miércoles, 15 de agosto de 2018

Fascismo, antifascismo y lucha de clases

El siguiente texto fue presentado como ponencia para la charla “Fascismo, antifascismo y lucha de clases” en el V aniversario del Proyecto Klinamen. No compartimos todas las facetas del mismo, sin embargo consideramos prudente su difusión para condimentar los debates en torno a la justificación reformista de los llamados a la unión de marxistas y anarquistas contra "un enemigo común". (N&A)



Introducción
Antes de entrar a analizar lo que entendemos por fascismo nos parece necesario una primera advertencia. Las palabras ‘fascista’ y ‘fascismo’ se han convertido con el paso del tiempo en palabras-fetiche. Así fascistas pueden ser la monarquía, la policía, el estado, la democracia, Hitler, Aznar, Bush o mi gato… En su pretensión de abarcar todo, estas palabras acaban por no designar nada. Simplemente son una especie de tótem con las que chamanes de todo pelaje tratan de movilizar a la tribu. En la política de la movilización (frente a la política de movimiento), de la visibilidad y del inmediatismo, poco importa que las palabras y los conceptos pierdan todo significado mientras conserven su carga simbólica. Da igual que se conviertan en herramientas teóricas inútiles mientras sigan siendo coloridas banderolas que agitar delante de la masa. Sirva esto para decir que vamos a tratar de ser bastante restrictivos en lo que entendemos por fascismo y que cuando digamos que tal o cual cosa es fascista lo haremos con un fundamento teórico detrás.
Bloque 1: Fascismo ayer y hoy
1. El fascismo ‘histórico’: características, función, relación con el capitalismo.
Por fascismo histórico entendemos las experiencias históricas de movimientos fascistas que llegaron al poder y se constituyeron como dictaduras en los años 20 y 30. Estos movimientos de masas, ultranacionalistas llegaron al poder representando los intereses de unas clases medias amenazadas por la crisis económica y la presión de un fuerte movimiento reformista (resultado de la derrota y traición socialdemócrata de un fuerte movimiento revolucionario), que consiguió arrastrar tanto a secciones de la clase trabajadora como a sectores de la gran burguesía. El fascismo tiene como primer y fundamental enemigo a las organizaciones obreras reformistas o revolucionarias, a las que se enfrentó y destruyó bien durante su ascenso al poder (Italia) o bien inmediatamente después (en Alemania). De esta forma cumple una tarea fundamental para el capitalismo durante épocas de crisis, la creación de una clase trabajadora desestructurada, aterrorizada, obediente y por tanto barata. El fascismo además intentó mediante mecanismos ideológicos y materiales la integración de la clase trabajadora en el Estado fascista mediante la gestión del ocio (viajes turísticos, actividades deportivas o naturistas), mediante la falsa representación de sus intereses en órganos corporativistas, que en la práctica eran organismos de control e imposición de los intereses de los empresarios en las fábricas, y mediante una poderosa ideología que pivotaba entre la integración en una ‘comunidad nacional’, un ‘pueblo’ (en el caso nazi una idea profundamente racista) donde las contradicciones de clase se diluían y la exclusión (y si fuese necesario exterminio) de todo un conjunto de asociales, judíos y ‘rojos’ responsables de los males de la nación.
La llegada al poder del fascismo no fue ni un invento, ni una marioneta de la burguesía. Tampoco era, como se dijo, una tendencia histórica del capitalismo. Fue un recurso de emergencia de la burguesía de ciertos países para superar dictatorialmente una profunda crisis económica y política debida tanto a las propias limitaciones del capitalismo como a la canalización del proletariado hacia el reformismo y su integración en el capitalismo por parte de la socialdemocracia (lo que en el caso de Alemania supuso el exterminio de los proletarios revolucionarios por parte de los Freikorps bajo el control del Partido Socialista Alemán, SPD, y en Italia por los fasci). El capitalismo unas veces necesita la dictadura igual que otras veces necesita la democracia (la transición española, la chilena y la argentina son buenos ejemplos) para seguir explotando a los proletarios y que continúe la acumulación capitalista.
2. Fascismo, dictadura y democracia
Entendemos que una vez que llega al poder el fascismo es simplemente un tipo más de dictadura, como las dictaduras militares, las religiosas o las dictaduras de partidos derechistas autoritarios, producto de unas condiciones sociales e históricas específicas. Es cierto que la estética y la parafernalia fascista han sido un gran ejemplo para todas las dictaduras posteriores, mucho más para sus contemporáneas que trataban de ganarse el apoyo de las potencias fascistas, pero esto en ningún caso puede confundirnos.
Dictadura y democracia son formas específicas que adopta el estado capitalista en función de las condiciones sociales. Una y otra se suceden en función de los intereses de potencias imperialistas, de facciones burguesas nacionales o en función de la lucha de clases. Lo realmente importante es que por mucho que las condiciones sean a priori más tolerables en una democracia (y decimos a priori porque la democracia cuenta con mecanismos para aplicar estados de excepción y actuar con dureza, véase Italia en los 70 o lo que pasa hoy en día en el País Vasco), ambas son formas de gobierno capitalistas basadas en la explotación del proletariado y, lo que es más importante, la burguesía intentará forzar el paso de una a otra en caso de crisis económica o política, con la inestimable colaboración de la represión socialdemócrata, bien pasando de una democracia a una dictadura o bien al contrario. Cuando los métodos democráticos no son suficientes para contener las reivindicaciones de los trabajadores, la dictadura se convierte en el mecanismo adecuado para acabar con las organizaciones obreras e imponer el orden durante el tiempo que sea necesario. Cuando los métodos dictatoriales no son suficientes para aplastar a la clase trabajadora o una vez que la dictadura ha completado su función, la vuelta a la democracia es el mecanismo perfecto para desactivar las posibles tendencias revolucionarias y para hacer aceptar a los trabajadores las medidas capitalistas necesarias, “por el bien de la democracia”. La transición española, en la que el cambio en la forma del Estado fue necesario para que continuase la forma de explotación y también los gestores y beneficiados de ésta, representa un ejemplo perfecto de este último caso.
3. El fascismo hoy en día: continuidad y diferencias respecto al fascismo histórico.
En nuestra opinión, hoy en día podemos dividir a los grupos fascistas en dos grupos diferenciados. El primero sería el formado por todos esos grupúsculos, partidillos y demás descerebrados que abiertamente se reclaman herederos directos del fascismo histórico en cualquiera de sus variantes (fascista, falangista, nacionalsocialista): Nación y Revolución, Combat España, las Falanges, Alianza nacional, etc. El segundo grupo es el de aquellos partidos de extrema derecha que han abandonado o se han desmarcado públicamente de toda la escenografía y estética fascista, e incluso de partes de su programa, para mantener otros. Ellos se autodenominan ‘patriotas’ y otros les han llamado nacional-populistas o postfascistas. Su modelo a imitar son el Frente Nacional de Le Pen, la Alianza Nacional de Fini o el FPÖ de Haider. Partidos populistas que centran su campaña fundamentalmente en su rechazo a la inmigración, su defensa de la preferencia nacional (los españoles primero) y la seguridad ciudadana. En España no hay todavía ningún partido de este tipo con cierta implantación, lo que por sí mismo es un punto a analizar, pero algunos apuntan intenciones: Democracia Nacional, España2000, Plataforma per Catalunya, etc.
Sabemos perfectamente que en ambos bloques hemos metido grupos que son muy diferentes entre sí (incluso tienen sus peleíllas) en lo referente a ideología y composición social-militancia. La división entre neofascistas y nacional-populistas (por distinguirlos de algún modo) no sólo se basa en esas diferencias ideológicas, estéticas y tácticas sino, lo que es más importante para nosotros, también se basa en su potencial proyección social y en el tipo de amenaza que suponen para la clase trabajadora.
A pesar de sus diferencias metemos a todos los grupúsculos del primer tipo en el mismo saco porque consideramos que su posible proyección social en el futuro es nula. Seguirán siendo partiduchos con un flujo constante de gente que entra y que sale, manteniéndose a medio plazo tal y como están. Aunque sinceramente no creemos que NyR o La Falange puedan optar a un escaño en el parlamento, es posible que grupos de este tipo sí puedan conseguir alguna concejalía o importancia en pequeños pueblos que se hayan visto sacudidos por conflictos raciales o xenófobos. Es decir estos grupos no constituyen a medio plazo una amenaza social. Su importancia radica en otro plano, el de la amenaza física, por decirlo de algún modo. A diferencia de los del segundo grupo, a los que no conviene una imagen de radicalidad y violencia, los militantes de estos grupos en general tienen menos problemas en dedicarse a acciones violentas (palizas, ataques a locales, etc.) contra los sectores más radicalizados o más débiles de la clase trabajadora.
El segundo grupo, que también tiene sus diferencias ideológicas y sociales, es peligroso en otro sentido. Sí vemos posible que, repitiéndose el fenómeno francés, italiano, austriaco, etc., y en caso de cumplirse ciertas condiciones, alguno de estos partidos o bien una coalición de ellos pueda alcanzar cierta relevancia social a medio plazo que se traduzca bien en alcaldías, diputados, eurodiputados… y que su mensaje llegue a calar en la sociedad. Las condiciones concretas que pueden hacer despegar a estos grupos están a la vuelta de la esquina. Por un lado la crisis económica, que afectará, como siempre, fundamentalmente a los trabajadores. Estos sentirán en sus carnes un aumento de la competencia por un trabajo, por un subsidio, etc. que fascistas y empresarios intentarán canalizar hacia una competencia entre nativos y extranjeros, aprovechando para ello los típicos y lógicos roces que se producen cuando comienzan a convivir personas con culturas, tradiciones y orígenes distintos. Asociando al inmigrante con el responsable de la falta de trabajo o de subsidios (escolares, paro, etc.), con el aumento de la delincuencia (en una sociedad en la que las diferencias sociales se acentúan día a día la delincuencia sólo puede aumentar), con el colapso de los servicios públicos, etc. estos partidos jugaran la baza de la preferencia nacional (los españoles primero) para aumentar su relevancia. La consecuencia es la construcción de una recomposición social en torno a la nación, raza, cultura que fractura a la clase trabajadora en ‘españoles’ e ‘inmigrantes’ y trata de difuminar las diferencias de clase entre burgueses y proletarios. A esto hay que sumarse que la crisis afectará también a numerosos pequeños comerciantes que echarán la culpa a la competencia “desleal” de comercios inmigrantes y grandes superficies, y se echarán en brazos de estos partidos alentando sus ideologías nacional-populistas.
Sin embargo estos partidos son hoy por hoy minoritarios y para crecer necesitan darse a conocer, necesitan campañas de propaganda fuertes y, al principio, focalizadas lo que en el fondo es una cuestión de pasta y de oportunidades. Las oportunidades a las que nos referimos serán incidentes de cualquier tipo que acaben planteándose en términos xenófobos, puede ser una movida de barrio como en Alcorcón, algún suceso mediatizado por la prensa en términos de delincuencia inmigrante como en El Ejido, la construcción de mezquitas en pueblos con altas tasas de inmigración, etc. El dinero hoy en día sólo puede llegarles de manos de subvenciones, bien sean privadas de empresarios o ricos particulares o bien sean públicas por éxitos electorales. Las “oportunidades” comentadas anteriormente se entrelazan con la pasta ya que en dichos incidentes la extrema derecha irá a lanzar la caña buscando que aquellos se traduzcan en votos, y con suerte en concejalías o alcaldías, con las que financiar sus partidos.
Es por este motivo que el otro factor decisivo en el despegue de estos partidos será el reflejo que esta crisis tendrá en la política nacional. A día de hoy hay varios factores que bloquean de alguna forma el despegue de los partidos de extrema derecha. El primero es la tensión política entre los dos partidos mayoritarios PSOE y PP. El desplazamiento del PP hacia la derecha ha provocado que la situación se polarice, el hundimiento de Izquierda Unida es el reflejo a la izquierda de la incapacidad de la extrema derecha para asomar la cabeza. Igual que muchos votantes de IU o abstencionistas de izquierda acabaron votando al PSOE en 2004 y 2008 para echar o que no volviese el PP, muchos potenciales votantes de extrema derecha han acabado votando al PP para evitar que siga el PSOE. Sin embargo, el PP ha iniciado un proceso de renovación en el que compiten su lado más duro (mediáticamente representado por Aguirre y sus amigos de la COPE) con un sector más moderado en el que destacarían Rajoy, Gallardón, etc. Un desplazamiento del PP al centro, abriría un hueco por su derecha en el que podrían asentarse los partidos de extrema derecha. A esto habría que sumarle el efecto que tendrá la crisis en deslegitimar políticamente al PSOE, que se verá obligado a tomar medidas impopulares contra la crisis y por tanto cada vez le costará más mantener su estrategia de ‘que viene la derecha’.
A esto hay que sumarle una posible reforma de la ley electoral que actualmente dificulta muchísimo acceder al parlamento a los partidos pequeños, salvo que estén concentrados geográficamente como los nacionalistas, y que podría beneficiarles.
Otro es el recuerdo de la dictadura franquista que, aunque cada vez más difuso, afecta aún a varias generaciones de votantes. La extrema derecha necesitará “desmarcarse” de la dictadura manteniendo sin embargo una imagen nacionalista española y ‘patriota’. El revisionismo histórico de personajes como Pio Moa, Cesar Vidal, etc. sin duda puede ayudar al proceso así como el lavado de cara que los socialistas le quieren hacer a España para contrarrestar los ataques del PP. En los años 80, tanto en Alemania como en Italia se produjeron corrientes revisionistas históricas que al lavarle la cara, voluntaria o involuntariamente, al fascismo facilitaron de alguna forma el ascenso de la extrema derecha.
Por último, la extrema derecha ha de saber jugar sus cartas, el populismo necesita de una cara pública fuerte, capaz y sobre todo carismática que compense de alguna forma su cacao ideológico. Es difícil concebir a un FN sin Le Pen, a una Alianza Nacional sin Fini o un FPÖ sin Haider. A parte de otros factores que comentaremos ahora, las crisis de muchos de estos partidos se debe a un desgaste de sus líderes o a las crisis de sucesión que se abren en dichos partidos.
El otro factor que merma el tirón de estos partidos es que cuando la derecha asume sus planteamientos políticos sobre inmigración y seguridad, muchos de sus votantes vuelvan al redil de la derecha tradicional, tal y como le ha pasado en Francia donde en las últimas elecciones ha habido un trasvase importante de votos de Le Pen a Sarkozy. Esto no disminuye el problema sino que lo acentúa ya que el discurso anti-inmigración y pro-seguridad (un discurso que por un lado aísla aún más a la clase trabajadora al hacer que vea en sus iguales un posible ladrón, violador, asesino, etc. y por otro la reagrupa en torno a papá estado, tal y como lo hace el terrorismo sólo que de una manera más difusa y eficaz) se institucionaliza y se normaliza añadiendo más divisiones y mistificaciones a una clase trabajadora ya bastante jodida de por sí.
Para completar este repaso a los grupos fascistas hoy en día es necesario ver las condiciones en las que se produce. El bosque que a veces no dejan ver estas ramas es la de una sociedad de clases, donde unos son explotados por otros y donde éstos últimos se ven beneficiados por cualquier discurso, formación política, o estructura económico-laboral que aísle e individualice a la clase trabajadora y cree falsas identidades sobre la que se pueda recomponer. El ‘fascismo histórico’ fue el mecanismo por el que esto se consiguió en ciertos países en el período de entreguerras.
Hoy en día la situación es muy distinta, la derrota obrera de los 70 y el neoliberalismo han dejado a la clase trabajadora de los países más desarrollados en estado de descomposición. A día de hoy no hay ni movimientos revolucionarios amenazantes ni tampoco movimientos reformistas que carguen al capitalismo con costes inasumibles, más bien al contrario vemos como las condiciones materiales de la clase trabajadora empeoran día a día mientras las diferencias sociales aumentan sin parar. En este contexto la extrema derecha actual no va a cumplir exactamente el mismo papel que el ‘fascismo histórico’, ya que del lado más duro se ha encargado ya la democracia, y en muchos países la socialdemocracia.
A pesar de todo sí existe una continuidad entre el fascismo de entonces y la extrema derecha nacional-populista de ahora. La primera es personal: la mayoría de los fundadores y cuadros dirigentes de los partidos de extrema derecha son ‘fascistas de toda la vida’. El Frente Nacional francés se fundó sobre la base antiguos colaboracionistas de Vichy, ex miembros de la OAS y populistas poujadistas como Le Pen. EL MSI italiano fue fundado y dirigido hasta los años 80 por fascistas que estuvieron en la República de Saló, etc. En el estado español, el actual líder de Democracia Nacional, Manuel Canduela, fue un conocido cerdo miembro de Acción Radikal y cantante de División 250. Todo esto indica a pensar que más que una conversión de estos elementos lo que tenemos es un lavado de cara necesario para incidir en la sociedad, dejando de lado las partes más “problemáticas” de su ideología y manteniendo aquellas que más les pueden ayudar a extenderse. Los fascistas buscan su segunda oportunidad reconvertidos en populistas patriotas.
Existe una segunda continuidad que es la de los efectos que su discurso tiene en la clase trabajadora. No nos extenderemos por haberlo comentado anteriormente, pero queremos recalcar que la xenofobia y el nacionalismo que vociferan estos partidos dividen a la clase trabajadora en términos de raza o procedencia a la vez que esconden las diferencias de clase dentro de un mismo país.
Bloque 2. Perspectivas de lucha antifascista
1. Antifascismo y anticapitalismo.
“Quien no esté dispuesto a hablar de capitalismo, tampoco debería hablar de fascismo” M. Horkheimer
Para nosotros es imposible separar fascismo y capitalismo, no somos antifascistas porque luchemos por una forma de explotación capitalista más suave, la democracia, o porque consideremos el fascismo el mayor de todos los males. Somos antifascistas porque somos anticapitalistas, porque entendemos que el fascismo es una de las posibles armas con las que el capitalismo puede enfrentarse al proletariado y porque los fascistas se alimentan y reproducen la división de la clase trabajadora, debilitándole en su combate frente al capital. Podríamos decir que igual que somos antifascistas somos antidemócratas pues, como decimos, no aceptamos ningún orden social basado en la explotación de una clase por otra. El antifascismo para nosotros sólo tiene sentido en el marco de la lucha de clases, entendido como una lucha más del proletariado contra el capitalismo y su burguesía, igual que las luchas laborales, por nuestras condiciones de vida, luchas de género, etc. Una lucha por tanto que debe desarrollarse desde la autonomía y la unidad de clase desde la base, y que debe tender hacia ella; rechazando la colaboración con partidos políticos, sindicatos o fuerzas burguesas o institucionales. Desde la horizontalidad en las decisiones, la autogestión y la autoactividad de los trabajadores frente a las jerarquías, el dirigismo o la institucionalización subvencionada. Para nosotros, el objetivo final en esta lucha es tan importante como los medios que utilicemos para conseguirlo.
2. Objetivos y estrategias de la lucha antifascista.
Como hemos dicho nosotros no somos antifascistas sin más. Somos antifascistas porque somos anticapitalistas y por tanto entendemos el antifascismo como una dimensión más del proyecto anticapitalista, sin una importancia especial respecto a otras. Dentro de este proyecto, cuyo objetivo final es la abolición del capitalismo mediante la revolución, los objetivos parciales del antifascismo pasarían por acabar con todo aquel que pretende dividir y por tanto debilitar a la clase trabajadora en términos de nativo y extranjero. Por acabar con todos aquellos que pretenden imponer una visión interclasista de la realidad que, distorsionando la realidad, nos hunda aún más en situación en la que estamos, en este caso una visión en términos de ‘el pueblo’, de ‘la nación’ igual que en otros casos es una visión en términos de ‘la ciudadanía’. Para acabar, el antifascismo es la lucha directa contra los nazis y los fascistas, que atacan directamente a nuestros compañeros y que tratan de imponer su violencia en las calles.
Los dos primeros momentos de esta lucha, contra las divisiones y las falsas construcciones interclasistas, son un pilar fundamental de la lucha anticapitalista, son un trabajo constante en cada uno de los conflictos que nos encontramos. En el caso concreto de las divisiones en términos de raza o nación, este trabajo pasa por tejer lazos de solidaridad con los trabajadores inmigrantes desde la igualdad y la solidaridad, no desde la victimización, el paternalismo o la caridad. Este trabajo diario es obviamente el más complicado, tanto o más que tejer lazos con los trabajadores nativos. Creemos que esto puede conseguirse desde la participación en conflictos: sean vecinales, laborales, contra los CIEs, etc. El objetivo de tejer estos lazos es prepararnos para evitar que el mensaje xenófobo cale entre nuestra clase, debemos contrarrestar esos mensajes llevando un discurso y una práctica de unidad y de solidaridad entre iguales y de enfrentamiento contra los verdaderos responsables de nuestros problemas, señalando en todo momento tanto al enemigo como sus estrategias para escurrir el bulto y señalar chivos expiatorios. Este trabajo quizás sea el más importante y sin embargo, es el menos puesto en práctica desde muchos sectores del antifascismo. De hecho ni siquiera nos gusta clasificar esta lucha como antifascismo ya que entra dentro de la lucha por la unidad y la solidaridad de clase contra todo tipo de divisiones, por raza, por género, por edades, categorías, etc.
Por antifascismo siempre se ha entendido la lucha más o menos directa contra las organizaciones fascistas y su discurso: el enfrentamiento individual o colectivo contra los nazis, la labor de propaganda, etc. El objetivo de esta lucha debe ser frenar a los grupos fascistas, impedir su extensión. En este punto debemos plantearnos cuáles son las estrategias y herramientas que debemos desarrollar para enfrentarnos a los grupos nazis. En líneas generales todo pasa por mantener una presión constante, que dificulte lo más posible desarrollar su labor propagandística. Que partidos como DN o Nación y Revolución no puedan tener una sede pública o no puedan hacer mítines, manifestaciones, etc. sin que pese sobre ellos la amenaza de ataques, enfrentamientos, etc. es desde luego una buena señal.
Quizás sería interesante distinguir entre los dos tipos de fascistas que hemos señalado anteriormente. Los grupos neofascistas tratan de conseguir afiliados y simpatizantes mediante una defensa abierta y explícita de su racismo, de su xenofobia, su homofobia, etc. Cuanto más nazis y más fuertes aparezcan, mejor. En el fondo su público objetivo suele ser juvenil, boneheads, etc. Por esto NyR convoca actos en Tirso, en el 2 de Mayo, etc. Mediante estos gestos provocativos buscan dos cosas: la primera, obviamente, resonancia mediática y la segunda fortalecer su imagen de ‘tíos duros’. Muchos plantean que las contrarrespuestas antifascistas no hacen sino facilitar su primer objetivo, amplificando su aparición mediática, y es verdad. Jamás NyR iba a conseguir salir en tantas fotos como después de los disturbios de Tirso. Sin embargo, esta valoración es incompleta ya que no tiene en cuenta la segunda parte: el cómo aparecen. Es cierto que NyR salieron en todas las televisiones después de los disturbios, pero ¿cómo aparecieron? Como una pandilla de nazis acorralados que si no llega a ser por la policía hubiesen pasado serios problemas. Su imagen de tipos duros, su chulería se esfumo entre los botes de humo. Esto es algo que los propios nazis reconocieron en sus foros. La respuesta concreta frente a estos grupos fascistas es desmontar en todo momento su imagen de duros, de supernazis, de fuerzas de choque que tanto atrae a los chavales a los que lavan el coco. Hay que hacerles aparecer débiles, como los capullos que son, humillarles, dejarles en ridículo, por todas las maneras posibles. Por la propaganda y por los hechos. Por tanto la cuestión no es si los actos de estos nazis requieren una respuesta o no, sino cual es la respuesta más adecuada para dejarles en ridículo y desmontar su imagen.
El segundo grupo de fascistas quizás requiere un análisis más cuidadoso y un trabajo más constante ya que su crecimiento depende de circunstancias que en gran medida escapan a nuestro alcance. A día de hoy poco puede hacer el movimiento anticapitalista por modificar el rumbo de las relaciones entre los grandes partidos, o en plantar una respuesta unitaria a la crisis económica, o en que surja un líder carismático entre la extrema derecha. Nuestra debilidad nos condena a una posición casi expectante, actuando como una primera barrera de contención ahora que aún son minoritarios. En este caso creemos que la estrategia central es mantener la presión que dificulte sus actos públicos, por los medios adecuados en cada caso, desmontar su mensaje allí donde traten de introducirlo, sea mediante propaganda o mediante la práctica de la solidaridad real frente a las separaciones, señalando a los verdaderos responsables frente a sus intentos de colgarle el muerto a chivos expiatorios. Todo esto sin caer en el discurso paternalista, victimista de la izquierda, que mitifica al “pobrecito inmigrante” y que lo único que hace es facilitar que el mensaje xenófobo cale entre la población nativa.
No podemos terminar este texto sin comentar lo que no creemos que debe ser el antifascismo. Bajo determinados planteamientos y bajo determinadas posiciones el antifascismo puede convertirse fácilmente bien en una defensa, por la palabra o por los hechos, del capitalismo democrático o bien puede convertirse en un banderín de enganche mediante el que grupúsculos y partidos de izquierda intentan introducir su mensaje o sus campañas aprovechando el gran tirón mediático de las palabras ‘fascista’ y ‘antifa’.
La primera de las posibilidades ha sido comentada en muchas ocasiones, se produce cuando por diferentes motivos el antifascismo se separa del anticapitalismo. La oposición fundamental entre capitalismo y comunismo es sustituida por la oposición democracia-fascismo, es decir por la elección entre distintos sistemas de gestión política del capital. De esta forma, la lucha contra el fascismo se convierte en una lucha a favor de la democracia y por tanto en una lucha por defender un determinado tipo de capitalismo contra otro. En este macabro “juego”, las fuerzas burguesas (demócratas o fascistas) pugnan por encuadrar en su bando a los proletarios, que será el que pague con su sangre las luchas entre diferentes facciones del capital. Clásicamente esta postura se ha expresado en el frentepopulismo estalinista, en el que se buscaba la coalición entre los partidos “obreros” y algunas fuerzas burguesas “liberales”. Hoy en día, este “antifascismo democrático”, por llamarle de alguna forma, se expresa en ciertas tendencias dentro de los movimientos antifascistas. Por ejemplo pidiendo la mediación de las instituciones en la lucha contra los nazis (“ilegalizad democracia nacional”, “penas más duras contra los fascistas”, etc.) o cuando se hacen manifestaciones antifascistas en las que participan partidos o miembros de partidos en el poder o en la oposición, llegándose a llamar en ellas a “votar a la izquierda”.
La otra posibilidad es el antifascismo como banderín de enganche de organizaciones con otros intereses ajenos al mismo. Por diferentes motivos, la lucha contra el fascismo tiene un tirón que no tiene ninguna otra. Por un lado muchos perciben el fascismo como la peor opresión posible, como una representación condensada de todo lo malo que tiene el mundo o el capitalismo. Por otro, desde hace 20 años vivimos instalados en un movimiento fundamentalmente juvenil, en constante renovación: la gente entra ilusionada a los 16 y se va quemada a los 30. La mayoría de los que hemos entrado en esto lo hemos hecho a través del antifascismo, los 20-N, etc. que viene a ser como un mínimo a partir del cual te introduces en el anticapitalismo o en el izquierdismo, vaya usted a saber. Aprovechando ese tirón pero también esa indefinición que rodea al término fascismo, que hace que se pueda llamar fascista a casi cualquier cosa que huela a autoritarismo, tiranía o injusticia (desde los grupos nazis al PP, pasando por la monarquía borbónica o la democracia estadounidense) muchos utilizan el antifascismo, consciente o inconscientemente, para darle más resonancia a su lucha, para canalizar a ciertos grupos de personas a su lucha o para introducir o legitimar en ciertos ambientes algunas reivindicaciones o luchas que antes no eran sentidas así. La lucha por la república se encuentra mucho más justificada si se califica a la monarquía de fascista. La lucha por la autodeterminación de los pueblos se legitima mejor si la nación española es fascista, etc. Incluso se es anticapitalista porque “el capitalismo tiende hacia el fascismo” o directamente “es fascismo”. De alguna forma se quiere reflejar en la teoría el recorrido vivencial, pasando del antifascismo al anticapitalismo. Para nosotros, que como militantes hemos pasado también del antifascismo al anticapitalismo, la cuestión es la contraria y nos declaramos antifascistas porque somos anticapitalistas, y en ese declararnos antifascistas ni vale todo, ni entendemos que sea posible hacer frente común o arrimar el hombro con cualquiera por el simple hecho de declararse como tal.






martes, 31 de julio de 2018

Ley estatuto laboral para jóvenes: un análisis desde una mirada libertaria



Durante el primer gobierno de Derecha de Sebastián Piñera (2010-2014) se envió, el 13 de junio de 2013, a la Comisión del Trabajo y seguridad social de la Cámara de Diputados un proyecto de ley que indica modificaciones al Código del Trabajo respecto de aquellos/as trabajadores/as que se encuentran cursando la educación superior. Dado que el proyecto se encontraba dormido en el congreso, Piñera en su actual gobierno le otorga la categoría de suma urgencia, siendo aprobado por la cámara de diputados en julio de este año con la ayuda del Frente Amplio y la Nueva Mayoría.


Objetivos de la ley

Según el mensaje Nº 051-361, este proyecto tiene por objetivos que los estudiantes de educación superior ingresen de forma temprana al mundo del trabajo para que el futuro trabajador/a desarrolle actitudes como disciplina, responsabilidad, productividad, entre otros, con el fin de que el/la estudiante se adecue rápidamente al sistema laboral. El gobierno indica que si el/la estudiante-trabajador “adquiere estas actitudes enriquece su currículum laboral”. Esta idea es un absurdo liberal, ya que la gran mayoría de los/as estudiantes-trabajadores no ingresa a espacios labores vinculados a la carrera que está estudiando, por ende las empresas no considerarán las experiencias laborales que no tengan vinculación con sus áreas.

Otro de los objetivos de esta ley es “aprovechar de manera eficiente” los tiempos sin carga académica que tengan las y los estudiantes.  Por ejemplo, si un/a estudiante tiene clases por la mañana y luego una ventana de varias horas, el empleador podrá asignar horas de trabajo en aquellos tiempos, o si tiene clases por la mañana y luego un módulo por la media tarde, el empleador tendrá el derecho de planificar al trabajador/a en tres turnos en un mismo día.  Esto perjudica directamente al estudiante-trabajador ya que los tiempos entre clases son utilizados para realizar trabajos académicos, estudiar, recrearse, descansar y participar de las labores domésticas. Esta flexibilidad laboral generará un desgaste mayor para quienes trabajen y estudien, puesto que debemos considerar que existen estudiantes madres, padres y aquellos que se hacen cargo de todo el mantenimiento del hogar. Cabe mencionar que dada la legislación actual las empresas acuerdan con las y los estudiantes-trabajadores, que en su mayoría son par-time – jornada parcial según el Código del Trabajo (bajo las 30 horas semanales)- turnos acorde a su carga académica, por ende esta política solo beneficia a las empresas (fundamentalmente a capitales vinculados al retail, aseo, call center, comida rápida, etc) y no así al trabajador/a.
Por otro lado, el proyecto indica que el ingreso temprano de los jóvenes al sistema de pensiones incrementará sus fondos, hecho que es absolutamente falso ya que como hemos visto el sistema de capitalización individual solo genera ganancias para las empresas administradoras de los fondos y no para las y los trabajadores.

Todos estos trucos son engaños del legislador para justificar una ley que solo pretende coartar los derechos laborales de las y los estudiantes-trabajadores.

Aplicación del contrato para estudiantes-trabajadores

La ley propone que aquellos/as trabajadores/as entre los 18 a 28 años 11 meses que se encuentren cursando estudios regulares en alguna institución de educación superior, reconocida por el Estado, deberán acceder a este contrato de máximo 30 horas semanales sin objeciones. El empleador tendrá el derecho de solicitar un certificado vigente de alumno regular cada seis meses a todos aquellos que ingresen o se encuentren trabajando con el fin de aplicar esta modalidad.
Las empresas podrán realizar contratos a plazo fijo o de manera indefinida. No obstante, del contrato a plazo se indica que si se termina el contrato y el/la estudiante-trabajador/a siguiere laborando con conocimiento del empleador, esto no dará lugar a una renovación inmediata e indefinida como hoy lo establecen los dictámenes de la Dirección del Trabajo. Respecto del contrato indefinido, este se termina cuando el/la estudiante-trabajador/a cumple la edad (28 años 11 meses) y/o cuando suspenda/renuncia/completa sus estudios superiores.

De los años de permanencia en una empresa la ley indica que no se computará el tiempo trabajado, es decir, no existirá indemnización para aquellos/as trabajadores/as que sean despedidos por diversas causas (inclusive necesidades de la empresa).

Del fuero laboral maternal y sindical que hoy poseen las y los estudiantes-trabajadores la ley establece que solo existirá durante el tiempo que establezca el contrato, sin que la empresa requiera solicitar desafuero para poner término a este.  Esta modalidad perjudica gravemente a quienes acceden a este beneficio legal. Por un lado, las madres o padres que cuenten con este derecho tendrán una inestabilidad laboral por la pérdida del derecho a continuar laborando como hoy lo establece el Código del Trabajo, con los beneficios de hora de amamantamiento y sala cuna. Además se castiga a la mujer que se encuentre embarazada, ya que con la ley actual el contrato a plazo fijo pasa directamente a indefinido y con esta modificación el contrato no cambiará en beneficio de la trabajadora. Respecto de aquellos trabajadores/as que decidan formar un Sindicato, esta política perjudica directamente la organización sindical, esto porque la rotabilidad laboral que va a generar este contrato no permitirá la permanencia de dirigentes y afiliados/as a las organizaciones. Los empleadores a través de las leyes de transparencia pueden solicitar la nómina de socios a las organizaciones sindicales en cualquier momento, teniendo conocimiento de quienes componen los sindicatos y, por ende, no renovar contratos a plazo fijo y/o indefinido.

Las y los estudiantes-trabajadores no podrán pactar horas extras, tampoco se les considerará el pago del 30% adicional por trabajar domingo o festivos, ni el derecho a descansar 7 domingos anuales, ni el pago de la semana corrida, ni vacaciones pagadas por el empleador. En efecto, no percibirá ningún beneficio laboral que establece el Código para las y los trabajadores. 

De la jornada laboral, las y los trabajadores que estén matriculados en instituciones de educación superior no podrán laborar más de 30 horas semanales. En este sentido las y los estudiantes que trabajan de día (45 horas semanales) e ingresan a estudiar de forma vespertina verán mermados sus ingresos. La jornada laboral podrá ser distribuida en tres turnos que sumen 12 horas diarias.  Las y los estudiantes trabajadores podrán descansar entre turnos diarios solo 10 horas, a diferencia de lo que establece el código que indica 12 horas. Ejemplo: un estudiante-trabajador realiza el último turno diario de 3 horas un día lunes, su salida es a las 19:00, vuelve a trabajar el martes a las 5:00 de la mañana.

En los periodos que el estudiante se encuentre en receso de sus actividades académicas (vacaciones de invierno y verano) la empresa podrá extender su jornada semanal a 45 horas aplicándose todas las reglas de este tipo de contrato (sin pago adicional por laborar los domingos, descanso entre turnos de 10 horas, sin derecho a horas extraordinarias, fuero, etc.)
Las y los trabajadores que sean afectos a este contrato especial, no podrán optar a los subsidios entregados por el Estado: subsidio empleo joven, subsidio empleo para la mujer, seguro de cesantía o cualquier otro beneficio o subsidio de naturaleza similar.

Análisis desde una perspectiva libertaria

No es de esperar que los gobiernos de derecha, centro o izquierda -conservadores, liberales, demócratas, progresistas, comunistas, etc.- realicen un cambio sustancial a las leyes vinculadas al resguardo de los derechos de las y los trabajadores. Todos los maquillajes y profundizaciones a las leyes laborales siempre tienen como objetivo generar mayor productividad y aumentar las ganancias de unos pocos a costa de la precarización laboral de la clase trabajadora. Es por ello que el Estatuto Laboral para Jóvenes Estudiantes es una más de las prácticas capitalistas que implementan los Estados para limitar la organización de las y los trabajadores.

En Chile, la organización sindical post dictadura era casi inexistente. Hasta el 2013 la taza de sindicalización era de un 15,6%, presentándose un aumento durante los últimos años, encontrándose actualmente en un 20,6% a nivel nacional. Esto tiene directa relación con el ingreso al mundo laboral de aquellos jóvenes que han vivido de diversas formas manifestaciones sociales, que se han organizado en instituciones de educación media o superior y que tienen habituado la exigencia de sus derechos a través de instancias organizativas, por ende el auge de los sindicatos tanto de empresa o de inter-empresa es una constante que va en alza.

Quienes ingresan al trabajo son aquellos/as estudiantes que necesitan un apoyo económico para solventar sus estudios, aportar y mantener sus hogares a costa del salario. No estamos hablando de clases altas, estamos refiriéndonos a trabajadoras y trabajadores que en su mayoría aspiran a estudiar para poder aumentar sus ingresos y poder obtener una calidad de vida más digna. Es por esto que el gobierno hace el hincapié en modificar el contrato de las y los estudiantes-trabajadores, porque no se necesita más organización sindical, no se necesitan negociaciones colectivas que generen aumentos y beneficios para las y los trabajadores. Por el contrario, para el gobierno es indispensable coartar la organización de sindicatos jóvenes ya que son posibles focos de agitación proletaria, tal como la historia lo ha demostrado.

Por otra parte, este estatuto laboral generará que las empresas opten por la flexibilidad laboral contratando a jóvenes en desmedro de trabajadores de mayor edad que poseerían los beneficios generales del Código del Trabajo. Las empresas apostarán por mayor productividad al menor gasto posible.

Sin embargo esta ley maldita aún no está totalmente aprobada, por ello es fundamental la organización, movilización y protesta contra esta nueva agresión de la clase dominante. Diversas organizaciones sociales y sindicales han comenzado una campaña contra el Estatuto Juvenil, una de las tantas convocatorias será el día miércoles 1 de agosto a las 19:00 hrs en Plaza de Armas, en donde la asamblea abierta contra el estatuto juvenil convocó la conformación de un bloque libertario. También habrá una concentración el día miércoles 8 de agosto a las 19:00 hrs en Plaza Italia.

Contra la explotación y el capitalismo: ¡Apoyo mutuo y acción directa!


Luna










domingo, 1 de julio de 2018

Alcalde Alessandri contrata a matones que roban a comerciantes ambulantes en total impunidad

Se presentan como carabineros de civil pero no muestran ninguna identificación



Durante las últimas semanas comerciantes ambulantes de la Comuna de Santiago han sido abordados con suma violencia por civiles que se asumen como carabineros pero al momento de pedirles su identificación, no disponen de las mismas. Estos individuos actúan como verdaderos delincuentes, se han dedicado a robar descaradamente todas las pertenencias, mercadería y dinero a vendedores ambulantes de distintos sectores. Las cosas que roban con violencia son cargadas en camionetas doble cabina Nissan Piamonte. (Aunque tenemos certeza que existen por lo menos 4 vehículos más destinados al mismo fin). También hemos recibido denuncias de golpes y manoseos en plena vía pública a mujeres que ejercen el comercio ambulante. Han solicitado los whatsapp para “a cambio de un favor” devolverles las cosas que ellos les roban. Tampoco han dudado de usar la brutalidad, siendo uno de los casos más graves el día 20 de junio, cuando dislocaron el brazo a una vendedora ambulante, dejándola con múltiples lesiones.

Se puede tener o no permiso para realizar actividades comerciales en la vía pública. Sin embargo, no poseer permiso al día implica una falta menor con citación ordinaria al juzgado de policía local. En cambio, que un grupo de civiles sin identificación -y con el agravante de suplantación de función policial- robe con violencia las pertenencias contra quienes están ejerciendo alguna actividad, corresponde a un delito de robo con violencia, el cual conlleva penas altísimas. La ley vigente es clara. Según el artículo 433 del código penal: “El culpable de robo con violencia o intimidación en las personas, sea que la violencia o la intimidación tenga lugar antes del robo para facilitar su ejecución, en el acto de cometerlo o después de cometido para favorecer su impunidad, será castigado con presidio mayor en su grado máximo a presidio perpetuo…”.

Es tal el descaro de estos sinvergüenzas que luego de robar a los trabajadores, la mercadería se la reparten para ellos, como se constata en el siguiente vídeo: 



El sujeto de camisa de manga larga del vídeo, es el mismo que tiene una polera blanca:


¡HA SIDO GRABADO REPARTIÉNDOSE LA MERCADERÍA Y TODAVÍA SE RÍE!





No pretendemos ser defensores acérrimos del Estado de derecho ni de la ley del Estado nacional. Sin embargo, creemos que es importante recalcar que la práctica ejercida por civiles sin identificación, dirigidos supuestamente por el municipio de Santiago, corresponde incluso para el Estado, una práctica criminal que conlleva penas de muchos años de cárcel. También creemos importante denunciar que la impunidad de la actuación de estos sujetos contratados por el municipio se ejerce con implicaciones altamente racistas, pues la gran mayoría de afectados por robos de mercadería son trabajadores inmigrantes, quienes por lo general, tienen miedo a denunciar los abusos recibidos, pues están lejos de su tierra sin los mismos recursos emocionales, económicos, legales e incluso lingüísticos que las personas locales. 

Las siguientes fotos han sido tomadas durante las últimas semanas en donde, junto con robar todas las pertenencias a quienes ejercen el comercio ambulante, han amenazado a compañeras con desvestirlas, situaciones de acoso e insinuaciones sexuales. La práctica matonesca impulsada desde el Municipio de Santiago nos recuerda a las labores de represión de la dictadura militar en donde civiles vinculados a las policías políticas (DINA, CNI) se encargaban de diversas tareas represivas en colaboración con las policías formales.

Llamamos a denunciar las conductas machistas, racistas y criminales que ha venido desarrollando el municipio de Santiago, sea con acciones legales, campañas de contra-información, fotografías y vídeos. También instigamos a la opinión pública y las distintas autoridades municipales de oposición a no ser cómplices activos ni pasivos de la política criminal llevada a cabo por supuestos funcionarios de la municipalidad de Santiago. A su vez, y de comprobarse que sea el municipio de Santiago el responsable de estas prácticas criminales, exigimos la inmediata renuncia del Alcalde Felipe Alessandri y de todas autoridades vinculadas a su labor represiva en el marco municipal.


Estos son algunos de los matones que roban descaradamente a los trabajadores ambulantes de Santiago. Llamamos a funar a estos delincuentes, difundir sus fotografías, vídeos y a rechazar su actuar en nuestros territorios. 






PATENTE  FV VB 74


PATENTE  GS DX 73.





viernes, 22 de junio de 2018

El origen anárquico del día del orgullo gay




El evento anual del Orgullo Gay, que se celebra desde hace cuarenta años en todo el mundo, se ha vuelto en un desfile festivo aliñado por música disco, patrocinado por los bares de ambiente y por las multinacionales, es una fuente de prósperos negocios y se realiza con la colaboración de las autoridades. A menudo a final del desfile se reserva un espacio para un agradecimiento especial a las fuerzas del orden, por la protección garantizada a lo largo del recorrido de la manifestación. El espíritu subversivo que originó este evento, que debería celebrar el “nacimiento del orgullo gay” en la fecha del 28 de junio del 1969, se ha perdido por completo. Las mismas personas LGBT que una vez al año bajan a la calle para celebrar, y luego vuelven por todo el resto del año a cerrarse en la invisibilidad y en la segregación del “estilo de vida gay”, no saben que el movimiento LGBT nació de una revuelta en contra de la policía, conocida como “revuelta de Stonewall”.

Es útil hacer una pequeña premisa sobre el contexto histórico en el que se inserta Stonewall. El final de los años 60 fue una época propicia para el nacimiento de muchos movimientos y organizaciones revolucionarias. Después de la muerte de Martin Luther King Jr. y de Malcom X, el movimiento de liberación negro se orientó hacia formas de resistencia más radicales y vio el nacimiento de las Panteras Negras. Este grupo rechazaba las premisas no violentas y de integración “a toda costa” de Luther King, prefiriendo el concepto de autodefensa como principal medio de lucha. También el movimiento de los estudiantes, en esta época, ganaba fuerza y se radicalizaba, y protagonizará los eventos del 1968 en muchos países del mundo, que inspiraron y radicalizaron políticamente a muchas personas que vivieron en aquella época.

Estados Unidos, finales de los años 60. La condena social de las relaciones homosexuales y de las personas transgender (que todavía no tenían este nombre) era explícita e institucionalizada: en la mayoría de los estados existían leyes en contra de la sodomía (todavía activas), estaba prohibido vender alcohol en los bares a personas homosexuales o sospechosas de serlo, estaba prohibido por ley el crossdressing, o sea era obligatorio utilizar vestidos considerados idóneos con el género/sexo de quien los llevaba. La transgresión podía significar ser detenidxs, pasar una o más noches en el calabozo, recibir palizas de la policía y a menudo ser víctima de violencia y abusos sexuales por parte de los mismos policías. Lxs trans, lxs genderqueer, gays, lesbianas y trabajadorxs sexuales podían vivir sus relaciones y amistades en semiclandestinidad, se reunían en algunos bares no reconocidos oficialmente como bares de ambiente, que sin embargo eran llevados por unos dueños, a menudo heterosexuales, que por un poco de dinero más estaban disponibles a hacer la vista gorda y arriesgarse a unas incursiones policiales. La represión policial era muy dura, con frecuentes detenciones y palizas, en especial hacia lxs que no tenían una apariencia de género normativa y hacia lxs trans que trabajaban en la calle. Había muchas irrupciones y registros en los bares sospechosos de ser puntos de encuentro de gays, lesbianas y trans.

Había silencio total alrededor de los discursos sobre el género y la sexualidad. Quienes en el pasado se habían declarado a favor de las minorías sexuales o habían publicado revistas underground, a menudo habían sido despedidxs o encarceladxs, así que había muy pocas personas tan valientes como para tomar partido en contra de la homofobia. Entre estas estuvo Emma Goldman, que a finales del siglo XIX tuvo lecturas públicas en las que denunciaba el trato injusto que tenían que vivir las personas homosexuales, por las que fue criticada hasta por sus mismos compañeros anarquistas. Sin embargo en los años 50 habían nacido, siempre en los Estados Unidos, algunas asociaciones de activistas que se definían “homófilas”, que luchaban tímidamente por la abolición de las leyes en contra de la homosexualidad y por la aceptación del amor homosexual por parte de la sociedad. Por esta razón hombres y mujeres de este movimiento se vestían de manera conforme a los estándares sociales para el género masculino y femenino (hombres con corbata y mujeres con faldas), mientras que las manifestaciones de cariño y sexualidad en público estaban condenadas porque eran “dañinas para la lucha”. Las demandas de asimilación por parte de la sociedad y de sus estándares de normalidad son muy similares a las reivindicaciones de las asociaciones LGBT reformistas actuales. Stonewall era un bar miserable situado en el número 53 de Christopher Street, en el corazón del Greenwich Village, Nueva York. Era un local sin agua ni permiso, sin embargo los mafiosos que lo gestionaban corrompían a los policías para que llamara antes de las incursiones y para que éstas pasaran muy pronto por la noche, cuando todavía no estaba lleno de clientes. Era uno de los pocos lugares de encuentro de las personas trans y queer, además de ser frecuentado principalmente por personas afroamericanas o latinas; los dueños hacían la vista gorda sobre la presencia gay en el lugar, así que lograban mayores ganancias. En la noche del 28 de junio 1969 un grupo de policías se presentó sin avisar alrededor de la 1:30 de la noche y empezó a detener a quienes se encontraban sin documentación o no había respetado las leyes sobre el “travestismo” llevando vestidos del “sexo opuesto”, entonces principalmente personas trans, lesbianas butch (masculinas) y drag queen, muchas de ellas negras. Un grupo de personas empezó a agruparse fuera del local y alguien empezó a gritarle a los policías.

La rabia explotó cuando una lesbiana butch, detenida en una furgoneta policial, empezó a agitarse y a gritar. La leyenda cuenta que Sylvia Rivera, una mujer transgender, fue una de las primeras en tirar una botella (o un zapato con tacones, según otra versión) contra de los policías. Alguien consiguió robar las llaves de las esposas y se soltó, y luego liberó a lxs otrxs detenidxs. Otras personas empezaron a gritar: “¡policías maricones!”, “Gay power!”. Las personas empezaron a atacar lanzando ladrillos, piedras, basura y mierda de perrx encima de los policías. Los policías se retiraron adentro del bar, y se barricaron adentro. En la calle fue arrancado un parquímetro y luego fue utilizado para intentar romper la puerta y coger a los policías encerrados; otrxs, una vez abierta una brecha en la puerta, empezaron a lanzar cócteles molotov intentando quemar el bar. Cuando llegaron los refuerzos de la policía, con el equipaje antidisturbio, empezaron los verdaderos enfrentamientos. Mientras tanto también lxs vecinxs del barrio y lxs clientes de los bares cercanos se juntaron a la revuelta. Los testimonios hablan de 2000 personas en contra de 400 policías. La gente bailaba y cantaba en el medio del caos, riéndose de la policía por su incapacidad de restablecer el orden. Los disturbios continuaron por toda la noche, con un balance de cuatro policías heridos y trece personas detenidas, sin contar el número indefinido de manifestante heridos: la policía actuó con particular brutalidad en contra de las personas trans o genderqueer, frente a cómo actuaban con quienes tenían una presentación de género más normativa.

Al día siguiente la noticia de lo que había pasado se difundió rápidamente, y esa misma noche miles de queers radicales se volvieron a juntar fuera del bar Stonewall Inn. La policía intentó echar a lxs manifestantes, pero éstxs bloquearon las calles y empezaron a tirar piedras y botellas. La tercera noche de revuelta pasó cinco días después de la primera lucha: mil personas se juntaron en el bar y destruyeron los coches de policía aparcados en los alrededores.

Stonewall no fue el primer ejemplo de rebelión por parte de las personas trans y queer cansadas de ser oprimidas y perseguidas por el orden policial y estatal:

1959: Revuelta de Cooper’s Donuts. Esta cafetería de Nueva York, a finales de los años 50, abría durante toda la noche, y era el punto de encuentro de prostitutas, chaperos y queers callejeros. La policía se dedicaba a provocar a lxs clientes con cualquier excusa, hasta que una noche de mayo de 1959 la rabia queer explotó. La respuesta a los abusos de la policía fue inicialmente un simple lanzamiento de donuts, que se transformó en unos disturbios en la calle que duraron por toda la noche.

1966: Revuelta de la Cafetería Compton. Este bar de San Francisco, también abierto toda la noche, era frecuentado por prostitutas, chaperos adolescentes, personas marginales y vecinxs del barrio. Los dueños del bar una noche llamaron a la policía porque algunas dragqueens sentadas en una mesa se habían puesto demasiado ruidosas y estaban consumiendo muy poco. El policía que llegó respondiendo a la llamada, agarró a una chica trans por el brazo y, seguro de su impunidad, le pidió que abandonara el bar. La chica contestó echándole café caliente en la cara y la revuelta explotó dentro del bar, con lanzamiento de platos, vasos y cubiertos, ventanas y mesas destruidas y lanzados en la calle, hasta que llegaron los refuerzos de la policía. Los disturbios continuaron fuera, y acabaron con un coche patrulla destrozado y policías heridos por los bolsos y los zapatos de tacón de las dragqueens.

Después de Stonewall

La revuelta de Stonewall fue un evento que ayudó a despertar las consciencias de lxs que siempre habían estado discriminadxs a causa de sus identidades de género, de sus sexualidades, además de ser marginadxs por sus condiciones sociales o de raza. La rebelión queer fue encabezada por personas trans, trabajadoras sexuales, lesbianas butch, personas que se prostituían de vez en cuando o que vivían en la calle, marginadxs por el hecho de ser pobres, trans, queer, inmigrantes.

Stonewall trajo la inspiración, el amor y la rabia para la creación de un movimiento que quería luchar por la libertad y la justicia. Desgraciadamente hoy queda muy poco de aquel espíritu de revuelta. El movimiento LGBT contemporáneo, salvo algunos espacios más radicales, es totalmente moderado y comprometido con las políticas de los partidos, y ya no es una amenaza para nadie. Las principales organizaciones LGBT representan los intereses de la mayoría blanca de clase media y “normativa”, que busca una integración democrática en el sistema, piden ayuda a los gobiernos y a las fuerzas del orden, mendigan “derechos” como el matrimonio entre homosexuales y leyes contra la homofóbia, que sólo sirven para alejarnos a todxs (queers y no queers) de la libertad verdadera y refuerzan las instituciones sociales que tienen el control de nuestras vidas. El movimiento gay/lesbiano ha sido asimilado por el capitalismo, que ha hecho de éste un producto de consumo a través de la venta de un estilo de vida y de un negocio que ha crecido alrededor de clubs, saunas, discotecas, agencias de viaje, revistas... Los elementos “incómodos”, como las personas trans, bisexuales, pansexuales, genderqueer, han sido eliminados de manera silenciosa, sus necesidades y demandas han sido olvidadas, porque son un obstáculo para los proyectos de asimilación de los políticos gays y de las políticas lesbianas. La hipocresía de esta inclusión es evidente sólo en las letras B y T de la sigla LGTB, porque no hay otras ocasiones en las que se hable de la realidad cotidiana de estas personas o de las que son queer no blancas, o no privilegiadas económicamente.

 Alex B.



Fragmento extraído del libro «Pequeña historia de la resistencia feminista/queer radical desde los años 60 hasta hoy». Pueden consultar el libro íntegro haciendo clic aquí (N&A)