miércoles, 7 de mayo de 2014

Ni espontaneísmo ni uniformización - Luigi Fabbri


No hay que caer en el optimismo excesivo de Kropotkin, que conduciría a dejarse arrastrar por la corriente, a no tener casi necesidad de pensar antes de obrar. 

Es preciso plantear, primeramente los problemas de la acción y de la producción, preparando los ánimos, las voluntades, los instrumentos adecuados a la futura iniciativa popular, para que haya en todos los puntos del territorio en revolución los hombres, los grupos que la salven de ser presa de la imprevisión y de tener que abdicar en las manos de un poder central cualquiera. Es decir, se impone una preparación práctica, positiva más que negativa, de las minorías revolucionarias y libertarias, desde antes de la revolución, para que puedan obrar y responder a las necesidades que se presenten sin necesidad de confiarse a un gobierno. 

Miguel Bakunin veía esta necesidad; es completamente justo su concepto de llegar a despertar la vida espontánea y todas las potencias locales sobre el mayor número posible de puntos por medio de minorías revolucionarias que, pilotos invisibles en medio de la tempestad popular, produjeran la anarquía y la guiaran, no por virtud de un poder ostensible, oficial, sino con el ejemplo de la propia actividad iniciadora. Pero para que esta fuerza pueda obrar «es necesario que ella exista (advierte Bakunin) porque no se concertará por sí sola». 

Si en todo barrio, pueblo, campo, fábrica, si en todo centro, etc., existieran grupos resueltos que tomaran desde el primer momento, teniendo los medios y la preparación, la iniciativa revolucionaria, tanto para la destrucción del viejo régimen como para la continuación de la producción, todo pretexto de hacer surgir una autoridad gubernamental o dictatorial moriría en germen. La autoridad sería tan desmenuzada, tan pulverizada, que no existiría más como poder coercitivo; estando en cada uno y en todas partes, impediría cualquier tentativa de centralización. Preparar de este modo la posibilidad del desarrollo de las iniciativas locales, especiales, por lugares o por funciones, significará dar a la revolución el modo de caminar libremente sin los torniquetes deformadores y homicidas de la dictadura. 

Se dice que es necesaria la dictadura para organizar la lucha contra las resistencias burguesas. ¿Por qué? La revolución puede ser considerada como dividida en dos grandes períodos: el que antecede al derrumbamiento del poder político de la burguesía y el período posterior. Mientras el poder gubernamental burgués no haya sido derribado, toda dictadura proletaria es imposible; existe solamente, todavía, la dictadura burguesa. Vencido el gobierno burgués, que constituye la resistencia armada de la clase capitalista, queda implícitamente desarmada y derrotada también ésta. Sus elementos pueden, aquí y allá, prolongar, por grupos, la resistencia; pero entonces se encuentran en una situación de absoluta inferioridad frente al proletariado, mucho más numeroso que ella y desde ese momento armado y tal vez mejor armado que ella. Para sofocar estas resistencias no sólo es inútil constituir un gobierno central, sino que éste serviría mucho más para aniquilar la libre acción insurreccional local, que en todo sitio procede a limpiar el terreno y a desembarazarse de los reaccionarios del propio lugar, salvo, se entiende, cuando es menester convenir con las otras localidades para correr en ayuda de aquellas donde los revolucionarios se encuentren necesitados. 

Los distintos centros revolucionarios se federarán, estarán en contacto continuo para la recíproca ayuda, según un tipo de organización federalista completamente opuesta a la dictatorial. Esto evitará el grave inconveniente que se presentó durante la revolución francesa, y parece que también en Rusia, de que con las mejores intenciones del mundo el gobierno central dicte órdenes contrarias al espíritu dominante en ésta o en aquella región, en contraste con intereses colectivos legítimos de ciertas poblaciones lejanas o de categorías obreras menos favorecidas, etc., contribuyendo así a disminuir el fervor revolucionario y a favorecer los planes de los contrarrevolucionarios. Especialmente puede suceder esto cuando, para la labor de expropiación, se quisieran adoptar criterios únicos de forma y de procedimiento, que al contrario, debieran variar según las circunstancias y las tendencias de las masas, de localidad a localidad. 

En todo caso, las dificultades que surjan después serán siempre mejor resueltas por los organismos obreros que por un gobierno central. A menos que se insista en el propósito, absolutamente antirrevolucionario y utópico, de contentarse con la conquista del poder y dejar la expropiación para más tarde, como obra oficial del Estado dictatorial socialista. ¡Pues eso sería el desastre para la revolución! 

  Tomado del Libro 'Revolución no es Dictadura'

Violencia libertaria, autoridad y gobierno - Luigi Fabbri


Algunos dicen: «Comprendemos que, siendo vosotros como anarquistas, contrarios a toda idea de gobierno, seáis adversarios de la dictadura que es su expresión más autoritaria; pero no se trata de proponerla como fin sino como medio, antipático quizás pero necesario, como la violencia es también un medio necesario pero antipático durante el período provisorio revolucionario, indispensable para vencer las resistencias y los contraataques burgueses».

Una cosa es la violencia y otra la autoridad gubernamental, sea ésta dictatorial o no. Aunque es verdad, en efecto, que todas las autoridades gubernamentales se basan en la violencia, sería inexacto y erróneo decir que toda «violencia» es un acto de autoridad, por lo cual si es necesaria la primera, se haga indispensable la segunda. 


La violencia es un medio que asume el carácter de la finalidad en la cual es adoptada, de la forma cómo es empleada y de las personas que de ella se sirven. Es un acto de autoridad cuando se adopta para imponer a los demás una conducta al paladar del que manda, cuando es emanación gubernamental o patronal y sirve para mantener en la esclavitud a los pueblos y clases, para impedir la libertad individual de los súbditos, para hacer obedecer por la fuerza. Es al contrario, violencia libertaria, es decir, acto de libertad y de liberación, cuando es empleada contra el que manda por el que ya no quiere obedecer; cuando está dirigida a impedir, disminuir o destruir una esclavitud cualquiera, individual o colectiva, económica o política, y es adoptada por los oprimidos directamente, individuos o pueblos o clases, contra el gobierno y las clases dominantes. Tal violencia es la revolución en acción. Pero cesa de ser libertaria y por consiguiente revolucionaria cuando, apenas vencido el viejo poder, quiere ella misma convertirse en poder y se cristaliza en una forma cualquiera de gobierno. 

Es ése el momento más peligroso de toda revolución: es decir, cuando la violencia libertaria y revolucionaria vencedora se transforma en violencia autoritaria y contrarrevolucionaria, moderadora y limitadora de la victoria popular insurreccional, es el momento en que la revolución puede devorarse a sí misma, si adquieren ventaja las tendencias jacobinas, estatales, que hasta ahora, a través del socialismo marxista, se manifiestan favorables al establecimiento de un gobierno dictatorial. Deber específico de los anarquistas, derivado de sus mismas concepciones teóricas y prácticas, es el de reaccionar contra tales tendencias autoritarias y liberticidas, con la propaganda hoy, con la acción mañana.

Aquellos que hacen una distinción entre anarquía teórica y anarquía práctica, para sostener que la anarquía práctica no debiera ser anárquica sino dictatorial, no han comprendido bien la esencia del anarquismo, en el que no es posible dividir la teoría de la práctica en cuanto para los anarquistas la teoría surge de la práctica y es a su vez una guía de la conducta, una verdadera y propia pedagogía de la acción. 

Tomado del Libro 'Revolución no es Dictadura'

El trabajo y la esclavitud (Reflexiones desde el virus de la subversión)


«En el fondo, ahora se siente [...] que semejante trabajo es la mejor policía, que mantiene a todo el mundo a raya y que sabe cómo evitar con firmeza el desarrollo de la razón, la concupiscencia y el deseo de independencia. Puesto que emplea una cantidad enorme de energía nerviosa, la cual sustrae a las actividades de meditar, ensimismarse, soñar, preocuparse, amar, odiar.»
Friedrich Nietzsche, Los aduladores del trabajo, 1881

La palabra trabajo proviene del latín tripalium que era un
instrumento de azote utilizado por los romanos. Una gran cantidad de pueblos a lo largo de la historia de la humanidad vieron el trabajo como una circunstancia inevitable para poder sobrevivir, pero nunca tuvo el carácter de ser un valor en sí mismo. Las sociedades que no formaron Estado, como las investigadas por el célebre antropólogo Pierre Clastres (1), resultaban ser sociedades que estando contra el “productivismo” producían lo necesario para vivir en términos relativamente apacibles. Por ejemplo, si les entregaban herramientas más eficaces, en vez de producir más, simplemente las empleaban para producir lo mismo en una menor cantidad de tiempo. 

Este tipo de sociedades jamás formaron estructuras jerarquizadas como los Estados modernos, ya que su población siempre se mantuvo belicosamente movilizada frente a cualquier tipo de concentración en un poder centralizado. Es el Estado el lugar en que se concreta una sociedad dividida en clases que puede desplegar diversos sistemas económicos,  pasando por los imperios Inca o Azteca hasta el sistema-mundo capitalista (centro y periferia económica-cultural y un sistema inter-estado jerarquizado y una división de clases dentro de ellos) que actualmente existe. Todo Estado implica un etnocidio en el sentido de fagocitar y destruir culturas, solo el Estado de Chile se construyó sobre montañas de cadáveres de indígenas, pero lo que hace más profundamente etnocida a un Estado es el capitalismo, ya que si la acumulación es infinita se requiere socavar hasta la última fibra de cualquier modo de vida incompatible, como se puede ver el hecho político antecede al hecho económico. El trabajo asalariado es ante todo una relación jerarquizada, en que en algún momento en circunstancias asociadas a incertidumbre, en términos de supervivencia biológica o psicológica, un grupo determinado toma por la fuerza el poder y por ende el control sobre los medios o recursos necesarios para la sobrevivencia.

El concepto de crecimiento económico parte de la falacia de que es posible establecer alguna fragmentación entre las especies y el ecosistema que las contiene (2), por lo que asegurar una armonía con el ecosistema no forma parte del plan y ese es un despliegue que nos conduce inevitablemente a un colapso ecosistemico, ideas como la deriva natural del  biólogo Francisco Varela han puesto sólidos cuestionamientos a esa idea de progreso indefinido. Entonces la dominación política ya sea una democracia o una dictadura que implica la jerarquización de la civilización (En la democracia la cuota de admisión para poder incidir la otorga la cantidad de dinero que poseas) requiere de individuos fuertemente especializados en áreas muy específicas, que rara vez tendrán una noción en términos sistémicos de lo que realizan, la rutina es diaria e impostergable, una letanía interminable que paulatinamente nos desconecta de la experiencia inmediata en términos más amplios que la tarea a desempeñar, claro uno podría ser libre de no desempeñarla a riesgo de precarizar más aun la situación.

El despliegue tecnológico para poder generar los ritmos vertiginosos que requiere el capitalismo por otra parte ha hecho que se pueda prescindir de una gran cantidad de personas, ese es el ejército de desempleados que crece día a día en el mundo, que si desea a lo mejor oponerse a la situación antes descrita, se encontrará con que debe primero asegurar la supervivencia, mientras aquellos que están puestos en extensas jornadas laborales debilitados en términos psicológicos y biológicos difícilmente se tientan a presentar algún tipo de resistencia.

Si bien hay muchas legítimas demandas laborales, pocas veces se pone en juego la misma organización social jerarquizada y sus ciclos productivos, aunque puedan romper nuestros propios ciclos orgánicos, es necesario tener presente las necesidades particulares porque son acuciantes, pero no se puede perder de vista el contexto en el que están insertas. En un momento en la historia de la humanidad la discusión fue de quien eran propiedad los hijos de los esclavos, tal dilema no se superó sino que se eludió de una forma elegante, en que todas las personas nacerían libres e iguales pero no necesariamente con los mismos derechos sobre el mundo concreto. La revolución francesa cambio las palabras pero no necesariamente los hechos, ni hablar de la revolución rusa para ellos socialismo era trabajar y obedecer mucho.

La desjerarquización de la sociedad significa recuperar un diálogo entre iguales, no en el sentido de una homogeneidad cultural, sino en un punto en que podemos reconocer aquellas cosas que tenemos en común y aquellas que nos hacen diferentes sin que implique una asimetría de poder, tal idea ha sido tratada con más o menos justicia como utópica. Lo cierto es que la humanidad, en estos momentos básicamente, es un mero programa para la producción, eso es la educación hoy en día, es un comportamiento semejante al de los insectos sociales como las hormigas, en cambio las posibilidades evolutivas en los primates tienen que ver con diversificar capacidades, no para generar una asimetría de poder sino para cultivar un refinado reconocimiento de los estados afectivos de los otros, sentirlo como otro legítimo. La jerarquización por lo mismo es la negación de la solidaridad, cada sociedad elige que afectos cultivar, la nuestra lo hace con el miedo y la administración de los deseos, principalmente a través de la obediencia y la competencia desencarnada, se fragmenta a la humanidad en amos y esclavos en distintos grados.

La empatía o apoyo mutuo o como prefieran llamarla, es una tendencia cultivable, está inscrita en nuestra biología (3) y aparece en nuestra experiencia consciente que es la “frontera” entre naturaleza y cultura. De acuerdo a biólogos como Francisco Varela, es esa experiencia la que se oscurece cuando repetimos una y otra vez la programación cultural que alimenta una sociedad jerarquizada, después de todo no estamos mirando, es la memoria en forma mecánica y automática manifestándose, de ahí el dualismo mente-cuerpo y las patologías asociadas al estrés crónico, un camino desde la educación, trabajo o cárcel según sea la necesidad de la organización social jerarquizada.

Comprender en forma integral la sociedad jerarquizada, su relación con el ecosistema, es reapropiarnos de nuestra experiencia consciente desde el cuerpo, en tiempo presente, es desde ahí que se pueden observar los condicionamientos sociales en que el trabajo más que ser una manera de proveerse lo necesario para vivir, pasa a ser la liquidación de cualquier potencial humano y un gran método de control social, a medida que la tecnología en vez de emplearse para solucionar los grandes problemas y preguntas de la humanidad se emplee en perfeccionar la tecnociencia necesaria para la organización social-económica jerarquizada, puede ir prescindiendo de una gran cantidad de personas, a una mitad la va a poner en ghetos con los que se regocijara haciendo caridad o encarcelándolos y a la otra mitad le dará empleo apaleando a los marginados.

Tal vez la primera acción es comprender y ponernos en juego a nosotros mismos y aquellos hábitos a los que estamos condicionados como es que el mundo este jerarquizado, a lo mejor desde ahí se puede fraguar un proyecto emancipatorio fundado en otra ética una más concreta basada en la horizontalidad y el apoyo mutuo (4).
 

@de_humanizer

Esta reflexión deliberadamente sintética se puede profundizar en estos textos


(1)   http://elvirusdelasubversion.blogspot.com/2014/03/contra-toda-forma-de-dominacion.html



(2)   http://elvirusdelasubversion.blogspot.com/2013/10/la-armonia-del-ecosistema.html



(3)http://elvirusdelasubversion.blogspot.com/2013/02/autoliberacion-integral-y-apoyo-mutuo.html y http://elvirusdelasubversion.blogspot.com/2013/02/autoliberacion-integral-y-apoyo-mutuo_10.html



(4)   http://elvirusdelasubversion.blogspot.com/2014/04/subversion-ciencias-cognitivas.html

lunes, 28 de abril de 2014

¿Qué es la anarquía? - Albert Parsons

Albert Richard Parsons fue uno de los 5 anarquistas ejecutados en la horca por un tribunal burgués de Chicago en noviembre de 1887, acusados de ser protagonistas de la revuelta de Haymarket en el mayo de 1886 durante el movimiento anarcosindicalista por la jornada de las ocho horas que dieron origen al 1º de mayo como «El día internacional de los y las trabajadoras». El siguiente artículo ha sido tomado de «Acción Directa», órgano oficial de los Trabajadores Industriales del Mundo (IWW), Santiago de Chile, Segunda Época, Nº9, Mayo de 1943

El manifiesto del Congreso de Pittsburgh de la Asociación Internacional de Trabajadores, dado a luz el 16 de Octubre de 1883, concluye como sigue:

“Lo que queremos es, sencilla y claramente: Primero- La destrucción de la dominación existente de clase por todos los medios, es decir, con acción enérgica, incesante, revolucionaria e internacional.

Segundo- La institución de una sociedad libre, basada en la organización cooperativa de la producción.

Tercero- El libre intercambio de productos equivalentes por parte de las organizaciones productoras mismas, sin intermediarios ni especuladores.

Cuarto- La organización del sistema de educación sobre bases seculares, científicas e igualitarias para ambos sexos.

Quinto- La igualdad de derechos para todos, sin distinción de sexo o de raza.

Sexto- La regulación de todos los asuntos públicos por contratos libres entre las comunas y asociaciones autónomas (independientes), sobre bases federativas.

¡El que apruebe estos ideales que estreche nuestras manos fraternales tendidas!

¡Proletarios de todos los países, uníos! ¡Compañeros, todo lo que necesitamos para la realización de esa gran obra es ORGANIZACIÓN y UNIDAD!”

La declaración susodicha expresa los fines y métodos de los anarquistas.

Sorprende, por consiguiente, oír a ciertas personas decir que los anarquistas desenvuelven sus actividades sin designio ni propósito.

A menudo oímos que se pregunta “¿Qué significa la anarquía?”. Significa, primero, la destrucción de la clase gobernante existente. Mientras no se realice esto, cualquier reforma o mejoramiento en interés del proletariado, sea cual fuere su dirección, está destinado al fracaso. Todos los males que afligen a la humanidad se resumen en una palabra, pobreza, resultante de causas innaturales.

Remover esta barrera del sendero, significa que el progreso se encaminará firme y rápidamente hacia formas más altas de civilización. La pobreza, por consiguiente, es la gran maldición de los hombres.

La dominación de las clases se basa en la posesión de privilegios adquiridos, primero, por la fuerza y la chicana, luego decretada por la promulgación de leyes, más tarde legalizada por la Constitución. Por medio de este proceso, los medios de existencia, sin uso de los cuales la vida no puede mantenerse: tierra, maquinaria, transportes, comunicaciones, etc., han sido convertidos en propiedad privada -monopolizada- hasta que unas pocas personas privilegiadas en la sociedad llegaron a poseer el derecho de vivir en libertad. Los desposeídos, la clase asalariada, son compelidos a mendigar pan y abrigo de los que poseen la propiedad. De esta compulsión surge la esclavitud y la pobreza de los productores de la riqueza. El sistema de la propiedad es un despotismo bajo el cual los desheredados son forzados, so pena de extinguirse, a aceptar cualquier término o condición que a la clase poseedora se le ocurra dictar. Destruir este sistema es el fin primordial de la anarquía y, para su realización, el echar mano a cualquier medio se convierte no sólo en un deber, sino también en una necesidad. El voto ha cesado, hace tiempo, de registrar la voluntad popular. La clase que controla las industrias y la riqueza del país, puede, y en realidad lo hace, controlar el voto de los trabajadores. La educación se vuelve imposible bajo el aletargamiento y pobreza de la clase asalariada.

La Internacional reconoce que el trabajador es mantenido por fuerza en un estado de sumisión económica a los monopolizadores de los medios de producción, es decir, a las fuerzas de la vida, y que esa es la causa de la degradación mental, de la dependencia política y de la miseria social de la clase trabajadora.

No estando el proletariado habilitado para vivir en la esclavitud, el movimiento revolucionario, de profunda raigambre en el proletariado descontento y rebelde, es organizado y orientado por hombres de la clase asalariada que tienen un conocimiento histórico amplio del movimiento obrero y de su fin inmediato: la revolución social.

Hay hombres educados de la clase media que, presintiendo el próximo conflicto, o habiendo sido ellos mismos arrojados por la fatalidad de los acontecimientos a las filas del proletariado, se convierten en activos y útiles elementos para organizar a los descontentos. El Estado y sus leyes sirven sólo para perpetuar la clase dominadora existente y, una vez destruida esta, sobre sus ruinas, la anarquía instaurará una “sociedad libre, basada en la organización y producción cooperadora”. Esta sociedad libre sería de carácter puramente económico, encarando solamente la producción y distribución de la riqueza. Los hombres se asociarían y, poniendo a contribución sus diferentes oficios, conducirían el proceso de la producción y distribución.

Los zapateros, carpinteros, agricultores, impresores, moldeadores y otros, formarían grupos o comunidades autónomas o independientes, regulando todas las gestiones de acuerdo con su mejor parecer. Los gremios, los congresos y otras organizaciones del trabajo no son sino los grupos iniciales de la sociedad libre.

La libertad de cambio entre las organizaciones productivas, sin comercio o beneficio lucrativo, ocuparía entonces el lugar del sistema especulativo existente con su artificial escasez y “corners” saqueadores.

La educación se pondrá al alcance de todos. Todos gozarían de derechos iguales. No más derechos sin deberes; no más deberes sin derechos. Todas las gestiones públicas serían reguladas por libres contratos entre las comunas o grupos autónomos (independientes), condicionadas por una base federalista.

La sociedad libre equivale a la abolición de todas las formas de gobierno político. Las clases inútiles, abogados, jueces, ejército, policía y las innumerables hordas empeñadas en difundir por medio de avisos sus mercancías, desaparecerían. La razón y el sentido común, basado en la ley natural, reemplazarían a la ley estatutaria, fundamentada en la compulsión y en la dominación arbitraria.

El capital siendo una cosa, no tiene ningún derecho. Sólo las personas tienen derechos. El sistema social existente otorga todo el capital a una clase y abruma con el trabajo a la otra; de ahí que el conflicto sea inevitable. Ha llegado el momento en que los trabajadores deben posesionarse del  derecho al libre uso del capital con el que trabajan o los capitalistas poseerán a los trabajadores en cuerpo y alma. Ningún compromiso es posible. Debemos elegir entre la libertad y la esclavitud. La Internacional, altivamente, despliega el estandarte de la fraternidad y la igualdad, y desde sus rojos pliegues lanza un vibrante llamado a los desheredados de la Tierra para que se unan y destruyan de una vez por todas, la bestia de la propiedad, que se refocila sobre la sangre palpitante y vital del pueblo.




Manifiesto anarquista-feminista

Compañeras:

Debo decirles que no hemos pecado, jamás lo hemos hecho, pero sobre todo, debo decirles que el “pecado”, esa absurda palabra reproducida e impuesta a lo largo de la historia, no existe.

Lo que existió, existe, pero dejará de existir son los miles de principios éticos, morales y religiosos que han mutilado nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Existió, existe, pero dejará de existir, la esclavitud, la vergüenza falsa, el pudor absurdo, el dolor, la culpa y el arrepentimiento que hemos sentido, o dicho de una forma más clara, nos han hecho sentir los miles de hombres y mujeres creadores y pertenecientes a todos esos principios éticos, morales y religiosos, a todo ese aparataje represor, machista y sexista que se camufla cada día detrás de un falso feminismo, detrás de una falsa igualdad, detrás de una falsa libertad. Porque aunque es totalmente cierto y valioso que hemos luchado por lo que nos robaron desde que nacimos, aún se sigue viviendo en cada esquina, en cada calle, en cada pueblo, en cada ciudad, en cada revista de moda, de ropa, de maquillaje, en cada comercial, en cada iglesia, en cada escuela, en cada canción de reggaetón (y demás mierda que nos ve como objetos sexuales), en cada parámetro para el comportamiento, en cada mujer violada, ultrajada, golpeada, estigmatizada, culpada, satanizada, tildada de puta, de perra, de zorra, de cualquiera, y demás calificativos que la sociedad utiliza para referiste a una mujer libre, a una mujer que disfruta de SU cuerpo con quien quiera y como quiera, en cada parámetro para el comportamiento, en cada modelo de vida, de consumo, de éxito, en la mayoría de argumentos contra el aborto, en todo eso se siguen viendo los estereotipos, las normas morales y los valores para la conducta, la violencia, el feminicidio, la mercantilización del cuerpo, las relaciones de poder, el machismo, el sexismo y el sistema patriarcal. ¡Que sin duda, nosotrxs acabaremos!

Prenderemos fuego a todas sus doctrinas, quebraremos sus reglas, destruiremos sus libros más sagrados, gozaremos de nuestro cuerpo como nos venga en gana, dejaremos de servirle sexualmente a los demás, para empezar a complacernos a nosotras mismas, la masturbación reemplazará las tareas domésticas, -pero ésta nunca será una obligación sino un acto que nace de la libertad, la rebeldía, el amor propio y el placer-, no seguiremos su modelo de vida, no encajaremos en sus moldes, no seremos una pieza más de su maldita máquina hecha de dolor.

Destruiremos todas las cadenas, las cárceles y las imposiciones, todo eso por la sed y las ansias de justicia y libertad, por las ganas y el deseo de hacer resurgir un mundo nuevo.

¡No más esclavitud, no más vergüenza falsa y pudor absurdo, no más dolor, ni culpa, ni arrepentimiento, no más reprimir-nos!

Es ahora o nunca, compañerxs a luchar, a destruir pero sin duda, a construir. 


Fuente: Fuego Insurrecto 

miércoles, 23 de abril de 2014

Contra los Mesías del proletariado (otra respuesta a Jorge Orts)


          Parece ser verdad que el anarquismo está en una tendencia ascendente en estos tiempos. Incluso podemos ver cómo, además de los anarquismos más clásicos, también surgen otros neoanarquismos y postanarquismos. Es más, si somos capaces de analizar mínimamente todas las luchas y movimientos sociales de los últimos años, parece que todas tienen en común, a grandes rasgos, Internet y una sensibilidad libertaria.

            Como es de esperar, al temer que las ideas libertarias tomen fuerza, hay quien tiene la necesidad urgente de atacar dichas ideas. Primero ha sido la policía, con todos esos supuestos casos de (intentos de) terrorismo. Ya vimos el supuesto material peligroso que incautaron los mossos. El primer caso de atacarnos, desde arriba. Pero, recientemente, he leído un comunicado publicado en la web tintaroja.es, de las Campañas de Juventud Comunista, que demuestra otro ataque al anarquismo desde la derecha.

Para empezar, es curiosa la calificación de “oportunista”, ya que el anarquismo no tiene un guía, un gurú, un Mesías o un salvador al que calificar como tal. El oportunismo es una característica individual, como por ejemplo se le puede atribuir a Lenin cuando escribió El Estado y la revolución, haciendo simpatías por todas partes, incluyendo al anarquismo, con tal de llegar al poder y hacerse el dueño del proletariado –a costa también de las posteriores masacres–.

Los viejos conservadores y liberales, solían decir algo así como que con los marxistas se podía discutir, porque iban leídos. Bueno, pues al parecer, el responsable de este comunicado y los que lo apoyan, han roto, para mal, con esa tradición marxista de leer. Es curioso como pone en primer lugar el autodenominado “socialismo científico” y cronológicamente después el anarquismo, además como una corriente idealista. Si hacemos un análisis clásico del socialismo, Proudhon habló de anarquismo ocho años antes de que Marx y Engels publicaran el Manifiesto del Partido Comunista. Y si somos un poco más abiertos, ya hay quien habla de Jean Meslier como anarquista sistemático entre los siglos XVII-XVIII.

Resulta, por otra parte, que… ¡oh, el anarquismo es pequeñoburgués! El texto coincide con las criticas marxistas del siglo XIX, no aporta nada; ni por novedad, ni por contenido. Ahí estaba Marx, no el pequeño, sino el gran burgués de la Internacional, que se la quiso apropiar y fueron los anarquistas los que dijeron que de eso nada. ¿Por qué iba a ser alguien propietario de los trabajadores? Claro, que el pequeñoburgués era Bakunin, quien luchó en las barricadas en Dresde haciendo honor a su discurso.

Se habla del poco peso que tuvo el anarquismo en la clase obrera. Seguramente, no han leído la historia de lo que hoy es el Reino de España. El impacto que ha tenido el anarquismo en la clase obrera del siglo XX, no lo ha tenido ninguna otra. Por lo tanto, ya no vale el argumento de higienismo social de Marx de que es la pequeñaburguesía, o el campesinado, o el lumpenproletariado. Si de algo valió Bakunin, fue por su visión compleja de las sociedades… Por eso en España se le conoció y tuvo influencia antes y mucho más que su contemporáneo Marx. Negar o eludir esto es simplemente desconocimiento histórico y teórico*.  

Estoy algo cansado de que los marxistas más dogmáticos utilicen una y otra vez el concepto de ciencia, cuando ha sido ya refutado mil y una veces. En marxismo no tiene nada de científico, no es una ciencia. Es más, su uso de la palabra corresponde más bien al de la secta de la Cienciología. Este uso del marxismo hace que sea considerado como pseudociencia, algo que, tanto Karl Popper en su tiempo como Mario Bunge en el nuestro han argumentado con una tremenda claridad. Una característica fundamental de la ciencia es que no es estática y, entre otros factores, los cambios de paradigma y la falsabilidad como actitud cuentan mucho. De esto, claro, ni un solo atisbo en el marxismo. ¿Cómo será una ciencia algo que no participa de sus características? Es más, siendo tan contrarias a la ciencia, incluso con sus libros sagrados –El Capital– ¿no sería, más bien, una religión? Si el marxismo es una ciencia, ¿cómo es posible que no haya nada que discutir? ¿Cómo es que hay ya una verdad revelada?

Esta hipótesis, aunque dura y provocadora, entre otras, me permite comprender los ataques inquisitoriales constantes de los marxistas a los libertarios. Así, podemos ver el ansia de control de Marx en la Internacional, el ansia de poder y dominación absolutista de Lenin y Stalin –y demás líderes supremos–, y así vemos el ansia y preocupación de este tipo de comunistas por conservar ese poder simbólico, cultural, que han mantenido por el momento. Eso les convierte directamente, a todos, en conservadores, en reaccionarios.

            Hemos resistido durante siglos, sea ante la policía del Estado, sea la policía de esa “izquierda” con complejo de dominatrix. Y ahora, cuando las ideas anarquistas, libertarias, comienzan a hacerse oír, en todas sus variantes, vuelven a la carga los viejos fantasmas. Pero nosotros no creemos en médiums…

Stuart Mill decía que había que permitir que todo el mundo hablase, no intervenir, ya que el tiempo pondría cada cosa en su lugar. Bueno, pues, que hablen y escriban todo lo que quieran: la sociología actual nos permite decir que las ideas y las prácticas libertarias están en auge y actualizándose y adaptándose a las nuevas realidades. Negadlo y atacadnos, igual que la Iglesia hizo con Galileo.

Salud y libertad.


*No entro a rebatir las oraciones sobre la teoría del anarquismo, porque lo que no es falso, es una malinterpretación. Ocuparía un grueso espacio y no me gusta perder mucho tiempo. Invito tanto al autor del artículo como a los que lo suscriban a leer sobre anarquismo, libros de historia, autores teóricos etc., ya que ahí, si no se lee con prejuicios –difícil tarea–, podrán ver la falsedad de los argumentos planteados. 


(Texto enviado al email en respuesta al texto "El oportunismo anarquista" de Jorge Orts)

El oportunismo leninista (Una respuesta a Jorge Orts)


Es frecuente escuchar que el anarquismo es una corriente similar al marxismo y que solo se diferencian en matices. Pero estamos ante una afirmación totalmente falsa. Desde el nacimiento del socialismo burgués de Marx surgen corrientes reformistas y colaboracionistas que intentan por medio de la conciliación de clases y el parlamentarismo, transformar el socialismo en una ideología funcional a la burguesía y el capitalismo. Desde el momento de la elaboración de la teoría revolucionaria de la conquista del Estado por Marx y reforzada por Lenin, el marxismo se convierte en un enemigo ideológico del proletariado.

El marxismo como pensamiento ideológico toma fuerza a mediados del siglo XIX. Las diversas corrientes que conviven en el marxismo son el fruto del movimiento reaccionario de sectores de la burguesía y del proletariado con ansias de Poder. El marxismo observaba perplejo como el movimiento anarquista crecía y avanzaba a pasos agigantados hacia la revolución social por medio de la influencia de las ideas libertarias en los sindicatos y asociaciones de clase, es por eso que el marxismo ha atacado frecuentemente a las ideas anárquicas, tildando al anarquismo de ideología pequeño burguesa, cuando ellos, los marxistas, con sus partidos reformistas históricamente han servido como una auténtica vanguardia de la burguesía fortaleciendo al Estado y con ello, salvando al capitalismo de su ocaso.

Los marxistas culpan a las malas interpretaciones de Marx del actual estado de cosas y de la decadencia de la antigua URSS,  sin embargo, el estalinismo y la posterior entrega en bandeja de la URSS a los Chicago Boys, no hizo más que demostrar lo que venía advirtiendo Bakunin e innumerables anarquistas acerca de las incoherencias del marxismo  y de la funcionalidad del concepto de Dictadura del Proletariado con el capitalismo: La Dictadura del proletariado se convirtió en una dictadura contra el proletariado y contra la gran mayoría de la población, donde una minoría oportunista decidía en nombre de la mayoría oprimida y explotada por el capitalismo de Estado. Burócratas ilumindados por una divinidad religiosa, donde Dios era Marx y la biblia, los manoseados manuales autoritarios del marxismo.

En 1868 Bakunin entra en la Internacional Socialista con el objetivo de defender las  ideas revolucionarias de las clases oprimidas: la destrucción del Poder político y declarar los medios de producción propiedad colectiva de los trabajadores. Ante esto, Marx y sus compinches inventaron calumnias contra Bakunin, acusándole falsamente de conspirar contra la internacional y de ser un espía ruso. Tales acusaciones se comprobaron que eran una vil mentira de Marx y Engels y que solo buscaban expulsar a los anarquistas de la internacional de los trabajadores y dejar terreno fértil para las luchas reformistas del marxismo.

Es necesario recordar que tanto el anarquismo como el marxismo-leninismo ven necesaria la desaparición del Estado, aunque de forma muy diferente. El marxismo coge al Estado como una entidad que tiene ‘conciencia de sí’ y  que por un simple manual de tinta socialista, la clase que ocupa el Poder del Estado un día ideal y mágico se juntará en asamblea y decretará por fin el comunismo. En cambio, el anarquismo es consciente de que el Estado es una estructura que por su misma naturaleza jerárquica es funcional a los intereses de la burocracia que ocupa el Poder del Estado y que es un sueño idealista de los marxistas la famosa extinción gradual del Estado, ya que dicha extinción paulatina se aleja de todo análisis científico y de la famosa dialéctica de la que tanto hablan los amantes de Marx y el Estado.  



(Texto en respuesta a  El oportunismo anarquista)