sábado, 10 de mayo de 2014

Breve: Anarquismo y autogestión

La anarquía es la convivencia y el disfrute que nace y se desarrolla a partir de las relaciones interpersonales signadas por la libertad y horizontalidad; relaciones en las que todos y todas somos iguales y libres porque todos somos igualmente libres. Para lograr esto, las anarquistas deseamos construir una sociedad donde cada individuo sea el hacedor de su destino, donde el apoyo mutuo, la solidaridad, el amor libre, la ciencia y las artes sean el pan de cada día y no los dogmas, los prejuicios y las ambiciones.

El anarquismo es una idea que viene gestándose desde cientos de años, pero adquiere forma, discurso y programa político en el seno de la clase trabajadora en la segunda mitad del Siglo XIX al calor de la lucha de clases. (1)

En pocas palabras podríamos decir que el anarquismo es un movimiento social que se opone a que unas personas dominen a otras. En este sentido, involucra muchas actividades relacionadas con una convivencia libre sin Estado ni capitalismo ni patriarcado, donde los tratos en igualdad son las bases de los vínculos y la producción de las cosas, ejerciendo para ello la autogestión, es decir, la organización económica y social mediante una ética anarquista.

La autogestión anarquista no solo se expresa en la tarea específica del trabajo y el estudio, sino que también en las decisiones de cómo desarrollar las distintas actividades y los trabajos: qué producir, dónde producir y cómo producir. En otras palabras, la autogestión no solo es producción sino que involucra el ámbito de las decisiones y otras relaciones sociales no necesariamente asociadas al ámbito laboral.

La autogestión no es economicista, es decir, no se enfoca en el trabajo para la producción autómata, ni mucho menos bajo un afán acumulativo/competitivo, sino que está orientada desde y para la libertad a través de relaciones en igualdad. 

En la autogestión anarquista, la competencia que reina en la sociedad capitalista es reemplazada por la solidaridad, y el poder político es reemplazado por las fuerzas productivas organizadas en federaciones de individuos y asociaciones de diversa índole. Para ello juega un papel de vital importancia el sindicalismo y la organización comunitaria, y como motor, la organización de los y las anarquistas, para así difundir con mayor facilidad y continuidad las ideas y prácticas históricas del anarquismo e influir con contundencia de manera libertaria en las luchas actuales contra el capitalismo, el patriarcado y otras formas de dominación.

La autogestión es una relación anárquica del individuo con las cosas y la sociedad que se funda en el libre trato, donde las relaciones de poder son reemplazadas por relaciones de igualdad/horizontalidad, donde los objetos dejan de ser mercancías, pasando a ser herramientas para el uso y disfrute social.

Se suele reducir el concepto de autogestión a actividades como vender comida hecha en casa en las calles, ser artesano o cualquier trabajo por cuenta propia. Aunque muchas de éstas actividades tengan nobles y necesarias motivaciones, no corresponden a un ejemplo en el que la autogestión se exprese con plenitud, ya que lamentablemente en ésta sociedad burguesa los medios de producción son privados o del Estado y quienes más se benefician con la elaboración y distribución de las cosas son las personas de las clases dominantes, es decir, los capitalistas, los dueños de los bancos y los altos administradores del Estado o quienes tienen cargos de Poder y capacidad de decisión sobre otros. 

También es importante señalar que para concretar la autogestión anarquista es indispensable un cambio radical en la sociedad, y para ello es necesario socializar los medios de producción a través de una revolución social donde las clases oprimidas y explotadas se enfrenten al Estado y reemplacen los aparatos de dominación y las organizaciones jerárquicas de la sociedad por nuevas formas libertarias de convivencia mediante la acción directa y el federalismo libertario. 

Considerando lo anterior, 
podríamos concluir que la autogestión en el ámbito productivo se expresaría en la socialización de los medios de producción, y por consiguiente, en la abolición de la propiedad privada. Dicho de otro modo, para los anarquistas la autogestión implicaría necesariamente socializar los medios de producción, es decir, que las comunidades de forma asamblearia decidan sobre sus propios asuntos, sean políticos, económicos o sociales. Esto difiere de los objetivos de los socialistas de Estado, pues para ellos socializar los medios producción significaría trasladar la administración de los medios de producción desde un control privado a un control estatal.

En resumen, la autogestión es la forma económica revolucionaria específica del anarquismo que nace desde la igualdad y para la libertad y no desde las jerarquías y la dominación. La autogestión anarquista además de económica, al involucrar el ámbito de las decisiones y la organización, también es política y por tanto, social. 
 
El anarquismo será mediante la autogestión o no será.

A continuación, comparto un breve y práctico texto de Ángel Cappelletti, en el que se explica cuáles son las principales formas de confundir el concepto de autogestión y otras consideraciones  para la correcta concepción del término.

@tierrarevuelta

(1)             Para estudiar el origen milenario del anarquismo recomiendo el texto El anarquismo y su definición para la enciclopedia británica de Piotr Kropotkin; También el prólogo de Bert F. Hoselitz para el compilado de textos de filosofía política de Mijaíl Bakunin I y II a cargo de G.P. Maximoff. Del mismo modo, es muy recomendable el libro La prehistoria del anarquismo de Ángel Cappelletti.

Consideraciones sobre la autogestión - Ángel J. Cappelletti 

Si algún concepto práctico y operativo pudiera sintetizar la esencia de la filosofía social del anarquismo, éste sería el de la autogestión.

Así como el mismo Proudhon, que utilizó por vez primera la palabra anarquismo, dándole un sentido no peyorativo y usándola para designar su propio sistema socioeconómico y político, pronto prefirió sustituirla por otra (mutualismo, democracia industrial, etc.) que tuviera un significado positivo (y no meramente negativo, como «an-arquismo»), hoy podríamos considerar que el término «auto-gestión» es un sinónimo positivo del «anarquismo». Sin embargo, tal equivalencia semántica no se puede establecer antes de haber dejado establecida una serie de premisas y de haber hecho una serie de precisiones. La palabra «autogestión» y el concepto que representa son de origen claramente anarquista.

Más aún, durante casi un siglo ese concepto (va que no la palabra) fue el santo y seña de los anarquistas dentro del vasto ámbito del movimiento socialista y obrero. Ninguna idea separó más tajantemente la concepción anarquista y la concepción marxista del socialismo en el seno de la Primera Internacional que la de la autogestión obrera.

Pero en las últimas décadas, la idea y, sobre todo, la palabra, se han ido difundiendo fuera del campo anarquista, se han expandido en terrenos ideológicos muy ajenos al socialismo libertario y, por lo mismo, han perdido peso y densidad, se han diluido y trivializado. Hoy hablan de «autogestión» socialdemócratas y eurocomunistas, demócratas cristianos y monárquicos.

A veces se confunde la «autogestión» con la llamada «cogestión», en la cual los anarquistas no pueden menos que ver un truco burdo del neocapitalismo. A veces, se la vincula con la economía estatal y se la ubica en el marco jurídico-administrativo de un Estado, con democracia «popular» (Yugoslavia) o «representativa» (Israel, Suecia), etc. Una sombra de «autogestión» puede encontrarse inclusive en las «comunas campesinas» del mastodóntico imperio marxista-confuciano de China. Y no faltan tampoco rastros de la misma en regímenes militares (como el que se implantó en Perú en 1967) o en dictaduras islámico-populistas (como la de Libia).

Pero la autogestión de la que hablan los anarquistas es la autogestión integral, que supone no sólo la toma de posesión de la tierra y los instrumentos de trabajo por parte de la comunidad laboral y la dirección económica y administrativa de la empresa en manos de la asamblea de los trabajadores, sino también la coordinación y, más todavía, la federación de las empresas (industriales, agrarias, de servicio, etc.) entre sí, primero a nivel local, después a nivel regional y nacional y, finalmente, como meta última, a nivel mundial.

Si la autogestión se propone en forma parcial, si en ella interviene (aunque sea desde lejos y como mero supervisor) el Estado, si no tiende desde el primer momento a romper los moldes de la producción capitalista, deja enseguida de ser autogestión y se convierte, en el mejor de los casos, en cooperativismo pequeño-burgués. Por otra parte, no se puede olvidar que una economía autogestionaria es socialista -más aún, parece a los anarquistas la única forma posible de socialismo- no sólo porque en ella la propiedad de los medios de producción ha dejado de estar en manos privadas, sino también, y consecuentemente, porque el fin de la producción ha dejado de ser el lucro.

De hecho, el mayor peligro de todo intento autogestionario, inclusive del que alguna vez se dio en un contexto revolucionario (como en la España de 1936-1939), se cifra en la fuerte inclinación, que siglos de producción capitalista han dejado en la mente de los trabajadores, hacia la ganancia y la acumulación capitalista.

Una vez salvados todos los escollos previos (entre los cuales emerge uno tan duro y abrupto como el Estado), la autogestión deberá salvar todavía el más peligroso y mortal de todos: la tendencia a reconstruir una nueva forma de capitalismo. 

Fragmento extraído del libro  La ideología anarquista de Angel J.Cappelletti 






2 comentarios:

  1. Posiblemente sea el anarquismo la más hermosa de cuantas ideas ha fraguado el pensamiento humano.

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  2. si es verdad el tema es llevarlo a la practica y que no sea una hermosa ideologia en los libros o sea hacer la revolucion cuento cuesta mucho tiempo y mucha sangre para destruir este sistema injusto que los burgueses van a defender a muerte y despues construir la nueva sociedad sobre las ruinas es como empezar de nuevo sin autoridad y sin piramide y que nadie se contamine con ejercer la autoridad para manejar de nuevo al otro es complicado pero posible.

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