martes, 15 de mayo de 2012

Ética, anarquismo y movimiento estudiantil.

Para poca gente es novedad que muchos anarquistas participamos activamente desde el movimiento social por la educación. ¿Qué queremos los anarquistas? En dos palabras: la libertad y la igualdad. Somos conscientes de que la libertad debe ir abrazada de la igualdad social, porque consideramos que sólo cuando todos seamos libres, podremos estar en condiciones de auto-proclamarnos individualmente libres. 

Dicho proceso es complejo, tiene muchas aristas y particularidades imprevisibles. Respuestas programáticas consensuadas por el conjunto de los anarquistas pueden parecer muchas veces poco claras, no tenemos un programa único incuestionable -más que la libertad y la igualdad- ni comité central que nos de órdenes, pero en el contexto actual del movimiento estudiantil y social tratamos de ser coherentes con las ideas libertarias, cada cual desde sus capacidades, coyuntura local y/o organizaciones de base.


Independiente de lo que como anarquistas deseemos o no, en el actual orden de cosas, dichos derechos o supuestos avances probable y tristemente serán consagrados y desvirtuados a través de leyes reformadoras en el sistema educacional. ¿Dejaremos por eso ser parte activa del movimiento social por la educación? ¿ o debemos ver en, y desde este movimiento una instancia más para crear los lazos necesarios hacia la emancipación del ser humano en la lucha contra toda autoridad?

En la misma lógica, pero en un contexto distinto, nos solemos preguntar desde el movimiento libertario: ¿Qué pasaría si se niega el derecho al voto, práctica frecuente de las Dictaduras? Posiblemente lucharíamos junto y desde por derrotar a la Dictadura, como ya lo han hecho a lo largo de la historia amantes de las ideas libertarias ¿Somos meros reformistas por eso? Pienso que no, en cuanto nuestro objetivo no es simplemente alcanzar una democracia representativa donde "disfrutemos" del derecho a voto, sino que  generar espacios de convivencia que nos den directa o indirectamente mayores libertades, como el derecho a la reunión, asociación y movilidad. 

Como anarquistas no luchamos contra las dictaduras para que la cambien por otra "más blanda", sino que naturalmente, nos rebelamos contra el conjunto de las violaciones permanentes en todos los ámbitos propios de las dictaduras, como la censura extrema de la libertad de expresión  y contra las desapariciones sistemáticas de opositores a los regímenes.


Pienso que no es momento de caer en el pesimismo de pensar que estamos luchando para forjar nuestras propias cadenas, tampoco es tiempo para expandir el derrotismo en quienes sienten en sus pieles la necesidad de la revolución del aquí y ahora, desánimos por parte de la manipulación de los medios de comunicación sobran, organización y construcción de redes de apoyo es lo que falta, ánimos, abrazos, sonrisas, acciones concretas que aporten a la lucha, sin por ello dejar a un lado la permanente autocrítica para crecer como movimiento, pero la crítica sin una postura activa puede fácilmente, convertirse en el menosprecio de la necesidad de cambios reales que hacen mover las voluntades y con ello, el aprendizaje constante en los procesos revolucionarios.

Bajo esta lógica, considero que el llamado a la organización debe concretarse en la  expresión revolucionaria asamblearia en los barrios y en los diversos centros laborales y estudiantiles, en la articulación de grupos autónomos que planten cara a las burocracias y que por medio de la protesta y el estratégico avance autogestionario sea capaz de tomarse un derecho que nos niega la brutalidad de una minoría sumamente egoísta, refugiada en la clase política tradicional y en las instituciones armadas, esa que no ha dudado en asesinar a estudiantes que se rebelan contra este insulto a la humanidad: Negar un necesidad tan básica como lo es La Educación.




Artículo relacionado: Movimiento Estudiantil:Por la Autogestión. 





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