viernes, 15 de marzo de 2013

Colectivismo y anarco-comunismo

El colectivismo se convirtió en una corriente dominante del movimiento anarquista bajo la influencia del aristócrata revolucionario ruso Mijaíl Bakunin, discípulo de Proudhon, que abandonó la atención por los campesinos y artesanos, con miras a un futuro en el que el trabajo organizado hubiera expropiado el capital, y cada grupo de trabajadores administrara sus propios medios de producción. El colectivismo proponía la propiedad colectiva de la tierra, las materias primas y los instrumentos de trabajo, y la apropiación del producto integral del trabajo por los trabajadores, deducido el costo. La distribución de las ganancias se realizarían por decisión colectiva, pero se asumía que la retribución sería proporcional al trabajo realizado.

Los colectivistas se oponían al comunismo de Marx y sus seguidores, entendiendo que sólo podía imponerse mediante un estado autoritario, concepción que fue desafiada por la siguiente generación de anarquistas, especialmente Malatesta, Reclus y Kropotkin. El colectivismo pronto sería reemplazado por el anarquismo comunista (también conocido como anarcocomunismo o comunismo libertario), cuando los propios seguidores de Bakunin de la Primera Internacional criticasen la teoría del valor-trabajo y el mantenimiento de una retribución de tipo salarial. 


«A cada cual según sus necesidades»; el comunismo libertario defendía que el producto del trabajo de todos pertenece a todos por igual, y cada uno tiene derecho a tomar libremente su parte. Los anarcocomunistas no descartaron por completo el colectivismo, sin embargo, considerándolo una etapa intermedia que evolucionaría hacia el comunismo; el historiador e ideólogo Daniel Guerin señala en su obra El anarquismo que esta idea fue finalmente la que se llevó a la práctica durante la colectivización en España entre 1936 y 1939.

El anarquismo comunista promueve la asociación voluntaria sin Estado, sin diferencias de clase e igualitaria, a través de la propiedad comunitaria o socialización de los medios de producción, servicios y bienes de consumo. El anarcocomunismo enfatiza la experiencia colectiva como distinta e importante en la búsqueda de la libertad individual. Algunos de los teóricos anarcocomunistas más famosos fueron Piotr Kropotkin, Luigi Fabbri, Errico Malatesta, Sébastien Faure, Volin y Carlo Cafiero.


Partiendo del pensamiento de Proudhon y Bakunin, el príncipe Piotr Kropotkin fue uno de los más importantes teóricos del comunismo anarquista. Inspirado por teorías sociales evolucionistas, en vez de glorificar la competición, como la mayoría de los darwinistas sociales, Kropotkin entendía que la cooperación es la clave del éxito evolutivo, y que los seres humanos eran la especie de mayor éxito por su capacidad de cooperar efectivamente; de ese modo, Kropotkin creía que el último estadio evolutivo en las sociedades humanas era una vida social donde la competición no existiría y la gente cooperaría en igualdad de términos, libre y naturalmente. En su libro Palabras de un rebelde (1885), llamó a la abolición de la propiedad privada a través de la "expropiación del total de la riqueza social" por el pueblo mismo. En La conquista del pan (1888), planteaba que la ruptura con la propiedad privada conduciría a la anarquía; «La anarquía conduce al comunismo, y el comunismo a la anarquía, y una y otro no son más que la tendencia predominante en las sociedades modernas, la búsqueda de la igualdad.» Kropotkin argumentaba que no hay ninguna forma valida o hay poco margen para medir el valor de la contribución económica de una persona, debido a que «cada descubrimiento, cada progreso, cada aumento de la riqueza de la humanidad, tiene su origen en la conjunción del trabajo manual e intelectual del pasado y del presente. Entonces, ¿con qué derecho alguien se apropia de la menor parcela de ese inmenso todo y dice: Esto es sólo mío y no de todos?»; también abogaba por que la economía se coordinara a través de una red horizontal de asociaciones voluntarias, en la cual los bienes serían distribuidos de acuerdo a las necesidades del individuo, en vez de en función del trabajo. Los individuos y comunidades dispondrían del uso y control de cualquiera de los recursos que necesitasen, «dejando a cada uno la libertad de consumirlos como ellos lo deseen en sus propias casas»


jueves, 14 de marzo de 2013

Lambayeque: La resistencia anti-desarrollista de la comunidad San Juan de Cañaris

El 30 de setiembre de 2012 el pueblo de la comunidad San Juan de Cañaris, localizado en la sierra de la región de Lambayeque, realizó una consulta comunal convocada para decidir la aceptación o no del proyecto minero Cañariaco (de la empresa canadiense Candente Copper, en el Perú empresa Cañariaco Copper Perú S.A.) sobre su territorio y en la que participaron 1,896 comuneros, de los cuales 1,719 o el 95% votaron rechazando el proyecto minero (varios diarios, La República del 9/10/2012 en línea, visitado el 2/02/2013). La población de San Juan de Cañaris, en su mayoría Quechua hablante, convocó a dicha consulta ante la inacción de las autoridades competentes del gobierno central, amparados en sus derechos constitucionales e internacionales de autonomía comunal (artículo 89º de la Constitución), justicia comunal (artículo 149º de la Constitución) y consulta previa (Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo). En los días y meses siguientes, el gobierno central y la empresa minera interesada desconocieron los resultados de la consulta y entonces la comunidad inició acciones para ejecutar su acuerdo. En enero de 2013 se agudizaría el conflicto con enfrentamientos directos entre la Policía Nacional y la Población local, produciendo numerosos heridos con lesiones graves.

(...)

Enero/2013 - San Juan de Cañaris
Tras un proyecto minero,  como el de Cañariaco, la comunidad no solo pierde una relación armoniosa con su medio ecológico, sino también su organización social y cultural con grandes efectos psicológicos. Los comuneros históricamente han practicado la agricultura y ganadería como medios de vida, desarrollando a su lado redes sociales comunitarias para la producción, cosecha e intercambio de sus frutos y productos, con prácticas culturales o costumbres que consolidan dichas redes. Un proyecto minero sobre este contexto produce inevitablemente la alteración del medio natural, transformando o anulando la agricultura y ganadería, pero, más aún, produce la alteración de su organización social y cultural comunitarios al transformar sus redes sociales y prácticas culturales orientándolos bajo el paradigma utilitario o pragmático de la actividad extractiva. Bajo este paradigma, por ejemplo, se produce la aparición de tecnología y comodidades modernas, pero también diversión nocturna que incluye discotecas, alcohol, drogas y prostitución.

El proyecto minero trae muchos beneficios monetarios o económicos, pero también trae y deja efectos negativos a nivel social y cultural. Sin embargo lo lamentable es que el beneficio económico no favorece a la población local. Los beneficiarios principales son los inversionistas y empresarios transnacionales, le siguen los empresarios nacionales que subcontratan con ellos, y los profesionales o trabajadores calificados que trabajan para ambos. Estos últimos conforman la creciente clase media peruana concentrada particularmente en Lima. Los pobladores de San Juan de Cañaris se beneficiarían con contratos menores de servicios o trabajo, que justifican la sustitución de su agricultura y ganadería, y con los subsidios que el gobierno central o regional proveería de acuerdo a los reclamos o protestas que protagonice.

Al final, una comunidad rural como San Juan de Cañaris que vive sobre una beta de oro, plata o cobre, se hace más pobre con la explotación minera. Desde un inicio queda sin tierras y sin trabajo (al ser desplazadas la agricultura y ganadería), y si bien puede recibir una indemnización y un trabajo temporal al lado de la mina, termina migrando a una gran ciudad cercana abandonando poco a poco su organización social y sus prácticas culturales.

Fragmentos extraídos de  Derecho y Desastre



  



Link Relacionados: 

[Vídeo] 03 de Marzo 2013, Lambayeque: Mesa de trabajo de Cañaris no arribó a muchos acuerdos

 


 
Otras luchas anti-desarrollistas de la región peruana:





 


miércoles, 13 de marzo de 2013

A propósito de Chávez: El peligro que la socialdemocracia siga vaciando de contenido al proletariado

"El mayor triunfo de la burguesía es haber hecho creer que lo que había en Rusia era Socialismo"... dice un libro por ahí... Ahora leo como "libertarios" nos hacen creer que lo que había en Venezuela era una "revolución"... cuando no era más que reformismo socialdemócrata... humanitario, tierno, ok; pero no socialismo ni menos apuntar a aquello. El verdadero infiltrado son los socialdemócratas que pululan por ahí, dejando el manto de confusión en pos de sumar militantes y vender una linda ideología.

Desde que se acabó esa gran farsa de la Unión Soviética a comienzos de los 90s, se inició al mismo tiempo un dominio ideológico total del capitalismo expresado en la práctica de los sectores que potencialmente portan la crítica a lo existente. Curiosamente este dominio ideológico se sustentaba en gran parte por la “cultura” que había creado la socialdemocracia durante décadas. Transformar en ideología al pensamiento revolucionario llevo a un pantano que aun mantiene a varios sectores que pretenden destruir el capitalismo en un delirio esquizoide y melancólico. El leninismo (1) fue la ideología que recayó sobre el pensamiento revolucionario, amputándole su capacidad de desarrollarse como critica a la separación, a la petrificación de las posibilidades humanas como realización de un todo y no especializaciones; a concebir la existencia como devenir en el que lo que es y no “son” al mismo tiempo y dan vida a la historia… mas allá de las dicotomías que cercenan lo existente en invenciones del tipo “alma”, “cuerpo”, “razón”, “irracionalidad”, etcétera..
 
El pensamiento fue lisiado y mandado a rehabilitación, a un centro del cual no podía escapar. El dominio de la ideología, leninista para ser más específicos, llevó a que una vez caído el muro las preguntas volvieran a ser las incorrectas…las que precisamente esta ideología daba la solución en tanto dogma: las masas debían ser inyectadas de conciencia revolucionaria, el estado como ente separado y hasta neutral debía ayudar a acabar con el capitalismo, se mantuvo la separación entre producción de mercancías y autogestión (su unidad es la critica a la ley del valor, algo imposible para la ideología, el pensamiento de lo separado) y claro; la necesidad de un líder que desde afuera, dentro, da igual, dijera el camino a seguir. Como vemos, la búsqueda seguía siendo la separación. La búsqueda seguía siendo una ideología.

No vamos a profundizar sobre esto pues da para otra reflexión, pero quedó claro que en el corazón de muchos estaba interiorizada la idea es esperar un salvador, cual cristiano espera su mesías. Durante mucho tiempo se recuperaron los escritos radicales que precisamente indicaban que nos estábamos haciendo mal las preguntas y que debíamos desocultar al pensamiento y tomar nuestro destino en nuestras manos. No inventar nada, simplemente recuperar lo perdido. Aun así la región latinoamericana en el siglo XXI sufrió una oleada de socialdemocracia seudo renovada.

Esto pareció calmar el corazón de quienes desesperadamente buscaban una ideología que les hiciera pensar con fe en el futuro, suponiendo que el mesías ya había sido encontrado. Diversos gobernantes lograron lo que puede considerarse más despreciable de cualquier proletario: amar a quien lo gobierna. Aquí es donde viene lo mas importante: tal cual la lógica de conmigo/contra mí, la critica a estos gobiernos parecía una apología al capitalismo. Digamos, por parte de las maquinarias de dichos gobiernos.

Si bien todo este escrito surge a propósito de la muerte de Hugo Chávez y como lo ocurrido en Venezuela se replica seductoramente en varios países, aquí no vamos a apuntar a dichos gobernantes “progresistas” por aquello, aquí nos interesa desmitificar que lo que allá y en otras partes se estaba haciendo era una REVOLUCIÓN.

Esperamos que todo lo mencionado no ponga histéricos a sus defensores pues lo que queremos criticar aquí es el peligro de la re-apropiación de conceptos y realidades por la socialdemocracia. Es fundamental no confundir los conceptos, las categorías, las realidades que ocurrían y que se denominaban de formas que vaciaban de contenido al pensamiento revolucionario. Sin entrar en datos, no podemos negar que estos gobiernos ayudaron a los más desposeídos, dándoles una vida digna. Pero los comunistas queremos acabar con el capitalismo en tanto DESHUMANIZA. Los pobres con más posesiones y salud, trabajo y esas cosas seguían siendo una mercancía. La deshumanización no es sólo vivir en un sector “malo”, es la conversión de la vida a una cosa. Y eso seguía ocurriendo.

Para destruir la realidad necesitamos conceptualizarla, analizarla, actuar sobre ella. Lo que importa es que tengamos la capacidad de ser críticos pero con la intención de desmitificar. Con la intención de que el proletariado no se confunda aun más y la tarea de la burguesía ahora sea llevada a cabo por nosotros. Una revolución es imposible si no experimentamos la deshumanización de ser mercancías. Y para ello no sólo requerimos “leer”, sino evitar ser convencidos que no somos mercancías cuando aun domina la ley del valor, evitar creer que porque el Estado nacionaliza algo, entonces esto nos pertenece a todos. Comprender que estatizar no es “lo común”. Sobre lo que pueda ocurrir en esos países es otra cosa. Lo que importa y repetimos, es evitar que cuestiones como lucha de clases, dictadura del proletariado, mercancía, Estado; sean comprendidos y por tanto vividos de una forma que les quita todo el contenido negativo que poseen.

Y eso, compañeros, es una tarea de todos quienes abogamos por el comunismo y la anarquía. No nos interesa “tirarnos” contra un gobierno o pelear contra sus defensores. Pero sí levantar la voz ante la falsificación de lo que el proletariado en su ser social esta destinado a hacer.

Repetimos: debemos recuperar los elementos claves que constituyen este ser del proletariado y evitar que se le quite su contenido negativo, de destrucción a las determinaciones del capital. No nos interesa en competir con tal o cual país o con tal o cual ideología sobre si es lindo o no lo que se hace aquí o allá.

Entonces como se titula este colgado, debemos actuar frente al pensamiento separado, la apropiacion socialdemocrata de la realidad contradictoria. Que digan que es un reformismo humanista, pero cuando se usa lucha de clases para mencionar cualquier cosa, o que estatizar es revolucionario, entonces hay que actuar. No somos quienes para decir el verdadero significado de un concepto, pero sí discutir que aquel (la categoria, el concepto) en tanto expresión de una relacion social se refiere a cuestiones como proletariado contra bloques de poder, proletariado como todos los que valorian el valor, la necesidad de abolir la ley del valor y no caer an fantasias de autogestión, etc.

PD: Hemos leído una declaración de unos “anarquistas chilenos” que realmente nos deja estupefactos. Una ocasión más para romper con los socialdemócratas y los falsos críticos.

PD2: Si quiere más análisis de lo que pasa en Venezuela, aquí no lo encontrara. No nos interesa lo concreto de cada país que esta sujeto a cualquier elección de gobernante. Nos interesa la raíz de todo el asunto que va mas allá de un país y un apellido, algo que tiene que ver con una estrategia global de la socialdemocracia.

Nota:

1- Hay que ser cauto en un aspecto: Algunos escritos de Lenin difieren bastante de lo que fue su práctica y posteriores obras. Así como en El Estado y la Revolución (1917) afirma: “En cuanto a la supresión del Estado como meta, nosotros (los marxistas) no nos diferenciamos, en este punto, de los anarquistas”. Tambien su frase sobre que para entender el capital hay que entender a Hegel (del cual Marx extrae lo más radical de ese sistema para convertir su pensamiento en los criticos de la metafísica o pensamiento burgués o de la separación). Al hablar de ideología leninista nos referimos a los puntos más esenciales que recogieron sus apologistas, cuestiones que si bien se relacionan a política y partido; demuestran que tienen un fundamento epistemólogico burgues.

n.a.c

domingo, 10 de marzo de 2013

¿Por qué la educación libertaria? - Pauline McCormack

Todo aquel que esté involucrado en política libertaria, desafía constante y consistentemente el rol de las instituciones del Estado y sus representantes sobre nuestras vidas. El rol de los patronos, la policía, los trabajadores/-as sociales, el servicio secreto, los gerentes, doctores/-as y sacerdotes, son todos vistos como parte de una jerarquía que existe para mantenernos a nosotros, la clase obrera, subyugados. Sin embargo, es relativamente raro que la izquierda cuestione el rol de los maestros. La mayoría de los activistas de izquierdas, y un gran número de libertarios, creen que la educación es buena, que toda la educación es buena, y que la educación siempre es buena. Como dijo Henry Barnard, el primer comisionado de educación de los E.E.U.U, "la educación siempre lleva a la libertad".

Aquellos involucrados en la educación libertaria creemos lo contrario. Creemos que los sistemas de educación nacional existen sólo para producir ciudadanos que serán ciegamente obedientes a los dictados del Estado, ciudadanos que defenderán la autoridad del gobierno aún cuando vaya en contra de la razón y de su interés personal. El mito de que toda la educación es sagrada ha conducido a la aceptación de las calificaciones educacionales como la medida del valor social aceptable, y como base para privilegios sociales, aún cuando estas credenciales están claramente distribuidas de acuerdo a las divisiones de clases sociales existentes.

La educación libertaria o radical en general, busca producir niños que exigirán mayor control personal y más opciones. Desde que han existido los sistemas de educación nacionales, también ha existido la oposición a dicha educación. El pionero de la crítica fué William Godwin, quien en 1793 escribió "Un Estudio Concerniente a la Justicia Política" - considerado como el primer ataque anarquista moderno al concepto del Estado.

Habiendo experimentado tanto la revolución francesa (1789-99) y la americana (1776), para Godwin, la forma de gobierno significaba poco. El pensaba que había dos fuerzas opresoras básicas en la sociedad - la educación y el gobierno. Él pensaba que la educación era un opresor peor porque "el gobierno debe siempre depender de la opinión de los gobernados". Esta afirmación cuadra mejor con la época en que fué escrita, que con la actualidad, pero no es menos válida por ello. Godwin sostenía que el desarrollo pleno de la razón humana está negado dentro de los muros de la escuela.

Godwin estaba convencido de que una sociedad justa solo podría ser el resultado de que toda la gente ejerza libremente su razón, y este es un principio básico del anarquismo hoy. A medida que la gente desarrolla constantemente sus poderes de razonamiento y su entendimiento, su concepto de las leyes naturales de la conducta cambia constantemente. Por lo tanto, pensaba que hacer la ley permanente (por medio de constituciones y otras instituciones políticas) sólo bloquearía el libre pensamiento y el despliegue de ideas acerca de cómo debería regularse la vida. Él pensaba que la mayoría de la gente distingue naturalmente entre el bien y el mal, y por lo tanto pensaba que las leyes (o reglas o modos de conducta), que daban ventajas a algún grupo particular en la sociedad, debían ser enseñadas, ya que dichas leyes estaban fuera de la razón. En aquel tiempo, la exportación de lana inglesa era un crimen - usaba esto como ejemplo.

Su crítica era única, en una época en que un sistema de educación nacional era considerado una de las causas sociales más progresistas. Incluso la esposa de Godwin, Mary Wollstonecraft, consideraba un sistema de educación como un medio de ayudar a la igualdad de la mujer (bien, ha quedado demostrado que se equivocó, ¿no es así?) La visión de Godwin era excepcional y, en efecto, hacia el final del siglo diecinueve, las escuelas comenzaron a funcionar como apéndices de las nuevas economías industriales - ensamblando siervos obedientes al Estado y a la corporación.

Es también en esta época cuando comenzamos a encontrar las primeras alternativas a la educación del Estado. La Escuela Moderna fué fundada en 1901 por Francisco Ferrer. En 1909 fué acusado falsamente por el gobierno español de dirigir una insurrección y fué ejecutado. Su ejecución le ganó reconocimiento internacional en Europa y los E.E.U.U. Aunque su propia Escuela Moderna existió por sólo cinco años, él inspiró un movimiento progresista de Escuelas Modernas en los Estados Unidos que existió hasta los 1960s.

Haciéndose eco de Godwin, Ferrer escribió acerca del apoyo del gobierno a la educación nacional, "ellos saben mejor que nadie que su poder se basa casi exclusivamente en la escuela". Con el crecimiento del industrialismo en el siglo 19, las escuelas triunfaron, no por un deseo de reforma, sino por una necesidad económica. La industria no quería individuos que pensasen libremente, quería obreros, instrumentos de labor, y los quería puntuales, obedientes, pasivos y dispuestos a aceptar su posición de desventaja. Para Ferrer era inconcebible que el gobierno fuese a crear un sistema de educación que condujese a cambios radicales en la sociedad. Era, por tanto, poco realista creer que las escuelas apoyadas por el Estado pudiesen funcionar como un medio para ayudar a las clases bajas. Más bien, la educación enseñaba a los pobres a aceptar la estructura social existente, y que el desarrollo dependía del esfuerzo individual dentro de dicha estructura social.

Esto se ilustra en su ejemplo más extremo en la Alemania Nazi, cuando las escuelas se usaban para propagar ideología, nacionalismo y glorificación del Reich. El entrenamiento obligatorio en biología racial comenzaba a los seis años de edad, y había un fuerte énfasis en la historia y literatura alemana.Cinco horas diarias de educación física era preparación para el entrenamiento militar y el perfeccionamiento físico de la raza aria. Como dije, esto es un extremo, pero es un ejemplo perfecto de los males de la educación establecida por el Estado que Godwin predijo. Cosas similares han sucedido en los E.E.U.U, notablemente desde la segunda guerra mundial y a lo largo de la guerra fría. Hacia mediados del siglo 20, era obvio que la escuela se había convertido en la institución para el control político, creando un consenso de valores políticos y sociales, y al mismo tiempo reduciendo la inquietud política y social.

El más famoso exponente inglés de las Escuelas Libres, A.S. Neill, escribió en 1939 en El Maestro Problemático: "las escuelas del Estado deben producir una mentalidad de esclavos, porque sólo una mentalidad de esclavos puede evitar que el sistema sea destruído". Definió las escuelas como productos de un interés directo de clase en "disciplinar a los trabajadores/-as de tal forma que queden simbólicamente castrados de por vida, con el fin de continuar los privilegios de los ricos, quienes estarán a salvo con unas clases bajas que han sido capadas y por tanto no tienen las agallas para rebelarse". También pensaba que las escuelas inglesas le robaban a la clase obrera todo liderazgo efectivo: "El golpe maestro en ... política educacional fué la escuela secundaria ...que tomaba a niños de la clase obrera y los llevaba a desempeñar trabajos de cuello blanco en ... las profesiones. Así le roba a los trabajadores/-as a sus mejores hombres y mujeres". Como anarquista no estoy muy de acuerdo con esto pero reconozco que, aún hoy, la educación intenta ajustar la clase social de cualquiera de los pobres que llegue a sobresalir: obtienen un diploma y se convierten en clase media.

Más recientemente, nuestra sofisticada sociedad de consumo ha traído nuevos requerimientos para la educación. En los 1970s, el educador libertario Ivan Illich (quien, pese a su nombre, es sudamericano) mantenía que la escuela prepara a un consumidor experto tomando responsabilidad por la totalidad del niño. Enseña educación sexual, a vestirse, ajuste de los problemas de personalidad, y tópicos relacionados. También se les enseña que la libertad es conferida por las autoridades y debe ser merecida, luego usada apropiadamente o será retirada. Un sistema así destruye la habilidad de las personas para actuar por su cuenta.

En los 1960s, el filósofo liberal norteamericano Paul Goodman, escribe que el propósito de la escuela - diplomas y habilidades mercadeables "Significa, en efecto, que unas cuantas grandes corporaciones obtienen el beneficio de un enorme proceso selectivo y de eliminación - todos los niños són introducidos en el molino y todos pagan por ello".

Paulo Freire se refirió al "método bancario" de educación donde el/la estudiante es el objeto donde el conocimiento es colocado, más que el sujeto del proceso de aprendizaje. Esto refleja la presunción de que el problema fundamental es con el individuo y no con la sociedad. La educación del Estado asume que la pobreza existe porque los pobres no saben cómo funcionar apropiadamente dentro de la sociedad y la meta de la educación es cambiar la conducta de los pobres de modo que se ajusten a las necesidades de la sociedad que creó la pobreza en primer lugar. Los pobres són estimulados para que sigan un modelo basado en la vida y acciones de los ricos, y así son forzados a actuar en contradicción con sus propias necesidades y liberación.

Los reformadores/-as escolares en los E.E.U.U. hicieron un intento de resolver esto cuando criticaron a Europa por tener escuelas distintas para las diferentes clases sociales. Pensaban que poniendo a los niños ricos y pobres juntos en la escuela, las divisiones de clase serían erradicadas. El problema con esto era que los niños no entraban a la escuela con el mismo trasfondo cultural o herramientas intelectuales, ni querían usar su educación para los mismos propósitos. Esto condujo a la introducción de métodos con los que estamos familiarizados hoy. Las necesidades del individuo son atendidas por medio de "streaming", entrenamiento vocacional y educación especial. En los E.E.U.U, existe actualmente un sistema de dos tiaras en las escuelas con los alumnos llamados "rendidores" tomando el camino universitario y otros estudiantes tomando el camino vocacional.

De hecho, en un estudio de los 1940s, sociólogos de los E.E.U.U. encontraron dos cosas. Primero: que existe una clara correlación entre la clase social y el rendimiento - los niños de las clases altas dominaban la universidad y las clases bajas dominaban el camino vocacional. Segundo: cuando los niños eran separados por su habilidad por medio de pruebas standarizadas, los grupos encajaban con las clases sociales y razas existentes.

Ivan Illich halló que aquellos que obtenían el mejor beneficio de la escuela pasaban a través de los procesos enteros, desde muy jóvenes hasta completar la universidad - como hemos visto, típicamente las clases altas. Esta exaltación de las clases altas por sus logros en educación es reforzada aún más al presentarle a los pobres la idea de que la escuela trae oportunidad de avance social. Los pobres apoyan esta idea debido a la fe con la que fueron adoctrinados al pasar por el sistema escolar (¡y seis horas al día, cinco días a la semana, por 9 años al menos es un verdadero adoctrinamiento!). A los pobres se les dice que son pobres porque no rindieron en la escuela o no llegaron a la universidad, son pobres porque són deficientes. Por ello, los radicales critican las escuelas sobre la base de que refuerza la estructura de clases sociales.

Es claro que el rendimiento en la escuela es crucial para la autoestima y es un concepto del valor propio. La educación le enseña a la gente a pensar en sí mismos como estúpidos o brillantes, como exitosos o fracasados. Si asumimos que una autoestima adecuada depende de la aceptación y de la habilidad para funcionar en un contexto social, el poder psicológico de la escuela es obvio. Como Illich hace notar, la escuela también refuerza la jerarquía, ya que a los pobres se les enseña que deberían someterse a los rendidores, bajo el liderazgo de aquellos con mejor educación, y como ya hemos visto, esas son las clases dominantes. A los deficientes pobres se les hace creer que se les han dado todas las oportunidades y han fallado. El fracaso en la escuela puede conducir a la sumisión, apatía, indefensión y el atraso social. Producir una población así es obviamente bueno para los negocios y el consumo.

Varios filósofos de los siglos 19 y 20 discutieron la cuestión de la diferencia entre la educación y el aprendizaje, y la relación entre la educación del Estado y la libertad y la revolución social. Todos ellos seguían el principio de que la libertad política significa poco si las acciones del individuo están guiadas por una autoridad internalizada (implantada en la escuela) de la cual no hay escape. En su novela del siglo 19, Emile,Rousseau afirma que si la instrucción moral es dada a una edad temprana, domina la acción, en lugar de estar disponible para ser utilizada por el individuo. Rousseau sentía que los libros eran una de las mayores plagas de la infancia. A los niños no se les debía enseñar a leer, sino que debían aprender a leer por medio de la experiencia y la necesidad (con esto va la noción de la libre elección). El aprendizaje y el conocimiento son herramientas para que el individuo las use, no herramientas para usar al individuo (por ejemplo, las matemáticas). La pregunta sagrada que esos filósofos hacían sobre la experiencia educacional era - "¿Qué bien nos hace todo esto?". Pensaban que la gente debía hacer sus elecciones, no sobre la base de la creencia ciega, sino tras considerar la necesidad y utilidad de la cuestión en particular que querían aprender.

El filósofo anarquista del siglo 19 Max Stirner tenía ideas similares. Su libro El Individuo y Su Propiedad ha sido llamado "el libro más revolucionario de todos los tiempos". En él, hacía un llamado por "una educación para la libertad, no para la servidumbre". Decía que habían diferencias entre la persona educada y la persona libre. Para la persona libre, el conocimiento es la fuente de mayores opciones, para la persona educada es el que determina qué opción elegir. Mantenía que los pensamientos inculcados por un sistema de educación del estado o de la iglesia se adueñarían del individuo y le sería imposible deshacerse de ellos (Stirner fué esencialmente uno de los primeros que comentaron sobre la socialización). Stirner daba el ejemplo de aprender un catecismo religioso a una edad temprana, y más tarde en la vida elegir unirse a una iglesia. Si uno es dueño de un pensamiento, uno se puede deshacer de él, no es dueño del individuo.

Marx tenía ideas similares cuando reconoció que la ideología dominante de una sociedad és la ideología de la élite dominante. El poder del estado moderno se basa en su reconocimiento de la importancia de la dominación de la mente (¿Esta frase era de Marx o de Stirner?): "He aquí que finalmente la dominación de la ley es completa por primera vez.Porque no es que yo viva, sino que la ley vive en mí". [Nota del traductor: la frase era de Stirner] Para Stirner, ejercer el libre albedrío significará ser Dueño de Uno Mismo Sin libre albedrío los estudiantes dependen de aprender cómo actuar en lugar de determinar por sí mismos cómo actuar.

Tolstoi lo presentó de una manera un tanto diferente cuando dijo que el aprendizaje debería ser un proceso de cultura y no de educación. La sociedad debería "otorgarle a la persona la libertad completa para disponer ellos mismos de la enseñanza cuyas respuestas necesitan". Pensaba que una escuela no debería interesarse en cómo se utilizaba su enseñanza o qué efectos tendría sobre sus estudiantes. Para estos filósofos, la meta de la pedagogía era el autodesarrollo, és decir, habilitar al individuo para ganar conciencia de sí mismo y la habilidad de actuar. Para Stirner, ser Dueño de Uno Mismo significaba ser libre del dogma y de los imperativos morales, y tener un albedrío que no dependiese de fuentes autoritarias. Ser Dueño de Uno Mismo significaba ser libre de las escuelas mismas. Stirner hubiese cuestionado las metas de Ferrer por la sencilla razón de que Ferrer trabajaba dentro de la estructura de las escuelas.

El punto de vista de Ivan Illich, un siglo después, era que "las escuelas han alienado al hombre de su aprendizaje". Tanto para él como para Stirner, sólo había una solución, y esa era (es), la creación de una sociedad en la que las escuelas no existan.

La perspectiva de Paulo Freire era similar cuando combinó los métodos educacionales con el concepto marxista de la conciencia. Reconoció que vivimos en un mundo deshumanizado - uno sin conciencia propia - sin entendimiento de las circunstancias históricas que determinan nuestra existencia. Freire dice: "...una revolución no se realiza ni con verbalismo ni con activismo, sino más bien con la praxis, por ejemplo con reflexión y acción dirigida a las estructuras a ser transformadas". A Freire le interesaba tanto la expansión de la conciencia como la expulsión de la falsa conciencia. Los oprimidos deben tratar sus propias vidas como auténticas y no rechazar sus propias realidades sobre la base de los valores de la clase dominante.

La persona que está consciente de las fuerzas sociales y es consciente de su naturaleza es capaz de romper la trayectoria de la historia y participar en el cambio radical de sí mismo y de la sociedad. Sin esta ruptura, el cambio social significaría sólamente que una facción opresiva reemplaza a la otra - un cambio en la guardia de palacio, sin ningún cambio en el palacio mismo. Esto no reúne los criterios de una revolución humanística, que sólo puede lograrse a través de la liberación individual de la conciencia, con la participación de toda la gente en el cambio social.

Escuelas Libres

La gran pregunta es entonces - ¿És posible usar la educación ahora para crear un cuerpo de pensadores/-as libertarios?. Vivimos en una sociedad tecnológica altamente organizada y racionalizada en la cual es raro que el individuo halle espacio para crecer y desarrollar su libre albedrío. La sociedad industrial urbana está tan altamente organizada que los niños tienen escasa oportunidad de explorar y construir su propio mundo.

El movimiento de la Escuela Moderna (también conocido como el Movimiento de Escuelas Libres) del último siglo ha sido un intento de representar parte de esta preocupación. Un intento de establecer un ambiente de autodesarrollo en un mundo superestructurado y racionalizado. Un oasis, libre del control autoritario, y un medio de pasar el conocimiento para ser libres. A. S. Neill, quien fundó Summerhill en 1937 en Inglaterra y se convirtió en uno de los símbolos del movimiento de escuelas libres, dijo que "ningún hombre/mujer es lo bastante bueno como para darle a otro sus propios ideales". mantenía que la única cura para los niños problemáticos era la libertad, y visualizaba una democracia donde individuos auto-regulados rechazarían el autoritarismo de la política, y formarían organizaciones sociales partiendo de la necesidad y el deseo. Sus ideas e ideales eran loables, pero la práctica probó ser más difícil. El movimiento de la Nueva Escuela estaba a menudo atascado en argumentos circulares sobre una educación no dogmática estableciendo su propio dogma. Se debe recordar que la enseñanza de filosofía social radical podría acabar en totalitarismo. La prominente anarquista Emma Goldman, quien estaba involucrada en Stelton -una escuela libre radical en los E.E.U.U, dijo que "chico o chica, sobrealimentados con Thomas Paine, acabarán en los brazos de la iglesia o votarán por el imperialismo".

La Escuela Moderna de Francisco Ferrer en Barcelona abrió con una biblioteca vacía porque no pudo hallar textos no dogmáticos. Uno de los principales problemas de las Escuelas Libres es que los individuos podrían acabar aprendiendo que necesitan una institución que les de la libertad. Las Escuelas Libres fueron un ejercicio invaluable, pero fallaron en ejercer un cambio explícito en la estructura general de la sociedad y se puede argumentar que, pueden acabar creando niños que son incapaces de entender el mundo afuera de su oasis educativo particular.

Espero haber mostrado aquí, cuán importante puede ser el aprendizaje y educación libertarios como parte de una revolución social. Sin embargo, es imperativo que aquellos de nosotros que trabajamos en la educación comprendamos los errores del pasado, y comencemos a explorar nuevas formas de aprender, que nos sean de utilidad tras la revolución social. Hay casi tantas sugerencias de sistemas como comentadores, pero todas ellas són básicamente similares. Están basadas generalmente en el principio de que la educación se lleva a cabo toda la vida, que el educador no se interesa en el resultado del proceso de aprendizaje y en que no habrá elementos de compulsión.

Illich nos da sugerencias prácticas para apoyar el aprendizaje. Una comunidad podría tener las siguientes estructuras:

* Centro de Información - una especie de biblioteca expandida, con libros y otros medios, así como información sobre visitas a centros industriales, observando la variedad de actividades de la comunidad.

* Centro/Registro de Habilidades - enseñanza de habilidades (escribir a máquina, albañilería, conocimiento de historia) - donde aquellos que desean aprender una habilidad puedan encontrar a alguien que se la enseñe.

Podría haber un curriculum dentro de una habilidad como escribir a máquina, pero el plan de estudios no se extendería más allá de una habilidad específica. La planificación del Curriculum se dejaría al individuo.

* Un sistema de comunicación por computadora que enlace a personas con intereses similares, periódicos de intereses específicos (grupos de discusión - sus ideas al respecto se realizan más ahora con la internet).

Finalizando el siglo 20, vemos una reversión de la necesidad de niños como carne de fábrica que había sido demandada por el desarrollo industrial durante el siglo pasado. El uso creciente de la tecnología, la preocupación de los sindicatos por que la labor infantil disminuya los salarios y aumente el desempleo, le dicen a números crecientes de jóvenes que su futuro no es como un/una obrero Un aumento en la edad en que se abandona la escuela, la cantidad de estudiantes que buscan mayores niveles de educación, y una nueva prevalencia de calificaciones vocacionales es el intento del capitalismo de parchar las grietas. Pero un gran número de jóvenes comienzan a descubrir que, tras la edad de 15 ó 16, la economía avanzada de hoy no les necesita y no están logrando hallar el lugar en la sociedad que el trabajo les hubiese dado hace 20 ó 30 años.

Para aquellos que trabajan, dijo Freire - las sociedades altamente tecnológicas se mueven hacia un futuro donde la especialización en el trabajo se hace tan estrecha que la gente es generalmente incapaz de pensar. Lo que se está creando es una sociedad de masas deshumanizada. En ella casi toda conciencia de uno mismo se pierde. No hay elemento de riesgo o de planificación a un nivel individual. "No tienen que pensar ni en las cosas más pequeñas, siempre hay un manual que dice qué hay que hacer en la situación A o B". La gente habrá dejado de pensar libremente, reemplazándolo por un mero aprendizaje basado en asesoría experta.

La idea de la educación libertaria es que el conocimiento y el aprendizaje deberían estar vinculados a la vida real y la utilidad personal, y no debería ser la prerrogativa de una institución especial. Una sociedad sin escuelas sería una sin instituciones de misticismo y autoridad. Sería una sociedad de auto-regulación donde las instituciones serían productos de la necesidad y utilidad personal y no fuentes de poder. Sería una sociedad anárquica.
 
Articulo traducido y distribuido por gentileza de Rubén de SAMIZDATA / (Radioklara)


Fuente La Haine

sábado, 9 de marzo de 2013

CRA: Declaración leída durante la marcha del 8 de marzo

En el marco del día internacional de la mujer, miles de personas se dieron cita para protestar en el centro de Santiago (región chilena), durante el transcurso de la marcha fue leída la siguiente declaración: 


Hoy 8 de marzo marchamos para demostrar nuestro desprecio al llamado "Día de la mujer"; no nos uniremos a la invisibilidad de un día de lucha contra el patriarcado, del que la clase política y burguesa crea una fiesta que se traduce en una cortina para ocultar las terribles injusticias a las que nos someten día a día. Los y las opresoras se han entrometido en los aspectos más ínfimos de nuestra vida, intentando legalizar el amor y vendiéndonos un estereotipo de vida familiar que de no ser imitado se convierte en un problema para quien lo desafíe.
A lo largo de la historia las mujeres siempre hemos sido minimizadas a un objeto, sesgadas a un rol social que detestamos y no estamos dispuestas a cumplir. No queremos que decidan por nosotras, ni ser catalogadas como "señoritas", "buenas mujeres" o tan solo "bonitas", ya que lo consideramos eufemismo paran la construcción de un género sumiso y enfermo.  
No queremos nuestra liberación solamente, puesto que el machismo que arremete a esta sociedad nos afecta a todos y todas, nuestros compañeros han sido reducidos a "machos protectores", muchas veces disminuidos en su condición de padres como un mero soporte económico, y desde su infancia obligados a negar sentimientos por constituir la figura de un hombre fuerte. Crianzas desiguales, la escolarización y luego el trabajo hacen que nuestras diferencias se vuelvan abismales y nos transformen en ganadores/as o perdedores/as de una guerra que jamás debió existir. No somos iguales y no pretendemos serlo, queremos las construcción de una identidad de género sin prejuicios ni tradiciones sin sentido, una vida de lucha en conjunto. 
Este sistema solo será eliminado cuando todas las explotadas y todos los explotados asumamos nuestra condición de clase oprimida y decidamos acabar con la sociedad patriarcal que invade y reprime hasta el más mínimo ámbito de nuestra vida.
No esperaremos que nadie luche por nosotras, queremos la guerra social, queremos la liberad de todas y todos!
 
 Fuente: Corriente Revolución Anarquista 
 

viernes, 8 de marzo de 2013

Mujer, Dios y Patria - Luisa Bustencio

Cuando estaba sujeto al yugo maternal, se me impartían ciertas enseñanzas y algunos consejos, entre los cuales recuerdo este: "La madre debe entregar sus hijos a la patria para que sostenga su honor y defienda su integridad". En el colegio, otra mujer con el título de profesora, siguió enseñandome deberes, ocultándome la verdadera noción de las cosas, para atrofiar mi cerebro con los mitos Dios y Patria: la religión del crimen y el culto de la muerte.

El miedo a lo sobrenatural y la estrofa patriótica, hábilmente puesta en juego por educacionistas oficiales, estinguieron en mí todo raciocinio y así como la noche rogaba, transida de miedo para aplacar las cóleras divinas, los himnos y marchas patrióticas, me embriagaban haciéndome desear ser madre para brindar mis hijos a la grandeza de la patria.

Hoy la realidad de las cosas y la esperiencia adquirida en jornadas de la vida, me han demostrado claramente que en la casa y en la escuela, me educaron para ser un instrumento inconsciente, llamada a perpetuar las injusticias sociales. Emancipada del cura, mi fantasía no se forja fantasmas diabólicos, al contrario, osada y libre, ha comprendido la belleza del ideal libertario, a la realización del cual aporto mi humilde contigente.

No seré la madre que vea a mis hijos conquistar laureles con el crimen ni que los ofrezca por holocausto al patriotismo, de ese engaño que germina en el cerebro de los ignorantes, inculcado por aquellos que medran con el dinero y la sangre del pueblos. Prefiero verlos lejos de mí, antes de verlos arrastrados en los pudrideros llamados cuarteles, muñecos de la disciplina, se convierten en "asesino" de sus semejantes y sostienen con la punta de sus bayonetas a esta sociedad injusta y criminal.

¡Madres! Seguid mi ejemplo: se os repite Dios y Patria, pues ni Dios ni Patria; porque ambos han sido inventados por tiranos para esclavizar a los pueblos; en cuanto a vuestros hijos, educadlos en la escuela racionalista para que mañana combatan por la revolución social."

Luisa Bustencio

Periódico Verba Roja. Chile 1920. Mujeres anarquistas del 1900



(el título del artículo no es el original) 


viernes, 1 de marzo de 2013

Anarquía y comunismo - Carlo Cafiero

Desde La Alcarria Obrera
Carlo Cafiero (1846-1892) ingresó en la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) tras conocer a Karl Marx en Londres. Cuando en 1872 conoció a Mijáil Bakunin, se adhirió al anarquismo, del que fue considerado por muchos como su primer ideólogo italiano. Compendió El Capital, de Marx. Compañero inseparable de Malatesta, compartieron las tesis del anarquismo comunista frente al colectivismo; juntos participaron en la preparación tanto de congresos como de insurrecciones. Reproducimos el texto presentado por Cafiero con ocasión del congreso de la Federación del Jura de la AIT celebrado en 1880 en La Chaux-de-Fonds. Se publicó por primera vez en el periódico ginebrino Le Révolté:

En el Congreso Socialista celebrado en París por la región del Centro, un orador, que se distinguía por sus ataques contra los anarquistas, dijo: “El comunismo y la anarquía no pueden, en modo alguno, hallarse unidos”. Otro orador, que hablaba contra los anarquistas, aunque con menos violencia, dijo, hablando de la libertad económica:

¿“Cómo queréis que se pueda violar la libertad cuando existe la igualdad?”
 
Pues bien, yo creo que ambos oradores se equivocaban lastimosamente. Se puede tener perfectamente la igualdad económica sin poseer la más mínima libertad. Ciertas comunidades religiosas son prueba evidente de ello. En ellas reina la más completa igualdad con el más absoluto despotismo. La más completa igualdad, porque el superior viste el mismo paño y come en la misma mesa que los demás religiosos; la única diferencia que le distingue de los otros es el derecho de mando que tiene sobre ellos.

¿Y qué diremos de los partidarios del “Estado popular”? Si éstos no encontraran obstáculos de ninguna suerte, estoy seguro de que acabarían por realizar la imperfecta igualdad, al mismo tiempo que el más perfecto despotismo; porque, no hay que hacerse ilusiones, el despotismo de su Estado sería idéntico al despotismo del Estado actual, aumentado con el despotismo económico de todo el capital en manos del Estado, y del despotismo subsiguiente por la centralización que se verificaría por la anulación de todas las instituciones.
Por eso, nosotros los anarquistas, amigos de la libertad, nos proponemos combatir a los socialistas de Estado con todas nuestras fuerzas. Contrariamente a todo cuanto se ha dicho, se debe temer por la libertad, aun cuando la igualdad exista; mientras que no se debe abrigar ningún temor por la igualdad allí donde exista la verdadera libertad, esto es, la anarquía.

Porque la anarquía y el comunismo, lejos de hallarse en abierta oposición, se hallan íntimamente unidos, ya que estos dos términos (sinónimos de libertad e igualdad) son los dos términos necesarios e indivisibles de la Revolución.
Nuestro ideal revolucionario es sencillísimo; se compone, como todos los de nuestros predecesores, de estos dos términos: libertad e igualdad. Solamente hay en él una pequeña diferencia. Penetrados de esa confusión con que los reaccionarios de todas las épocas han logrado presentar a la libertad y a la igualdad, séanos permitido poner al lado de estos dos términos libertad e igualdad, dos equivalentes de cuyo significado preciso nadie podrá llamarse a engaño: 

“Queremos la libertad, esto es, la anarquía, y la igualdad, esto es, el comunismo”.

La anarquía, en la actualidad, es una fuerza de ataque; sí, es la guerra a la autoridad, al poder del Estado. En la sociedad futura, la anarquía será la garantía, el obstáculo a la vuelta de cualquier autoridad, y de cualquier orden, de cualquier Estado. Libre el individuo para satisfacer todas sus necesidades, en completa posesión de su personalidad, según sean sus gustos y simpatías, se reunirá con otros individuos para formar grupos y asociaciones; libres las asociaciones, se federarán en el municipio o en el barrio; libres los municipios, pactarán para formar la comarca y la región, y así sucesivamente, hasta unirse libremente toda la Humanidad.

El comunismo, actualmente, es aún el ataque. No es, sin embargo, la destrucción de la propiedad, sino la toma de posesión, en nombre de toda la Humanidad, de toda la riqueza existente en el mundo. En la sociedad futura, el comunismo será el goce de toda riqueza existente por parte de todos los hombres y según el principio: “de cada uno según sus posibilidades y a cada uno según sus necesidades”, que es como si dijéramos: de cada uno y a cada uno según su voluntad.

Conviene, por tanto, hacer notar, sobre todo, en contestación a nuestros adversarios, los socialistas de Estado, que la toma de posesión y el disfrute de toda la riqueza debe ser, según nosotros, la obra del pueblo entero. No siendo el pueblo, la Humanidad, un individuo que pueda tener en su mano la riqueza, se ha pretendido hacer creer que será necesario instituir una clase de representantes y de depositarios de la riqueza común. No queremos intermediarios; no queremos representantes que acaban por representarse a sí mismos; no queremos moderadores de la igualdad que acaban por ser moderadores de la libertad; no más nuevos Gobiernos: no más Estados, llámense populares o democráticos, revolucionarios o provisionales. La riqueza común, estando diseminada sobre toda la tierra, perteneciendo toda de derecho a la Humanidad entera, los que se encuentran en contacto con esta riqueza y en la posibilidad de utilizarla, la utilizarán en común. Pero si un habitante de Pekín país viniese a nuestro país, se hallaría en el mismo derecho que los demás: gozaría junto con los otros de toda la riqueza del país, como lo habría hecho en Pekín.

Se ha equivocado por completo el orador que ha denunciado a los anarquistas como queriendo constituir la propiedad de las corporaciones. ¡Vaya un progreso que sería querer destruir el Estado para construir una infinidad de pequeños Estados! ¡Matar al monstruo de una sola cabeza para crear un monstruo de mil cabezas!

No; lo hemos dicho ya y no cesaremos de repetirlo: no queremos intermediarios, mediadores y hombres servidores, que acaban siempre por convertirse en verdaderos amos. Nosotros queremos que toda la riqueza existente sea tomada directamente por el pueblo mismo, y que él solo decida la mejor manera de usufructuarla, ya sea para la producción o para el consumo.
 
***

Pero se nos pregunta: “¿El comunismo es practicable? ¿Tendremos suficientes productos para dejar a cada uno el derecho de tomarlos a su voluntad, sin reclamar a los individuos más trabajo que aquel que ellos quieran dar?”

A eso responderemos: Sí, ciertamente. Se podrá aplicar este principio: De cada uno y a cada uno según su voluntad, porque en la sociedad futura la producción será tan abundante que no habrá ninguna necesidad de limitar el consumo ni de reclamar de los hombres más trabajo del que ellos quieran dar.

Este inmenso aumento de producción, del cual nadie en la actualidad puede formarse una idea exacta, puede vislumbrarse examinando las causas que lo provocarán. Estas causas pueden reducirse a tres principales:

Primera. La armonía de la cooperación en los diversos ramos de la actividad humana, sustituida por la lucha actual que se verifica mediante la competencia.

Segunda. La introducción masiva de máquinas de todas clases.

Tercera. La economía considerable de las fuerzas de trabajo, de los instrumentos del trabajo y de las materias primas, realizadas con la supresión de la producción de los objetos perjudiciales o inútiles.

La competencia, la lucha, es uno de los principios fundamentales de la producción capitalista, que tiene por divisa: Mors tua, vita mea (tu muerte es mi vida). La ruina del uno constituye la fortuna del otro; y esta lucha encarnizada se hace de nación a nación, de región a región, de individuo a individuo, tanto entre capitalistas como entre operarios. Es una guerra a muerte, un verdadero combate bajo todos los aspectos: cuerpo a cuerpo, en grupos, en escuadrones, en regimientos o en cuerpos de ejército. Un obrero halla trabajo donde otro lo pierde; una industria florece y se desarrolla mientras otra se arruina y perece.

Ahora bien, cuando en la sociedad futura este principio individualista de la producción capitalista, cada cual para sí y contra todos, y todos contra uno, se halle sustituido por el verdadero principio de la sociabilidad humana, uno para todos y todos para uno, ¿qué inmenso cambio no se habrá obtenido en los resultados de la producción? ¡Imagínese cuál será el aumento de la producción cuando el hombre, lejos de tener que luchar contra sus semejantes, se vea ayudado por los demás, considerándolos no como enemigos, sino como colaboradores!

Si el trabajo colectivo de diez hombres da resultados imposibles para un hombre solo, ¡cuán grandes no serán los resultados obtenidos con la cooperación de todos los hombres, quienes se ven obligados hoy a trabajar unos contra otros!

¿Y las máquinas? La aparición de este potente auxiliar del trabajo, tan importante como parece hoy, es un grano de anís en comparación con lo que será en el mundo del porvenir.

En la actualidad, la máquina halla a menudo un obstáculo en la ignorancia del capitalista, pero más a menudo aun en sus intereses; ¡cuántas máquinas permanecen hoy inactivas, únicamente porque no producen un beneficio inmediato al capitalista! ¿No vemos, acaso, en las compañías mineras, por una criminal avaricia, negarse a proveer a los trabajadores de todos los aparatos de seguridad para descender a los pozos? ¡Cuántos descubrimientos, cuántas aplicaciones de la ciencia permanecen inactivos porque no producen suficientes ganancias al capitalista! ¡El mismo trabajador es en la actualidad el enemigo de las máquinas, porque le disputan el salario, lo expulsan de la fábrica, lo lanzan a la desesperación, a la muerte! Por el contrario, ¡qué inmensa fuerza recibirá el hombre con auxilio tan poderoso, cuando en vez de ser esclavo de la máquina, sea su aliado y director, trabajando para su bienestar!

Conviene también tener en cuenta la inmensa economía que resultará de estos tres elementos de trabajo: la fuerza, los instrumentos y la materia, los cuales se hallan hoy horriblemente empleados, ya que se dedican a la producción de cosas absolutamente inútiles, cuando no perjudiciales a la humanidad.

¡Cuántos trabajadores, cuánta materia prima e instrumentos de trabajo no son empleados hoy entre los ejércitos y escuadras, en la construcción de fortalezas, buques de combate, cañones y todo un arsenal de armas ofensivas y defensivas! ¡Cuánta no es también la fuerza usada en la producción de los objetos de lujo y que verdaderamente sólo sirven para satisfacer necesidades de vanidad y de corrupción!

Y cuando todas estas fuerzas, toda esta materia prima, todos estos instrumentos del trabajo, sean empleados en la industria útil, en la agricultura, en la navegación y en las comunicaciones, ¡qué prodigioso aumento de producción no veremos surgir!
 
***

Sí, el comunismo es aplicable. Se podrá permitir que todo el mundo tome a voluntad de todo cuanto necesite, porque habrá suficientes productos para todos, y no habrá necesidad de exigir de nadie más trabajo que el que humanamente pueda o quiera dar. Y gracias a esa abundancia, el trabajo perderá el carácter de ignominia que hoy tiene, y ofrecerá solamente el atractivo de una necesidad moral y física, como la de estudiar y vivir con la naturaleza.

Pero no basta afirmar que el comunismo es posible; conviene demostrar que el comunismo es necesario. No sólo se puede ser comunista, sino que se debe serlo, so pena de faltar al objeto de la Revolución.

En efecto, si después de haber puesto en común los instrumentos de trabajo y las materias primas, conservásemos la apropiación individual de los productos del trabajo, nos hallaríamos obligados a conservar la moneda para medir la acumulación de riquezas más o menos importantes, según el mérito o la astucia de cada uno. La igualdad sería palabra hueca, porque todo el que lograse poseer más riquezas se elevaría por este solo hecho por encima de todos los demás. No faltaría más que un paso para que la contrarrevolución estableciese el derecho de herencia. He oído decir a un socialista que se llama revolucionario, que aunque se estableciese el derecho de herencia la cosa no traería consecuencias. Para nosotros, que conocemos de cerca los resultados a que ha llegado la sociedad con esta acumulación de las riquezas y su transmisión por la herencia, no puede ofrecérsenos duda sobre la importancia de la cuestión de que se trata.

La apropiación individual de los productos restablecería no sólo la desigualdad entre los hombres, sino también la desigualdad entre los diversos géneros de trabajo. Veríamos renacer inmediatamente el trabajo propio y el trabajo impropio, el trabajo noble y el trabajo villano; el primero sería ejecutado por los ricos y el segundo por los pobres. De esta manera no sería la vocación y el gusto personal los que estimularían al hombre a consagrarse a este o aquel trabajo, sino el interés y la esperanza de mayor beneficio.

Así renacerían la malicia y la astucia, el mérito y el demérito, el bien y el mal, el vicio y la virtud, y, por consiguiente, la recompensa, de una parte y el castigo de otra; la ley, los procesos, los esbirros y la cárcel.

No faltan socialistas que persisten en sostener la idea de la apropiación individual de los productos del trabajo poniendo a contribución para ello el sentimiento de la Justicia.
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¡Extraña ilusión! Con el trabajo colectivo necesario para producir en grande y aplicar en gran escala las fuerzas mecánicas, con esta tendencia cada día mayor del trabajo moderno a servirse del trabajo de las generaciones precedentes, ¿cómo se podrá determinar cuál es el producto de uno y cuál es el producto de otro?

Tan difícil es, que hasta nuestros adversarios lo reconocen cuando dicen: “Nosotros tomamos por base de la repartición de los beneficios, la hora de trabajo”. No obstante, al decir eso, admiten al mismo tiempo que semejante repartición sería injusta, porque tres horas de trabajo de Pedro pueden muy bien valer cinco horas de trabajo de Pablo.
 
***

Otras veces nos hemos llamado colectivistas para distinguirnos de los individualistas y de los comunistas autoritarios, pero en realidad somos comunistas antiautoritarios, y diciéndonos colectivistas pensábamos expresar con este nombre la idea de que todo debe ser puesto en común sin hacer diferencia alguna entre los medios de producción y los frutos del trabajo colectivo.

Pero en un hermoso día, y como por arte de magia, vimos aparecer una nueva clase de socialistas, los cuales, siguiendo las huellas del pasado, se pusieron a filosofar, a distinguir y diferenciar sobre la cuestión, y acabaron por hacerse apóstoles de la tesis siguiente:

“Existen –dicen- valores de uso y valores de producción. Los valores de uso son aquellos que nosotros empleamos para satisfacer nuestras necesidades personales, como la casa que habitamos, los víveres que consumimos, el vestido, los libros, etc., mientras que los valores de producción son aquellos de los cuales nos servimos para producir, como los talleres, los grandes almacenes, las máquinas y los instrumentos del trabajo de todas clases, el suelo, etc. Los valores de uso, sirviendo, pues, para satisfacer las necesidades del individuo, deberán ser propiedad individual, mientras que los valores de producción, ya que están a disposición de todos, deberán ser de propiedad colectiva”.

Tal fue la nueva teoría económica hallada o, mejor dicho, renovada por la necesidad.

Pero yo desearía que me dijeran, los que dan el gracioso título de valor de producción al carbón que sirve para alimentar la máquina, ¿por que rehúsan conceder el mismo valor al pan y a la carne con que me nutro, al aceite con que condimento mi ensalada, al gas que alumbra mi trabajo, a todo lo que, en suma, hace vivir y andar la más perfecta de todas las máquinas, el hombre? Vosotros ponéis en el valor de producción la dehesa y el pesebre que sirve para el mantenimiento de los bueyes y de los caballos. ¿Y queréis excluir la habitación y el jardín, que sirven al más noble de los animales, al hombre? ¿Dónde está vuestra lógica? Además, vosotros mismos, que os habéis hecho los apóstoles de esta teoría, sabéis perfectamente que esta diferencia no existe en realidad, y que si hoy es difícil trazarla, desaparecerá por completo el día en que todos sean productores al mismo tiempo que consumidores.

No es, pues, con esta teoría con la que podrán obtener una fuerza nueva los partidarios de la propiedad individuad de los productos del trabajo. Esta teoría no ha obtenido más que un solo resultado: el de poner al descubierto el juego de aquellos socialistas que querían atenuar la importancia de la idea revolucionaria: ella les ha abierto los ojos y les ha mostrado la necesidad de declararse abiertamente comunistas.
 
***

Veamos, por último, la sola y única objeción seria que nuestros adversarios habían hecho contra al comunismo. Todos están de acuerdo en reconocer que vamos necesariamente hacia el comunismo, pero se hace notar que en un principio los productos no serán suficientes, y no existiendo gran abundancia de ellos será necesario establecer el sistema de las raciones, la distribución, y que el mejor sistema de distribuir los productos del trabajo sea aquel que esté basado sobre la cantidad de trabajo que cada uno haya realizado.

A esto responderemos que en la sociedad futura, aunque fuese necesario el racionamiento, habría que seguir siendo comunistas, esto es, las raciones deberían distribuirse no según los méritos, sino según las necesidades.

Véase, si no, lo que sucede en la familia: el padre gana, supongamos, cinco pesetas diarias; el hijo mayor, tres pesetas; el hijo segundo, dos pesetas, y el más pequeño, solamente una peseta diaria. Todos entregan el dinero a la madre, que tiene a su cargo el cuidado de la casa y la alimentación de toda la familia. Todos contribuyen al sostenimiento de ésta, pero con completa desigualdad; mas, cuando llega la hora de la comida, todos se sirven según su apetito. Para nadie hay limitaciones ni distribuciones odiosas. Vienen luego las épocas calamitosas, y la miseria impone a la madre el no tener en cuenta el apetito y los gustos de sus hijos queridos para la distribución de la comida. Ha llegado el momento de limitar las raciones, y, sea por iniciativa de la madre, sea por convenio tácito de todos, las porciones son reducidas. Pero observadlo: esta reducción no se hace según los méritos, porque los dos niños más jóvenes son los que reciben mayor ración, y si hay algún bocado predilecto, ése se reserva para la viejecita, que en nada ha contribuido. Así, pues, durante la carestía, el principio de la distribución limitada se aplica en la familia según las necesidades.

¿Y por qué no ha de ser así en la gran familia humana del porvenir?

Mucho más diría sobre esta cuestión, porque la considero de suma importancia para el socialismo, si no me dirigiera a los anarquistas.


No se puede ser anarquista sin ser comunista, porque la más perfecta idea de la limitación contiene en sí misma los gérmenes del autoritarismo. Cualquier limitación que se intente engendrará inmediatamente la ley, el juez y el policía. Debemos ser comunistas porque es en el comunismo donde realizaremos la verdadera igualdad. Debemos ser comunistas, porque el pueblo, que no comprende los sofismas colectivistas, comprende perfectamente el comunismo, como lo han demostrado ya nuestros compañeros Reclus y Kropotkin. Debemos ser comunistas, porque somos anarquistas, porque anarquía y comunismo son los dos términos necesarios de la revolución.