Mostrando entradas con la etiqueta Represión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Represión. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de junio de 2018

El origen anárquico del día del orgullo gay




El evento anual del Orgullo Gay, que se celebra desde hace cuarenta años en todo el mundo, se ha vuelto en un desfile festivo aliñado por música disco, patrocinado por los bares de ambiente y por las multinacionales, es una fuente de prósperos negocios y se realiza con la colaboración de las autoridades. A menudo a final del desfile se reserva un espacio para un agradecimiento especial a las fuerzas del orden, por la protección garantizada a lo largo del recorrido de la manifestación. El espíritu subversivo que originó este evento, que debería celebrar el “nacimiento del orgullo gay” en la fecha del 28 de junio del 1969, se ha perdido por completo. Las mismas personas LGBT que una vez al año bajan a la calle para celebrar, y luego vuelven por todo el resto del año a cerrarse en la invisibilidad y en la segregación del “estilo de vida gay”, no saben que el movimiento LGBT nació de una revuelta en contra de la policía, conocida como “revuelta de Stonewall”.

Es útil hacer una pequeña premisa sobre el contexto histórico en el que se inserta Stonewall. El final de los años 60 fue una época propicia para el nacimiento de muchos movimientos y organizaciones revolucionarias. Después de la muerte de Martin Luther King Jr. y de Malcom X, el movimiento de liberación negro se orientó hacia formas de resistencia más radicales y vio el nacimiento de las Panteras Negras. Este grupo rechazaba las premisas no violentas y de integración “a toda costa” de Luther King, prefiriendo el concepto de autodefensa como principal medio de lucha. También el movimiento de los estudiantes, en esta época, ganaba fuerza y se radicalizaba, y protagonizará los eventos del 1968 en muchos países del mundo, que inspiraron y radicalizaron políticamente a muchas personas que vivieron en aquella época.

Estados Unidos, finales de los años 60. La condena social de las relaciones homosexuales y de las personas transgender (que todavía no tenían este nombre) era explícita e institucionalizada: en la mayoría de los estados existían leyes en contra de la sodomía (todavía activas), estaba prohibido vender alcohol en los bares a personas homosexuales o sospechosas de serlo, estaba prohibido por ley el crossdressing, o sea era obligatorio utilizar vestidos considerados idóneos con el género/sexo de quien los llevaba. La transgresión podía significar ser detenidxs, pasar una o más noches en el calabozo, recibir palizas de la policía y a menudo ser víctima de violencia y abusos sexuales por parte de los mismos policías. Lxs trans, lxs genderqueer, gays, lesbianas y trabajadorxs sexuales podían vivir sus relaciones y amistades en semiclandestinidad, se reunían en algunos bares no reconocidos oficialmente como bares de ambiente, que sin embargo eran llevados por unos dueños, a menudo heterosexuales, que por un poco de dinero más estaban disponibles a hacer la vista gorda y arriesgarse a unas incursiones policiales. La represión policial era muy dura, con frecuentes detenciones y palizas, en especial hacia lxs que no tenían una apariencia de género normativa y hacia lxs trans que trabajaban en la calle. Había muchas irrupciones y registros en los bares sospechosos de ser puntos de encuentro de gays, lesbianas y trans.

Había silencio total alrededor de los discursos sobre el género y la sexualidad. Quienes en el pasado se habían declarado a favor de las minorías sexuales o habían publicado revistas underground, a menudo habían sido despedidxs o encarceladxs, así que había muy pocas personas tan valientes como para tomar partido en contra de la homofobia. Entre estas estuvo Emma Goldman, que a finales del siglo XIX tuvo lecturas públicas en las que denunciaba el trato injusto que tenían que vivir las personas homosexuales, por las que fue criticada hasta por sus mismos compañeros anarquistas. Sin embargo en los años 50 habían nacido, siempre en los Estados Unidos, algunas asociaciones de activistas que se definían “homófilas”, que luchaban tímidamente por la abolición de las leyes en contra de la homosexualidad y por la aceptación del amor homosexual por parte de la sociedad. Por esta razón hombres y mujeres de este movimiento se vestían de manera conforme a los estándares sociales para el género masculino y femenino (hombres con corbata y mujeres con faldas), mientras que las manifestaciones de cariño y sexualidad en público estaban condenadas porque eran “dañinas para la lucha”. Las demandas de asimilación por parte de la sociedad y de sus estándares de normalidad son muy similares a las reivindicaciones de las asociaciones LGBT reformistas actuales. Stonewall era un bar miserable situado en el número 53 de Christopher Street, en el corazón del Greenwich Village, Nueva York. Era un local sin agua ni permiso, sin embargo los mafiosos que lo gestionaban corrompían a los policías para que llamara antes de las incursiones y para que éstas pasaran muy pronto por la noche, cuando todavía no estaba lleno de clientes. Era uno de los pocos lugares de encuentro de las personas trans y queer, además de ser frecuentado principalmente por personas afroamericanas o latinas; los dueños hacían la vista gorda sobre la presencia gay en el lugar, así que lograban mayores ganancias. En la noche del 28 de junio 1969 un grupo de policías se presentó sin avisar alrededor de la 1:30 de la noche y empezó a detener a quienes se encontraban sin documentación o no había respetado las leyes sobre el “travestismo” llevando vestidos del “sexo opuesto”, entonces principalmente personas trans, lesbianas butch (masculinas) y drag queen, muchas de ellas negras. Un grupo de personas empezó a agruparse fuera del local y alguien empezó a gritarle a los policías.

La rabia explotó cuando una lesbiana butch, detenida en una furgoneta policial, empezó a agitarse y a gritar. La leyenda cuenta que Sylvia Rivera, una mujer transgender, fue una de las primeras en tirar una botella (o un zapato con tacones, según otra versión) contra de los policías. Alguien consiguió robar las llaves de las esposas y se soltó, y luego liberó a lxs otrxs detenidxs. Otras personas empezaron a gritar: “¡policías maricones!”, “Gay power!”. Las personas empezaron a atacar lanzando ladrillos, piedras, basura y mierda de perrx encima de los policías. Los policías se retiraron adentro del bar, y se barricaron adentro. En la calle fue arrancado un parquímetro y luego fue utilizado para intentar romper la puerta y coger a los policías encerrados; otrxs, una vez abierta una brecha en la puerta, empezaron a lanzar cócteles molotov intentando quemar el bar. Cuando llegaron los refuerzos de la policía, con el equipaje antidisturbio, empezaron los verdaderos enfrentamientos. Mientras tanto también lxs vecinxs del barrio y lxs clientes de los bares cercanos se juntaron a la revuelta. Los testimonios hablan de 2000 personas en contra de 400 policías. La gente bailaba y cantaba en el medio del caos, riéndose de la policía por su incapacidad de restablecer el orden. Los disturbios continuaron por toda la noche, con un balance de cuatro policías heridos y trece personas detenidas, sin contar el número indefinido de manifestante heridos: la policía actuó con particular brutalidad en contra de las personas trans o genderqueer, frente a cómo actuaban con quienes tenían una presentación de género más normativa.

Al día siguiente la noticia de lo que había pasado se difundió rápidamente, y esa misma noche miles de queers radicales se volvieron a juntar fuera del bar Stonewall Inn. La policía intentó echar a lxs manifestantes, pero éstxs bloquearon las calles y empezaron a tirar piedras y botellas. La tercera noche de revuelta pasó cinco días después de la primera lucha: mil personas se juntaron en el bar y destruyeron los coches de policía aparcados en los alrededores.

Stonewall no fue el primer ejemplo de rebelión por parte de las personas trans y queer cansadas de ser oprimidas y perseguidas por el orden policial y estatal:

1959: Revuelta de Cooper’s Donuts. Esta cafetería de Nueva York, a finales de los años 50, abría durante toda la noche, y era el punto de encuentro de prostitutas, chaperos y queers callejeros. La policía se dedicaba a provocar a lxs clientes con cualquier excusa, hasta que una noche de mayo de 1959 la rabia queer explotó. La respuesta a los abusos de la policía fue inicialmente un simple lanzamiento de donuts, que se transformó en unos disturbios en la calle que duraron por toda la noche.

1966: Revuelta de la Cafetería Compton. Este bar de San Francisco, también abierto toda la noche, era frecuentado por prostitutas, chaperos adolescentes, personas marginales y vecinxs del barrio. Los dueños del bar una noche llamaron a la policía porque algunas dragqueens sentadas en una mesa se habían puesto demasiado ruidosas y estaban consumiendo muy poco. El policía que llegó respondiendo a la llamada, agarró a una chica trans por el brazo y, seguro de su impunidad, le pidió que abandonara el bar. La chica contestó echándole café caliente en la cara y la revuelta explotó dentro del bar, con lanzamiento de platos, vasos y cubiertos, ventanas y mesas destruidas y lanzados en la calle, hasta que llegaron los refuerzos de la policía. Los disturbios continuaron fuera, y acabaron con un coche patrulla destrozado y policías heridos por los bolsos y los zapatos de tacón de las dragqueens.

Después de Stonewall

La revuelta de Stonewall fue un evento que ayudó a despertar las consciencias de lxs que siempre habían estado discriminadxs a causa de sus identidades de género, de sus sexualidades, además de ser marginadxs por sus condiciones sociales o de raza. La rebelión queer fue encabezada por personas trans, trabajadoras sexuales, lesbianas butch, personas que se prostituían de vez en cuando o que vivían en la calle, marginadxs por el hecho de ser pobres, trans, queer, inmigrantes.

Stonewall trajo la inspiración, el amor y la rabia para la creación de un movimiento que quería luchar por la libertad y la justicia. Desgraciadamente hoy queda muy poco de aquel espíritu de revuelta. El movimiento LGBT contemporáneo, salvo algunos espacios más radicales, es totalmente moderado y comprometido con las políticas de los partidos, y ya no es una amenaza para nadie. Las principales organizaciones LGBT representan los intereses de la mayoría blanca de clase media y “normativa”, que busca una integración democrática en el sistema, piden ayuda a los gobiernos y a las fuerzas del orden, mendigan “derechos” como el matrimonio entre homosexuales y leyes contra la homofóbia, que sólo sirven para alejarnos a todxs (queers y no queers) de la libertad verdadera y refuerzan las instituciones sociales que tienen el control de nuestras vidas. El movimiento gay/lesbiano ha sido asimilado por el capitalismo, que ha hecho de éste un producto de consumo a través de la venta de un estilo de vida y de un negocio que ha crecido alrededor de clubs, saunas, discotecas, agencias de viaje, revistas... Los elementos “incómodos”, como las personas trans, bisexuales, pansexuales, genderqueer, han sido eliminados de manera silenciosa, sus necesidades y demandas han sido olvidadas, porque son un obstáculo para los proyectos de asimilación de los políticos gays y de las políticas lesbianas. La hipocresía de esta inclusión es evidente sólo en las letras B y T de la sigla LGTB, porque no hay otras ocasiones en las que se hable de la realidad cotidiana de estas personas o de las que son queer no blancas, o no privilegiadas económicamente.

 Alex B.



Fragmento extraído del libro «Pequeña historia de la resistencia feminista/queer radical desde los años 60 hasta hoy». Pueden consultar el libro íntegro haciendo clic aquí (N&A)

lunes, 6 de junio de 2016

Las yanaconas verde olivo que torturaron a Constanza Vargas

Una mujer transita, agobiada por los trámites de la cotidianidad, por calles que exudan hedor a gases, que vibran al ritmo de una ardorosa lucha protagonizada por el movimiento estudiantil de la región chilena. Ella transita sin saber que su vientre también forja rebeldías silenciosas. Sin embargo es capaz de mirar de frente el grito de quienes pugnan por sostener su digna existencia, y atendiendo a su sentido de la justicia, acude en defensa de los niños agredidos por la policía. Es entonces cuando otra mujer, una que no está allí para forjar nada sino para reducirlo todo, una que jamás supo de dignidades ni de rebeldías... esa, una que se hizo policía, se planta ante la mujer con sed de justicia y a patadas fractura la vida que crecía en el vientre de María Paz, la mujer que transitaba por las calles de la injusticia.

Tiare Vergara es el nombre de la funcionaria de Carabineros de Chile que causó un aborto a María Paz Cajas. Tiare Vergara es el vivo ejemplo de lo que ningún ser humano con mínimo sentido de la justicia y respeto por la dignidad humana querría ser, una mujer policía, un perro guardían de la clase dominante, una bestia cebada con la sangre de los pobres. Es bueno mirar de frente a estos seres, saber sus nombres y ver cómo se empequeñecen ante nuestros ojos, condenarles con nuestro más absoluto desprecio, que es el desprecio de quienes nos resistimos a la corrupción que supone el ejercicio del poder político.

No pasó una semana de este penoso evento hasta que tuvimos noticias de que un contingente de Carabineros de Chile intentó desalojar de forma violenta una toma en colegios de Ñuñoa, hiriendo a dos niñas con balines de goma con centros de metal. La rápida intervención del director de uno de los colegios en toma, evitó que las bestias verde olivo se ensañaran contra los cuerpos de las niñas.

Pero la euforia de los represores no conoce frenos. El día sábado 4 de junio, Carabineros de Chile asistió al desalojo de la toma del liceo de niñas de Concepción y allí se ensañó contra una joven que recién cumplía la mayoría de edad. Constanza Vargas fue golpeada, vejada, insultada y torturada por funcionarias de Carabineros de Chile. Las motivaciones lesbofóbicas que prevalecieron en el trato que las carabineras dieron a Constanza, no sólo evidencian la profunda misoginia que abraza a estas funcionarias, sino que develan el funcionamiento de toda una estructura patriarcal capitalista que no habrá de ofrecer tregua jamás a quienes se le resistan. Tan es así, que hoy Constanza Vargas está siendo formalizada por 'maltrato a Carabineros'. Sí, en el mundo del revés, los pájaros le disparan a las escopetas y una niña reducida por la fuerza policial, 'maltrata' a todo un contingente de torturadoras verde olivo. El manotazo que en medio de la resistencia a la opresión de su brazo, dejara caer Constanza contra el cuerpo de la funcionaria Tatiana Melo, valdría que la injusticia chilena viera en la víctima a una cruel agresora.

“Me decían ‘hácete la chora ahora’ […] Yo tenía un aro en la nariz que primero intentaron sacármelo con un corta uñas. Al no lograrlo probaron con un alicate tirándome el aro, de manera que me sangró la nariz y mientras me recogía en el suelo, se burlaban y se reían. Me tuvieron en eso alrededor de 20 a 25 minutos, además se acercaban a mí con amenazas de que me iban a pegar si yo me hacía la chorita, y si decía algo más, me sacarían la cresta entre las cuatro. Cerca del lugar había una capitana que solo estaba viendo la situación y no hizo nada, a pesar de que me vio llorando del dolor”.

Y nada haría la mujer que aspiró conquistar la igualdad mediante el derecho a matar. ¿Qué podría hacer una capitana sino avalar con su silencio y gestión, el ejercicio torturador de las bestias que habitan el corral que le dieron a administrar? La moral de capitana, esa que no tuvo María Cajas, es la que debemos expulsar de nuestra sociedad. Por ello, las mujeres con conciencia feminista nos concentraremos este miércoles 8 de junio a las 18 hrs en Paseo Ahumada para elevar nuestro grito antipatriarcal y anticapitalista contra una institución inherentemente machista como lo es Carabineros de Chile. Que escuchen todas las funcionarias y funcionarios que en esa institución reptan:

¡NINGUNA AGRESIÓN SIN RESPUESTA!

domingo, 31 de enero de 2016

¿Por qué el bacheletismo está retomando la detención por sospecha del pinochetismo?

Con la consecución del retorno de la detención por sospecha, la clase dominante representada en el bacheletismo y el parlamento, se prepara para tiempos de guerra contra los oprimidos y explotados. La clase media que ayer protestó contra la «ley hinzpeter», hoy es artífice y cómplice de la política represiva que se fortalecerá con la detención por sospecha contra todo aquel que parezca una amenaza o que cuestione el injusto desorden dominante. Al respecto, Miguel Amorós nos facilita algunos apuntes que, a pesar de estar escritos hace un par de años y en otro contexto, de todas formas nos sirven para ahondar más en el actual proceso de reestructuración de la política represiva del Estado chileno. 





«Cuando la clase dominante entra en conflicto con la democracia parlamentaria formal tratará de salir mediante leyes de excepción y estados de sitio encubiertos, como ha venido haciendo hasta ahora. Esa es la verdadera función de la clase política y la burocracia obrerista en momentos de crisis aguda. La clase política o Partido del Estado está para hacer innecesario el siempre arriesgado recurso al golpe militar o al fascismo, pues ella ha de bastarse y sobrarse para hacer de gendarme del capital mundial manteniendo las mínimas apariencias de legitimidad parlamentaria. Conviene repetir que las clases medias no constituyen exactamente una clase, sino un agregado variopinto de fragmentos sociales, maleable y versátil, por lo que están condenadas a seguir siendo hasta el fin una herramienta del capitalismo. No pueden escapar a las alianzas de emergencia con la clase dominante, puesto que necesitan una “dirección” y no hay otra clase capaz de dársela. Por otra parte, las clases medias temen más a la anarquía popular, a la violencia de masas, al anticapitalismo o al desmantelamiento del Estado, que a los impuestos, a los recortes o a las privatizaciones. Están irritadas con los políticos, con el parlamento y con el gobierno, pero todavía creen en los jueces, en la prensa, en los funcionarios y las ONGs, en la sanidad y la enseñanza públicas, en la ciencia y el progreso. Están sentadas sobre dos sillas inestables, pero ante una alternativa demasiado pronunciada se aferrarán a los tópicos ciudadanistas del orden antes que aventurarse por los inciertos caminos de la revolución social. No será así en todos los casos, pero sí en la mayoría. Al menos en un principio, cuando la clase dominante y el sistema partitocrático tengan las de ganar. Su papel histórico es subalterno, nunca determinante. El sujeto subversivo no surgirá de ellas, ni encontrará en ellas sus ilusiones y su ser. Hemos apuntado la posibilidad de que de la plena descomposición del capitalismo pueda emerger una clase “peligrosa” dispuesta a cambiar la sociedad de arriba abajo y a eliminar el régimen político imperante. Esta clase negativa habrá de rechazar la ideología ciudadanista tanto como la política profesional mistificadora que hacen los partidos, pues su condición de existencia impone una estrategia disolvente y un proceder independiente e igualitario. Si eso llega a suceder, la cuestión de la clase media se resolverá por sí sola».*


*Fragmento tomado de «Clase Media, Partitocracia y Fascismo» Por Miguel Amorós. Para leer el artículo completo pueden hacer clic aquí. 



sábado, 8 de agosto de 2015

El plomo al hampa del socialismo del siglo veintiuno venezolano - Gladys Emilia Guevara


Quizás muchos de quienes me leen en este instante son empáticos con la idea de que frente al fenómeno de la delincuencia, se justifica las actuaciones represivas del Estado. No los condeno por pensar así. Sólo que debo advertirles que el pensar así, con el tiempo, de seguro los condenará a sufrir los embates del autoritarismo o los hará cómplices de injusticias de dimensiones incalculables. Así que es mejor plantearnos una reflexión más o menos seria sobre el asunto, a ver si aprendemos algo de los rápidos sucesos vividos por el pueblo venezolano en por lo menos estas dos últimas décadas signadas por aparentes cambios gubernamentales.

Por eso me resulta imprescindible entrar primero en el campo de las definiciones y las caracterizaciones de lo que hasta ahora se ha entendido en estos pueblos colonizados por delincuencia y por “control del Estado”.

Si hiciéramos una encuesta en la cual quisiéramos detectar cuáles son las representaciones mentales de los ciudadanos en torno a qué es y cuáles son las características de un delincuente, nos encontraríamos con un cúmulo de asociaciones de carácter clasista y racista. Un delincuente es un “malandro”, un “vago”, un “pandillero”. Y si les ofreciéramos imágenes que complementaran el concepto que cada uno tiene de “delincuente”, lo más probable es que relacionaran el término con personas pertenecientes a las clases pobres, y en consecuencia, mayoritariamente gente mestiza, integrante de etnias indígenas o simplemente de piel negra.

Esta situación se repite a lo largo y ancho de cualquier sociedad colonizada y neocolonizada. El dominador (¡delincuente de algo rango!) impone su lengua y sus modos de pensar al dominado, hasta el punto en que este se convierte en reproductor del sistema. Sobre el dominado pesa un cúmulo de traumas sociales que lo hacen subestimar su propia cultura, su fisonomía, el color de su piel, la textura de sus cabellos… Y sueña con ser otro, otro muy parecido a su dominador. O al menos, cercano a los hábitos, gustos y disfrutes del “amo”.

La escuela es la encargada de “sembrar civilismo”, y quien no se adecúe a ritmos de trabajo, formas de presentación personal, horarios, enfoques únicos de pensamiento, etc., se convierte en un desadaptado. Hay que obtener un cartón que te acredite como persona “apta” para el trabajo, el cual también sigue el mismo compás “civilizatorio” del resto de las actividades humanas: cumplimiento y control. Considérese afortunado si tiene trabajo y cuídese mucho de perderlo, así esté en juego su propia dignidad humana. Lo importante es la subsistencia. Prohibido decir lo que piensa, so pena de ser execrado del “proceso”.

¿El gran fenómeno comunicacional que encarnó el fallecido presidente, revirtió en forma real la mentalidad neocolonizada del venezolano?

A pesar de que todas estas situaciones eran conversadas por el desaparecido presidente Chávez, sus “agudas observaciones” dirigidas en este sentido, se convertían en puras prédicas declarativas, mecanismos de “catarsis” para que todo siguiera igual, porque la realidad del entorno en el cual él mismo se desenvolvía era extremadamente ficticia y edulcorada para el espectador incauto.  Aquella popular Lina Ron, por ejemplo, quien se batía frontalmente contra opositores al gobierno, fue blanco de miles de desprecios clasistas por parte del equipo presidencial y de sus acólitos, quienes siempre la vieron como un instrumento para “lanzarla” en contra de los enemigos, sin importarle su condición humana. Después de todo, sólo ellos y sus hijos debían sobrevivir; los pobres sólo son carne de cañón contra el enemigo. Luego podrían rendirles homenajes o indemnizar a sus familiares, para dar muestra de  “revolución”, “unidad en la lucha” y de “justicia social”. Y en el caso de Lina Ron, hasta una orden de captura formulada mediáticamente por el mismo jefe de Estado, en la cual clamaba sobre ella “todo el peso de la ley”.  Lógico. La “defensa del Estado” exige obediencia absoluta… ¿qué es eso de pensar y actuar con cabeza propia? La “participación” también está regulada por el Estado seudo socialista. Él sólo te puede indicar cuándo “saltarte” las leyes. Él sólo puede garantizarte impunidad, si te decides a delinquir.

Un cúmulo inmenso de eslóganes y frases hechas formaba parte de las declaraciones  de los funcionarios públicos y de las “opiniones” de los venezolanos. El pensamiento fue sustituido por la fórmula. La canción de Alí Primera, fiera y rebelde contra el sistema, ahora era el “perfume de la mierda” de los actos públicos, en los cuales siempre existía una élite privilegiada que observaba los actos cómodamente, y una comparsa de pobres incautos que se sentían hermanados con el poder por el solo hecho de estar detrás de la línea de seguridad que siempre los mantuvo a raya… “por si acaso”.

¿Qué intención perseguía el Estado venezolano pretendidamente socialista cuando privilegiaba la adquisición de bienes materiales como fórmula de felicidad?

Así también se hizo común y frecuente entre los funcionarios públicos y sus allegados, la cirugía estética. Y el mismo fallecido presidente, clamaba por la protección a estas “damas” que tenían todo el derecho de “mejorar” su aspecto físico. Reinas de belleza, actrices y actores hollywoodenses desfilaban por Miraflores, mientras un líder del pueblo yukpa, de nombre Sabino Romero, quien creyó su deber hacer realidad el mandato constitucional de reintegración de tierras a sus etnias ancestrales, recorría distancias entre la Sierra de Perijá y Caracas para hacerse escuchar por funcionarios que se volvieron inaccesibles, y por unos medios al servicio del gobierno, que vetaron su palabra hermana hasta casi el final de sus días. No importa, después permitirían que las salas de cine exhibieran un documental: ¡Sabino vive! Para enmendar la plana. “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”, como bien apunta la sabiduría popular.

Y así como “todos” tenían “derecho” a las “cirugías estéticas”, también tenían derecho sobre bienes muebles e inmuebles: una mejor calidad de vida, clamaban. “La mayor suma de felicidad posible”, parafraseaban la infeliz y frustrada frase del Libertador. Y la felicidad tenía nombre de cargos públicos, viviendas regaladas, línea blanca, artefactos electrodomésticos, “vergatarios”, “canaimitas”, tablets, antenas de televisión con la misma o parecida plancha de programación basura que tanto criticaron a una supuesta “iv república”… Todo esto adquirido con créditos chinos, rusos. ¡Qué viva la Venezuela rentista!, mientras el jefe de Estado clamaba independencia económica y alertaba sobre el peligro de las “oligarquías apátridas”, que si bien constituían un peligro real, ya no tenían la facilidad de actuación de otrora, y se limitaban a torpes incursiones guarimberas, que sólo reforzaron tiempo después, la actuación represora y criminalizadora que asumió el Estado contra cualquier protesta pública, por justa que esta fuese.

¿Quién es, pues, el mal llamado “bachaquero” venezolano, sino el producto del cacareado “socialismo del siglo veintiuno”, cuya “premisa teórica” era el “amor” y el “buen vivir”, y el cual quedó consagrado en un patético corazón que sirvió de vacua publicidad en las últimas elecciones presidenciales del “Comandante Eterno”? El socialismo del siglo veintiuno daba para todo y más.

¿Por qué llaman delincuente ahora a quienes se dedican a “mejorar sus condiciones de vida” revendiendo productos de la cesta básica, si la lógica que opera en sus actuaciones fue la misma que motorizó la idea de que la felicidad viene con la asunción de las tecnologías y la adquisición de bienes materiales sin el menor esfuerzo?

¿Qué son las OLP y por qué muchos venezolanos justifican sus actuaciones?

La organización político-territorial de nuestros pueblos responde a una concepción subestimadora del poder de una mayoría pensante. Según esta concepción, los pueblos no son aptos para gobernarse y debe existir una élite privilegiada que lo haga. Representativa o participativamente, las democracias republicanas son formas en las cuales las mayorías ceden el “poder” a los supuestamente “más aptos”.

La sanción institucional, el autoritarismo frontal o el macabro poder del burocratismo, las redes familiares, el clientelismo y el compadrazgo, son manifestaciones consustanciales con la formación del Estado y el desarrollo del capitalismo en este lado del mundo. La gente las cree “natural”, y no entiende que son producto de unas formas particulares de relaciones históricas entre los seres humanos.

En consecuencia, la mentalidad de las mayorías se proyecta una única percepción de la realidad: la que han conocido hasta ahora. No se piensan sin autoridad y sin gobierno. “El caos”, sostienen. “Eso no puede ser”. Debe haber quien administre y controle. Quién premie y sancione.

¿De qué modo distinto al represivo un Estado minado de desigualdades sociales e inoperante en lo relacionado con la generación de las condiciones básicas de estabilidad nacional, puede pretender “ejercer el control” de cualquier fenómeno disfuncional que se presente en la estructura socio económica de la nación?

Pero… ¿si han repartido casas, alimentos, electrodomésticos, artefactos tecnológicos, agotando con ello “todas las medidas posibles para evitar la represión, por qué los pueblos insisten en ser “delincuentes”? Si todas esas “prebendas” no han podido sostenerse en el tiempo, es por culpa de la “guerra económica”, afirman. Así que exigimos “lealtad absoluta”. Probablemente el pueblo, lo que esté pidiendo es “mano dura”, aunque el “puño de hierro” contra la corrupción y la ineptitud gerencial que ofreciera el otrora presidente Chávez en la antesala de su muerte, sea hoy en día un finísimo guante de seda con el cual se “negocia” en las “altas esferas”. En su lugar se proyecta un “mazo” exhibido por uno de los mayores trogloditas de la política chavecista venezolana, allá en donde prolifera la verdadera delincuencia generadora de todos los males sociales: la corrupción y la venalidad de los funcionarios públicos.

Sin embargo, es necesario edulcorar la píldora. Y allí están los medios y los “miedos” para aligerar el trabajo de manipulación.

Es así como sin aún quitarse la careta de “socialistas” (aunque cada día la exhiben menos, llegando a sustituirla por la expresión de “territorios para la paz”, eufemismo alusivo directamente a la premeditada operación de exterminio de grupos que están fuera del “control del Estado”, que comenzó con la masacre de Quinta Crespo en la cual cayó ajusticiado impunemente Odreman y sus compañeros) el actual gobierno chavecista del presidente Maduro proclama su última panacea para resolver la situación de inseguridad que se vive en el país (porque ahora resulta que se convencieron que no era un asunto de “percepción de la realidad” auspiciado por los opositores, sino que era real. Antes tuvieron que tirotearles y coserles a puñaladas a sus propios peones del tablero politiquero, para que entraran en razón).

Se trata de las OLP (Operación Libertad y Protección del Pueblo), mecanismo represivo del Estado seudo socialista para suspender las garantías constitucionales en las zonas más vulnerables del territorio venezolano, sin causar mayor impacto mediático, en el ámbito nacional, pero sobre todo, internacional. La mentalidad de los dominados, por supuesto, celebra estas incursiones, casi con tanto fervor como las personas de pensamiento de derecha, para quienes la existencia de los pobres siempre será una amenaza potencial para sus privilegios.

Mediáticamente, estas operaciones son todo un “éxito”. Han logrado capturar a los prófugos más antiguos del crimen organizado, y han llevado “la paz y la tranquilidad” a sectores populares que estaban atemorizados, según cuentan, por el hampa común y el crimen organizado.

Lo cierto del caso es que los medios nacionales y la prensa en general no están reseñando lo que realmente está ocurriendo en estos operativos. Sólo nosotros, los de abajo, conocemos la otra cara de la historia oficialista.

Desalojo kilometro 3 de la Panamericana en el marco de la OLP 24/07/15
En los Operativos de las OLP, todos nosotros somos sospechosos de ser “bachaqueros” y/o delincuentes. Todo depende del lugar donde vivamos o transitemos. Todo depende de nuestra clase social y todo lo que ella lleva implícito: forma de vestir, actuar, pensar… Todo depende de nuestro color de piel y del grado de redes familiares y/o amistosas que tengamos con el poder. Todo depende de que un mal día no nos demos de narices con el poder y la autoridad de un policía, un guardia nacional o un funcionario del Sebin de mal talante. Todo depende.

Quedan suspendidos los derechos humanos en las barriadas populares, con la tenaz asunción de las OLP, mecanismo idóneo del socialismo del siglo veintiuno para darle tranquilidad al “pueblo venezolano”. Y uno se pregunta: ¿Es que alguna vez existieron los derechos humanos en las barriadas populares o en las zonas rurales? No, pero ya no puedes dar el tradicional grito del cerdo, camino al matadero. Allí está el poeta Tarek William Saab para asegurarse de ello, e ir por el mundo entero proclamando nuestra democracia a prueba de guarimbas y guerras económicas. Y quien diga lo contrario, es sospechoso de traición.

La próxima vez que celebres una incursión de las OLP en zonas humildes del pueblo venezolano, piensa que en cualquier momento el blanco puedes ser tú,  que habrá quienes celebren el éxito de esta nueva versión del “plomo al hampa” erigida por gobiernos que sólo anuncian socialismo mientras promueven medidas neoliberales. Y que entonces, será bastante tarde para que hables de organización y unidad popular.


Gladys Emilia Guevara



Artículo tomado desde Aporrea


viernes, 27 de marzo de 2015

Honduras: Cuatro estudiantes secundarios fueron víctimas del sicariato político

Tegucigalpa ha sido el escenario de cuatro ejecuciones contra estudiantes de educación media que en días anteriores habían elevado sus voces contra reformas educativas que suponen el incremento de cada hora de clases a un lapso de 45 minutos. Los estudiantes se plantaron contra esta medida impuesta por el ministro de Educación, Marlon Escoto, aludiendo que dicho incremento supondría que los jóvenes de las jornadas vespertinas tendrían que salir de noche de sus colegios, exponiéndose a la delincuencia que azota las calles de esa ciudad.

Por esta razón, cientos de alumnos de más de veinte instituciones han mantenido protestas desde hace más de dos semanas en la capital hondureña. En medio de ellas, los estudiantes enfrentaron a la policía con piedras y dos jóvenes resultaron heridos por armas de fuego.

El día martes 24 de marzo, Darwin Josué Martínez Hernández (21), Elvin Antonio García López (19) y Diana Yareli Montoya (21), estudiantes del Instituto Jesús Aguilar Paz, tenían 15 minutos de haber salido de clases y se encontraban charlando en una acera, muy cerca del colegio. Al lugar llegó un grupo de hombres que se trasladaban en un automóvil y sin mediar palabra disparó contra los muchachos. Los jóvenes intentaron correr pero cayeron abatidos por las balas. López y Martínez fallecieron en forma inmediata tras los múltiples impactos, pero la joven Montoya resultó gravemente herida y fue trasladada a un centro hospitalario. No obstante, los más de veinte disparos en su cuerpo le hicieron perder la vida poco después.

Posteriormente, el día miércoles 25 de marzo, el cuerpo de Soad Nicole Ham Bustillo (13), estudiante del Instituto Central Vicente Cáceres, fue hallado en un saco de nylon bajo signos de tortura y estrangulamiento. Se dio a conocer tras el hallazgo que la niña había participado de una jornada de protestas y en ella se había hecho notar en dos ocasiones ante los medios de comunicación. A través de ellos se dirigió enérgica al presidente Juan Orlando Hernández, demandándole atención al caos del sistema educativo: “Ni sillas tenemos, hombre, ¡compren sillas!”, clamó la niña.“¿Por qué Juan Orlando manda a los chepos, por qué no viene a arreglar el peo él mismo?” se preguntó otra vez Nicole ante la presencia del despliegue policial.

Organizaciones sociales descreen de la hipótesis que sugiere que estos jóvenes fueron víctimas de la delincuencia, pues los hechos se suceden en un álgido contexto de lucha política. Lo que salta a la vista es el empeño del Estado hondureño por reprimir y atemorizar a la población a través de las prácticas de sicariato que tienden a multiplicarse en el contexto de los gobiernos del continente.

N&A


sábado, 21 de marzo de 2015

Venezuela: Primer caso de desaparición forzada en madurismo ¿Dónde está Alcedo Mora?

Alcedo Mora desapareció el 27 de febrero. La última vez que fue visto, se encontraba en las cercanías de una plaza de la ciudad de Mérida, en el estado andino fronterizo que lleva el mismo nombre. Pertenecía al Partido de la Revolución Venezolana (Grupo Ruptura – Tercer Camino), un partido no inscrito de la izquierda no chavista y que fue otrora el aparato político del grupo guerrillero FALN. Trabajaba como funcionario adscrito a la Secretaría de la Gobernación del Estado Mérida y según informaciones que suministran sus familiares y amigos, el dirigente político había denunciado pocos días antes de su desaparición que tras una fuerte discusión con sus jefes, le habían advertido que contra él pesaba una orden de detención por parte del Sebin, cuerpo de inteligencia del Estado venezolano. Según comunicó Alcedo, se trataba de una represalia por haber elevado denuncias de corrupción en la petrolera estatal PDVSA. Pidió entonces a sus allegados mantenerse en alerta. No obstante, la información oficial por parte del Estado es que ninguna orden de captura pesaba sobre Alcedo Mora. En este sentido, aquella información suministrada por Alcedo debe considerarse como un gesto intimidatorio que sobre él formuló su jefe, el Secretario de la Gobernación de Mérida, Luis Martínez. Es este funcionario quien debería brindar información sobre el paradero del hombre que intentó amedrentar.

El caso de Alcedo Mora perfila como el primer caso de desaparición forzada en el marco de un gobierno que se dice “socialista” y que para quienes vivimos en Venezuela no representa más que otra traición histórica a las aspiraciones libertarias del colectivo. Y es que si algo ha caracterizado al gobierno chavista es precisamente el hecho de ser especialmente severo para con quienes desde sus filas se creyeron el cuento de que habría revolución. Una de las primeras advertencias se hizo contra un grupo de jóvenes que tomando la palabra de Hugo Chávez -quien invitaba a derribar viejos símbolos y a ‘descolonizarnos’- se fueron hasta la plaza en la que se erguía la estatua de Cristóbal Colón, le hicieron un juicio popular, lo declararon genocida y derribaron la efigie para entre música, risa y baile arrastrarla hasta donde estaba encerrado Chávez encabezando un acto político con las comunidades indígenas. La respuesta fue la más brutal represión. Luego de eso, mucha agua ha corrido y siempre han sido los movimientos sociales, los indígenas, campesinos y obreros los que han sufrido con mayor vehemencia las políticas represivas del chavismo. Casos emblemáticos son los de la huelga de los obreros de Sanitarios Maracay, que desató la furia represora del gobierno de Chávez y le costó la vida a tres dirigentes sindicales de la Unión Nacional de Trabajadores que acabaron siendo víctimas del sicariato político, una realidad que del mismo modo padecen los dirigentes campesinos del Frente Ezequiel Zamora. Otro caso que evidencia la brutalidad del Estado venezolano es el del genocidio a cuenta gotas que recae sobre el pueblo indígena yukpa que lucha porque los convenios con China y Rusia no sigan arrebatándoles su territorio y el agua que les surte a ellos y a las ciudades vecinas.

En el marco de este estado de cosas, una crítica formulada desde la izquierda autónoma puede traer consecuencias mucho más brutales de las que ha acarreado para muchos activistas de la ultraderecha el encabezar y hacer parte de revueltas burguesas como las denominadas ‘guarimbas’. Mientras el artífice de las revueltas Leopoldo López se encuentra, según las palabras del Presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello, ‘en resguardo’, Alcedo Mora ha sido DESAPARECIDO.

La desaparición de este dirigente popular es así funcional a la política del miedo que ejerce el gobierno chavomadurista para acallar la crítica que presiente podría hacer mella en sus ya profundamente debilitadas bases de apoyo popular. Y en este sentido, el crimen institucional garantiza la sumisión de quienes ven en ello una advertencia. Y esta advertencia parece funcionar, pues ninguno de los corporizados “medios comunitarios” ni ninguno de sus "aguerridos comunicadores" se atreve a elevar el grito por Alcedo Mora.


N&A