Un mal hábito, contra el cual es necesario reaccionar, es aquél
tomado desde hace algún tiempo por los comunistas autoritarios de oponer
el comunismo a la anarquía, como si las dos ideas fuesen necesariamente
contradictorias; el hábito de usar estos dos términos, comunismo y
anarquía, como si fuesen antagónicos entre sí, y el uno tuviese un
significado opuesto al otro. (…)
No está mal recordar que fue precisamente en un congreso de las Secciones Italianas de la Primera Internacional de los trabajadores, llevado a cabo clandestinamente en los contornos de Florencia en 1876, que, bajo una propuesta motivada por Errico Malatesta, éste afirmó ser el comunismo el arreglo económico que mejor podía hacer posible una sociedad sin gobierno; y la anarquía (esto es, la ausencia de todo gobierno), como organización libre y voluntaria de las relaciones sociales, ser el medio de mejor actuación del comunismo. La una es la garantía de un efectivo realizarse de la otra y viceversa. De aquí la formulación concreta, como ideal y como movimiento de lucha, del comunismo anárquico.
(…)
Los anarquistas entonces se llamaban en Italia más comúnmente
socialistas; pero cuando querían precisar se llamaban, como se han
llamado siempre desde aquel tiempo en adelante hasta ahora, comunistas
anárquicos.
Más tarde Pietro Gori solía precisamente decir que de
una sociedad, transformada por la revolución según nuestras ideas, el
socialismo (comunismo) constituiría la base económica, mientras la
anarquía sería el coronamiento político.
(…) Tal definición o
fórmula del anarquismo -el comunismo anárquico- era aceptada en su
lenguaje incluso por los otros escritores socialistas, los cuales cuando
querían especificar su propio programa de reorganización social desde
el punto de vista económico, hablaban no de comunismo sino de
colectivismo, y se decían en efecto colectivistas.
Esto hasta el
1918; vale decir hasta que los bolcheviques rusos para diferenciarse de
los socialdemócratas patriotas o reformistas, no decidieron mudar
nombre, retornando a aquel de “comunistas” que se enlazaba con la
tradición histórica del célebre Manifiesto de Marx y Engels de 1847, que
antes de 1880 era usado en sentido autoritario y socialdemocrático
exclusivamente por los socialistas alemanes. Poco a poco casi todos los
socialistas adherentes a la III Internacional de Moscú han terminado por
decirse comunistas, sin tener cuenta alguna del significado cambiado de
la palabra, del uso mudado que se hace de la misma desde hace cuarenta
años en el lenguaje popular y proletario y de las cambiadas situaciones
en los partidos desde 1870 en adelante, cometiendo así un verdadero
anacronismo.
(…) Los socialistas transformados en comunistas han
por cierto modificando bastante su programa, respecto de aquel que había
sido fijado en el Congreso del Partido de los Trabajadores en Génova,
por Italia, en 1892, y en Londres, para la Internacional Socialista, en
el Congreso de 1896. Pero la modificación del programa vierte total y
exclusivamente sobre métodos de lucha (adopción de la violencia,
desvalorización del parlamentarismo, dictadura en vez de democracia,
etc.); y no se refiere al ideal de reconstrucción social, único al cual
las palabras comunismo y colectivismo pueden referirse. Por lo que se
refiere al programa de reorganización social, de arreglo económico de la
sociedad futura, los socialistas-comunistas no lo han modificado en
nada; no se han ocupado en absoluto. En realidad, bajo el nombre de
comunismo está siempre el viejo programa colectivista autoritario que
subsiste con, en un trasfondo lejano, muy lejano, la previsión de la
desaparición del Estado que se señala a las muchedumbres en las
ocasiones solemnes, para distraer su atención de la realidad de una
nueva dominación, que los dictadores comunistas querrían meterles sobre
el cuello en un futuro más próximo. Todo esto es fuente de equívocos y
de confusión entre los trabajadores, a los cuales se les dice una cosa
con palabras que les hacen creer otra.
La palabra comunismo, desde los más antiguos tiempos, significa no un método de lucha, y todavía menos un modo especial de razonar, sino un sistema de completa y radical reorganización social sobre la base de la comunión de los bienes, del gozo en común de los frutos del trabajo común por parte de los componentes de una sociedad humana, sin que ninguno pueda apropiarse del capital social para su exclusivo interés con exclusión o daño de otros. (… )Por comunismo siempre se ha entendido un sistema de producción y distribución de la riqueza en la sociedad socialista, cuya dirección práctica era sintetizada en la formula “de cada uno según sus fuerzas y capacidad, a cada uno según sus necesidades. La fórmula de los colectivistas era, por el contrario, “a cada uno el fruto de su trabajo” o “a cada uno según su trabajo”. No hace falta decir que estas fórmulas han de ser entendidas en sentido aproximativo, como tendencia general, y no en modo absoluto y con carácter dogmático, como de hecho fueron adoptadas durante cierto tiempo. (…)
La palabra comunismo, desde los más antiguos tiempos, significa no un método de lucha, y todavía menos un modo especial de razonar, sino un sistema de completa y radical reorganización social sobre la base de la comunión de los bienes, del gozo en común de los frutos del trabajo común por parte de los componentes de una sociedad humana, sin que ninguno pueda apropiarse del capital social para su exclusivo interés con exclusión o daño de otros. (… )Por comunismo siempre se ha entendido un sistema de producción y distribución de la riqueza en la sociedad socialista, cuya dirección práctica era sintetizada en la formula “de cada uno según sus fuerzas y capacidad, a cada uno según sus necesidades. La fórmula de los colectivistas era, por el contrario, “a cada uno el fruto de su trabajo” o “a cada uno según su trabajo”. No hace falta decir que estas fórmulas han de ser entendidas en sentido aproximativo, como tendencia general, y no en modo absoluto y con carácter dogmático, como de hecho fueron adoptadas durante cierto tiempo. (…)
Los neo-comunistas en cambio
por “comunismo” entienden sola o prevalentemente el conjunto de algunos
métodos de lucha y los criterios teóricos adoptados por ellos en la
discusión y en la propaganda. Algunos se refieren al método de la
violencia o terrorismo estatal, que debería imponer por la fuerza el
régimen socialista; otros quieren significar con la palabra “comunismo”
el complejo de teorías que van bajo el nombre de marxismo (lucha de
clases, materialismo histórico, conquista del poder, dictadura
proletaria, etc.); otros todavía un puro y simple método de razonamiento
filosófico, como el método dialéctico. Algunos lo llaman, por eso
-amontonando juntas palabras que no tienen entre ellas ningún nexo
lógico- comunismo crítico, y otros comunismo científico.
Según
nosotros, todos ellos están en un error; porque las ideas y los métodos
de los cuales se habla arriba podrán ser condivididos y empleados
también por los comunistas, y ser más o menos conciliables con el
comunismo, pero por sí mismos no son el comunismo ni bastan para
caracterizarlo, mientras podrían muy bien conciliarse con otros sistemas
del todo diversos e inclusive contrarios al comunismo. Si quisiéramos
divertirnos con juegos de palabras, podríamos afirmar que en las
doctrinas de los comunistas dictatoriales hay de todo un poco, pero que
lo que más falta es precisamente el comunismo. (…)
El colectivismo
legalista y estatal por un lado y el comunismo anárquico y
revolucionario del otro, eran las dos escuelas en que se dividía
principalmente el socialismo hasta el estallido de la Revolución rusa en
1917. (…)
El disentimiento, por el contrario, no está entre
anarquía y comunismo más o menos “científico”, sino entre comunismo
autoritario o estatal, empujado hasta el despotismo dictatorial, y el
comunismo anárquico o antiestatal con su concepción libertaria de la
revolución. Que si de una contradicción en términos se debiera hablar,
ésta habría que buscarla no entre el comunismo y la anarquía, que se
integran al punto que el uno no es posible sin la otra, sino más bien
entre comunismo y Estado. En tanto hay Estado o gobierno, no ay
comunismo posible. Por lo menos su conciliación es tan difícil y tan
subordinada al sacrificio de toda libertad y dignidad humana, como para
suponerla imposible hoy que el espíritu de revuelta, de autonomía y de
libre iniciativa está tan difundido entre las masas, hambrientas no solo
de pan, sino también de libertad.
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Luigi Fabbri (1877-1935) |
Al parecer el resumen corresponde a notas del texto “Anarquismo y comunismo científico” de Nicolás Bujarin y Luigi Fabbri
(Confrontación ideológica entre un teórico marxista y un anarquista)
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