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jueves, 10 de enero de 2019

Socializan los números de la histórica revista anarcofeminista "La Voz de la Mujer"



La Voz de la Mujer circuló en Buenos Aires entre 1896-1897 y en Rosario en 1899. Es considerado el primer periódico comunista anárquico editado por y para mujeres de la Argentina y, a su vez, el primer periódico de tendencia anarcofeminista en Latinoamérica. Su fundadora fue la anarquista Virginia Bolten, quien se destacó por ser una gran divulgadora de las ideas anarcosindicalistas. El lema del periódico era “Ni dios, ni patrón, ni marido”. En sus páginas se denunció la doble explotación de la mujer, la tiranía del Estado, los dogmas de la iglesia y la explotación del capitalismo, pero también el machismo presente en el movimiento obrero.

A continuación compartimos un libro en donde se compilan los primeros números del Periódico, el cual pueden leer o descargar haciendo clic aquí.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Texto anarcofeminista: ¡Madres, educad bien a vuestros hijos! (1896)

El Siguiente texto fue publicado originalmente en 'La Voz de la Mujer, Periódico Comunista Anárquico', Nº 5, Buenos Aires, mayo 15 de 1896. La voz de la mujer, es el primer órgano de prensa anarcofeminista del que se conocen registros en sudamérica, tuvo una duración de 9 números y fue fundado por la anarquista Virginia Bolten en 1896.


Sí, educadlos bien si queréis que sean hombres libres, de nobles sentimientos; para que luchen para obtener su completa libertad y no tengan que luchar por la existencia. Pero debéis darle una educación sana y no la llamada educación o moral burguesa, porque la moral burguesa es una moral corrompida y falsa, y además es la que contribuye a tener sujetos a vuestros hijos a la cadena de la esclavitud.

No debéis enseñarles nunca la desigualdad de clases; enseñadles que somos hijos de la naturaleza, que todos venimos al mundo con los mismos privilegios, es decir que todos tenemos derecho a gozar de lo que la Madre Naturaleza nos brinda.

No debéis enseñarles a conocer la ambición o la codicia, enseñadles a despreciar el dinero, hacedles comprender que el dinero es la causa principal de todos los males que afligen a la sociedad; enseñadles que el dinero es la corrupción del Universo; enseñadles que el dinero es el que apaga en el hombre y la mujer todo sentimiento humanitario hacia sus semejantes, enseñadles que por ese vil metal se cometen toda clase de infamias y bajezas, que por ese asqueroso dinero se vende al padre, a la madre, al amigo y al hermano; que por el dinero los trabajadores se ven convertidos en animales de carga y en máquinas automáticas que se mueven a impulso de los que las dirigen y, en fin, enseñadles que por el maldito dinero sufrimos hambre, miseria y toda clase de privaciones.

No les enseñéis a creer en Dios; enseñadles que la religión es la atrofia de la mente, tanto de los hombres como de las mujeres y por lo tanto es la que impide el desarrollo del progreso; demostradles que la religión es contraria a las leyes naturales, que ella es el símbolo de la ignorancia y de la depravación, y, por fin, que la religión es una farsa que han inventado para no viéramos mas allá de nuestra narices y para que nos entreguemos atados de pies y manos, cual mansos corderos, a nuestros explotadores y tiranos.

No les inculquéis jamás los sentimientos de la patria; hacedles comprender que la naturaleza no hizo frontera y que por tanto todos somos hermanos; enseñadles que no tiene razón de ser el odio que profesan entre sí los seres racionales que habitan planeta Tierra; no porque uno haya nacido en Oriente y otros en Occidente se van a odiar los unos a los otros, pues esas líneas que denotan la separación de un país del otro y a las que se dio en llamar fronteras, han sido trazadas por nuestros explotadores y verdugos para que confundiéramos a nuestros enemigos, tomando como tales a los que hubieran nacido al otro lado de nuestra frontera; enseñadles que para el hombre libre no debe existir frontera, en fin enseñadles que la patria es el símbolo de la explotación del hombre por el hombre, o como decía el compañeros Spies “La patria es el último refugio de los malvados”.

No les enseñéis a rebajarse, ni a humillarse, y menos a someterse a la voluntad del otro, porque desde el momento que todos tenemos los mismos derechos, ninguno puede considerarse superior a otros: porque desde el momento que todos somos unos o sea iguales, cada uno es libre de hacer lo que él crea más conveniente.

Enseñadles a despreciar y a no acatar la AUTORIDAD de ningún individuo; sea ésta con cualquier nombre o bajo cualquier forma que se presente, porque donde hay una autoridad, donde haya uno o más individuos que ejerzan dominio o mando, tiene forzosamente que haber esclavos y donde reina la esclavitud no puede haber libertad.

Por último enseñadles que debemos ser libres, como libres son los animales que en el mundo habitan. Las aves revolotean incesantemente en el espacio infinito, las fieras establecen su residencia en los bosques y madreselvas, los peces recorren libremente su camino en las profundidades del mar.

Ellos no tienen raciocinio, pero tienen instinto de conservación y libertad: no conocen las ciencias, pero tienen aptitudes para construir sus nidos y guaridas; no tienen moral, educación, en fin, carecen de esas cualidades que constituyen la superioridad de los animales racionales.

Nosotros tenemos raciocinio, conocemos las ciencias (aunque no sea más que de nombre, porque en realidad…), hablamos de educación y de moral, pero en cambio no tenemos libertad, estamos divididos en dos clases completamente antagónicas y nos destrozamos (cosa que no hacen entre sí los animales de una misma especie) peor que las fieras; nos martirizamos los unos a los otros, en fin, que a pesar de tener uso de razón nos colocamos nosotros mismos en una situación peor que la de los mismos animales a quienes damos el nombre de fieras (¿?).

Ahora bien: si vosotras ¡oh madres! Estáis conformes con las teorías aquí desarrolladas (que creo lo estaréis, porque esa época sería el reinado de la armonía y del bienestar general) enseñad a vuestros hijos los redentores ideales del Comunismo Anárquico que es el que nos ha de proporcionar la verdadera LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD.

Enseñadles a luchar por la emancipación y por el bienestar humano para llegar de esta manera a ser libres (que hoy por hoy no lo somos) y poder hombres y mujeres darnos un abrazo fraternal, en señal de paz y armonía, sin preocuparnos de nada ni para nada de la asquerosa educación y de la corrompida moral burguesa.

Enseñadles que el Comunismo Anárquico es la paz y la felicidad universal, la idea de la nueva generación.

¡Madres! Enseñad todas estas verdades a vuestros hijos, porque tened entendido que los niños de hoy serán los hombres del mañana. Y esta juventud que se desarrolla bajo tan sublimes auspicios será la que en día no lejano ejecutará todos los actos que escritos están en el libro del Porvenir.

Entonces, compañeras, entonces mujeres que jamás os habéis preocupado de vuestra libertad, entonces, repito, levantará el grito de protesta y acordándose de las ideas y de los sentimientos que le inculcaron en su niñez, le dirá a los tiranos del mundo entero: Ya ha llegado la hora de que acaben nuestras preocupaciones por lo tanto os decimos que ¡NUESTRO DIOS ES LA HUMANIDAD! ¡NUESTRA PATRIA EL UNIVERSO! ¡NUESTRO GOBIERNO ES NUESTRA PROPIA VOLUNTAD!

Entonces, mujeres, ya no tendréis que llorar la partida de vuestros esposos, la deshonra de vuestras hijas, la muerte de vuestros hijos en los campos de batalla y vosotros ¡oh, jóvenes! No tendréis que temer absolutamente nada, si por casualidad dais satisfacción a esa ley ineludible de la naturaleza que os conduce a efectuar ese lema de “Creced y multiplicaos”.

No tendréis nada que temer porque nadie podrá titularos adúlteras ni prostitutas, porque no se reconocerá en el hombre y la mujer más que unos tantos seres humanos que necesitan el goce mutuo para el desarrollo y conservación de sus cuerpos.

Sólo entonces, compañeras, reinará la dicha, el bienestar, y ese amor o afinidad entre hombre y mujer será quizás más duradero porque ella será despojada de toda clase de convencionalismos.

Por lo tanto, compañeras, luchemos sin descanso para destruir esta organización burguesa que nos aniquila y nos conduce lenta y gradualmente a los extremos más degradantes y tratemos de levantar lo más pronto la deseada Revolución Social, a los gritos de

¡Atrás los tiranos! ¡Paso al Progreso!

¡Viva la Paz Universal!
¡Viva la Anarquía!

Luisa Violeta


Portada de La Voz de la Mujer, Nº5, Buenos Aires, mayo 15 de 1896.
 

sábado, 11 de octubre de 2014

Preguntas y respuestas - Virginia Bolten - Texto anarcofeminista publicado en la Protesta Humana (1900)



Muchos se preguntan ¿qué quieren los anarquistas? ¿quieren acaso quitar á los ricos lo que poseen para ser ricos ellos a su vez? ¿Por qué dan tanta libertad a sus mujeres? ¿y ellas, quieren tal vez destruir la familia? ¿por qué odian al gobierno? ¿por qué no defienden la patria, “como todo buen hijo”? ¿por qué no abrazan ninguna religión? ¿por qué no cristianan sus hijos? [sic]. Nosotros les contestamos: Los anarquistas no quieren nada; señalan las necesidades que deben satisfacerse, las injusticias que deben suprimirse y las verdades que deben conocerse. Dentro de la evolución que nos ha presentado a nosotros, los anarquistas vamos a reconquistar nuestros derechos; vamos a ser libres de hecho, pues hasta aquí sólo lo hemos sido de dicho, vamos a que se nos reconozca como seres humanos.

No quitaremos a los ricos sus tesoros para ser ricos nosotros, los expropiaremos lo que han acaparado, para que en común todos disfruten del bienestar; odiamos la explotación del hombre por el hombre; nos rebelamos a seguir siendo por más tiempo el burro de carga; y es preciso que nadie viva a nuestras espaldas chupándonos la sangre y negándonos el derecho a la vida; nadie debe vivir sin trabajar; nuestro principio es: de cada uno según sus fuerzas; dése a cada uno según sus necesidades.

Los libertarios dejan en libertad a sus mujeres, porque saben que la mujer libre es la base de la sociedad justa; saben además, que si la mujer no es libre e instruida, no habrá paz en el hogar, pues sus ideas se volverían armas contra de ellos mismos; dejan en libertad a sus mujeres porque son libertarios, porque combaten por la libertad universal, que para conseguirla es necesario empezar por casa; les dejan en libertad de pensar y obrar porque es la única manera de tener mujeres liberales y francas; les dejan en libertad porque miran en ellas un ser, una amiga, una compañera, destinada por la ley de la naturaleza (única ley ante la cual me inclino gustosa) para formar el […] de la niñez. Si buscamos que la […] nueva sea libre, es preciso que sepa liberarse rebelándose; siendo la mujer libre educará sus hijos conscientes de sus derechos y tendrá valor y firmeza para reconquistarlos.

Nosotros, queriendo o sin querer destruiremos la familia, sí, la familia tal como es ahora; la destruiremos porque está basada en la corrupción y en el interés, pero la reconstruiremos más hermosa, basada en el amor espontáneo y no convencional.

Odiamos los gobiernos, porque nos oprimen y nos atan de pies y manos con sus leyes, entregándonos a la burguesía como si fuéramos carneros; y reservándonos el derecho de fusilarnos como a fieras si protestamos.

Odiamos la farsa que llaman patria; porque con ese nombre nos quitan nuestros hijos, para que les sirvan de escalera, a unos y de perros de presa a otros, nos embrutecen por la patria, nos matan por la patria, nos apalean por la patria; y si tenemos la temeridad de rebelarnos, ya sabemos lo que nos espera, bala rasa y sin consideración; jamás entienden el idioma del pueblo; si pedimos justicia o pan, nos dan plomo y cárceles: ¿qué es, pues, la patria? la corre, vé y dile de la burguesía, la ignominia del proletariado; por eso aborrecemos lo que ahora se llama patria, pues la nuestra es el mundo de donde resulta justa nuestra lucha por la Humanidad libre, libérrima.

No abracemos ninguna religión: porque sabemos que son todas ellas, la farsa inventada por los ambiciosos para embrutecernos. Al revés de Voltaire, que creía que la religión es buena para el pueblo ignorante, nosotros creemos porque sabemos que la religión es lo que hace ignorante al pueblo. Amamos la ciencia; que es la verdad: la religión es lo desconocido, la ilusión; por lo tanto somos sus enemigos mortales; la religión, siendo todo misterios, va contra la proclamación de nuestra luz.

Nuestros hijos tendrán la libertad de elegir religión, si alguna les gusta, después de estudiarlas todas, si tienen tiempo que perder. Entonces sabrán a qué atenerse: nos parece un absurdo dar al niño una religión al nacer, cuando no puede protestar; por eso le dejamos libre de prejuicios, dándoles la libertad en nombre de la nuestra. He ahí lo que somos y lo que no somos. 

Virginia Boltén (sic)


PREGUNTAS Y RESPUESTAS
La Protesta Humana, nº 96, 28/10/1900


jueves, 9 de octubre de 2014

La organización se impone - Virginia Bolten



Es de lamentar la falta de organización que reina en el campo obrero, dejando un vacío que es tiempo se piense en llenar.

No es suficiente llamarse progresista o anarquista, es preciso estar con el progreso, luchando por su triunfo; no es bastante pensar anárquicamente, es necesario extender los conocimientos, hacer prosélitos, divulgar las teorías y buscar el medio de llevarlas a la práctica, de otro modo no se hará jamás la tan deseada transformación de la sociedad. 

Se desprecia la organización por considerarla formada por egoísmo personal, sin ver que, también se es egoísta el encerrarse en el mayor grado de individualismo.

Es lógico y hasta natural que los que todo lo esperan de Dios o de sus delegados, se contenten con esperar en los demás; pero nosotros, los positivistas, que no nos conformamos con la esperanza de gloria en el otro mundo, que en nuestros conocimientos sabemos de sobra que tenemos la nueva palanca que dará vuelta al mundo con la fuerza de la acción, no podemos, sin ser inconsecuentes, sentarnos a esperar que nuestras hermosas ideas se conozcan y triunfen por arte de encantamiento.

Y para darle impulso es imprescindible que rompamos, de una vez por todas, con el ambiente absorbente que nos rodea y amolda. Rompamos también con el individualismo exagerado que hace, que en nombre de la libertad de cada cual, se debiliten nuestras energías, quedando aislados por no parecer esclavos de nuestros propios principios.

Por ser originales, ni siquiera protestamos de los mil atropellos diarios, por no pasar por sectarios caemos en la indolencia, pretextando que de otro modo seríamos intransigentes.

Transigiendo por no transigir con la organización para nuestra defensa, por lo que se da de  bofetadas a la solidaridad, antes de pertenecer a una sociedad que lucha por pequeñeces nos dejamos pisotear a mansalva por cualquier cosaco. Sin defensa para hacer reconocer nuestros derechos, sin apoyo mutuo, sin solidaridad, teniendo por libertad el derecho al pataleo.

Todo esto, que puede parecer una afirmación gratuita, es un hecho constatado que se repite todos los días. No repetiremos las ventajas de la asociación, por haberlo ya demostrado hasta saciedad, solo queremos demostrar su utilidad revolucionaria y de solidaridad que es, a no dudarlo, un arma poderosa puesta a prueba en varias ocasiones con resultados positivos.
 
A más de los conocimientos que adquiere el asociado en el campo, digámoslo así, intelectual; el continuo ejercicio en busca de mejoras, lo capacita para la lucha; si, como sucede muchas veces, el aumento en los artículos de consumo, del proletariado depende impedir que esto se lleve a cabo, siempre que haya unión y solidaridad. Hay quien objeta que hay escasez de esos dos elementos; no lo negamos y hasta afirmamos que no los habrá en mucho tiempo si los hombres conscientes no se preocupan de hacer propaganda en ese sentido por no emporcarse en la lucha por el centésimo; pero si en cambio, reconoce la necesidad de emancipación, sabrá imponerse a la explotación, sino quiere dejar morir de hambre a sus hijos por no tener el infame centésimo para darles pan.

Al agrupar a los individuos bajo la bandera gremial para unir un gremio, se le demuestra su malestar, que ellos reconocen, con lo cual se despierta el descontento, esto trae por consecuencia el deseo de mejorar su situación, por la que luchará. En el combate templará sus armas adquiriendo experiencia.

Muy otra sería la situación del proletariado de este país, si se fomentara y apoyara la organización, tan necesaria siempre para detener los avances de la burguesía y los atropellos del poder autoritario, y, en caso necesario, sepa levantar su voz y sus brazos ante toda injusticia. 

Siéntese, pues, potente y apremiante la necesidad de la organización, a ella se atrae el elemento inconsciente, se despierta el deseo de mejoras, de unión, de solidaridad, y se tiene fuerza defensiva y ofensiva, consciente de sí mismo, para no dejar pisotear su derechos en caso de paz, y, en caso de guerra es una potencia dispuesta a hacerse respetar.

Como obreros y como anarquistas, nuestro puesto está en las filas proletarias, desertar sería entregar las fuerzas al enemigo, dejar la puerta abierta a curas y sacristanes; nuestra indiferencia puede anularnos.

Como anarquistas no tendríamos que descuidar la formación de grupos pero lo hacemos en nombre de nuestra autonomía, dejando pasar, casi en silencio, todas las arbitrariedades, para que no se nos tache de sindicalistas o organizadores. 

Ahora bien; en nosotros está el volver por nuestros fueros y evitar de quedar anulados si se nos trata como a hombres, como tales responderemos; si como a parias fuera de la ley para responder a sus desmanes; pero lo más unido posibles, todos formando una inmensa avalancha dispuestos a vencer.


Virginia Bolten 


Artículo publicado originalmente en La nueva senda Nº11, 05/03/1910


En la foto: Virginia Bolten y Manuel Manrique en su casa de Uruguay, década del 40. Fuente: Indymedia Argentina