lunes, 26 de mayo de 2014

Lo que Lenin olvidó - Rudolf Rocker

Ocurre un extraño suceso que resulta a veces verdaderamente grotesco y que sólo encuentra su explicación en la falta de todo conocimiento sobre la historia del viejo movimiento socialista. Bolcheviques, independientes, comunistas, etc., no dejaron de acusar a los herederos de la vieja Social-democracia de una vergonzosa claudicación de los principios del marxismo. Los acusaron de haber ahogado al movimiento socialista en el pantano del parlamentarismo burgués, de haber interpretado mal la actitud de Marx y Engels sobre el Estado, etc.

El director espiritual de los bolcheviques, Nicolás Lenin, trató de fundamentar su acusación sobre bases sólidas en su conocido libro «El Estado y la Revolución», que es reputado por sus discípulos como la verdadera y pura interpretación del marxismo. Por medio de una colección de citas perfectamente arregladas pretende demostrar Lenin que «los fundadores del socialismo científico» fueron siempre enemigos declarados de la democracia y del pantano parlamentario y que todas sus aspiraciones iban encaminadas a la desaparición del Estado. 

No hay que olvidar que Lenin hizo recién descubrimiento cuando su partido, contra todas las esperanzas, se vio en minoría después de las elecciones para la Asamblea Constituyente. Hasta entonces los bolcheviques habían participado a la par de los demás partidos en las elecciones y se cuidaban de no ponerse en conflicto con los principios de la democracia. En las últimas elecciones para la Asamblea Constituyente de 1918, tomaron parte con un programa grandioso, esperando obtener una mayoría importante. Pero al ver que, a pesar de todo, quedaban en minoría, declararon la guerra a la democracia y disolvieron la Asamblea constituyente, publicando entonces Lenin su obra «El Estado y la Revolución» como justificativo personal.
La tarea de Lenin no era sencilla por cierto: de un lado se veía obligado a hacer concesiones avanzadas a las tendencias anti-estatales de los anarquistas y del otro a demostrar que su actitud no era en modo alguno anarquista, sino marxista únicamente. Como inevitable consecuencia de todo esto su obra está llena de errores contra la lógica del sano pensamiento en el hombre. Un ejemplo probará esta afirmación: queriendo Lenin acentuar lo más posible una supuesta tendencia anti-estatal de Marx, cita el conocido párrafo de «Guerra civil en Francia», donde Marx da su aprobación a la Comuna por haber comenzado desterrando el Estado parasitario. Pero Lenin no se toma el trabajo de recordar que Marx se veía obligado con estas palabras ─que están en abierta contradicción con toda su actitud anterior─ a hacer una concesión a los partidarios de Bakunin, con los cuales mantenía, por aquel entonces, una lucha muy enconada. 

Hasta el mismo Franz Mehring ─a quien no se le puede sospechar de simpatía hacia los socialistas mayoritarios─ ha debido reconocer esa contradicción en su último libro «Karl Marx», donde dice: «No obstante todo lo verídico que sean los detalles de esa obra, esta fuera de duda que el pensamiento allí expresado contradice todas las opiniones que Marx y Engels habían venido proclamando desde el «Manifiesto Comunista» un cuarto de siglo antes». 

Bakunin estaba en lo cierto al decir por aquel entonces: «La impresión de la Comuna levantada en armas fue tan imponente que hasta los marxistas, cuyas ideas habían sido completamente desalojadas por la revolución de París, tuvieron que doblar la cabeza ante los hechos de la Comuna. Hicieron más aun: en contradicción con toda lógica y con sus convicciones conocidas tuvieron que relacionarse con la Comuna e identificarse con sus principios y aspiraciones. Fue un carnavalesco juego cómico... pero necesario. Pues el entusiasmo provocado por la Revolución era tan grande que habrían sido rechazados y arrojados de todas partes si hubieran intentado encastillarse en sus dogmatismos.
Algo más aun olvida Lenin y algo que es, por cierto, de capital importancia en esta cuestión. Es lo siguiente: que fueron precisamente Marx y Engels quienes trataron obligar a las organizaciones de la vieja Internacional a desarrollar una acción parlamentaria, haciéndose, de este modo, responsables directos del empantanamiento colectivo del movimiento obrero socialista en el parlamentarismo burgués. La internacional fue la primera tentativa para unir a los trabajadores organizados de todos los países en una gran unión, cuya aspiración final seria la liberación económica de los trabajadores. Diferenciándose entre si las ideas y los métodos de las diferentes secciones, era de capital importancia establecer los puntos de contacto para la obra común y reconocer la amplia autonomía y la autoridad independiente de las diversas secciones. Mientras esto se hizo la internacional creció poderosamente y floreció en todos los países. Pero todo cambió por completo desde el momento en que Marx y Engels se empeñaron en empujar a las diferentes federaciones nacionales hacia la acción parlamentaria. Esto ocurrió por primera vez en la desgraciada conferencia de Londres de 1871, donde lograron hacer probar una resolución que terminaba con las siguientes palabras:

«Considerando: que el proletariado sólo puede permanecer como clase constituyéndose en partido político aparte, en oposición a todos los viejos partidos de las clases dominantes; que esta constitución del proletariado en partido político es necesaria para llegar al triunfo de la Revolución Social y a su finalidad, la desaparición de las clases; que la unión de las fuerzas proletarias que se viene consiguiendo por las luchas económicas es también un medio de que se valen las masas en la acción contra las fuerzas políticas del Capitalismo; la Conferencia recuerda a los miembros de la Internacional la necesidad de mantener en las luchas obreras indisolublemente unidas sus actividades económicas y políticas».
Que una sola sección o federación de la Internacional adoptara tal resolución era cosa bien posible, pues sólo a sus componentes envolvería el cumplimiento de ella; pero que el Consejo Ejecutivo la impusiera a todos los componentes de la Internacional, y máxime tratándose de un asunto que no fue presentado al Congreso General, constituía un proceder arbitrario, en abierta contradicción con el espíritu de la Internacional y que tenia necesariamente que levantar la protesta enérgica de todos los elementos individualistas y revolucionarios. 

El Congreso vergonzoso de La Haya, en 1872, concluyó la obra emprendida por Marx y Engels para transformar a la Internacional en una maquinaria de elecciones, incluyendo a este efecto una cláusula que obligaba a las diferentes secciones a luchar por la conquista del poder político. Fueron, pues, Marx y Engels los culpables del divisionismo de la Internacional, con todas sus consecuencias funestas para el movimiento obrero, y los que por la acción política trajeron el empantanamiento y la degeneración del Socialismo.

Cuando estalló la revolución de España en 1873, los miembros de la Internacional ─casi todos anarquistas─ desconocieron las peticiones de los partidos burgueses y siguieron su propio camino hacia la expropiación de la tierra y de los medios de producción, con un espíritu socialmente revolucionario. Estallaron huelgas generales y revueltas en Alcoy, San Lúcar de Barrameda, Sevilla, Cartagena y otros lugares, que tuvieron que ser sofocadas en sangre. Más tiempo resistió la ciudad portuaria de Cartagena, la cual se mantuvo en manos de los revolucionarios por espacio de varios meses hasta que finalmente cayó debido al fuego de los buques de guerra prusianos e ingleses. En aquel entonces Engels atacó duramente en el «Fol-Stat» a los bakuninianos españoles y los apostrofó por no querer adherirse a los ciudadanos republicanos. ¡Cómo hubiera el mismo Engels, si viviera aun, criticado a sus discípulos comunistas de Rusia y Alemania! 

Después del célebre Congreso de 1891, cuando los dirigentes de los llamados «Jóvenes» fueron expulsados del Partido Socialdemócrata, por levantar la misma acusación que Lenin dirigía a los «oportunistas» y «kautzkianos», fundaron éstos un partido aparte con un órgano propio: «Der Socialist» en Berlín. Al principio, este movimiento fue extremadamente dogmático y representó ideas casi idénticas a las del actual Partido Comunista. Si se lee, por ejemplo, el libro de Teistler «El Parlamentarismo y la clase obrera», se encontrarán idénticos conceptos que en «El Estado y la Revolución» de Lenin. Al igual de los bolcheviques rusos y de los miembros del Partido comunista alemán, los socialistas independientes de aquel entonces rechazaban los principios de la Democracia y se negaban a participar en los parlamentos burgueses sobre la base de los principios reformistas del marxismo. 

Y ¿cómo hablaba Engels de esos «Jóvenes» que se complacían, al igual de los comunistas, en acusar a los dirigentes del Partido Socialdemócrata de traición al marxismo? En una carta a Sorge en octubre de 1891, hace el viejo Engels los siguientes amables comentarios: «Los asquerosos berlineses se han convertido en acusados en vez de seguir siendo acusadores y habiendo obrado como cobardes infelices han sido obligados a trabajar fuera del Partido, si es que desean hacer algo. Sin duda hay entre ellos espías policiales y anarquistas disfrazados que desean trabajar secretamente entre nuestra gente. Junto a ellos hay una cantidad de asnos, de estudiantes ilusos y de payasos insolentes de todo surtido. En total son unas doscientas personas». 

Seria verdaderamente curioso saber con qué adjetivos simpáticos hubiera hoy honrado Engels a nuestros «comunistas», que se dicen ser «los guardadores de los principios marxistas».
No es posible caracterizar los métodos de la vieja Social-democracia. Respecto a tal punto Lenin no dice una sola palabra y menos aun sus amigos alemanes. Los socialistas mayoritarios deben recordar este detalle sugerente para demostrar que son ellos los verdaderos representantes del marxismo; cualquiera que conoce algo de historia debe darles la razón. El marxismo fue quien impuso la acción parlamentaria a la clase obrera y marcó la ruta de la evolución operada en el Partido Social-demócrata alemán. Solo cuando esto se comprenda, se entenderá que la ruta de liberación social nos lleva a la tierra feliz del anarquismo pasando por encima del marxismo. 

Rudolf Rocker 


Anterior texto corresponde a los capítulos V, VI, VII, VIII y IX  del ensayo Marx y Anarquismo de Rudolf Rocker.  El título ofrecido en este blog no corresponde al original, el cual pueden consultar íntegro haciendo clic aquí.

viernes, 16 de mayo de 2014

Venezuela: A derrotar la élite "libertaria" y a crear grupos de afinidad


Los últimos meses he observado la realidad del movimiento social en Venezuela con gran preocupación. Por una parte, por el latente peligro de intensificación de la violencia social (Tanto de la burguesía reaccionaria como del Estado opresor) que puede ser fácilmente canalizada por tendencias sediciosas cercanas al fascismo y a los partidos estatistas y/o neoliberales, y por otra, por la escasa crítica contra el gobierno, el Estado y el capitalismo desde un discurso anarquista, ya que lamentablemente el control mediático en Venezuela y desde Venezuela hacia la comunidad anárquica nacional e internacional está monopolizado por el órgano liberal “El Libertario de Venezuela”, o lo que es casi lo mismo, por el burócrata de ONG, Rafael Uzcátegui, principal gestor y editor de dicho Periódico, que, sin duda, ha hecho importantes aportes comunicacionales, sin embargo, el último tiempo ha agitado en favor de la burguesía de derecha desde un lenguaje ciudadanista democrático-burgués, llegando incluso a exigir mediante el sitio virtual de El Libertario, la intervención de la OEA en Venezuela, entre muchos otros comunicados y manipulaciones que se alejan radicalmente de los principios y finalidades del anarquismo. 


Por todo lo anterior, con gran alegría he recibido la noticia de un nuevo núcleo anárquico en Venezuela llamado  Colectivo Zona Libertad - nuevo al menos para mí- desde el blog Gargantas Libertarias, donde les compas llaman sin complejos a derrotar la élite "libertaria" y a crear grupos de afinidad, texto que comparto a continuación (N&A):


Los grupos de afinidad no son mas que colectivos de individuos que se articulan para elaborar determinadas actividades con las cuales dichos individuos se sienten identificados, ha sido un método muy usado por anarquistas, para el anarquismo, (por su coherencia entre discurso y practica). La dinámica del mundo nos guste o no la marca los individuos organizados, los grupos de afinidad permiten unir esfuerzos. En nuestro país donde la devaluación, la delincuencia, la inflación, afectan de manera mas dura el desarrollo de actividades libertarias, se hace necesario agruparnos, es manera de enseñar-aprendiendo a la sociedad general que es posible estar organizados sin jefes ni amos, basados en el apoyo mutuo y en los acuerdos libres.

Un grupo de afinidad puede tener dos individuos, veinte o cincuenta, el numero no es la finalidad se trata de potencializar acciones, de NO quedar aislados, ya que organizados podemos responder mas contundentemente a los abusos del poder, a la amenaza del fascismo, organizados LAS EXPERIENCIAS NO SE PIERDEN, y se puede plantear objetivos mas elaborados. Los grupos de afinidad permiten los debates constante a medida que se realizan acciones, y las finalidades de cada grupo la planteara su gusto: Elaboración de libros, periódicos, ecología, lucha obrera, acción comunitaria, o un poco de todo.

No podemos ser tan ingenuos como para creer que nuestras acciones (si estan realmente destinadas a la organización de la revolución social) pasaran desapercibidas por la clase opresora, que al ver nuestras actividades se quedara con los brazos cruzados, los opresores al notar que el Anarquismo se hace cada vez mas fuerte, atacara, el Poder descargara toda su maquinaría de represión y sabotaje, y aquí otra cualidad de los grupos de Afinidad por su dinámica resultara muy complejo que podamos ser infiltrados por los tentáculos del poder, esta no es nuestra actualidad, el Anarquismo en Venezuela es muy insignificante como para preocuparnos seriamente por esto (aunque nunca se puede descartar del todo) sin embargo lxs muchxs compañerxs que andan dispersos por todos lados seguro avanzan hacia cambiar esta realidad y por lo tanto lo mejor es estar preparados. 

En un país sin una relevante tradición o historia anarquista, nos ha tocado empezar de cero, idear acciones, darnos coñazos buscando la manera de relacionarnos, crearnos la autodisciplina en colectivo (cosa que estamos muy lejos de tenerla) todo cuesta arriba... toda esta situación ha permitido que grupos como el periódico El Libertario o el parapeto institucional (ya extinto) como lo fue la efímera FARV (mas nombre que otra cosa) impongan su visión cegadas sobre la realidad del país camuflajeando opiniones interesadas como análisis del anarquismo venezolano, sumiéndonos mas en la falsa polarización (creadas por dos burguesías que se disputan el control del estado) y vinculando al anarquismo a la lógica capitalista-estatal, quedamos así entre dos minúsculos grupos élites que se han tomado una vocería que no merecen, Nadie puede representarnos, pero estas situaciones suceden precisamente por nuestra incapacidad para estar coordinados.

Nuestro fracaso expresado en un nulo reflejo social tiene que ser asumido, El anarquismo no es de niñxs mimadxs incapaz de asumir responsabilidades, no somos (o no deberiamos ser) mediocres del esfuerzo, que en este tiempo de crisis no podamos sacar de nuestra fuerza (aún inexistente) alguna propuesta libertaria y autónoma tiene que llamarnos a la reflexión, no para lamentarnos sino para actuar y solventar nuestras fallas.

Como decía un viejo compañero, "todos nuestros problemas se resuelven estando organizados" sin practica revolucionaria las teorías solo sirven para almacenar el polvo, asumamos compañerxs el compromiso! que siempre son buenos tiempos para propagar LA IDEA, rechacemos aquellos que quieren seguir manteniendo al anarquismo sectarizado, elitesco, que al igual que los plataformistas y los postmodernos usan nuestros conceptos para vaciarlos de contenido y promover un "anarquismo" adaptado, sumiso, inofensivo, REGRESEMOS LA ANARQUÍA a quien la creo, NOSOTRXS la clase oprimida!


A desechar las ilusiones y a preparar la Revolución.

Colectivo Zona de Libertad.

lunes, 12 de mayo de 2014

No es cuestión de purismo, sino de coherencia entre fines y medios


Es ya habitual encontrarnos con adjetivos como ''purista'' o ''sectario/a'' siempre que se critican algunas posturas que toman ciertos colectivos ''libertarios'' u organizaciones denominadas ''anarcosindicalistas'' sin que nadie se haya parado a reflexionar sobre dichos argumentos.

Hay una gran diferencia entre las acusaciones de unes y otres, pues ''purista'' se utiliza de forma despectiva y peyorativa, ya que el anarquismo carece de biblia y gracias a ello cada corriente ha sido superada o mejorada por la que la ha sucedido. Mientras que ''reformista'', guste o no, es una postura política que renuncia a los principios más elementales de una ideología.

Las palabras comodín purista o sectario/a son los típicos argumentos de ciertas corrientes posibilistas y/o reformistas para intentar justificar sus contradicciones, acusado a los sectores fieles a sus principios, tácticas y finalidades de inmovilistas y que no quieren salir del ghetto apartándose de toda realidad. Quedando desmontado y demostrado que para participar en los movimientos sociales o laborales no hace falta renunciar a las propuestas más básicas de una ideología ni tampoco camuflar o rebajar el discurso, pues esto haría vaciar de contenido el mensaje, crear confusión y uniformarlo con otras tendencias contrarias, lo que posibilitaría que dichas tendencias fortalezcan sus discursos y tomen las riendas capitalizando las protestas.

Nuestro discurso debe llegar íntegro y con todos sus matices, no adulterado o suavizado, lo que generalmente sólo le hará incomprensible. Como tampoco hay que renunciar a los principios, porque cuando se renuncia a ellos, se acaba renunciando al anarquismo bajo el todo vale.

No es un asunto explícito de terminología, sino de práctica. Hablar de coherencia con los principios no significa que hagamos del anarquismo un dogma. Como he dicho más arriba: el anarquismo carece de libro sagrado.

Negarse a participar y criticar a las organizaciones que, aun autoproclamándose libertarias o anarcosindicalistas, participan en las instituciones que impone el Estado para tener controlada, desmovilizada y adiestrada a la clase trabajadora (quien paga manda) no es purismo, es coherencia.

Autoorganizarse y aplicar la acción directa, lejos de comités o parlamentos y sin delegar en liberados/as o políticos/as  no es purismo, es coherencia.

Si renunciamos al electoralismo y al parlamentarismo político, ¿por qué al renunciar al modelo sindical estatista, que consiste en trasladarlo a la empresa, se nos acusa de sectarios/as y puristas?*

¿Cómo es posible que dos modelos sindicales tan opuestos como son el oficialista y el anarcosindicalista puedan complementarse en organizaciones que dicen ser de síntesis y prácticas en base al anarquismo? ¿No es esto una renuncia a la acción directa, horizontalidad y autogestión, es decir, al anarcosindicalismo mismo?**

Por lo tanto, no es cuestión de anarcómetros y sectarismos, simplemente es anarquismo.

''Alejarse –aun en circunstancias excepcionales y por breve tiempo– de la línea de conducta que nos han trazado nuestros principios, significa cometer un error y una peligrosa imprudencia. Persistir en este error implica cometer una culpa cuyas consecuencias conducen, paulatinamente, al abandono definitivo de los mismos''.   
Sébastien Faure - La pendiente fatal.

''Para alcanzar sus fines, la organización anarquista debe estar en armonía, en su constitución y forma de operar, con los principios del anarquismo''.                    Errico Malatesta - Un plan de organización anarquista.

''Tus fines deben determinar los medios. Medios y fines son en realidad la misma cosa: no puedes separarlos. Son los medios los que configuran tus fines. Los medios son las semillas que brotan luego como flores y se transforman en frutos. El fruto será siempre la naturaleza de la semilla que plantaste. Recogerás lo que siembres''.  
Alexander Berkman – El ABC del Comunismo Libertario.



                                                                                                                                                                             



F. Fernández

sábado, 10 de mayo de 2014

Breve: Anarquismo y autogestión

La anarquía es la convivencia y el disfrute que nace y se desarrolla a partir de las relaciones interpersonales desde la libertad y la horizontalidad, donde todos y todas somos iguales y libres porque todos somos igualmente libres. Para lograr esto, las personas anarquistas deseamos construir una sociedad donde cada individuo sea el protagonista de su destino, donde el apoyo mutuo, la solidaridad y el amor libre, la ciencia y las artes, sean el pan de cada día y no los dogmas, los prejuicios y las ambiciones.

El anarquismo es una idea que viene gestándose desde cientos de años, pero adquiere forma, discurso y programa político en el seno de la clase trabajadora en la segunda mitad del Siglo XIX al calor de la lucha de clases. (1)

De forma sencilla, podríamos decir que el anarquismo es un movimiento social que se opone a que personas dominen a otras personas. Ésta definición tan amplia involucra muchas actividades, el anarquismo es un todo, o todo lo relacionado con una convivencia libre sin Estado ni capitalismo ni patriarcado, donde las personas mediante tratos en igualdad deciden las actividades y la producción de las cosas, ejerciendo para ello la autogestión, es decir, la organización económica y social mediante una ética anarquista.

La autogestión anarquista no solo se expresa en la tarea específica del trabajo y el estudio, sino que también en las decisiones de cómo desarrollar las distintas actividades y los trabajos: qué producir, dónde producir y cómo producir. En otras palabras, la autogestión no solo es producción sino que involucra el ámbito de las decisiones y otras relaciones sociales no necesariamente asociadas al ámbito laboral.

La autogestión no es economicista, quiero decir, no se enfoca en el trabajo para la producción autómata, ni mucho menos bajo un afán acumulativo/competitivo, sino que ésta tiene que estar orientada desde y para la libertad a través de relaciones en igualdad. 

En la autogestión anarquista, la competencia que reina en la sociedad capitalista es reemplazada por la solidaridad, y el Poder político es reemplazado por las fuerzas productivas organizadas en federaciones de individuos y asociaciones de diversa índole. Para ello juega un papel de vital importancia el sindicalismo y la organización comunitaria, y como motor, es esencial la organización de los y las anarquistas, para así difundir con mayor facilidad y continuidad las ideas y prácticas históricas del anarquismo e influir con contundencia de manera libertaria en las luchas actuales contra el capitalismo, el patriarcado y otras formas de dominación.

La autogestión es una relación anárquica del individuo con las cosas y la sociedad que se funda en el libre trato, donde las relaciones de poder son reemplazadas por relaciones de igualdad/horizontalidad, donde los objetos dejan de ser mercancías, pasando a ser herramientas para el uso y disfrute social.

Se suele reducir el concepto de autogestión a actividades como vender comida en la calle, ser artesano o cualquier trabajo por cuenta propia. Aunque muchas de éstas actividades tengan nobles y necesarias motivaciones, no corresponden a un ejemplo donde la autogestión se exprese con plenitud, ya que lamentablemente en ésta sociedad burguesa los medios de producción son privados o del Estado, y quienes más se benefician con la elaboración y distribución de las cosas son las personas de las clases dominantes, es decir, los capitalistas, los dueños de los bancos y los altos administradores del Estado o quienes tienen cargos de Poder y capacidad de decisión sobre otros. 

También es importante señalar que para concretar la autogestión anarquista es indispensable un cambio radical en la sociedad, y para ello, es necesario socializar los medios de producción a través de una revolución social donde las clases oprimidas y explotadas se enfrenten al Estado y reemplacen los aparatos de dominación y las organizaciones jerárquicas de la sociedad por nuevas formas libertarias de convivencia mediante la acción directa y el federalismo libertario.

Respecto a lo anterior, podríamos decir que la autogestión en el ámbito productivo se expresaría en la socialización de los medios de producción, y por consiguiente, en la abolición de la propiedad privada. Dicho de otro modo, para los anarquistas autogestión es sinónimo de socializar los medios de producción, es decir, que las comunidades de forma asamblearia decidan sobre sus propios asuntos, sean políticos, económicos o sociales. Cosa diferente que para los socialistas de Estado, ya que para ellos socializar los medios producción significaría trasladar la administración de los medios de producción desde un control privado a un control estatal.

En resumen, la autogestión es la forma económica revolucionaria específica del anarquismo que nace desde la igualdad y para la libertad y no desde las jerarquías y la dominación. La autogestión anarquista además de económica, al involucrar el ámbito de las decisiones y la organización, también es política y por tanto, social. 
  
El anarquismo será mediante la autogestión o no será

A continuación, comparto un breve y práctico texto de Ángel Cappelletti, donde  explica cuáles son las principales formas de mal entender el concepto de autogestión y otras consideraciones  para la correcta concepción del término.

@tierrarevuelta

(1)             Para estudiar el origen milenario del anarquismo recomiendo el texto El anarquismo y su definición para la enciclopedia británica de Piotr Kropotkin; También el prólogo de Bert F. Hoselitz para el compilado de textos de filosofía política de Mijaíl Bakunin I y II a cargo de G.P. Maximoff. Del mismo modo, es muy recomendable el libro La prehistoria del anarquismo de Ángel Cappelletti.



Consideraciones sobre la autogestión - Ángel J. Cappelletti 

Si algún concepto práctico y operativo pudiera sintetizar la esencia de la filosofía social del anarquismo, éste sería el de la autogestión.

Así como el mismo Proudhon, que utilizó por vez primera la palabra anarquismo, dándole un sentido no peyorativo y usándola para designar su propio sistema socioeconómico y político, pronto prefirió sustituirla por otra (mutualismo, democracia industrial, etc.) que tuviera un significado positivo (y no meramente negativo, como «an-arquismo»), hoy podríamos considerar que el término «auto-gestión» es un sinónimo positivo del «anarquismo». Sin embargo, tal equivalencia semántica no se puede establecer antes de haber dejado establecida una serie de premisas y de haber hecho una serie de precisiones. La palabra «autogestión» y el concepto que representa son de origen claramente anarquista.

Más aún, durante casi un siglo ese concepto (va que no la palabra) fue el santo y seña de los anarquistas dentro del vasto ámbito del movimiento socialista y obrero. Ninguna idea separó más tajantemente la concepción anarquista y la concepción marxista del socialismo en el seno de la Primera Internacional que la de la autogestión obrera.

Pero en las últimas décadas, la idea y, sobre todo, la palabra, se han ido difundiendo fuera del campo anarquista, se han expandido en terrenos ideológicos muy ajenos al socialismo libertario y, por lo mismo, han perdido peso y densidad, se han diluido y trivializado. Hoy hablan de «autogestión» socialdemócratas y eurocomunistas, demócratas cristianos y monárquicos.

A veces se confunde la «autogestión» con la llamada «cogestión», en la cual los anarquistas no pueden menos que ver un truco burdo del neocapitalismo. A veces, se la vincula con la economía estatal y se la ubica en el marco jurídico-administrativo de un Estado, con democracia «popular» (Yugoslavia) o «representativa» (Israel, Suecia), etc. Una sombra de «autogestión» puede encontrarse inclusive en las «comunas campesinas» del mastodóntico imperio marxista-confuciano de China. Y no faltan tampoco rastros de la misma en regímenes militares (como el que se implantó en Perú en 1967) o en dictaduras islámico-populistas (como la de Libia).

Pero la autogestión de la que hablan los anarquistas es la autogestión integral, que supone no sólo la toma de posesión de la tierra y los instrumentos de trabajo por parte de la comunidad laboral y la dirección económica y administrativa de la empresa en manos de la asamblea de los trabajadores, sino también la coordinación y, más todavía, la federación de las empresas (industriales, agrarias, de servicio, etc.) entre sí, primero a nivel local, después a nivel regional y nacional y, finalmente, como meta última, a nivel mundial.

Si la autogestión se propone en forma parcial, si en ella interviene (aunque sea desde lejos y como mero supervisor) el Estado, si no tiende desde el primer momento a romper los moldes de la producción capitalista, deja enseguida de ser autogestión y se convierte, en el mejor de los casos, en cooperativismo pequeño-burgués. Por otra parte, no se puede olvidar que una economía autogestionaria es socialista -más aún, parece a los anarquistas la única forma posible de socialismo- no sólo porque en ella la propiedad de los medios de producción ha dejado de estar en manos privadas, sino también, y consecuentemente, porque el fin de la producción ha dejado de ser el lucro.

De hecho, el mayor peligro de todo intento autogestionario, inclusive del que alguna vez se dio en un contexto revolucionario (como en la España de 1936-1939), se cifra en la fuerte inclinación, que siglos de producción capitalista han dejado en la mente de los trabajadores, hacia la ganancia y la acumulación capitalista.

Una vez salvados todos los escollos previos (entre los cuales emerge uno tan duro y abrupto como el Estado), la autogestión deberá salvar todavía el más peligroso y mortal de todos: la tendencia a reconstruir una nueva forma de capitalismo. 

Fragmento extraído del libro  La ideología anarquista de Angel J.Cappelletti