viernes, 22 de junio de 2018

El origen anárquico del día del orgullo gay




El evento anual del Orgullo Gay, que se celebra desde hace cuarenta años en todo el mundo, se ha vuelto en un desfile festivo aliñado por música disco, patrocinado por los bares de ambiente y por las multinacionales, es una fuente de prósperos negocios y se realiza con la colaboración de las autoridades. A menudo a final del desfile se reserva un espacio para un agradecimiento especial a las fuerzas del orden, por la protección garantizada a lo largo del recorrido de la manifestación. El espíritu subversivo que originó este evento, que debería celebrar el “nacimiento del orgullo gay” en la fecha del 28 de junio del 1969, se ha perdido por completo. Las mismas personas LGBT que una vez al año bajan a la calle para celebrar, y luego vuelven por todo el resto del año a cerrarse en la invisibilidad y en la segregación del “estilo de vida gay”, no saben que el movimiento LGBT nació de una revuelta en contra de la policía, conocida como “revuelta de Stonewall”.

Es útil hacer una pequeña premisa sobre el contexto histórico en el que se inserta Stonewall. El final de los años 60 fue una época propicia para el nacimiento de muchos movimientos y organizaciones revolucionarias. Después de la muerte de Martin Luther King Jr. y de Malcom X, el movimiento de liberación negro se orientó hacia formas de resistencia más radicales y vio el nacimiento de las Panteras Negras. Este grupo rechazaba las premisas no violentas y de integración “a toda costa” de Luther King, prefiriendo el concepto de autodefensa como principal medio de lucha. También el movimiento de los estudiantes, en esta época, ganaba fuerza y se radicalizaba, y protagonizará los eventos del 1968 en muchos países del mundo, que inspiraron y radicalizaron políticamente a muchas personas que vivieron en aquella época.

Estados Unidos, finales de los años 60. La condena social de las relaciones homosexuales y de las personas transgender (que todavía no tenían este nombre) era explícita e institucionalizada: en la mayoría de los estados existían leyes en contra de la sodomía (todavía activas), estaba prohibido vender alcohol en los bares a personas homosexuales o sospechosas de serlo, estaba prohibido por ley el crossdressing, o sea era obligatorio utilizar vestidos considerados idóneos con el género/sexo de quien los llevaba. La transgresión podía significar ser detenidxs, pasar una o más noches en el calabozo, recibir palizas de la policía y a menudo ser víctima de violencia y abusos sexuales por parte de los mismos policías. Lxs trans, lxs genderqueer, gays, lesbianas y trabajadorxs sexuales podían vivir sus relaciones y amistades en semiclandestinidad, se reunían en algunos bares no reconocidos oficialmente como bares de ambiente, que sin embargo eran llevados por unos dueños, a menudo heterosexuales, que por un poco de dinero más estaban disponibles a hacer la vista gorda y arriesgarse a unas incursiones policiales. La represión policial era muy dura, con frecuentes detenciones y palizas, en especial hacia lxs que no tenían una apariencia de género normativa y hacia lxs trans que trabajaban en la calle. Había muchas irrupciones y registros en los bares sospechosos de ser puntos de encuentro de gays, lesbianas y trans.

Había silencio total alrededor de los discursos sobre el género y la sexualidad. Quienes en el pasado se habían declarado a favor de las minorías sexuales o habían publicado revistas underground, a menudo habían sido despedidxs o encarceladxs, así que había muy pocas personas tan valientes como para tomar partido en contra de la homofobia. Entre estas estuvo Emma Goldman, que a finales del siglo XIX tuvo lecturas públicas en las que denunciaba el trato injusto que tenían que vivir las personas homosexuales, por las que fue criticada hasta por sus mismos compañeros anarquistas. Sin embargo en los años 50 habían nacido, siempre en los Estados Unidos, algunas asociaciones de activistas que se definían “homófilas”, que luchaban tímidamente por la abolición de las leyes en contra de la homosexualidad y por la aceptación del amor homosexual por parte de la sociedad. Por esta razón hombres y mujeres de este movimiento se vestían de manera conforme a los estándares sociales para el género masculino y femenino (hombres con corbata y mujeres con faldas), mientras que las manifestaciones de cariño y sexualidad en público estaban condenadas porque eran “dañinas para la lucha”. Las demandas de asimilación por parte de la sociedad y de sus estándares de normalidad son muy similares a las reivindicaciones de las asociaciones LGBT reformistas actuales. Stonewall era un bar miserable situado en el número 53 de Christopher Street, en el corazón del Greenwich Village, Nueva York. Era un local sin agua ni permiso, sin embargo los mafiosos que lo gestionaban corrompían a los policías para que llamara antes de las incursiones y para que éstas pasaran muy pronto por la noche, cuando todavía no estaba lleno de clientes. Era uno de los pocos lugares de encuentro de las personas trans y queer, además de ser frecuentado principalmente por personas afroamericanas o latinas; los dueños hacían la vista gorda sobre la presencia gay en el lugar, así que lograban mayores ganancias. En la noche del 28 de junio 1969 un grupo de policías se presentó sin avisar alrededor de la 1:30 de la noche y empezó a detener a quienes se encontraban sin documentación o no había respetado las leyes sobre el “travestismo” llevando vestidos del “sexo opuesto”, entonces principalmente personas trans, lesbianas butch (masculinas) y drag queen, muchas de ellas negras. Un grupo de personas empezó a agruparse fuera del local y alguien empezó a gritarle a los policías.

La rabia explotó cuando una lesbiana butch, detenida en una furgoneta policial, empezó a agitarse y a gritar. La leyenda cuenta que Sylvia Rivera, una mujer transgender, fue una de las primeras en tirar una botella (o un zapato con tacones, según otra versión) contra de los policías. Alguien consiguió robar las llaves de las esposas y se soltó, y luego liberó a lxs otrxs detenidxs. Otras personas empezaron a gritar: “¡policías maricones!”, “Gay power!”. Las personas empezaron a atacar lanzando ladrillos, piedras, basura y mierda de perrx encima de los policías. Los policías se retiraron adentro del bar, y se barricaron adentro. En la calle fue arrancado un parquímetro y luego fue utilizado para intentar romper la puerta y coger a los policías encerrados; otrxs, una vez abierta una brecha en la puerta, empezaron a lanzar cócteles molotov intentando quemar el bar. Cuando llegaron los refuerzos de la policía, con el equipaje antidisturbio, empezaron los verdaderos enfrentamientos. Mientras tanto también lxs vecinxs del barrio y lxs clientes de los bares cercanos se juntaron a la revuelta. Los testimonios hablan de 2000 personas en contra de 400 policías. La gente bailaba y cantaba en el medio del caos, riéndose de la policía por su incapacidad de restablecer el orden. Los disturbios continuaron por toda la noche, con un balance de cuatro policías heridos y trece personas detenidas, sin contar el número indefinido de manifestante heridos: la policía actuó con particular brutalidad en contra de las personas trans o genderqueer, frente a cómo actuaban con quienes tenían una presentación de género más normativa.

Al día siguiente la noticia de lo que había pasado se difundió rápidamente, y esa misma noche miles de queers radicales se volvieron a juntar fuera del bar Stonewall Inn. La policía intentó echar a lxs manifestantes, pero éstxs bloquearon las calles y empezaron a tirar piedras y botellas. La tercera noche de revuelta pasó cinco días después de la primera lucha: mil personas se juntaron en el bar y destruyeron los coches de policía aparcados en los alrededores.

Stonewall no fue el primer ejemplo de rebelión por parte de las personas trans y queer cansadas de ser oprimidas y perseguidas por el orden policial y estatal:

1959: Revuelta de Cooper’s Donuts. Esta cafetería de Nueva York, a finales de los años 50, abría durante toda la noche, y era el punto de encuentro de prostitutas, chaperos y queers callejeros. La policía se dedicaba a provocar a lxs clientes con cualquier excusa, hasta que una noche de mayo de 1959 la rabia queer explotó. La respuesta a los abusos de la policía fue inicialmente un simple lanzamiento de donuts, que se transformó en unos disturbios en la calle que duraron por toda la noche.

1966: Revuelta de la Cafetería Compton. Este bar de San Francisco, también abierto toda la noche, era frecuentado por prostitutas, chaperos adolescentes, personas marginales y vecinxs del barrio. Los dueños del bar una noche llamaron a la policía porque algunas dragqueens sentadas en una mesa se habían puesto demasiado ruidosas y estaban consumiendo muy poco. El policía que llegó respondiendo a la llamada, agarró a una chica trans por el brazo y, seguro de su impunidad, le pidió que abandonara el bar. La chica contestó echándole café caliente en la cara y la revuelta explotó dentro del bar, con lanzamiento de platos, vasos y cubiertos, ventanas y mesas destruidas y lanzados en la calle, hasta que llegaron los refuerzos de la policía. Los disturbios continuaron fuera, y acabaron con un coche patrulla destrozado y policías heridos por los bolsos y los zapatos de tacón de las dragqueens.

Después de Stonewall

La revuelta de Stonewall fue un evento que ayudó a despertar las consciencias de lxs que siempre habían estado discriminadxs a causa de sus identidades de género, de sus sexualidades, además de ser marginadxs por sus condiciones sociales o de raza. La rebelión queer fue encabezada por personas trans, trabajadoras sexuales, lesbianas butch, personas que se prostituían de vez en cuando o que vivían en la calle, marginadxs por el hecho de ser pobres, trans, queer, inmigrantes.

Stonewall trajo la inspiración, el amor y la rabia para la creación de un movimiento que quería luchar por la libertad y la justicia. Desgraciadamente hoy queda muy poco de aquel espíritu de revuelta. El movimiento LGBT contemporáneo, salvo algunos espacios más radicales, es totalmente moderado y comprometido con las políticas de los partidos, y ya no es una amenaza para nadie. Las principales organizaciones LGBT representan los intereses de la mayoría blanca de clase media y “normativa”, que busca una integración democrática en el sistema, piden ayuda a los gobiernos y a las fuerzas del orden, mendigan “derechos” como el matrimonio entre homosexuales y leyes contra la homofóbia, que sólo sirven para alejarnos a todxs (queers y no queers) de la libertad verdadera y refuerzan las instituciones sociales que tienen el control de nuestras vidas. El movimiento gay/lesbiano ha sido asimilado por el capitalismo, que ha hecho de éste un producto de consumo a través de la venta de un estilo de vida y de un negocio que ha crecido alrededor de clubs, saunas, discotecas, agencias de viaje, revistas... Los elementos “incómodos”, como las personas trans, bisexuales, pansexuales, genderqueer, han sido eliminados de manera silenciosa, sus necesidades y demandas han sido olvidadas, porque son un obstáculo para los proyectos de asimilación de los políticos gays y de las políticas lesbianas. La hipocresía de esta inclusión es evidente sólo en las letras B y T de la sigla LGTB, porque no hay otras ocasiones en las que se hable de la realidad cotidiana de estas personas o de las que son queer no blancas, o no privilegiadas económicamente.

 Alex B.



Fragmento extraído del libro «Pequeña historia de la resistencia feminista/queer radical desde los años 60 hasta hoy». Pueden consultar el libro íntegro haciendo clic aquí (N&A)

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