viernes, 17 de abril de 2015

Cuando Eduardo Galeano entrevistó a Pocho Mechoso, preso anarquista recién fugado

A raíz de la muerte de Eduardo Galeano se nos viene muchas imágenes de él, de sus palabras, de sus versos, a nuestra mente. Hoy queremos recordarlo con esta entrevista que le realizó al compañero Alberto “Pocho” Mechoso, militante de la Federación Anarquista Uruguaya y de su brazo armado Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales, quién se encontraba preso en los años 70 y logró escapar de la cárcel después de varias torturas hechas por los servicios de inteligencia, lo que demuestra una vez más que la pluma de Galeano siempre estuvo dispuesta como una espada para las luchas de los pueblos, así, la tarea de entrevistar a Pocho Mechoso la asumió Eduardo con la altura que se requiere, con el dolor de ver la represión en Uruguay y con la convicción de que una salida revolucionaria y antiautoritaria era necesaria.

Teniendo las precauciones de seguridad debidas a la cruel represión del gobierno, Galeano se cambia el nombre y afirma realizar la entrevista en España, aún cuando fue realizada en Uruguay, para que la policía pensará que Pocho Mechoso había ya salido del país y así poder descansar un poco frente a ello.

No sobra recordar también al compañero Alberto Mechoso, quién posteriormente huyó a Argentina, cuyo paradero sería hallado por la dictadura del país gaucho, el 26 de septiembre de 1976, quienes le desaparecieron. Sus restos fueron encontrados en diciembre del 2012.

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El reportaje después de la fuga

El reportaje de Eduardo Galeano a Pocho Mechoso comienza diciendo: “El Pastor Georges Casalis, profesor de la Facultad de Teología Protestante de París, acaba de denunciar “la evolución fascista de los países del Río de  la Plata…Refiriéndose al Uruguay… es el horror austral. Parece que se ha  alcanzado el fondo del abismo. Nos dice después Galeano: “Hemos entrevistado a un hombre que  emergió del fondo del abismo y relata lo que sufrió y vio… Huyó del cuartel el 21 de noviembre, en una acción  espectacular… Aún orina sangre, no  ha recuperado la sensibilidad de la mano derecha y dos de sus costillas  han quedado hundidas por los puntapiés que le propinaron los oficiales.  Tiene prisa sin embargo por retornar  al Uruguay. “Vuelvo para incorporarme a la lucha”, nos dice. “La pelea se  da tanto dentro del cuartel, en la tortura, como fuera, en la calle…”.

Pregunta Galeano: ¿Fuiste torturado desde el principio?

Pocho: Sí… querían que les dijera donde estaba la Bandera de los 33 (una bandera insignia en Uruguay, recuperada por la guerrilla anarquista), que la OPR se llevó del Museo Histórico Nacional. También querían que les hablara del secuestro de Molaguero…”.

Pregunta Galeano: “¿Pero si no  habías hablado, era preciso que te  fugaras?.

P. No me iban a dejar salir en libertad. Yo lo sabía. Ponerme en libertad era como dejar clara su impotencia, el fracaso de sus métodos.

G. ¿Que viste?.

P. Bueno, más que ver escuché. Porque estuve encapuchado todo el tiempo. Pero no hay peor tortura que sentir como torturan a los demás. En el  Quinto de Artillería tenían a un niño  de seis años encerrado junto a su padre y a su madre. El niño escuchaba  los alaridos de la madre cuando la  estaban torturando. A una mujer embarazada de siete meses, le torturaban a su marido delante de ella en el  2 y 3 de Infantería… varios casos de  violaciones…

G. ¿Y ahora qué?

P. Cuando uno ve  bien claro cómo son los  enemigos, ¿Qué otra cosa  puede hacer que volver y ocupar su puesto?. Si algo  se siente bien adentro en el submundo de los cuarteles de mi país, en medio de la picana, del caballete,  del submarino, es de qué  lado de la trinchera siempre hay que estar. Yo voy a  estar de nuevo metido entre la gente  Un referente de Lucha  de mi clase. Peleando. Allí me voy a  reencontrar con mis hijos, junto con  mi hermano. Ahora perseguidos los  dos.

G. ¿Pero después de la fuga, te andarán buscando por todos lados, te  será muy difícil estar en Uruguay?
P. Eso está claro. El momento  es muy difícil para todos los que luchan. Sé que para mí es cosa de “Libertad o Muerte” como dice la Bandera de los 33”.


Fuente : Subversión 

sábado, 11 de abril de 2015

La trascendencia de Teresa Claramunt para el movimiento anarcofeminista

El anarcofeminismo es una categoría que sintetiza las demandas libertarias del feminismo con los postulados históricos del anarquismo. Dentro de lo considerado anarcofeminismo existen diferentes tendencias y visiones que se nutren y dialogan en la tarea de señalar y superar la condición doblemente oprimida de la mujer, tanto en las relaciones interpersonales patriarcales como por la explotación capitalista. Las primeras anarcofeministas (fines Siglo XIX), no se consideraban como tales, la categoría anarcofeminismo surgió con posterioridad, (en el último tercio del Siglo XX), como una forma de visibilizar las teorías, sujetos y prácticas por la emancipación femenina desde el anarquismo. En pocas palabras, podríamos decir que el anarcofeminismo es la ética anarquista expresada en el feminismo; es el feminismo contra toda forma de dominación, sea del patriarcado, el Estado, la iglesia o el capitalismo. Las anarcofeministas defienden que no puede existir construcción libertaria sin la asimilación de los principios feministas. De igual modo, una sociedad feminista demandaría para su nacimiento y sostén, el abrazo a los principios libertarios del anarquismo.

Tanto el feminismo como el anarquismo nacen y se desarrollan simultáneamente en contextos de lucha de clases. Ambas tendencias surgen como una crítica al nuevo orden del capitalismo y el Estado liberal. Frente a las revoluciones burguesas del siglo XVIII, el anarquismo gritó: ¡Esta revolución es de los capitalistas y no la del proletariado y las clases oprimidas! En una reflexión similar, el feminismo nos explicó que la emancipación política de la burguesía otorgó mayores privilegios a los hombres, sobre todo a los hombres burgueses, y sometió a las mujeres a la exclusión  del hogar y al patriarcado salarial1, dominación económica y política que afectó con mayor fuerza a las mujeres de las clases obreras y campesinas. Dentro de las exponentes más importantes del feminismo anarquista destacan activistas como las estadounidenses Emma Goldman y Voltairine de Cleyre, la francesa Louise Michel, la argentina Virginia Bolten, y en la región ibérica, compañeras como Teresa Mañé ―también conocida con el seudónimo de Soledad Gustavo― y Teresa Claramunt, de quien hablaremos en esta ocasión.

Teresa Claramunt nació en el seno de una familia de clase obrera, el 4 de junio de 1862 en Sabadell, una ciudad ubicada a 27 kilómetros al interior de Barcelona y que para la época presentaba un fuerte crecimiento textil-industrial. Durante sus primeros años de vida, Teresa se mudó a Huesca, pero volvió a su ciudad natal en 1875 2. Desde los 10 años trabajó en un taller junto a su padre, y desde los 13 en una fábrica textil3. En 1883 y con tan solo 21 años, participó en la «huelga de las siete semanas», un conflicto que exigía la reducción de la jornada laboral a diez horas diarias4. Un año más tarde, el 26 de Octubre de 1884, fundó junto a otras obreras la organización «Sección Varia de Trabajadoras anárquico-colectivista de Sabadell», núcleo revolucionario que abogaba por el colectivismo anarquista, que definían como “el trabajo en común, la propiedad colectiva de la tierra y de todos los instrumentos del trabajo y recibir o consumir cada persona tanto como produzca”5. Entre los fines de la organización se contemplaba la reivindicación feminista de “coadyuvar a la emancipación de los seres de ambos sexos”6. En esta organización, Teresa Claramunt propuso, consciente de la importancia de la formación política integral, la necesidad de la educación libertaria entre las obreras y los barrios populares de Sabadell7.

Teresa Claramunt también fue precursora de organizaciones feministas no mixtas. Junto a la anticlerical Ángeles López de Ayala y la espiritista Amalia Domingo Soler, fundó en 1889, la primera organización feminista de España, creada por y para mujeres: «La Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona», organización que desarrolló prácticas educativas orientadas en los valores anticlericales y libertarios. En el seno de dicha organización, que perduró hasta 1892 y contó con una escuela nocturna de enseñanza laica, se desarrollaron veladas instructivas, conferencias y actividades recreativas8.

Diversos campos del anarquismo y el quehacer social fueron motivo de análisis y escritura para Teresa Claramunt: el anti-clericalismo, el anti-militarismo, la educación libertaria, la solidaridad con los presos, y por supuesto, la emancipación femenina. “La mujer se ha de preocupar por su suerte ―escribía en el periódico Fraternidad―, ha de leer los libros que enseñan, como son las obras ácratas, ha de asociarse con sus hermanas y formar cátedras populares donde aprende a discutir o para ir aprendiendo lo que nos conviene saber. (…) La hermosa acracia, esa idea magna hará justicia a la mujer, para la acracia no existe raza, color ni sexo”9. Teresa Claramunt también incursionó en la dramaturgia con ‘El mundo que muere, el mundo que nace’, trabajo que firmó con el seudónimo de María Sánchez del Valle y que estrenó la Compañía Libre de Declamación, el 14 de marzo de 1896, en el Teatro Circo Barcelonés de la calle Montserrat, rodeado de un contingente de la Guardia Civil10.

El ejercicio político y sindical de Claramunt se desplegó en el contexto de una Catalunya que presentaba un fuerte desarrollo industrial, terreno que propició un nutrido asociacionismo obrero que interactuó con tendencias librepensadoras, anticlericales  y republicanas. En 1868 y por encargado de Mijaíl Bakunin, el italiano Giuseppe Fanelli realizó un viaje propagandístico con la tarea urgente de fundar secciones de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) en España. Durante su estadía, Fanelli fundó núcleos de la AIT en Madrid y Barcelona, a la vez que transmitió por primera vez en España las propuestas revolucionarias del anarquismo colectivista y los principios y finalidades del anarcofeminismo, ideas redactadas en el texto atribuido a Mijaíl Bakunin, "El Programa de la Alianza Internacional de la democracia Socialista", en cuyo primer punto abogaba porla abolición completa y definitiva de las clases y la igualdad social, política y económica de ambos sexos”11.

Fue así como llegaron a España las ideas que influenciaron a Teresa Claramunt y a gran parte del proletariado que se organizó a través de grupos anarquistas de agitación, ateneos, revistas y federaciones anarco-sindicalistas como FRE y luego la FTRE, donde Teresa tuvo una importante participación como organizadora en la industria textil, liderando sindicatos, huelgas, revueltas e infinitos mítines de labor propagandística que cimentaron cultural y orgánicamente a la histórica CNT y a Mujeres Libres, organizaciones protagonistas e impulsoras, junto a la FAI y JJLL, de la revolución anarquista de 1936. Considerando lo anterior podemos constatar que poco y nada de espontaneísmo hubo en la revolución de 1936, y sí muchos años de organización sindical, formación política, difusión y propaganda.

Teresa Claramunt se vio envuelta en una serie de episodios que marcaron toda una época de fuerte persecución contra el anarquismo y el movimiento obrero. En 1893 fue detenida y sometida a un consejo de guerra junto a su compañero Antonio Gurri, criminalizados ambos por ser los supuestos instigadores de las masas tras un acto político en el Teatro Calvo-Vico, donde a Teresa se le había negado el acceso. Claramunt fue entonces condenada a 4 meses de prisión y una multa de 125 pesetas, mientras su compañero fue absuelto por falta de pruebas12. Aquella detención y presidio, marcó el sendero de un largo transitar por juicios, cárcel y destierros.


La bomba del Liceo


A finales del Siglo XIX, el Estado español arremetió con una sanguinaria brutalidad en innumerables ocasiones contra las clases oprimidas y explotadas. Debido a esto, y como una forma de contrarrestar el poder de la burguesía y el Estado, algunos anti-autoritarios actuaron en atentados por motivaciones políticas o deseos de venganza. El 24 de septiembre de 1893, el obrero tipógrafo Paulino Pallás atentó fallidamente contra el capitán general de Cataluña, Arsenio Martínez Campos, con el balance de un muerto y ocho heridos. Como consecuencia de estos hechos, el poder ejecutó a Pallás el 6 de octubre de 189313. El 7 de noviembre del mismo año, el aragonés Santiago Salvador, ―según Teresa Claramunt, ‘desesperado por el fin de su amigo Pallás, y desesperado también por su triste posición económica’14― lanzó dos bombas Orsini mientras se representaba una ópera en el Teatro Liceo de Barcelona, imponente establecimiento de la Rambla frecuentado por la burguesía. De las dos bombas sólo una explotó, resultando una veintena de personas muertas. Rápidamente se desató una ola de represión y fueron detenidos cientos de anarquistas, entre ellos Teresa Claramunt, quien fue conducida a los calabozos de Montjuïc y poco después puesta en libertad15. No corrieron la misma suerte los anarquistas Archs, Sabat, Sogas, Siserol, Codina y Cepezuelo16, quienes fueron ejecutados por el Estado el 21 de mayo de 1894 en el Castillo de Montjuïc. Otros tantos fueron sometidos a largas condenas17. Santiago Salvador, quien logró escapar luego de la explosión, fue apresado en enero del año siguiente en Zaragoza y finalmente ejecutado por la burguesía con el método del garrote vil. Luego de la bomba al Teatro Liceo, un fuerte ambiente de satanización contra las ideas de acracia y libertad reinó en Catalunya y particularmente en la ciudad de Barcelona. Como suele suceder en estos casos, hubo personas que por el miedo unos y por malas interpretaciones otros, reaccionaron no desligándose del acto sino que rechazando el mote de anarquistas o directamente, renegando del anarquismo. Ante esto, la revolucionaria de Sabadell escribió:


Muchas veces oigo aberraciones como las siguientes: «Yo era anarquista; pero desde el hecho del Liceo, dejé de serlo». (…) Esos anarquistas que dejaron de serlo por tal o cual causa, y esos otros que han forjado un molde para que de él salgan los anarquistas derechos y perfectos, me hacen mucha gracia. Yo dejé de ser católica, no por las pillerías de algunos curas o gente católica sino porque al tener uso de razón comprendí que el catecismo católico era muy inferior a mi moral y a mis aspiraciones y aunque todos los católicos fueran buenos yo sería atea”18.


El proceso de Montjuïc


Tres años después de los hechos del Teatro Liceo, una nueva escalada represiva marcará tristemente la historia del movimiento obrero y anarquista: El Proceso de Montjuïc, una de las mayores persecuciones de todos los tiempos dirigidas por el Estado y la burguesía contra el anarquismo. El domingo 7 de junio de 1896, en la calle de Canvis Nous de Barcelona, al paso de la procesión religiosa del Corpus, estalló una bomba que causó seis muertos y más de cuarenta heridos de diversa gravedad. Ante esto, se desató una ola gigante de represión. En la cacería contra los libertarios hubo más de 400 detenidos19, entre los que se encontraba el matrimonio Claramunt-Gurri, quienes fueron apresados por la Guardia Civil el 14 de junio de 1896 en su casa de Camprodón (Girona). Las consecuencias del Proceso de Montjuïc  fueron devastadoras, el movimiento anarquista en Catalunya fue casi completamente desarticulado. Junto con encarcelar y desterrar a compañeras y compañeros, el poder clausuró revistas como El Productor, La Tramontana y Ciencia Social20. Entre los represaliados no solo había anarquistas, también se encontraban dirigentes sociales de diferentes tendencias. Muchos de los detenidos fueron deportados y otros llevados al Castillo de Montjuïc, donde sufrieron horribles torturas y toda clase de vejámenes. Teresa en un primer momento fue conducida a la cárcel de mujeres de calle Amalia, donde permaneció tres meses bajo la custodia de monjas carceleras21, para posteriormente ser trasladada hasta el cerro de Montjuïc, la montaña maldita. A Claramunt le esperaba un calabozo ‘malísimo, húmedo, lleno de ratones y moscas, el jergón tenía muchos piojos y otros insectos repugnantes’22.

El Juicio se desarrolló a puerta cerrada entre el 11 y el 15 de diciembre de 1896. A pesar de que se buscaba la ejecución 28 personas, finalmente el Estado fusiló el 4 de mayo de 1897 a cinco anarquistas: Ascheri, Más, Nogués, Molas y Alsina. A otros 57 anarquistas se condenó a cadena perpetua, entre ellos figuró Claramunt como la única mujer23. De este modo lo relató luego Teresa Claramunt: "Los oficiales dieron la orden de fuego. Los soldados dispararon contra sus propios hermanos, desheredados como ellos. En el espacio envuelto entre el humo de las detonaciones se multiplicaba este grito de las víctimas: ¡Somos Inocentes! ¡Viva la Anarquía! ¡Muera la Inquisición!" 24.

Meses más tarde el Estado, desprestigiado y presionado por campañas de solidaridad anti-autoritaria, concedió a muchos de los represaliados en El Proceso de Montjuïc, conmutar las condenas por el exilio. Algunos fueron a París, otros a Londres, como es el caso de Teresa Claramunt, quien se detuvo un tiempo en aquella ciudad para luego trasladarse a Francia, desde donde vuelve a Barcelona en 1898. Desde allí continuó su incansable actividad como militante anarcosindicalista, agitadora antiautoritaria y articulista de la prensa ácrata, destacándose como editora de los periódicos anarquistas El Rebelde y El Productor.


El feminismo en Teresa Claramunt


Para Teresa Claramunt, la profunda desigualdad que existe entre hombres y mujeres no se debe a causas naturales sino que es consecuencia de la organización capitalista y patriarcal de la sociedad, en donde gobierna el machismo, el poder del clero, la propiedad privada, el látigo del salario y el Estado. Sociedad mercantil donde las mujeres son peor pagadas que los hombres y muchas veces se ven obligadas a casarse o recluirse en conventos  a cambio de una supuesta protección. En este orden social jerárquico, la mujer obrera es doblemente oprimida, tanto por la dominación masculina como por la opresión del capitalismo. "En el taller se nos explota más que al hombre, en el hogar doméstico hemos de vivir sometidas al capricho del tiranuelo del marido, el cual por sólo el hecho de pertenecer al sexo fuerte se cree con el derecho de convertirse en reyezuelo de la familia" 25.

Teresa Claramunt por momentos puede consentir la idea de que los hombres poseen, en general, mayor fuerza física que las mujeres, sin embargo, ello no es una razón de peso ―o éticamente válida desde la subjetividad anarquista― para admitir la superioridad de los hombres, ya que “en el orden moral la fuerza se mide por el desarrollo intelectual, no por la fuerza de los puños. Siendo así, ¿por qué se ha de continuar llamándonos sexo débil?” 26.

En una interesante reflexión acerca de la organización política general de la sociedad, Teresa Claramunt reconoció que ya no vivimos una época en que la fuerza muscular individual asegure el poder político. En el actual estado de cosas, el poder se concentra y distribuye a través de una compleja red de vínculos burocráticos y legales desde la organización jerárquica y piramidal del Estado y sus organismos específicos de represión. Bajo este orden, ―o desorden como diría Piotr Kropotkin― poco importa si los que dirigen el Estado son físicamente fuertes o se encuentran de escasa vitalidad. “Si existiéramos en la época en que la fuerza muscular era signo de poder al cual se sometían los de débil construcción orgánica, claro está que las mujeres seríamos inferiores ya que la Naturaleza ha tenido el capricho de someternos a ciertos periodos que debilitan nuestras fuerzas musculares y hacen que nuestro organismo esté más propenso a la anemia. Mas hoy, por fortuna, ningún poder, ningún valor se le reconoce a la fuerza muscular. En el orden político, una mujer endeble, un niño enfermizo, un neurótico, un tísico o un sifilítico son elevados por la ignorancia a los más altos sitios del poder para dirigir desde allí la nave del Estado”27.

Una importante causa de la dominación de la mujer estriba, según Claramunt, en el absurdo y falso principio de la superioridad masculina. Sobre dicha falsedad se fortalece la sociedad patriarcal que a su vez ha facilitado la organización de una sociedad dividida en clases. La dominación del hombre por sobre la mujer en el ambiente familiar es una práctica que naturaliza las relaciones de dominación en otros ámbitos de la sociedad. Una vez el hombre, padre de familia o marido se acostumbra a dominar, extiende estas prácticas al resto de la sociedad. La familia patriarcal es, por tanto, un importante factor de disciplinamiento que propicia el desarrollo de una sociedad injusta y autoritaria. En palabras de Teresa Claramunt, el “falso y perjudicial principio de la desigualdad ha venido imperando hasta nuestros días, extendiéndose hasta caer en el vergonzoso extremo de dividirse los hombres en clases y subdividirse éstas al infinito, por la separación que crea el torpe afán de excederse cada uno a los demás. Una vez cultivados por los hombres los antagonismos de sexo, los frutos habían de envenenar su espíritu, haciéndoles despóticos y tiranos con sus semejantes. Empezaron siéndolo con las mujeres, por ser más fácil, pero luego el afán de dominar les ha hecho feroces”28.

Para Teresa Claramunt, “la mujer es y ha sido para el hombre un ser incapacitado para todo y, salvo muy honrosas excepciones, nadie durante tantos siglos la ha defendido de esa usurpación de facultades. Se la ha considerado como eterno niño”29. Paternalismo como superioridad que a su vez se extiende a los hijos, entre hermanos e incluso hasta las mascotas del hogar. “El padre es el primer jefe, ante él nadie chista, luego sigue la madre con parecidas pretensiones despóticas, y como el mal ejemplo cunde los niños mayores ejercen de mandones con los más pequeños, y éstos se desquitan con el perro, el gato y los muebles, cuando no hay otra cosa. ¿Cuántas veces habremos oído a niños pequeños exclamar con coraje: ¡Ah! cuando yo sea grande?...Terribles consecuencias del odioso afán de superioridad”30.

Claramunt piensa que la mujer no debe esperar que el hombre remedie sus males. Ella misma debe emanciparse a través de la instrucción y la asociación. No obstante, el hombre debe facilitar la liberación de la mujer y no relegarla a un oscuro rincón del hogar, estimulando la participación de las mujeres en las distintas actividades de la vida social. En una conferencia impartida en el Ateneo Obrero de Sabadell, así cuestionaba a sus camaradas: “¿No es verdad compañeros que os gusta hablar de unión y de revolución social? Pues bien, si os gusta voy a dirigirme a vosotros, y empezaré diciéndoos: ¿Cómo que en este Ateneo sois más de 300 que os llamáis anárquicos y somos tan pocas las asociadas?, todos tenéis esposa e hijas o hermanas, pues si sois como os llamáis anárquicos, ¿por qué no la traéis a nuestra federación?”31.

En Teresa Claramunt leemos avanzadas descripciones que se acercan bastante a las actuales críticas contra la héteronorma como bastión de disciplinamiento de la sociedad patriarcal. Héteronorma que se transmite a las personas desde muy temprana edad a través de la asignación de roles diferenciados de acuerdo al sexo y género. Observamos así, como en el temprano feminismo anarquista están, como lúcidamente señala Ana Ortiz32, las bases y expresiones críticas del feminismo del último tercio del Siglo XX. De este modo lo aborda Teresa Claramunt:

“A la mujer se la esclaviza desde la infancia, con pretextos de que a las niñas no les está bien ciertos juegos, juegos que fortificarían sus músculos, pero los padres preocupados por una inhumana moral retienen junto a la madre a la niña que sentadita ha de jugar a mamás con sus muñecas. En el colegio igualmente, la niña recibe una educación mucho más deficiente que el hombre ya que entre rezos y labores le hacen emplear todo el tiempo. Cuando ya mujer, continúa presa en las redes del rutinarismo.

Si ama y no se ha fijado en ella el objeto de su amor, debe ahogar en su corazón ese juego magno, vida de la vida. Sólo al hombre le es permitido exponer el estado de su ánimo, sólo al hombre le es permitido declarar su amor, sólo al hombre le es permitido solicitar al ser por el cual siente afinidad. ¡Cruel privilegio! ¡Inhumana desigualdad!”33.

En el discurso feminista de Teresa Claramunt, la igualdad no significa que todos seamos iguales en el sentido homogeneizante: "La igualdad que queremos los anarquistas no es en lo físico, sino en la satisfacción de nuestras necesidades"34, afirmaba. Dicha noción, típicamente anarcofeminista, supone la igualdad como una relación social que se desarrolla en horizontalidad, donde nadie subyuga al otro y en donde la competencia y la opresión sobre las que se erigen el capitalismo y el patriarcado, son reemplazadas por relaciones sin dominación libremente acordadas.

En 1891 y como consecuencia de la represión durante la huelga general de Zaragoza, Teresa Claramunt fue nuevamente encarcelada y condenada a cuatro años de prisión. Desde entonces su salud, según Soledad Gustavo, empezó paulatinamente a empeorar35. Claramunt murió a la edad de 69 años, el sábado 11 de abril de 1931 en Barcelona, tres días antes de que se declarase la II República. “Teresa Claramunt ha muerto ―escribió Francisco Madrid―. Fue en un momento heroína de la ciudad. Su nombre vagaba por los labios de la gente con la misma devoción que en París se pronunciaba el nombre de Louise Michel”36. A su funeral concurrieron miembros de la FAI y diversas delegaciones de la CNT. Federica Montseny, quien consideraba a Teresa Claramunt su segunda madre, expresó: “¡Teresa, Santa y querida Teresa! Has muerto pero vives en el alma, en el pensamiento, en el corazón de cuantos te quisimos, en el corazón de todos tus hermanos, tus hijos ideales; de todos los que profesamos tu misma fe ardiente y militante en el porvenir del hombre y del mundo, en la anarquía, y que de tu vida, de tu ejemplo, toman savia e ímpetu”37.


Consideraciones finales


Se suele decir bastante a la ligera, que el feminismo ha sido un movimiento que tiene un origen burgués. Entrar en esa discusión de forma integral ameritaría otro artículo. Sin embargo, a través de Teresa Claramunt podemos observar que el feminismo obrero y anarquista no solo existió sino que fue un pilar fundamental en las luchas anarquistas y obreras de fines del Siglo XIX y principios del XX. El anarcofeminismo se expresó no sin la oposición por parte del machismo imperante tanto en el movimiento obrero como en las estructuras de dominación constituidas. A pesar de ello, Teresa Claramunt en conjunto con mujeres como Soledad Gustavo, su compañera y amiga, lograron cimentar las bases ideológicas y culturales del anarcofeminismo de la región ibérica, ideas que pronto llegaron a Sudamérica. De hecho, Teresa Claramunt fue presentada en Argentina por el periódico anarcocomunista, fundado por Errico Malatesta y continuado por Fortunato Serantoni, La Questione Sociale38 y publicada en la región chilena por el diario La Agitación en 190139.

Actualmente la democracia estatal y el parlamentarismo son presentados a través de los medios de comunicación hegemónicos como las únicas formas de organización políticas posibles y deseables, cuando en los hechos estas formas jerárquicas de organización son funcionales a la dominación del capitalismo y el patriarcado. La institucionalización de las luchas, que no es más que la integración de los sujetos políticos al aparataje estatal, ya sea directamente o por subvenciones, ha provocado una fuerte crisis en los movimientos sociales anticapitalistas y feministas40. En el contexto de la región chilena, tal mecanismo de la clase dominante se puede apreciar con nitidez a través de la integración en los organismos gubernamentales de elementos del movimiento estudiantil que protagonizaron la revuelta del 2011. Dicha integración en el aparataje estatal, ha propiciado una fuerte desarticulación y pérdida de capacidad de movilización de las clases oprimidas y explotadas, y por ende, el fortalecimiento del capitalismo liberal y la mercantilización de la existencia.

Recordar las enseñanzas del feminismo y anarco-sindicalismo de mujeres como Teresa Claramunt ―ya sea directamente de su obra o a través de su influencia en el entorno cultural y político de Mujeres Libres y CNT― es fundamental para adquirir las herramientas teóricas, históricas y prácticas para fortalecer la resistencia contra toda forma de dominación. Será a través del anarcosindicalismo, el apoyo mutuo, la organización comunitaria y horizontal que construiremos las bases para abolir el patriarcado y el capitalismo, y no a través del Estado, el parlamentarismo y el electoralismo burgués como nos ‘invita’ el estatismo y la clase dominante a través de la represión y los medios de comunicación. No acabaremos con las jerarquías creando más jerarquías. No acabaremos con la dominación del patriarcado fortaleciendo a instituciones como el Estado y los parlamentos, que si bien son estructuras posteriores a la organización patriarcal de la sociedad, a la vez nutren y fortalecen el patriarcado consolidando y reproduciendo desigualdades y opresiones expresadas en el trabajo asalariado, la propiedad privada, la militarización de los espacios y trayectos, la destrucción del ecosistema, la mercantilización de las relaciones sociales y el control del cuerpo, y sobre todo en el control del cuerpo de la mujer como máquina reproductora de vida y ganancias para la clase dominante. Por todo lo anterior, el feminismo anarquista se posiciona hoy como un campo amplio de batalla contra los patriarcados y dominaciones. Es a través de las relaciones anarquistas que construiremos un mundo libre en igualdad, pero no esa igualdad liberal como seres igualmente dominados por el Estado y el Capital, tampoco esa igualdad entendida como seres ‘idénticos’ unos de otros, sino que como bien sentenció Claramunt, «La igualdad que queremos los anarquistas no es en lo físico, sino en la satisfacción de nuestras necesidades».





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(1)  Silvia Federici en el Libro Calibán y la Bruja, desarrolla el concepto de Patriarcado Salarial o también llamado Patriarcado del salario. Lo explica como el proceso de exclusión de las mujeres del salario y que a su vez propició más poder a los hombres sobre las mujeres. La proliferación del trabajo asalariado generó la falsa idea de que el trabajo doméstico y reproductivo no es un trabajo, cuando en la práctica es un trabajo fundamental para el desarrollo económico. Este proceso no solo se expresó en los trabajos asalariados sino que también en las relaciones monetarias del artesanado, "política, que hacía imposible que las mujeres tuvieran dinero propio, creó las condiciones materiales para su sujeción a los hombres y para la apropiación de su trabajo por parte de los trabajadores varones". (Silvia Federici, El Calibán y la Bruja)
(2) Teresa Claramunt, La virgen roja barcelonesa - María Amalia Pradas Baena (Pág. 28) De ahora en adelante: TC, Lvrb, Mapb.
(3) Teresa Claramunt. Des de l’altra banda de la «perfecta casada». La dona sotmesa al «tirano de blusa y alpargata» – Laura Vicente Villanueva https://patagonialibertaria.files.wordpress.com/2015/01/teresa-claramunt191192-263616-1-pb.pdf
(4) TC, Lvrb, Mapb, Pág. 23.
(5)  La asociación de la muger, Los Desheredados, Sabadell, 1-XI-1884, TC, Lvrb, Mapb, pág. 164
(6) Ibíd.
(7)  “La compañera Teresa Claramunt y con admirable sentido práctico propuso un medio de comunicarse: la enseñanza mutua sin gastos ni dilaciones, reducidos a que por turnos y en las primeras cuatro horas de la mañana de cada día festivo pasen las compañeras de cada calle a casa de la que estando más instruida dirija a las demás, así en labores como en administración de casa, lectura, escritura, cuentas, etc. Esta valerosa catalana mereció el aplauso unánime de las compañeras, aprobándose su proposición”. (Ibíd.)
(8) TC, Lvrb, Mapb, Pág. 111
(9) A la mujer –Fraternidad, Gijón, 23-X-1899  (TC, Lvrb, Mapb, Pág. 186)
(10)“Según informa La Tramontana (20 de marzo de 1896), el estreno de la obra fue una  auténtica «fiesta proletaria», y la representación tuvo lugar con el local rodeado por las fuerzas de la Guardia Civil; una vez finalizado el acto, desde el Gobierno Civil se determina la detención de la autora, que no prosperó inicialmente, pero que se produciría unos meses más tarde al ser detenida en Camprodon por la supuesta implicación en el atentado de Canvis Nous (Ibíd. Pág. 120)
(11)Programa y Estatutos de la Alianza de la Democracia Socialista – Mijaíl Bakunin: “Este texto, muy influenciado por Bakunin y sus compañeros, fue la base de la creación de la Internacional en España entre 1870 y 1872. De hecho, es casi una traducción literal del “Programa de la Alianza Internacional de la democracia Socialista” creada en 1868 (documento traído por Fanelli a España) reproducido por James Guillaume en el tomo I de “L’Internationale”, pp. 132-133, en 1905” Frank Mintz  https://miguelbakunin.wordpress.com/2008/07/24/programayestatutos/
(12)TC, Lvrb, Mapb (Pág. 47)
(13)Ibíd. (Pág. 49)
(14)Bombas patronales – Por Teresa Claramunt (Compilado en TC, Lvrb, Mapb, Pág.  239)
(15)TC, Lvrb, Mapb (Pág. 49)
(16)Desde la inquisición al terrorismo - El Rebelde, Barcelona, 14-III-1908 (Compilado TC, Lvrb, Mapb, Pág. 295)
(17) Ejecuciones en Montjuïc – Página de CNT Puerto Real http://puertoreal.cnt.es/bilbiografias-anarquistas/4667-ejecuciones-en-montjuic.html
(18)Suplemento de la Revista Blanca, núm. 56, Madrid, 9-VI-1900  (Compilado en TC, Lvrb, Mapb, Pág. 131)
(19) Antología Documental del Anarquismo Español Volumen 1:De la Primera Internacional al Proceso de Montjuic (1868-1896) III.2 (Pág. 60)
(20)Teresa Claramunt, La virgen roja barcelonesa - TC, Lvrb, Mapb, Pág. 50)
(21)Las mujeres anarquistas y la represión de fines del siglo XIX en Barcelona (1893-1900) Antoni Dalmau i Ribalta
(22)Fragmento del relato de Teresa Claramunt de su estancia en el castillo de Montjucïc, recogido en: SEMPAU, Ramón, op. cit., pp. 383-390. (Citado en TC, Lvrb, Mapb, Pág. 52.
(23) El resultado de la sentencia en: BO I SINGLA, I., op. cit., pp. 147-150. (Citado en TC, Lvrb, Mapb, Pág. 55. 
(24)El Productor, Barcelona, 29-III-1905 (Compilado en TC, Lvrb, Mapb, Pág. 264) 
(25)A la mujer – Por Teresa Claramunt, Fraternidad, Gijón 23-X-1899- Compilado en TC, Lvrb, Mapb, Pág. 186)
(26)Ibíd.
(27)Ibíd.
(28)La mujer, Consideraciones generales sobre su estado ante la prerrogativa del hombre – Por Teresa Claramunt. Biblioteca de El Porvenir del Obrero, S.A., Mahón, 1905 –(compilado en  TC, Lvrb, Mapb, Pág. 199)
(29)Ibíd.
(30)Ibíd.
(31) Conferencia impartida en el Ateneo Obrero de Sabadell. Los Desheredados, Sabadell, 13-II-1885 (compilado en  TC, Lvrb, Mapb, Pág. 166)
(32) Video-conferencia ‘Cátedra de Pensamiento Anarquista: Anarcofeminismo y Heteropatriarcado’ http://www.portaloaca.com/videos/charlas/9457-video-catedra-de-pensamiento-anarquista-anarcofeminismo-y-heteropatriarcado.html
(33) ‘De la mujer’, por Teresa Claramunt. Humanidad Libre, Valencia, 8-III-1902 , Compilado en  TC, Lvrb, Mapb, Pág. 193)
(34)Teresa Claramunt - Igualdad - El Porvenir del Obrero, Mahón, 27-III-1906 (Compilado en  Ibíd. Pág.  282)
(35)Revista Blanca. Barcelona, 1. Mayo 1931 (Disponible Hemeroteca Digital ‘Biblioteca Nacional de España’ http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0002923086& )
(36)«La Virgen Roja», Por Francisco Madrid, La Noche, Barcelona, 11-IV-1931. (Citado en TC, Lvrb, Mapb, Pág. 94)
(37)«Teresa Claramunt, o una vida heroica», Por Federica Montseny, El Luchador, 24- IV-1931. (Citado en C, Lvrb, Mapb, Pág 94)
(38) La Questione Sociale, periódico fundado por Errico Malatesta, inicialmente en Italia y luego en Argentina por el mismo Malatesta. Posteriormente será re-editado en Argentina por Fortunato Serantoni. En sus páginas se  señalará en 1894: “De ahora en adelante la sección castellana de la Questione Sociale habrá por colaboradores los principales escritores anarquistas de España, entre ellos los compañeros Juan Montseny, José Prat, Ricardo Mella, Anselmo Lorenzo, y nuestras valientes compañeras Soledad Gustavo, de Reus, y Teresa Claramunt, de Barcelona”. (La Questione Sociale: rivista mensile di studi sociali, nro. 6, 15 de diciembre de 1894.) Citado por Laura Fernández Cordero en «Queremos emanciparos: anarquismo y mujer en Buenos Aires de fines del XIX» Revista Izquierdas, III, 6 (2010) https://patagonialibertaria.files.wordpress.com/2014/12/queremosemanciparos.pdf
(39)Diario La Agitación. Chile: 1901. Mujeres anarquistas del 1900. Teresa Claramunt:  "De molde”   https://www.nodo50.org/mujerescreativas/Teresa%20Claramunt.htm
(40) Para profundizar al respecto, recomiendo consultar el libro ‘Revolución en Punto cero’ de Silvia Federici.





En este Periódico Teresa Claramunt publicó el escrito 'De la Mujer'




domingo, 5 de abril de 2015

Silvia Federici: "Las diferencias no son el problema, el problema es la jerarquía"

La siguiente entrevista data del año 2012 y fue publicada en el portal La Hiedra, en la cual "Federici, autora del libro Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, nos explica qué significó la caza de brujas para el capitalismo y los procesos de expropiación de los cuerpos, los saberes y la reproducción de las mujeres. La entrevistó Manel Ros."

¿Por qué crees que era necesario un libro sobre las brujas y la caza de brujas?

El libro sobre las brujas nace como parte de la búsqueda que empecé en los 70, búsqueda que estaba conectada con los debates que tenían lugar en el movimiento de las mujeres. Había debates sobre el origen de la discriminación de las mujeres, las razones sobre la diferente posición de las mujeres en la sociedad capitalista respecto a los hombres. Antes que nada quería entender por qué las mujeres todavía están discriminadas. Tenía una teoría, pero estaba interesada en demostrar que esta discriminación no estaba basada en la tradición, sino que, de hecho, es algo que fue construido en las sociedades capitalistas. Dicho de otro modo, el patriarcado no es un legado del pasado, sino que más bien ha sido refundado por el capitalismo.

Yo formaba parte de una organización de mujeres, como Maria Rosa Dalla Costa o Selma James, entre otras, que habíamos desarrollado la teoría y veníamos de una tradición anticapitalista, marxista, de lucha de clases, pero teníamos una posición crítica respecto a la clásica interpretación marxista de la posición de las mujeres en la sociedad. Nuestra visión era que las mujeres están discriminadas en el capitalismo, no por el sistema productivo que crea la división del trabajo, y no porque el trabajo que hacen no sea importante, sino porque el trabajo no es remunerado.

Desarrollamos la idea de que, en el capitalismo, existe una organización del trabajo que tiene dos componentes: la producción de mercancías y la de fuerza de trabajo para el mercado. Las mujeres llevan a cabo la producción de la fuerza de trabajo, y la discriminación viene del hecho de que este trabajo se ha vuelto invisible. Así que el poder social, por muy limitado que sea, que tiene el trabajador masculino, debido a que cobra un sueldo y que su trabajo está reconocido, no lo tienen las mujeres. Pero la realidad es que, si observamos el capitalismo a través del trabajo asalariado, que incluye trabajo asalariado y trabajo no asalariado, veremos como la relación salarial es mucho más compleja que si sólo tenemos en cuenta el trabajo asalariado, puesto que el trabajo asalariado incluye también mecanismos de exclusión; incluye, como de hecho dice Marx, mecanismos para la extracción de trabajo no asalariado.

En el caso de las mujeres, de alguna manera este trabajo es el más importante porque crea a las personas que trabajan, ya que no puedes hacer coches si no tienes quien los haga. Nosotros decimos que la cadena de montaje empieza en la cocina, en el lavabo, en nuestros cuerpos. El capitalismo ha entendido esto, puesto que es el sistema de explotación que más que cualquier otro ha enfatizado la importancia del trabajo. Así que tiene muy claro que las mujeres son el sujeto productivo más importante, pero para mantener esta producción de la forma más barata posible, este trabajo se ha hecho invisible. Quise estudiar la historia para tratar de comprenderlo, empezando por el siglo XIX y después más atrás, donde me encontré con la caza de brujas.

¿Qué descubriste cuando te adentraste en el estudio de la caza de brujas?

Fue un choque, porque conocía a las brujas, pero siempre había sido una historia que nunca sabías si había sido real o una fantasía. Pero cuando empecé a estudiarlo e investigarlo, me di cuenta de que me estaba enfrentando a un fenómeno que era extremadamente importante y que, además, se dio de forma simultánea con el cercamiento (enclosure en inglés), la expulsión del campesinado de sus tierras, el proceso de colonización y el comienzo del tráfico de esclavos.

Todo esto hizo que me diera cuenta de que todo este proceso era fundamental para el desarrollo de la sociedad capitalista, de que era uno de sus fundamentos más importantes. Es interesante, también, porque muchos de estos procesos están basados en la exterminación: del sujeto colonial, de la gente africana que sufrió el tráfico de esclavos y también de las brujas. Entendí que todos estos fenómenos están conectados, y que son parte de la acumulación capitalista, de la acumulación de la clase trabajadora, de la acumulación de fuerza de trabajo. Esta fue la perspectiva desde la cual empecé a mirar la caza de brujas, y que me llevó hacia muchos caminos y muy diferentes.

Empecé a entender que el desarrollo del capitalismo, como fue descrito por Marx, tenía que, no ya ser reescrito -porque creo que el trabajo de Marx es muy acertado y muy potente, además de muy útil para estos días, de hecho pocas cosas se podrían cambiar-, sino apuntar a otra historia que Marx no vio.

Tú has estudiado mucho a Marx y hablas mucho de él en tu libro, pero a la vez dices que Marx no vio la historia desde el punto de vista de las mujeres. ¿Qué podemos aprender de Marx y qué tenemos que reformular?

Para mí, lo más importante de Marx es su teoría sobre la explotación, la importancia que da al salario, no sólo lo que significa a nivel de tener dinero, sino también lo que significa cuando se trata de organizar la sociedad, de organizar no sólo la fábrica habitual, sino también la fábrica social. A la vez, su explicación de la acumulación primitiva u originaria continúa siendo fundamental. Marx todavía nos sirve para explicar hoy en día qué pasa en el mundo con respecto al desarrollo capitalista, pero la base del trabajo de Marx era que, bajo el capitalismo, el sujeto revolucionario sería el trabajador asalariado, y que la lucha por la transformación del mundo y por la transición al comunismo tendría lugar en el terreno del trabajo asalariado.

Pero Marx no tenía un conocimiento profundo del proceso que se da en el capitalismo y que produce la fuerza de trabajo. Si leemos el primer volumen de El Capital de Marx sobre la teoría de la plusvalía, donde describe la producción de fuerza de trabajo, encontraremos que la forma en que describe la producción es extremadamente limitada y reducida. Para Marx, la producción de la fuerza de trabajo está totalmente limitada dentro de la producción de mercancías. El trabajador tiene un salario, con el salario compra la mercancía, la utiliza y se reproduce a sí mismo, en ningún caso sale del círculo de la mercancía. Por lo tanto, toda el área del trabajo reproductivo, que es tan importante y vital para las sociedades capitalistas, y toda la cuestión de la división sexual del trabajo, está totalmente ausente. Es importante señalar que el hecho de ver todas estas otras áreas no significa incluir un quinto capítulo en el primer volumen de El Capital.

De hecho se dice que tu libro es la parte no escrita de El Capital de Marx…

Creo que si así fuera sólo añadiríamos cosas, pero de lo que se trata es de repensarlo de forma conjunta. Siempre digo que lo que he intentado hacer no es escribir la historia de las mujeres en el capitalismo, sino la historia del capitalismo desde el punto de vista de las mujeres y la reproducción, que de hecho es muy diferente. Si escribes la historia de las mujeres en el capitalismo, dices: de acuerdo, tenemos la historia de los hombres y ahora haremos la historia de las mujeres, pero escribir la historia del capitalismo y de su origen desde el punto de vista de lo que les pasa a las mujeres o lo que pasa con la reproducción, que para mí están muy conectadas la una con la otra, hace repensar todo el conjunto desde otra perspectiva.

El trabajo contractual dentro del capitalismo está acompañado de una cantidad inmensa de trabajo no libre, no asalariado y no contractual. Es entonces cuando empiezas a entender por qué a través de la historia del capitalismo tienes colonización de una forma continuada, igual que las diferentes formas de esclavitud. Aceptar que el trabajo no libre y no asalariado es fundamental, y que no sólo tiene como objetivo extraer riqueza de la gente trabajadora, sino también una forma de organizar la sociedad, es muy importante. La supervivencia de las relaciones no libres es algo fundamental y forma parte del maquillaje genético de las sociedades capitalistas. Mirando el capitalismo desde el punto de vista de la reproducción, lo que yo denomino la reproducción de la fuerza de trabajo ha sido muy importante para llegar a entender el capitalismo, y esto es algo que no encuentras en Marx.

Volviendo al libro, hay un momento en que argumentas que, durante la Edad Media, la división del trabajo no comportaba necesariamente la opresión de las mujeres.

En muchas sociedades, antes de los procesos de colonización, los hombres y las mujeres tenían tareas diferentes, y existía una división de las tareas. De hecho, en muchas sociedades, por ejemplo en Nigeria, los hombres y las mujeres trabajaban en la agricultura y unos y otras plantaban cosas diferentes y se organizaban de formas diferentes. Incluso hay casos en que los hombres y las mujeres utilizaban palabras propias. De este modo, las mujeres no dependían de los hombres, tenían acceso a sus propias cosechas y las utilizaban para auto subsistir si era necesario. Así que el hecho de hacer tareas diferentes no implica automáticamente grados de poder diferentes: la cuestión es qué valores están asociados a estas diferencias.

Tuvimos muchos debates en el movimiento feminista sobre la clase de sociedad que queríamos. ¿Queremos una sociedad donde no se utilice la categoría hombre o mujer? ¿O queremos una sociedad que tenga alguna forma, no de especialización, pero sí de diferenciación, porque después de todo las mujeres tenemos la capacidad de tener hijos o hijas? Tal como yo lo veo, las diferencias no son el problema, el problema es la jerarquía. La jerarquía hace que las diferencias se vuelvan una fuente de discriminación, de devaluación y de subordinación. No es necesario construir una sociedad donde no hayan diferencias; y quizás decidamos que algunas diferencias son buenas.

También hablas sobre cómo la acumulación primitiva de capital también supuso la acumulación y la división de las diferencias, no sólo en la clase trabajadora, sino también con respecto a género, etnia y edad.

Marx dijo varias veces que cuando hablamos de acumulación primitiva, de lo que realmente estamos hablando es de la acumulación de trabajo. Lo que hace el capital en su primera fase de desarrollo es la acumulación de la clase trabajadora. Otro aspecto de la acumulación es la división, la acumulación de la división, que es el momento fundacional del racismo y del sexismo. Yo siempre insisto una y otra vez en la importancia de esto, incluso hoy en día. El hecho de que el capitalismo pueda organizar diferentes regímenes de trabajo ha sido una de las armas más poderosas que ha utilizado para parar los procesos revolucionarios. Primero, porque divide a la gente, segundo, porque puede utilizar algunos grupos a los cuales delega poder, como, por ejemplo, delegando poder en los hombres para controlar el trabajo de las mujeres. Otro ejemplo: a través del uso del salario, el capitalismo ha podido esconder muchas áreas de explotación, como el trabajo doméstico, y hacerlas aparecer como naturales. La construcción ideológica de las diferencias está estrechamente relacionada con la construcción material.

¿Podemos decir, entonces, que los hombres se benefician del trabajo de las mujeres?

Sí y no. La delegación del poder tiene una función importante para el capitalismo, una función también desde el punto de vista del hombre trabajador asalariado. El trabajo reproductivo ha reproducido al trabajador hombre, permitiéndole no volverse loco mientras no trabaja y poderse presentar al puesto de trabajo en condiciones día tras día. Por lo tanto, hay una reproducción, pero también es una reproducción para el mercado de trabajo.

El trabajo reproductivo tiene este carácter relacionado con el trabajo, pero a la vez, si miras la historia de las luchas de las mujeres referentes al trabajo reproductivo, podemos ver dos dimensiones: la reproducción del individuo para el mercado de trabajo y, a la vez, la reproducción de la lucha. Entender el carácter del trabajo reproductivo ha permitido a las mujeres rechazarlo, porque reconoces que sí, reproduces a tus hijos, algo muy importante, limpias los platos, la ropa, les das de comer, pero en esta reproducción está también la disciplina, la cual también reproduces.

El capitalismo ha organizado, a través del trabajo, las relaciones entre la producción para el mercado y la reproducción, el trabajo de los hombres y de las mujeres, de tal manera que la mujer se ha transformado en la sustituta de la tierra que han perdido los hombres, convirtiendo a la mujer en los nuevos comunes. El capitalismo ha permitido a los hombres utilizar el trabajo y el cuerpo de las mujeres como un gran común. A corto plazo hay un beneficio inmediato, pero hay una gran pérdida a largo plazo. Hay un beneficio inmediato porque hay una reproducción, pero entonces te reproduces de una manera concreta que a la larga conforma un tipo de esclavitud al mercado de trabajo capitalista.

Hay un debate también dentro del movimiento feminista sobre la cuestión de si las mujeres tendrían que tener un salario por el trabajo doméstico. ¿Qué piensas?

Estuve cinco años en una organización que llevó a cabo una campaña internacional que luchaba a favor de un salario para el trabajo doméstico. En 1972 en Italia fundamos un colectivo internacional bajo el nombre de Colectivo Feminista Internacional, con el cual lanzamos la campaña internacional Salario por el Trabajo Doméstico (Wages for Housework). Lo que decíamos era que el salario para el trabajo doméstico es muy importante.

Antes que nada tiene muchas funciones. Es diferente cuando el trabajador asalariado lucha por mejoras salariales y cuando el esclavo lucha por un salario, y hacíamos esta analogía entre el ama de casa y el esclavo, porque antes que nada estamos haciendo visible el trabajo que se hace, puesto que la invisibilidad ha sido una de las causas fundamentales de nuestra opresión. Así que lo primero era hacer visible nuestra explotación, dejando claro que esto es trabajo, es trabajo que produce capital. De este modo, cuando pedimos un salario por el trabajo doméstico estamos creando un espacio de lucha, haciendo visible la explotación y haciendo visible nuestra relación con el capital y el estado, saliendo de la realidad del trabajo doméstico, saliendo de la idea de que el trabajo doméstico es un servicio personal. Segundo, la falta de dinero por el trabajo que hacemos nos convierte en dependientes de los hombres, así que trabajas, pero después tienes que pedir dinero para vivir.

El salario para el trabajo doméstico permitiría a las mujeres tener algún tipo de autonomía económica de los hombres, no del capital, y esto, de hecho, ya sería un cambio importante en las relaciones con los hombres y la sociedad. Tercero, cuando salen a buscar un trabajo, muchas veces las mujeres consiguen trabajos relacionados con el trabajo doméstico y, acostumbradas a hacer este trabajo gratuitamente, es más probable que acepten salarios más bajos. Así que luchando por un salario para el trabajo doméstico se rompen toda una serie de dependencias, invisibilidades y naturalidades a la vez que se abre un espacio de lucha. No lo vemos como un fin en sí mismo, sino como un movimiento de una lucha más general donde podemos conseguir involucrar a muchas mujeres, porque, aunque no hagamos trabajos domésticos, todas somos amas de casa de alguna manera, puesto que cada mujer es vista de una manera concreta debido a este trabajo. Para nosotras, la idea de que el trabajo doméstico institucionaliza a la mujer en casa no era válida: es la falta de dinero, de autonomía, la que la mantiene encerrada en casa.

En tu libro hablas también del concepto del patriarcado del salario.

El capitalismo ha cambiado el mundo de arriba abajo, cambiando muchas cosas. Para el capitalismo, las diferencias de poder que existían entre los hombres y las mujeres eran de una gran utilidad, pero esta diferencia y la forma en que las diferencias estaban organizadas no es una cosa que hayan cogido directamente del pasado, sino que la han reconstruido. Una de las cuestiones más importantes en esta reconstrucción ha sido el salario. Quizás esto forma parte de mi conexión con el operaismo de Italia y el análisis político del salario, que critica el leninismo y la diferenciación entre la cuestión económica y política, la idea de que el salario sólo es una cuestión económica, en vez de ver que el salario es una forma política de organizar la sociedad.

El término patriarcado del salario surge al analizar el hecho de que, bajo el capitalismo, muchas de las diferencias que promueven las discriminaciones entre hombres y mujeres, pero también entre colonizadores y colonizados, han sido organizadas a través del salario. El salario ha sido el apoyo material, el instrumento, con el cual se han construido las jerarquías, y se ha convertido en el punto clave del contrato social con el cual el capital reconoce al trabajador, o lo utiliza para invisibilizarlo y superexplotarlo con la naturalización del trabajo. Con la diferenciación entre el trabajo asalariado y el no asalariado se ha podido llevar a cabo una gran acumulación de trabajo no remunerado, pero a la vez ha sido un instrumento de la construcción de las diferencias. Digo patriarcado del salario porque es un nuevo tipo de patriarcado, no es el patriarcado de la Edad media o el del imperio romano, sino que es un patriarcado que ha sido reconstruido en base al salario.

¿Existe la caza de brujas actualmente?

Tengo una amiga que volvió de Ghana hace poco y me explicó que, por la noche, en la televisión, hacen unos programas donde te enseñan cómo reconocer a una bruja. La proliferación de las sectas pentacostales está haciendo resurgir este tipo de prácticas, básicamente financiadas por grupos políticos de derechas en EEUU. Hay un documental muy interesante que salió el año pasado, llamado The Witches of Gambaga, que habla sobre los campos de brujas que hay al norte de Ghana, donde viven mujeres que han tenido que dejar sus pueblos e ir a vivir allí, acusadas de ser brujas, porque si no las hubieran matado. Estos campos están financiados por el gobierno, y cuando han pasado unos años, en algunos casos, las dejan volver a sus pueblos, pero a otras muchas las matan. Pero no sólo es Ghana, es también Tanzania, Kenya; también en la India se mata a muchas mujeres acusadas de brujería.

Tú has participado durante muchos años activamente en el movimiento feminista. ¿Qué valoración haces de estos años y cómo ves actualmente al movimiento?

Vengo de los principios del feminismo, durante los años 60 y 70, y para mí, entonces, el feminismo era un movimiento revolucionario que tenía que ser anticapitalista, no sólo de autonomía respecto a los hombres, sino una autonomía de las mujeres como parte de una lucha más amplia, siendo también autónomas del capital. Así que estaba realmente disgustada con el feminismo que quería autonomía respecto a los hombres, pero no quería una autonomía respecto al capital.

El 1975 el movimiento de las mujeres explotó, empezó a tomar unas fuertes connotaciones subversivas y se extendió mucho a nivel internacional. En el momento en que empezó a extenderse el nuevo liberalismo, las Naciones Unidas intervinieron y lucharon para ponerse en el centro del movimiento y para crear un feminismo neoliberal, para utilizarlo contra las luchas, también las de los hombres. Por ejemplo, crearon un movimiento de mujeres burguesas que en África y América Latina luchaban por la privatización de la tierra.

Entonces hay gente que me pregunta, ¿por qué te consideras feminista? Me considero feminista porque siempre se apoderan de todo y yo me niego a dárselo todo. Ahora es muy importante hablar de feminismo de una manera diferente, de tener una concepción alternativa del feminismo.

Muchas mujeres jóvenes no quieren tener nada que ver con el feminismo. Algunas porque son liberales y creen que no lo necesitan, porque las mujeres, hoy en día, hacen lo que quieren. Otras no quieren ni hablar del tema porque piensan que el feminismo es una cosa burguesa. Pero creo que todo esto está empezando a cambiar, porque mientras movimientos sociales, como por ejemplo Occupy, se han empezado a desarrollar, también se han creado experiencias políticas masivas que han dado mucho espacio a la reproducción, porque las personas están juntas en la calle, duermen juntas, preparan comida juntas.

Es en estas situaciones cuando salen muchos temas sobre las relaciones entre hombres y mujeres, y muchas mujeres jóvenes empiezan a darse cuenta de que algunos de los problemas a los que nos enfrentábamos todavía existen. Hay muchos temas abiertos, como por ejemplo tener hijos o hijas, cómo se crían, la relación con los hombres, la cuestión de si existe el género o no, etc. Hay todavía un gran terreno que se tiene que construir, que se tiene que definir, que se tiene que luchar.



Calibán y la bruja dialoga con la «historia de las mujeres» y la teoría feminista. En primer lugar, confirma que «la transición al capitalismo» es una cuestión primordial para teoría feminista, ya que la redefinición de las tareas productivas y reproductivas y de las relaciones hombre-mujer en este periodo, que fue realizada con la máxima violencia e intervención estatal, no dejan dudas sobre el carácter construido de los roles sexuales en la sociedad capitalista. El análisis que aquí se propone nos permite trascender también la dicotomía entre «género» y «clase». Si es cierto que en la sociedad capitalista la identidad sexual se convirtió en el soporte específico de las funciones del trabajo, el género no debería ser considerado una realidad puramente cultural sino que debería ser tratado como una especificación de las relaciones de clase. Desde este punto de vista, los debates que han tenido lugar entre las feministas postmodernas acerca de la necesidad de deshacerse de las «mujeres» como categoría de análisis y definir al feminismo en términos puramente agonísticos, han estado mal orientados. Para decirlo de otra manera: si en la sociedad capitalista la «feminidad» se ha constituido como una función-trabajo que oculta la producción de la fuerza de trabajo bajo la cobertura de un destino biológico, la «historia de las mujeres» es la «historia de las clases» y la pregunta que debemos hacernos es si se ha trascendido la división sexual del trabajo que ha producido ese concepto en particular. En caso de que la respuesta sea negativa (tal y como ocurre cuando consideramos la organización actual del trabajo reproductivo), entonces «mujeres» es una categoría de análisis legítima, y las actividades asociadas a la «reproducción» siguen siendo un terreno de lucha fundamental para las mujeres —como lo eran para el movimiento feminista de los años setenta— y un nexo de unión con la historia de las brujas”. Silvia Federici. Para acceder al libro completo clic aquí: