utopía posible de cada día, de las luchas ... Utopía como tensión para conseguir el máximo posible dada la situación histórica actual.
No se trata de oponer un proyecto anarquista a la realidad, sino de medirse con la realidad y ver cuanto de anarquismo se le puede inyectar: ver cuánto se puede ser de anarquistas y concretos. Hacer intentos de calar dentro de la realidad de forma anarquista, y ver cómo responde la realidad. Y siempre, con la tensión utópica para ver cada día qué se puede hacer más que el día anterior.

Colectivo BICICLETA


 Fuente: Revista Bicicleta

domingo, 6 de octubre de 2013

Celos: causas y posible cura - Emma Goldman

Nadie en absoluto capaz de una intensa vida interior consciente, necesita tener la esperanza de escapar de la angustia mental y el sufrimiento. El dolor, y a menudo la desesperación, por la llamada idoneidad eterna de las cosas son los compañeros más persistentes de nuestras vidas. Pero estos sentimientos no llegan a nosotros de la nada, sino a través de las malas acciones de la gente. Éstas condicionan nuestro propio ser, en efecto, están entrelazadas a través de miles de gruesos y suaves hilos con nuestra existencia.

Es absolutamente necesario que nos demos cuenta de esto, porque la gente que no deja escapar la noción de que su desventura se debe a la debilidad de sus compañeros, nunca puede superar el odio y la maldad mezquina que constantemente culpa, condena y acosa a aquellos por algo que es inevitable, como parte de sí mismos. Esa gente no llegará a las alturas de una verdadera humanidad al que el bien y el mal, la moral y la inmoralidad, no son sino términos limitados a las emociones humanas en el mar de la vida.

El filosofo del “Más allá del Bien y el Mal”, Nietzsche, en este momento se le ve como el perpetrador del odio nacional y la destrucción de ametralladoras; pero solo los malos lectores y malos alumnos lo interpretan así. “Más allá del Bien y el Mal” significa más allá de la persecución, más allá de juicios, más allá de matar, etc. “Más allá del Bien y el Mal” abre a nuestros ojos a lo más profundo de la afirmación individual combinada con el entendimiento de otros que no son como nosotros, que son diferentes.

Con eso no me refiero al torpe intento de la democracia de regular las complejidades del ser humano a través de la igualdad externa. La visión de “Más allá del Bien y el Mal” apunta a la derecha de uno mismo, a la personalidad de uno. Tales posibilidades no excluyen el dolor del caos de la vida, pero excluyen la rectitud puritana que sienta juicio sobre todos, excepto uno mismo.

Resulta evidente que el más completo radical (y es que hay muchos que no poseen sentido común) debe aplicar este profundo reconocimiento humano de la relación entre el amor y el sexo. Las emociones sexuales y el amor están entre las más intimas, las más sensibles e intensas expresiones de nuestro ser. Están tan relacionadas con los rasgos físicos y psíquicos individuales que cada romance acabaría en un romance independiente como ningún otro. En otras palabras, cada amor es el resultado de las impresiones y características que las dos personas involucradas le dan. Cada relación amorosa debe, por su misma naturaleza, permanecer como un romance privado. Ni el estado, ni la iglesia, ni la moral, ni la gente deben meterse con eso.

Desafortunadamente este no es el caso. La relación más íntima es objeto de prohibiciones, regulaciones y coerciones, sin embargo estos factores externos son absolutamente ajenos al amor, y por lo tanto llevan a eternas contradicciones y conflictos entre el amor y la ley.

El resultado de esto, es que nuestra vida amorosa se mezcla con la corrupción y la degradación. El “Amor Puro” tan aclamado por los poetas, es hoy en día matrimonio, divorcio y disputas, de seguro un raro espécimen. Con el dinero, estatus social y posiciones como criterios para el amor, la prostitución es inevitable, incluso si se cubre con un manto de legitimidad y moralidad.

El mal más prevaleciente de nuestra mutilada vida amorosa son los celos, a veces descritos como “El Monstruo de Ojos Verdes” que miente, engaña, traiciona y mata. La noción popular es que los celos son innatos y por lo tanto no se pueden erradicar del corazón humano. Esta idea es conveniente para aquellos que carecen de la habilidad y la astucia para profundizar en la causa y el efecto.

Angustia por un amor perdido, por el hilo roto que le daba continuidad del amor. El dolor emocional ha inspirado las más sublimes palabras, profundos puntos de vista y la exaltación poética de un Byron, Shelley, Heine y otros de su tipo. ¿Pero alguien podrá comparar este dolor con lo que comúnmente se llama celos? Son tan diferentes como la sabiduría y la estupidez. Como el refinamiento y la tosquedad. Como la dignidad y la coerción brutal. Los celos son lo opuesto al entendimiento, a la simpatía, a un sentimiento de generosidad. Los celos no le aportan nada al individuo, no lo hace grande y fino. Lo que hace es cegarlo con ira, atormentarlo con sospechas y herirlo con envidia.

Celos, las contorsiones de lo que vemos en las comedias y tragedias matrimoniales, son invariablemente de un solo bando, intolerantes acusadores, convencidos de su propia rectitud y de la maldad, crueldad y culpa de sus victimas. Los celos no intentan entender, su deseo es castigar, tan severamente como les sea posible. Esta noción está incorporada en el código de honor, representada como un duelo o una ley no escrita. Un código que sostiene que la seducción de una mujer debe ser expiada con la muerte del seductor, incluso donde la seducción no tuvo lugar. Donde ambos han cedido voluntariamente a la tentación más profunda, el honor solo se restaura cuando hay sangre derramada, sea la de él o la de ella.

Los celos están obsesionados con la posesión y la venganza. Están acorde con todas las leyes punitivas sobre los estatutos que se adhieren a la barbárica noción de que una ofensa, que es a menudo simplemente el resultado de los males sociales, debe ser adecuadamente castigada o vengada.

Se puede encontrar una fuerte discusión contra los celos en los escritos de historiadores como Reclus, Morgan y otros, como en las relaciones sexuales entre la gente primitiva. Cualquiera que esté familiarizado con sus trabajos sabe que la monogamia es una versión tardía del sexo que tuvo lugar gracias a la domesticación y apropiación de la mujer, lo que ha creado un monopolio sexual y la inevitable sensación de celos.

En el pasado, cuando los hombres y mujeres se entremezclaban unos con otros sin la intervención de leyes ni moral, no podía haber celos, porque el principio se basa en la presunción de que el hombre tiene un monopolio sexual sobre cierta mujer y vice-versa. En el momento en que alguien se atreve a ir mas allá de este recinto sagrado, los celos estarán al alza. Bajo estas circunstancias es ridículo decir que los celos son perfectamente naturales. De hecho, es el resultado artificial de una causa artificial, más nada.

Desafortunadamente, no son solo los matrimonios conservadores los que están saturados con esta noción del sexo monopolizado; las llamadas uniones libres también son victimas. Podría decirse que esta es otra prueba más de que los celos son un rasgo innato. Pero debe tenerse en cuenta que el sexo monopolizado ha sido transmitido de generación en generación y se ha plasmado como la base de la pureza de la familia y del hogar. Y justo cuando la iglesia y el estado vieron el sexo monopolizado como la única forma de asegurar los lazos maritales, ambos han justificado los celos como una legítima de defensa para la protección del derecho de propiedad.

Ahora, mientras la mayoría de la gente ha superado la legalidad del sexo monopolizado, pero no ha superado sus hábitos y tradiciones. Por eso, han sido tan cegados por el “Monstruo de Ojos Verdes” como sus vecinos conservadores al momento en que sus posesiones están en juego.

Un hombre o mujer lo suficientemente libre y maduro para no interferir ni armar un alboroto por las atracciones externas de la pareja seguro será despreciado por sus amigos conservadores y ridiculizado por los más radicales. Será llamado degenerado o cobarde; con mucha frecuencia se le imputaran motivos materiales menores. Estos hombres y mujeres serán objeto de chismes y chistes de mal gusto por el solo hecho de que le conceden a sus esposas, esposos o amantes, derechos sobre sus propios cuerpos y expresiones emocionales sin montar escenas celosas ni amenazas de muerte al intruso.

Hay otros factores que influyen en los celos: La vanidad del hombre y la envidia de la mujer. El hombre, en materia de sexo, es un impostor, un fanfarrón, que siempre se jacta de sus hazañas y éxitos con las mujeres. Insiste en adoptar el papel de conquistador, ya que se le ha dicho que la mujer quiere ser conquistada, que les gusta ser seducidas. Haciéndole sentir como el único huevo en el granero, o el toro que debe chocar los cuernos con otro para ganar a la vaca, su vanidad y arrogancia se sienten heridos de muerte en el momento en que un rival aparece en escena, que aun entre los llamados hombres refinados, continua siendo el amor sexual de la mujer, que debe pertenecer solo a un amo.

En otras palabras, el casi extinto monopolio sexual junto con la irreverente vanidad del hombre en 99 casos de 100 son los antecedentes de los celos.

En el caso de la mujer, el miedo económico de ellas y sus niños y la penosa envidia hacia otras mujeres que obtienen gracia en los ojos de su acompañante, invariablemente crea celos. En justicia a las mujeres, desde hace siglos, la atracción física era su única carta sobre la mesa, por eso, necesita envidiar el encanto y valor de otras mujeres que amenazan quedarse con su propiedad preciada.

Lo más grotesco de todo es que hombres y mujeres pueden llegar a ser violentamente celosos de aquellos quienes no les importan. No es el amor ultrajado, sino la envidia y vanidad los que se pronuncian contra este “terrible mal”. Y es probable que la mujer nunca haya amado al hombre del que ahora sospecha y espía. Probablemente ella nunca ha hecho un esfuerzo por mantener ese amor. Pero en el momento en que un competidor aparece, ella empieza a valorar su propiedad sexual para defender lo que de otra forma seria vil y cruel.

Obviamente, los celos no son un resultado del amor. De hecho, si fuese posible investigar muchos casos de celos, seria muy probable encontrar que mientras menos gente esta imbuida en un gran amor más violento y competitivo serán los celos. Dos personas unidas por una armonía interna no tienen miedo ni pretenden perjudicar la confianza mutua y la seguridad que se tienen si uno u otro tiene atracciones externas, y sus relaciones no terminaran en una vil enemistad, como pasa con mucha gente. No serán capaces, ni se esperará, que acepten la elección de su pareja en la intimidad de sus vidas, pero eso no le da a ninguno el derecho de negar la necesidad de la atracción.

Como discutiré la variedad y la monogamia en dos semanas, no hablaré sobre eso aquí, solo diré que ver a personas que aman a más de una persona como perversos y anormales es ser muy ignorante. Ya he discutido varias causas de los celos a las que debo agregar la institución del matrimonio, que la Iglesia y el Estado proclaman como “Lo que los une hasta que la muerte los separe”. Esto es aceptado como el modo más ético de vivir y de hacer las cosas.

Con el amor, en todas sus variantes y cambios, encadenado y estrecho, no es de extrañar que los celos surgieran. Que más que maldad, sospechas y rencor pueden surgir cuando un hombre y una mujer son oficialmente unidos con “De ahora en adelante son uno en cuerpo y alma”. Solo vean a cualquier pareja unida de esa manera. Dependiendo uno del otro para cada pensamiento y sensación, sin intereses ni deseos individuales, y pregúntate a ti mismo si esa relación no se tornará odiosa e insoportable con el tiempo.

De una manera u otra las cadenas se cortan, y como las circunstancias que llevaron a esto son bajas y denigrantes, no sorprende que se saque a relucir las características y motivaciones más mezquinas y perversas del ser humano

En otras palabras, la intervención legal, religiosa y moral son los padres de nuestra innatural vida sexual y amorosa, y de eso es que los celos se han ido alimentando. Es el látigo que castiga y tortura a los pobres mortales por su estupidez, ignorancia y prejuicios.

Pero nadie necesita justificarse a si mismo por ser una víctima de estas condiciones. Es muy cierto que todos caemos bajo el peso de inicuos acuerdos sociales bajo coerción y ceguera moral. Pero no somos individuos conscientes, ¿De quién es el deber de llevar verdad y justicia a los asuntos humanos? La teoría de que el hombre es un producto de estas condiciones ha llevado solo a la indiferencia y a una lenta aceptación de estas condiciones. Aun así, todo el mundo sabe que la adaptación a un modo de vida injusto y no saludable solo fortalece ambas cosas, mientras el hombre, el así llamado “Corona de la Creación”, equipado con la habilidad de pensar y ver por encima de todo para emplear sus poderes de iniciativa, se debilita, se vuelve más pasivo, más fatalista.

No hay nada más terrible y fatal que profundizar en las entrañas de nuestros seres queridos y de uno mismo. Solo ayudará a romper los delgados hilos de afecto que aun hay en la relación y finalmente nos llevara hasta el último surco, que es lo que los celos intentan prevenir, la aniquilación del amor, la amistad y el respeto.

Los celos son un medio inútil para preservar el amor, pero es un medio bastante útil para destruir el respeto hacia nosotros mismos. Para la gente celosa, como los adictos, es llegar a lo más bajo y al final solo inspiran asco y desgracia.

La angustia por la pérdida de un amor o un amor no correspondido entre la gente que es capaz de tener finos pensamientos no volverá tosca a esa persona. Aquellos que son sensibles y delicados solo tienen que preguntarse a si mismos si pueden tolerar una relación obligatoria y un enfático NO se obtendría como respuesta. Pero mucha gente sigue viviendo cerca del otro, aunque hace tiempo dejaron de vivir juntos–una vida lo suficientemente fértil para las operaciones de los celos, cuyos métodos van desde abrir la correspondencia privada hasta el asesinato. Comparado con estos horrores, el adulterio abierto parece un acto de coraje y liberación.

Un fuerte escudo contra las vulgaridades de los celos es que el hombre y la mujer no son uno en cuerpo y espíritu. Son dos seres humanos con diferentes temperamentos, sentimientos y emociones. Cada uno es un pequeño cosmos de si mismo, envuelto en sus propios pensamientos e ideas. Sería glorioso y poético si estos dos mundos se fusionaran en libertad e igualdad. Incluso si esto dura poco tiempo valdría la pena. Pero el momento en que estos dos mundos son forzados a estar juntos, toda la belleza y fragancias no dejan más que hojas muertas. Quien entienda esto tendrá en cuenta que los celos están dentro y no les permitirá cargar con una espada de Damocles sobre él.

Todos los amantes hacen bien en dejar las puertas de su amor bien abiertas. Cuando el amor pueda ir y venir sin miedo a encontrarse con un perro guardián, los celos rara vez crecerán porque aprenderá que donde no hay llaves ni candados no hay lugar para sospechas y desconfianza. Dos elementos que hacen que los celos prosperen.
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Manuscritos y Archivos de la División La Biblioteca Pública de Nueva Yor Astor, Lenox y Tilden Fundaciones

El Texto original en ingles se encuentra en el suguiente Link http://dwardmac.pitzer.edu/anarchist_archives/goldman/jealousy.html

jueves, 3 de octubre de 2013

La liberación homosexual no es posible sin revolución

Entrevista publicada en la revista Bicicleta (región ibérica) Año 1 Núm. 3 Enero 1978, la cual comparto por considerarla de total actualidad y de interés general. N&A
 
En una sociedad que niega el placer para afirmar el espectáculo, la sexualidad no puede ser más que un mecanismo de represión que contribuya a alienar un poco más nuestra vida cotidiana. La lucha por la liberación sexual se convierte, así, en un desafío a la autoridad, un desafío que transgrede lo meramente sexual para cuestionar a la autoridad en sí misma.

A través de la entrevista que más abajo reproducimos, los de la BICI hemos querido servir de altavoz a la Agrupación Mercurio, uno de los grupos para la liberación de la homosexualidad con unos planteamientos de lucha claros y radicales.


Bici: ¿Os planteáis una lucha global contra el sistema o sólo lucháis por la liberación homosexual?

1. Nosotros estamos convencidos de que no se puede plantear una lucha exclusivamente por la homosexualidad; hay que encuadrarla dentro de la liberación sexual, puesto que la represión existe dentro de todos los campos de la sexualidad. Hasta que no se dé una verdadera revolución en lo heterosexual, en la sexualidad en general, el homosexual nunca podrá salir de su ghetto, nunca podrá liberarse.

2. Lógicamente esto es verdad. Plantear la liberación homosexual como lucha aislada es imposible porque la represión sexual es un mecanismo esencial dentro de la represión en general, es un aspecto más de la represión.

Ahora bien, la represión sexual plantea, al menos, cuatro aspectos que son muy esclarecedores: El primero es la conciencia opaca que existe de la represión en la mayoría de la gente, sobre todo heterosexual, que no se siente reprimida aunque de hecho lo está. Por otro lado está la alienación de la mujer; todo el problema de convertir a la mujer en objeto de la sexualidad del macho. Está, además, la represión pedagógica de la juventud en el aspecto sexual, como elemento esencial para enseñar y adiestrar en el sistema social que se pretende que la gente acepte. En cuarto lugar existe el problema de la represión de los grupos que se alejan del fin reproductor y de todas las normas morales de la sexualidad, especialmente los homosexuales, a los cuales no sólo se los reprime, sino que además se los margina.

Bici: ¿Cómo plantearíais una información que diera al traste con toda esta conciencia que hay en torno a la sexualidad?

2. En este sentido una de las cosas importantes es llegar a elaborar, analizar y estructurar la cuestión sexual con el resto de las situaciones que pertenecen a la liberación de la vida cotidiana. Yo creo que esto es lo importante. La forma de que las bases entiendan cuál es la verdadera problemática de la sexualidad no es unir esta problemática a las altas cuestiones macroeconómicas, sino a los problemas de la represión cotidiana que todos sufrimos día a día.
1. Nosotros, en principio, lo que nos proponemos es llegar a lás bases de los movimientos populares, a la base de los partidos y de las asociaciones de vecinos, a la gente en general; a esa gente que está un poco cansada del sistema. Pues está claro que la élite de los partidos, los comités ejecutivos, se desentienden por completo. Es en la base donde está nuestra lucha.

Hay que llegar a las bases

Bici: Precisamente, una crítica que a menudo se oye respecto a los movimientos específicos de lucha, como puede ser la lucha homosexual, es la falta de' inserción en el seno de las llamadas organizaciones de la clase trabajadora. Sí es cierto, ¿a qué es debido?

2. Sin duda eso es cierto. Hay una cierta dificultad de hacer comprender a la clase obrera lo que significa la lucha por la liberación sexual dentro del contexto de la lucha por la liberación total.

El que la clase obrera no asuma esta situación es debido en parte a que se ha regido por unos criterios ideológicos, por una cultura que no es la que ella podría generar sino la impuesta por la burguesía.

3. Lo que está claro es que los intereses de los partidos como de muchos grupos no van de acuerdo, muchas veces, ni con el movimiento de homosexuales ni con el de mujeres, e incluso ni con el movimiento obrero. Ahora mismo se ha firmado un pacto, que en mi opinión, ha traicionado al movimiento obrero.

Tiene que haber una lucha específica que vaya dirigida hacia toda la sociedad, pero no puede ponerse en manos de nadie porque sería manipulada, manejada para unos intereses concretos.

Bici: ¿Qué relación os planteáis con partidos que se definen con respecto a los homosexuales, a través de sus líderes, considerándola como una aberración de la naturaleza?

3. Por supuesto que con los partidos en sí y con sus líderes no nos planteamos ninguna relación. Queremos llegar a las bases de los partidos porque son grupos organizados en los que participa mucha gente y tienen una conciencia que hace que puedan entender mejor nuestras ideas.

2. Yo creo que con respecto a este tipo de partidos y sobre todo con respecto a sus líderes hay dos tipos de denuncia muy importantes a hacer. Por un lado, hay que hacer una denuncia desde el punto de vista científico, puesto que todas esas aseveraciones no son científicas y un señor que se propone hacer un juicio sobre este tipo de cosas, no puede asumir estas situaciones sin haberlas analizado, sin conocerlas en profundidad. Por otro lado hay que hacer una denuncia de tipo ideológico, porque esos líderes están reproduciendo en la organización obrera todo el sistema autoritario burgués. Si se analiza en profundidad este tipo de partidos vemos, que en el fondo, lo que hacen es encubrir bajo el manto revolucionario todo el sistema ideológico autoritario, que es, en última instancia, contra lo que luchamos todos los movimientos de marginados.

Unidos con los feministas

Bici: ¿Por qué una organización específica de lucha?

3. Creemos que es necesaria porque sólo hay una capa de la sociedad que toma conciencia de una serie de problemas específicos y es en esta capa conciencia donde tienen que surgir estos movimientos para convencer al resto.

2. Yo creo que aparte de la represión general social, hay una represión específica sexual y por lo tanto estas organizaciones deben ser también especificas, deben elaborar, al margen de los partidos políticos, los análisis de su opresión, y, de acuerdo con estos análisis, su propia estrategia y sus propios métodos de acción.

Bici: ¿En que momento se encuentran las organizaciones que, a nivel de Madrid, se plantean la lucha por la liberación homosexual?

3. Había 3 grupos, FHAR, MDH y Mercurio. Los tres nacieron por necesidades vividas por grupos de homosexuales. Pero evidentemente no es lógico ni razonable que haya tres grupos en Madrid y por este motivo hubo desde el primer momento un acercamiento para coordinar la lucha, lo cual se plasmé en una coordinadora de grupos homosexuales en Madrid. Esta coordinadora funcionó el año pasado durante un cierto tiempo. Se hicieron varias cosas, entre ellas, la presentación de una carta con 6.000 firmas que pedía la derogación inmediata de la Ley de Peligrosidad Social, la amnistía y todas esas cosas. Pero más adelante, la Coordinadora empezó a fallar, entre otras cosas por la escasa actividad que llevaban los grupos.

A partir del verano el movimiento homosexual en Madrid entró en una cierta crisis. Finalmente los militantes de FHAR y Mercurio plantearon un proceso asambleario para llegar a un grupo único; a estos dos grupos se unieron parte de los militantes de MDH que ya no funcionaba. De esta manera se ha plasmado la necesidad de hacer un solo grupo, un solo frente de liberación homosexual en MadriD, que está en este momento en el proceso asambleario,

Ya ha habido varías asambleas de las que han salido los objetivos del movimiento homosexual y una plataforma reivindicativa. A partir de ahí los militantes de los grupos homosexuales se van a integrar en este movimiento junto con todas las personas que quieran militar en este nuevo grupo de liberación, homosexuales o no.

Bici: ¿Qué relación os planteáis con los grupos feministas y con la lucha de la mujer en general?

2. Consideramos que, nuestras luchas deben ir unidas, habida cuenta de que las mujeres, como los jóvenes, como nosotros mismos, somos los sectores más oprimidos por el machismo y la miseria sexual imperante en esta sociedad.

Bici: Hoy está muy extendida entre los grupos radicales feministas la reivindicación de la homosexualidad femenina como forma de liberar a la mujer de la opresión del macho. ¿Qué opináis de esta actitud?

3, A mí me parece un error total. Creo que eso es limitar la sexualidad a una sola opción, que sería en este caso la homosexualidad.

4. Yo creo que esto es una reacción contra la utilización de la mujer como objeto de la sexualidad del macho; ahora se trata de prescindir del macho y tampoco es eso. Esto es una reacción y como tal es desproporcionada.

NO a los ghettos

Bici: Nos han llegado noticias de la existencia de barrios para homosexuales en New York y otras ciudades de USA ¿Qué opináis de esto?

4. Yo creo que es una burrada.

3. Estamos en contra de que por imposiciones de la sociedad los homosexuales tengan que apartarse. Estamos en contra de que sólo te permitan determinadas cosas en determinados sitios.

4. Todo esto es un defecto de visión. Hay una represIón contra el homosexual. Entonces, a través del aprendizaje, coge una serie de ideas erróneas, como creer que es un ser más o menos defectuoso o un poco diferente. Ante esto lo que le pide a la sociedad es tolerancia, pero no pide ser aceptado con todas sus consecuencias. Una de las formas de tolerar a los homosexuales es la ghettización.

Además, está muy claro que esta sociedad no puede aceptar la homosexualidad. En realidad, me preguntaría si la sociedad futura aceptaría a los homosexuales. Y digo esto, porque en una sociedad futura no habría, posiblemente, ni homosexuales ni heterosexuales sino, simplemente, sexuales.

3. Yo creo que el sistema de ciertas tolerancias que, además le son rentables. Y permite sólo ciertas cosas en lugares muy determinados. Y esto es rentable para el sistema porque el homosexual al sentirse en el ghetto un poco liberado de las presiones que tenía antes, no se plantea que es todo el sistema el que está mal, que hay unas estructuras que tirar abajo, y muchas cosas que al sistema no le interesa que se planteen.
2. Yo recordaría un artículo que publicó Juan Goytisolo: «Un mundo al revés». Ese artículo describía un mundo en el que todas las categorías, todos los niveles culturales, todos los valores eran homosexuales. Y este mundo era también monstruoso. A mínima escala, el ghetto es también otro monstruo y aboca a lo mismo: la dominación de unos sobre otros.

Mientras nos cataloguemos llegaremos siempre a lo mismo.

Bici: ¿Dáis cabida a personas no homosexuales en vuestra organización?

Por supuesto, lo contrario sería hacer una nueva clasificación que iría en contra de nuestros principios de actuación.

Contra las leyes represivas

Bici: ¿Cuáles son vuestros ejes de lucha a corto plazo?
 
1. Depende de lo que se entienda por corto plazo. A cortísimo plazo estamos empeñados, no sólo el grupo Mercurio, sino todos los de la Coordinadora de Marginados, en la abolición de la ley de Peligrosidad y rehabilitación social. A corto plazo también tenemos previsto estudios y posibles revisiones del Código penal, Código civil, militar y de todas aquellas legislaciones represivas sobre la mujer, sobre la sexualidad en general y la homosexualidad en particular.

3. Lo que es indudable es que no tenemos marcados unos plazos en los que primero se haga esto y después lo otro. Nosotros salimos a la calle y exponemos nuestra problemática. Ahora bien, hay diferentes opciones que se podrán conseguir pronto, como son las legales, porque cuando las leyes dejan de ser producto de unos intereses económicos, desaparecen.

Bici: ¿Véis en la Coordinadora de Grupos Marginados una plataforma útil para luchar contra estas estructuras autoritarias?

1. Yo creo que un grupo aislado difícilmente se puede plantear la lucha por un cambio de estructuras económicas y sociales de un modo eficaz. Creo que sí hay una posibilidad de cambio es a través de la cooperación y la coordinación de todos aquellos grupos que son marginados y vomitados por la sociedad.

2. Desde el punto de vista práctico es muy importante esta coordinación, pero también desde el punto de vista teórico. Hay varios grupos de marginados que están llevando una lucha específica por separado (homosexuales, presos, siquiatrizados, mujeres ... ) pero la opresión y la marginación tienen unos niveles globales y generales que atañen a todos estos movimientos. Es muy importante que se analize el problema de la marginación en conjunto; y en este sentido es importante la Coordinadora de Grupos Marginados.



Fuente: Bicicleta