"Los que lo
profesan (principalmente intelectuales) comprenden pronto que la
individualización que tanto ensalzan no es asequible por esfuerzos
individuales, y o bien abandonan las filas anarquistas y se entregan al
individualismo liberal de los economistas clásicos, o bien se refugian
en una especie de amoralismo epicúreo, o teoría del superhombre, similar
a las de Stirner y Nietzsche."
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Piotr Kropotkin |
Ha
ocupado posición destacada entre los anarquistas individualistas de
Norteamérica, Benjamín R. Tucker, cuyo periódico Liberty se fundó en
1881, y cuyas ideas son una combinación de las de Proudhon y las de
Herbert Spencer. Partiendo del principio de que los anarquistas son
egoístas, estrictamente hablando, y de que cada grupo de individuos, sea
la liga secreta de unos cuantos o el Congreso de los Estados Unidos,
tiene derecho a oprimir a todo el resto de la especie humana, siempre
que disponga del poder necesario, que debe ser ley la libertad igual
para todos y la absoluta igualdad y que ocuparse cada uno de sus propios
asuntos es la única regla moral del anarquismo. Tucker pasa a demostrar
que una aplicación general y completa de tales principios sería
beneficiosa y no presentaría peligro alguno, porque los poderes de cada
individuo quedarían limitados por el ejercicio de los derechos iguales
de todos los demás. Indicaba luego (siguiendo a H. Spencer) la
diferencia que existe entre la usurpación de los derechos de alguien y
la resistencia a esa usurpación; entre dominación y defensa: siendo la
primera igualmente condenable, ya sea la usurpación realizada a un
individuo por un criminal, o la de uno sobre todos los otros, o la de
todos los otros sobre el uno; mientras que la resistencia a la
usurpación es defendible y necesaria. En su propia defensa, tanto el
ciudadano como el grupo, tienen derecho a cualquier violencia, incluida
la pena capital. Se justifica también la violencia para hacer
obligatorio el respeto a un acuerdo. Tucker sigue así a Spencer, y, como
él, abre (en opinión del que escribe) el camino de la reconstitución,
so pretexto de defensa, de todas las funciones del Estado. Su crítica
del Estado actual es muy penetrante, y su defensa de los derechos del
individuo de gran vigor. En cuanto a sus ideas económicas, sigue B. R.
Tucker a Proudhon.
El anarquismo individualista de los proudhonianos de América del Norte encuentra, sin embargo, poco eco en las masas obreras. Los que lo profesan (principalmente intelectuales) comprenden pronto que la individualización que tanto ensalzan no es asequible por esfuerzos individuales, y o bien abandonan las filas anarquistas y se entregan al individualismo liberal de los economistas clásicos, o bien se refugian en una especie de amoralismo epicúreo, o teoría del superhombre, similar a las de Stirner y Nietzsche. La mayoría de los obreros anarquistas prefieren las ideas anarcocomunistas que han evolucionado gradualmente a partir del colectivismo anarquista de la Asociación Internacional de Trabajadores. A esta dirección pertenecen (y nombro sólo a los exponentes más conocidos del anarquismo) Eliseo Reclus, Jean Grave, Sebastian Fauré y Emilio Pouget en Francia; Enrico Malatesta y Covelli en Italia; Ricardo Mella, A. Lorenzo y los autores, desconocidos la mayoría, de muchos excelentes manifiestos de España; Johann Most entre los alemanes; Spies, Parsons y sus seguidores en los Estados Unidos, etcétera; también Domela Nieuwenhuis ocupa una posición intermedia en Holanda. Los principales periódicos anarquistas publicados a partir de 1880 pertenecen también a esa tendencia; y gran cantidad de anarquistas que también pertenecen a ella se han unido al llamado movimiento sindicalista, nombre francés del movimiento obrero no político, consagrado a la lucha directa contra el capitalismo, que tanta prominencia ha adquirido últimamente en Europa.
Fragmento extraído de "El anarquismo y su definición en la Enciclopedia Británica"
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