lunes, 11 de febrero de 2019

Ser y parecer anarquista




«Quiero seguir siendo este hombre imposible,
ya que todos los que hoy son posibles no cambiaron»    Bakunin
 
«Ha caído la máscara odiosa, el hombre queda sin su cetro:
 libre, sin coerciones, hombre igualitario , sin clase, sin tribu, sin nación,
exento  de toda casta, culto orden. Señor de sí mismo, justo, noble, sabio...» Shelley


Lxs anarquistas son un conjunto de personas que buscan rescatar lo esencial de cada ser humano, que no es otra cosa que su libertad e igualdad. Es por ello que pueden oponer a la visión de la historia presentada por los sistemas de interpretación dominantes la espontaneidad creativa de la humanidad. Son y serán eternos buscadores, pues reconocen que por encima de cualquier doctrina acerca de la vida  está la vida misma. No pretenden ser creadores  de sistemas inmodificables o proyectos perfectos de sociedad, que obliguen a cada cual a ser teórico conocedor antes que práctico que participe.

Las y los  anarquistas no temen el desorden pues confían en la fertilidad que conlleva y la rica armonía en que desemboca, armonía que no es sólo de la razón sino de la totalidad de la persona. Por eso mismo, su objetivo es una sociedad abierta, un estado de mutación permanente por la viva interacción entre el individuo y la sociedad, sin autoridad ni gobierno.

Intentemos ahora aclarar lo que entendemos por anarquismo, tarea pertinente cuando la palabra ha tenido significaciones tan equívocas. Anarquismo es respetar al individuo y su libertad, asumir el socialismo auténtico, luchar contra el Estado y su opresión, ser crítico e irreverente; pero la inversa no necesariamente es cierta y expliquemos por qué.

Respetamos al individuo y su libertad, pero no todo individualista es anarquista. Pensamos que una persona libre no puede dejar de asumir su compromiso social pues es inherente a la condición humana vivir en comunidad. Un individuo que niegue este compromiso o que se aproveche egoístamente de lo colectivo, es individualista pero no es anarquista.

Por ello es que también somos socialistas, pero no todo socialismo es anarquismo. Ese socialismo que en nombre de lo colectivo somete, anula, sacrifica al individuo negando su libertad, impidiendo la expresión de todas sus capacidades, es una de las maneras en que se ha expuesto alguna interpretación del socialismo, pero no es anarquismo.

Enfrentamos al Estado, pero no todo el que protesta contra el Estado es anarquista. La lucha contra el Estado es un aspecto de la lucha contra otras formas de poder como el económico, el social, el político, el religioso, el de las costumbres y prejuicios, y el de la educación entre otros. Nuestra lucha contra el Estado no es coyuntural, ni contra el partido de gobierno, ni hasta lograr el poder, sino que es un aspecto en la búsqueda de una sociedad autogestionaria, fruto de la libertad e igualdad de sus miembros.

Somos irreverentes contra los ídolos que nos tratan de imponer, sean políticos, históricos, religiosos, estéticos o filosóficos. Pero no todo irreverente, tremendista o de verbo audaz, con ropas  y actitudes de protesta, es anarquista. Nuestra actitud es la de rechazo a toda imposición por la fuerza, sea física, del hábito, de la educación o del chantaje moral, y por ello asumimos actitudes irreverentes. Pero la intención es construir una sociedad mejor. Sin el aspecto constructivo, el desenfado y el tremendismo no pasan de ser modas vacías, que no pocas veces ocultan la pretensión de disfrutar de ese poder contra el que dicen luchar.

Entonces, como en muchas otras cosas, ni son todxs  lxs que parecen, ni parecen todxs  lxs  que son, aunque es fácil confundirse, porque de anarquista y de locx, todxs  tenemos un poco. Aunque por ahora ese poco no sea suficiente. 



SER  Y  PARECER  ANARQUISTA.

IX   ACAMPADA  AUTOGESTIONARIA.

Piedralaves. Agosto. 2004.



***
 




4 Notas sobre anarquismo, filosofía y libertad.

Libertad e Igualdad: fundamentos del anarquismo.

Una de las habituales preguntas a un anarquista es: ¿A favor de  qué estáis vosotres? Porque sois buenos  críticos  destructivos pero lo constructivo no se os ve por ningún lado.

Sin embargo no es el anarquismo un simple dar golpes a la piñata y su crítica ha sido siempre clara y precisa para quien quiera entenderla y reflexione acerca de ella, porque el anarquismo es una verdadera filosofía social y política.

Si tratamos de caracterizar a esa filosofía social y política que es el anarquismo, debemos comenzar por señalar como rasgo más destacado su íntima vinculación con una determinada ética. Son los valores ético-morales los que se elevan por encima de todo valor pragmático. Contrariamente a lo que se dice, el anarquismo es una filosofía, quizás la única, que concibe a la sociedad como estructurada sobre valores éticos.

De dichos valores éticos en los que se apoya esta filosofía destacan dos principales: la Libertad y la Igualdad. De ellos habla todo Occidente, pero no como lo hace el anarquismo, para el cual no son valores opuestos, ni contrarios, ni yuxtapuestos, ni siquiera complementarios, sino valores idénticamente necesarios el uno para el otro.

No se puede ser libre sin ser igual y no podemos ser iguales sin ser libres. No podemos afirmar la libertad de nadie, y menos la nuestra, sin afirmar la igualdad de todos y todas, y a su vez para que todos seamos iguales es necesario que afirmemos la libertad de todos y todas y de cada uno.

Otros sistemas sostienen también ambos valores pero no les asignan la importancia que les asigna el anarquismo. El Capitalismo  afirma la Libertad pero lo hace sacrificando la Igualdad. Defiende la libertad delx  opresorx pero negando la libertad delx oprimidx.

 Los “socialismos reales” fallan en el otro extremo. La Libertad es algo que se puede suspender, algo derivado, algo provisional, algo que podemos dejar de lado por tiempo indeterminado.  El valor supremo es la Igualdad y por ella se sacrifica a la Libertad, o al menos eso dicen intentar. A la larga, la ausencia de Libertad conlleva la aparición de nuevas desigualdades.

Para el anarquismo, Libertad e Igualdad tienen idéntico valor, ambas son igualmente necesarias, no es ni puede ser la una sin la otra, ninguna es sacrificable, ni postergable, ni segunda.  En caso contrario, no hablamos de Libertad sino de explotación o no hablamos de Igualdad sino de opresión. De esta concepción ética es que emerge esa manifestación del anarquismo que es la oposición a todo tipo de poder permanente, al Estado y al Gobierno.

De, para y con la Libertad.

El término libertad encierra numerosos equívocos que permiten que todos la usen para los fines más variados. Así, hay libertad de expresión pero el gobierno y los propietarios de los medios censuran los mensajes para liberarnos de la difusión de ideas contrarias al orden reinante.

De manera que es bueno hablar de la libertad y exponer algunos de nuestros puntos de vista para destacar porqué no compartimos del todo la libertad de esta democracia en que vivimos. Ante todo, es preferible no hablar de la libertad como algo sustantivo, sino que preferimos referirnos a la cualidad de ser libre. Preferimos preguntarnos si tú, Pedro, Alicia o yo, somos libres.

Vamos a acercarnos al problema estableciendo algunas distinciones. Se puede ser libre de, libre para  y libre con.

- El primer caso,  libre de, es lo que se llama libertad negativa. Significa falta de impedimento, de oposición. Por ejemplo, no somos libres de no comer por un impedimento biológico. Pero en el ámbito político, cualquier régimen puede decir siempre que sus ciudadanxs son libres  de algo.

Somos libres de comprar lo que queramos, aunque el Estado también es libre de fijar sueldos mínimos de miseria: somos libres de cambiar de empleo, aunque haya desocupación; somos libres de estudiar, aunque no haya cupo en las instituciones escolares; etc. También los impedimentos pueden venir de nuestro interior  a través de deseos, prejuicios  o temores. Liberarnos de nuestros propios impedimentos es el primer paso para ser libres.

- Sin embargo, si bien una amplia libertad de ausencia de impedimento es necesaria, ella no es suficiente y debe completarse con la llamada libertad positiva, libertad  para. Libertad  para comprometernos, para  fijar metas, para completarlas, para pensar y decir lo que pensamos, para sentir y actuar. Ser libre de elegir no es el fundamento de ser libre si cada unx de nosotrxs  no elige también las alternativas.

¿Somos libres si elegimos un presidente entre dos candidatos que nos imponen y que luego no podemos ni juzgarlo, ni sacarlo, ni cambiarlo, ni protestar? Precisamente es esta libertad para la que no tenemos y la que todo régimen estatal se cuida bien de que no tengamos, aunque podamos disfrutar de mayor o menor libertad de.

Ya Aristóteles decía que la persona es libre para determinar su vida y sus acciones, a  diferencia delx esclavx a quien son otrxs  lxs  que le determinan su vida y sus  acciones.

- El tercer aspecto está muy unido a la libertad positiva ya que para hacerla efectiva debemos ser libres con  otros humanos. Lo social es inherente a nuestra especie, es decir, sólo nos podemos desarrollar como personas en sociedad. La libertad no es un don, un regalo, sino algo que hay que hacer y, para lograrla, es menester ser con lxs  demás y todxs  juntxs hacernos libres. Siendo egoístas podemos alcanzar la libertad negativa (libertad de).

La libertad para hacer algo sólo es posible con otrxs, solidaria y fraternalmente unidxs. Ser libres es ser responsables de nosotrxs  mismxs con nosotrxs  mismxs  y con lxs  demás.

Libertad  y verdad.

A lo largo de la historia, la persona ha pensado la verdad de diversas maneras. Para lxs  griegxs  la verdad estaba en las cosas y en la relación con las cosas la persona podía acceder a ella. En la Edad Media la verdad era la palabra de un ser superior, revelada a las personas interpretada por sus elegidos. En la modernidad la verdad viene dada por la persona y desde ella se la establece. Todas las verdades rigen con igual valor, y hay más de una. La consecuencia es que la convivencia ha de modificarse radicalmente.

Será entonces mi verdad y la de cada uno. Pero esto no nos convierte a cada unx en el centro del universo, justificando un egoísmo extremo. La pregunta es, ¿cómo relacionarse sin verdad única, sin ley, sin autoridad, sin poder? Pensar en una sociedad tal es lo que llamamos pensar en una sociedad autogestionaria. En ella lo fundamental no es la forma en que se va a vivir sino la forma en que se va a convivir: libres, iguales y solidarixs.

Aunque para muchxs todo tiempo pasado fue mejor, nuestra propuesta es que avancemos a esta nueva organización social. Y nadie dice que será fácil construirla.

Liberalismo  y  Anarquismo.

«Dios ha muerto, pero qué mal lo estamos pasando.»

El liberalismo y el anarquismo, delineados en el Siglo XIX, surgen como corrientes herederas de la Ilustración. Si resumimos aquellos puntos en que coinciden podríamos enunciarlos en:

- La creencia en la capacidad humana de autodeterminación moral y desarrollo de una razón crítica.
- La creencia en que el progreso humano  es  posible y lo es en todos los campos de la vida.
- El rechazo a todo tipo de opinión o postura que nos conduzca hacia una irracionalidad opresora.
- Los ideales a perseguir son los de igualdad, libertad y preponderancia del individuo frente a todo tipo de institucionalización.

Sin embargo, la distinción se encuentra básicamente en el último punto. Porque todo individuo vive en sociedad, vive con otros, convive.

¿Cómo debemos entender a la sociedad y a la relación que con ella deben tener individuos libres e iguales?  Para el liberalismo la sociedad surge de un pacto entre los individuos, por medio del cual se ceden algunos de los derechos que naturalmente nos corresponden para asegurar una estabilidad y una seguridad que permite una más exitosa persecución de los fines individuales  que cada unx tiene como meta. La sociedad es concebida como un mal necesario.

Las y los  anarquistas difieren radicalmente en este aspecto. La comunidad, la sociedad no nace de un pacto. La persona es un ser social por naturaleza, depende de los otros, de sus padres-madres, de su familia, de su comunidad durante por lo menos un tercio de sus vida. Más que por ser incapaz de sobrevivir, es porque el ser humano es un animal educable, necesita desarrollarse física e intelectualmente para ser adulto. Además, su componente afectivo necesita de los  otros  durante toda su vida en la forma de amores y odios, amistades y enemistades, simpatías y antipatías. Y todo ello sólo se puede alcanzar en sociedad. En todo este proceso la individualidad no puede ser menoscabada.

Los y las anarquistas siempre hemos dado mucha importancia al proceso educativo, que no se reduce a la escuela sino que se extiende a la charla, al intercambio permanente de ideas, al trabajo para conseguir un objetivo común, a la solidaridad, a la ayuda mutua, a la construcción de utopías etc... De esta actitud surge naturalmente la autogestión como el mejor medio para estructurar la vida en común.

En la actualidad el poder del Estado parece ser menor y se ha sustituido por un poder local más fuerte. Pero con ello nuestra situación no es anarquismo, ni siquiera liberalismo. Es barbarie.

En torno a la Autogestión.
Explicando el concepto.

La autogestión es una de las metas que el anarquismo se propone. Es conveniente por tanto exponer qué entendemos bajo esa idea y revisar sus problemas, alcances , posibilidades , etc...

La autogestión es un proyecto o movimiento social que tiene como método y objetivo que la empresa, la economía y la sociedad entera estén dirigidas por lxs trabajadorxs  de todos los sectores relacionados a la producción y distribución de bienes y servicios, fomentando la gestión y democracia.

La  Autogestión se opone a la heterogestión  que es la forma de conducir empresas, la economía, la política o la sociedad desde fuera del conjunto de lxs  directamente afectadxs.  Como ocurre ahora, a las empresas y a la economía las dirige el capital, a la política los partidos y a la sociedad el Estado.

La Autogestión es un proyecto o movimiento, es decir, no es un modelo acabado. Su estructura, organización y aun su existencia es y será fruto del deseo, el pensamiento y la acción de todas y todos los miembros del grupo involucrado (una fábrica, una finca, una escuela o la sociedad toda) sin preconceptos ni imposiciones.

La Autogestión es método y objetivo. Su fin es ella misma. Su práctica es la que nos va mostrando los aciertos y los errores en su ejecución.

Respecto al aspecto económico hay dos niveles : microeconómico y macroeconómico.

Microeconómico: La empresa autogestionada se caracteriza por estar la dirección en manos de las y los  trabajadores.

Macroeconómico: El Capital pierde todo su peso en las decisiones económicas, siendo las y los trabajadores  y sus intereses colectivos quienes dirigen la economía, creando para ello, si es necesario, nuevos sistemas de organización.

Extender la Autogestión a la sociedad implica hacer desaparecer todos los centros de poder que ahora se ocupan de la gestión social. Esto es: Partidos políticos, Burocracias sindicales, Estado, Ejército, etc...

¿ Autogestión o cogestión?

Otro concepto distinto que algunos sindicatos o empresarios defienden es el de Cogestión. La Cogestión es un modelo de participación, caracterizado por la  participación en igual número de trabajadores  y patrones  en la dirección de la empresa. Este sistema funciona en Alemania desde 1976, y en menor o semejante grado en otros países.


La Autogestión es muy diferente a la Cogestión. En la Cogestión las y los  trabajadores  participan en la dirección de algo que No les pertenece. De ninguna manera se pone en duda quién manda.

En la Autogestión se produce un cambio Copernicano. No solamente la propiedad y los intereses de la empresa cambian radicalmente. La Autogestión también pretende una transformación total y radical  de la sociedad.

La Cogestión puede convivir con cualquier sistema político y social. La Autogestión implica  un nuevo sistema  de convivencia.





martes, 29 de enero de 2019

Movimiento anarquista llama a protestar contra el alza del transantiago

La cita será el viernes 1 de febrero a las 19:00 hrs en Brasil con Alameda 


A finales de diciembre, el Ministerio de Hacienda informó que para evitar un alza del pasaje, se designarían $10 mil millones de pesos a Transantiago. Tres semanas más tarde, el alza que supuestamente evitaron con esta inversión, fue puesta en rigor. En menos de un año hemos sufrido tres alzas de pasaje, y estas podrían seguir: en 2010, por ejemplo, se realizaron cinco alzas del pasaje. Esta es la vigesimoprimer alza del pasaje desde la implementación del Transantiago, y ya es hora de decir basta.

Como Trébol Negro reafirmamos nuestra convicción de que mientras sigamos aceptando estos abusos sin protestar, seguirán fortaleciendo las medidas antievasión y realizando alzas al pasaje cada vez más seguido. Es por esto que convocamos a encontrarnos el día viernes 1 de febrero a las 19:00 hrs, en Brasil con Alameda (bandejón).

Estamos cansados de convocatorias sin organización que significan una pérdida de tiempo y un desgaste para las personas que acuden al llamado. Por ello, llamamos a realizar una manifestación real que presione a las autoridades y que entregue un mensaje claro: no seremos pasados a llevar.

¡PORQUE ES MÁS CARO QUE LA CHUCHA: EVADE, ORGANÍZATE Y LUCHA!
Grupo anarquista sin adjetivos Trébol Negro

Para acceder al link de Contra El ALZA, Acción Directa pueden hacer clic aquí 


jueves, 10 de enero de 2019

Socializan los números de la histórica revista anarcofeminista "La Voz de la Mujer"



La Voz de la Mujer circuló en Buenos Aires entre 1896-1897 y en Rosario en 1899. Es considerado el primer periódico comunista anárquico editado por y para mujeres de la Argentina y, a su vez, el primer periódico de tendencia anarcofeminista en Latinoamérica. Su fundadora fue la anarquista Virginia Bolten, quien se destacó por ser una gran divulgadora de las ideas anarcosindicalistas. El lema del periódico era “Ni dios, ni patrón, ni marido”. En sus páginas se denunció la doble explotación de la mujer, la tiranía del Estado, los dogmas de la iglesia y la explotación del capitalismo, pero también el machismo presente en el movimiento obrero.

A continuación compartimos un libro en donde se compilan los primeros números del Periódico, el cual pueden leer o descargar haciendo clic aquí.

viernes, 21 de diciembre de 2018

¿Dónde estamos? Por Miguel Amorós


Contribución al esclarecimiento de algunos aspectos de la acción durante los malos tiempos* 

«¡Ay de mí! ¿Qué gentes habitarán esta tierra a que he llegado? ¿Serán violentos, salvajes e injustos, u hospitalarios y temerosos de los dioses?» HOMERO, La Odisea 
SEGÚN BRECHT, son sombríos los tiempos en que la gente pide que se le descargue de la preocupación de defender sus intereses reales y su libertad. Son los tiempos del cínico, que abomina de la sociedad y desprecia sus convenciones, y son los tiempos también del disidente, que no quiere someterse a los hechos consumados y, a contracorriente, toma partido por la libertad. La disidencia no significa exilio interior porque actúa, y por lo tanto, corre riesgos. Es fundamentalmente resistencia y secesión. Esta posición obliga a liberarse de gran parte del bagaje teórico de la época anterior y a penetrar en la nueva sólo con lo puesto, ya que no se trata de conservar la memoria de un pasado y comunicarla de forma ortodoxa a los nuevos individuos conscientes, sino de incitar a pensar, de provocar un diálogo entre los que se reconocen iguales sin temor a contradecirse. Para encontrar soluciones primero hay que suscitar preguntas. La crisis del pensamiento revolucionario no podrá ser remontada sino en condiciones de libre discusión; en una situación de crisis, el anquilosamiento ideológico y su consecuencia principal, el vacío teórico, son la verdadera catástrofe. No se puede permitir que el enemigo se despache a gusto cuando tiene de su parte fuerzas ingentes: la pérdida de esa batalla, la de las ideas, acarrea la derrota de todas las demás.

Es necesario sacar conclusiones tanto de la constatación de la capacidad del capitalismo de superar sus propias contradicciones o de instalarse cómodamente en ellas, como de la evidente incapacidad de los obreros en hacer su revolución y de la disolución del proletariado como clase social. Todo ello implica la superación capitalista del conflicto, la desaparición de las crisis generales, y por consiguiente, la refutación de una supuesta necesidad histórica objetiva que nos conducía, inevitablemente, hacia la lucha final. Y nos sitúa teóricamente en la posición de los anarquistas y de los socialistas premarxistas, que deducían la lucha por la emancipación humana de la perversidad del mundo y de la voluntad consciente de los oprimidos. Las frecuentes crisis parciales que se dan a causa de la imposición constante de condiciones de vida peores que las anteriores pueden generar ilusiones respecto a un retorno de la lucha de clases, o sea, a un replanteamiento de la cuestión social, pero en vano. La cuestión social no puede mostrarse espontáneamente como conflicto que emana de un antagonismo entre dos partes irreconciliables en tanto que lucha de clases, porque la derrota definitiva del proletariado industrial ha eliminado la posibilidad de una crisis total —y por lo tanto, la posibilidad de un conflicto real— y favorece que las luchas actuales sean débiles y manipulables, y en consecuencia, recuperables por el sindicalismo, los partidos, los ecologistas o el humanitarismo de izquierdas.

Walter Benjamin apuntaba que el fracaso del proletariado histórico residía en su «progresismo», en la creencia burguesa del progreso: «Nada ha corrompido tanto a la clase trabajadora alemana como la idea de nadar a favor de la corriente. El desarrollo técnico era el sentido con el cual creía estar nadando. A partir de ello no había más que dar un paso para caer en la ilusión de que el trabajo en las fábricas, por hallarse en la dirección del progreso técnico, constituía de por sí una acción política. La antigua moral protestante del trabajo celebraba su resurrección en forma secularizada entre los obreros alemanes (…) Tal concepción no quiere ver más que los progresos del dominio sobre la naturaleza y se desentiende de los retrocesos de la sociedad». (Tesis de filosofía de la historia). La moral obrerista apartaba a los trabajadores del planteamiento de la cuestión histórica por excelencia, la cuestión del progreso. La mayor parte de la crítica social ha considerado siempre que los avances científicos y técnicos eran aliados absolutos del proceso emancipador y jamás imaginó que, en tanto que creadores de nuevas servidumbres, iban a hacer de la dominación algo insuperable. Así pues, los obreros eran separados de la producción automatizada —la cual ya no podían concebir claramente como obra suya, ni por otra parte cuestionarla— sin hacer la crítica de la máquina, sin rebelarse contra el maquinismo como sus predecesores, hace casi dos siglos. La superioridad de aquellos obreros luditas residía en que ellos sí que sabían a qué miseria les condenaban. No se podrá ir a ningún lado si no se rompe con la concepción de la revolución como reapropiación del aparato productivo existente, ni se admite que la emancipación humana pasa por la destrucción del sistema industrial. Consignas que pertenecían al «estadio anterior del desarrollo económico objetivo» como la ocupación de las fábricas, el control obrero de la producción o la autogestión generalizada, han envejecido y son palpablemente equívocas; solamente partiendo de ese punto podremos identificar las necesidades reales de los individuos y elaborar una crítica auténticamente subversiva. Lo cierto es que, al contrario de lo que decía Marx, hay que renunciar a transformar el mundo con ayuda de todos los grandes recursos propios de este mundo, e intentar conseguir su redención a espaldas del sistema dominante, con todos los medios ajenos a la dominación.

La idea directora de la crítica revolucionaria ha de ser la de la autonomía de la técnica. En nuestra sociedad el hombre es servidor de la máquina y la técnica abarca todos los sectores de la existencia, determinando a la vez las relaciones de los individuos con la naturaleza y las relaciones —hoy en estado de anomia— que mantienen los individuos entre sí. No queda ningún aspecto de las relaciones humanas que no haya sido tecnificado y, por lo tanto, relegado al control de expertos. Ya no es el sistema económico el que determina la naturaleza de la técnica, la política y el grado de complejidad del mundo. Es la técnica la que, fundamentándose en el conocimiento científico, ha ordenado la economía al dictado de sus propias exigencias y se ha apoderado de la sociedad entera, mientras que los individuos han acabado siendo perfectamente equiparables y reemplazables por máquinas. La ideología humanista burguesa se ha deshecho y el «hombre», es decir, el burgués idealizado, ha dejado de ser la medida de todas las cosas. Quienes hacen historia son las máquinas, los humanos solo la padecen. La técnica es la falsa conciencia de una época de individuos reificados, convertidos en cosas. La tecnociencia moderna impone una organización social determinada donde la regla general es la tendencia de la elite gestora a acumular poder sin control. La novedad consiste en que esa concentración de poder no se realiza mediante la expansión del aparato estatal, es decir, no sigue el modelo de la burocratización, sino la línea eminentemente técnica de la eficacia y el rendimiento.

La civilización industrial ha sido creada por la técnica. Desde entonces, la historia mundial es, cada vez más, historia de la técnica. En los albores del proceso, los socialistas «utópicos» reconocieron en la máquina, o lo que es lo mismo, en el crecimiento explosivo de la capacidad de producción, la amenaza de un desarrollo cultural que fragmentaría al individuo y atacaría la raíz misma de la libertad y la vida, y trataron de conjurarla con proyectos basados en el control de los medios técnicos y en el rechazo del sistema de mercado, ignorando cualquier consideración económica. Posteriormente, el socialismo político y el sindicalismo fueron manifestaciones de tendencias a la autoprotección de los destrozos del mercado, pero a costa de un compromiso con la máquina. Según Karl Polanyi: «La industrialización fue un compromiso, nada fácil, entre el hombre y la máquina, en el cual el hombre se perdió y la máquina encontró su camino». (El sustento del hombre).

Un programa que contemple la reorganización de la sociedad sobre bases descentralizadas y comunitarias, sobre el «ágora», a través del desmantelamiento de la producción actual, del control social de los medios técnicos y de la adopción de tecnologías descentralizadoras, de la supresión del mercado y del espectáculo, de la desaparición del transporte privado, de la recuperación del campesinado, etc., ha de saber que está pidiendo explícitamente un retorno a las condiciones precapitalistas, al trabajo artesano y a la fiesta, a la tradición y a los lazos comunitarios, a los ritmos vitales relajados, al derecho consuetudinario, a la economía del sustento y a la sociedad del estatus, en donde «lo que importa no es la utilidad de uno sino lo que se es» (Cicerón). Pero no es un retorno en el tiempo, no es una vuelta al pasado: es una liberación que sueña más que calcula y que carga con la experiencia de dos siglos de capitalismo y de absolutismo tecnológico; es un viaje por encima del cadáver de los nuevos señores feudales del mercado mundial.

En la actualidad, la escolarización prolongada, el reciclaje y la asistencia social, son los medios empleados profusamente para mantener a una parte cada vez mayor de la población fuera de la producción, por cuanto que se ha convertido en fuerza productiva innecesaria que hay que desmovilizar, métodos que corren a cargo del Estado y que son presentados como logros sociales y expresión de un supuesto «bienestar». Por estos procedimientos, jóvenes, parados y demás excluidos, son apartados de los circuitos de la productividad, pero son conservados como consumidores. La mundialización ha disparado los gastos sociales al punto de afectar otras necesidades más significativas del Estado como la dotación policial y la compra de armamento. Ante el recurso a los impuestos, los estrategas del poder han promovido políticas tendentes a la creación de un espacio de dispersión de fuerzas productivas inútiles, mediante el fomento de actividades «sin ánimo de lucro» financiadas por el Estado y por donaciones privadas, incentivadas con desgravaciones fiscales. En lo esencial, se trata de que el Estado vaya cediendo la gestión de los servicios sociales y del reciclaje de los individuos a organizaciones inofensivas de voluntarios o de colectivos juveniles adictos, o simplemente a cretinos «sin fronteras», de modo a desarrollar una economía intermedia que neutralice a los inservibles para el mercado globalizado del trabajo. Dicha economía, destinada a crecer en los próximos años —llamada en Francia «economía social»— es responsable de más del 6% del empleo. Un objetivo económico de este tercer sector (ni público ni privado), consiste en alcanzar la autofinanciación con la constitución de comunidades autosuficientes y el establecimiento de redes de comercio paralelo (llamado «justo»), aderezados con la ideología filantrópica y ecologista de rigor. La denuncia de tales prácticas, por las ilusiones que pueden generar, es tan importante para los desertores del sistema como lo fue la denuncia del ecologismo en la luchas contra la contaminación. La deserción no tiene nada que ver con los paliativos. La deserción no coopera con la dominación ni acepta su dinero; sabe que el establecimiento de condiciones de vida humanas no resultará del hecho de ocupar las posiciones abandonadas en los mercados internacionales por los propietarios del mundo. No ofrece soluciones sino que le pide cuentas: la deserción se aparta del sistema pero sin dejarlo tranquilo.

Sabemos que la economía globalizada está transformando íntegramente a la naturaleza en materia de gestión económica, lo que significa que la tierra fértil, los bosques, la pesca o el agua dulce, por ejemplo, son considerados elementos estratégicos de la mundialización, como el petróleo, los pesticidas y la energía nuclear, y disfrazados de constituyentes de la «seguridad nacional», asunto en realidad de las altas instancias reguladoras del mercado. Ahí no son admitidos los ecologistas porque todavía no son un poder fáctico y no pueden aspirar más que a una participación de base en la gestión de los efectos nocivos ambientales. Se trata de una economía de guerra que no quiere camuflar la miseria ni tampoco incrementar el control sobre la población, sino que, con el mismo pretexto de racionalización con que antaño burocratizaba el mundo, hoy se desentiende de la nocividad no rentable, coloca a la gente desechable para el mercado en economías de subsistencia y descentraliza el control social, poniéndolo en manos de dirigentes «no gubernamentales». Es una operación de aislamiento del pauperismo dentro del propio sistema que lo produce, a través de economías marginales gestionadas por una pléyade paraestatal de ONGs, sindicatos, fundaciones, iglesias, etc., pero también por rackets independientes como mafias, sectas o bandas, encargadas de los aspectos menos aceptables de dichas economías, como la protección o el contrabando. Se trata entonces de consagrar una nueva división de la sociedad entre excluidos e integrados en el mercado, y que se está materializando en el desarrollo imparable de incontrolados ghettos. La gestión del caos ya no es de interés específico para la dominación. Se domina todo dominando sólo una parte: es la ley de la rentabilidad represiva decreciente la que determina las dimensiones de la pirámide policial.

La producción de mercancías produce por igual lo insoportable y los hombres capaces de soportarlo. Los progresos de la alienación no suceden en medio de la pasividad de las masas sino con su participación activa y entusiasta. Nunca se ha resaltado lo bastante el papel contrarrevolucionario de la miseria, del lado malo que, al desarticular la lucha, detiene el movimiento que hace la historia. Y se ha olvidado el efecto ideológico del desclasamiento que ha producido la proletarización del mundo. 

Wilhelm Reich señaló el papel de la ideología dominante como fuerza material —bautizándola como plaga emocional— de la contrarrevolución, la cual se alimenta de la falta de dominio de los individuos sobre sus propias vidas. En la base del sometimiento yace un conflicto emocional y afectivo que desactiva el potencial rebelde de los individuos. Pero resulta que el corolario de la proletarización mundial es la liquidación del individuo, que, «como todos los procedimientos individualistas de producción, aparece históricamente anticuado y a la zaga de la técnica» (Adorno, Minima Moralia). Y la desaparición del individuo, su transformación en muchedumbre vacía, aislada y sustituible, abre el momento de la reflexión, del repliegue, de la contradicción, y obliga a nuevos planteamientos. Adorno sigue diciendo que «quienes no deseen entregarse de lleno al individualismo de la producción espiritual ni lanzarse de cabeza al colectivismo de la sustituibilidad igualitaria y despectiva del hombre, están obligados a un trabajo en común libre y solidario bajo una común responsabilidad». Inicialmente son dichos colectivos los únicos que están en conflicto con el sistema, pero ese conflicto todavía no afecta a sus fundamentos, porque no contiene en sí mismo un proyecto superador, es decir, aún no es histórico. A medida que el movimiento social desaparece, que los desposeídos son una masa incapaz de movimiento propio, los antagonismos no se perciben y las crisis no suceden. De la parte de los oprimidos no puede salir nada peculiar, ninguna iniciativa histórica. En su propia situación no encontrarán las condiciones para comenzar una lucha que no sea mera negatividad y descontento. Entonces son los grupos de disidentes quienes ocupan el lugar de la «organización de clase», ya que clase no hay. Quienes contraponen a la inactividad social la difusión de sus puntos de vista. Quienes propugnan un movimiento social sin tildarse ellos de movimiento social. Quienes se camuflan dentro de las luchas y critican la miseria de la vida cotidiana. Son, hegelianamente hablando, la conciencia de lo afirmativo, y están en el terreno de los utópicos, recordándonos la posibilidad real de un sistema nuevo, quienes diagnostican y no recetan, quienes preparan sus experimentos sociales sin anunciar panaceas. Quienes nos dicen, como Babeuf, que no creen «que la posibilidad eventual de un retorno al estado de la comunidad sea una fantasía» (El Tribuno del pueblo).

Es importante la propia existencia coordinada de quienes se oponen a la dominación porque demuestra la posibilidad al margen de ella. Estos grupos avanzan negativamente, sin definir demasiado un proyecto positivo, pues ahora importa más saber lo que no se quiere, y la experiencia colectiva merece mucho más interés como negación de una sociedad condenable que como afirmación particular de una práctica limitada. Es la capacidad de vivir afuera lo que dificulta la reproducción de las relaciones sociales dominantes y lo que, si consigue generalizarse, ha de disolverlas. Por ahora lo único que pueden ofrecer a sus contemporáneos es un lugar donde ejercer sus cualidades, un medio para comenzar a concertarse y construir una sociedad dentro de otra y a la vez, aparte. Un proyecto de acción colectiva de ese estilo coloca en el mismo plano las virtudes de la sociabilidad, el amor a la libertad y las capacidades revolucionarias. Y la negación de ese proyecto adopta la forma del carácter. Reemprendiendo una vieja polémica anarquista, se debe recalcar el lado colectivo de la acción, la pasión común, frente a la individualidad, demasiado afectada por el carácter, pero sin olvidar que el factor subjetivo, la voluntad individual, ha de ser la fuerza motriz de la historia. El intento de excluir el capitalismo de nuestras vidas no es una llamada a la marginalidad; no es más que el empeño por conservar y ampliar las relaciones humanas en nuestro entorno, y dicho intento es ahora el punto central de la acción, el elemento a partir del cual se van a elaborar proyectos de exclusión más ambiciosos.

Quien apuesta contra el capitalismo está apostando por la revolución y reivindicará sus formas autónomas de lucha que son, según la crítica radical de los sesenta, «la parte no vencida de un proyecto vencido». Pero lo que distinguirá como revolucionario a comunas, coordinadoras, consejos, asambleas, etc., será su talante, su función y su acción, o sea, su contenido. Y éste ha de ser antiindustrial, societario, contrario al obrerismo, y por encima de todo, libertario. Porque el primer objetivo de toda revolución es «la constitución de un espacio público donde aparezca la libertad, la constitutio libertatis» (Hannah Arendt, Ensayo sobre la Revolución). El resto llegará desde allí o no llegará.




*Escrito en febrero de 1998 para el debate en el círculo de la Encyclopédie des Nuisances. Editado como folleto en francés.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Comunicado de mujeres inmigrantes venezolanas a los territorios en resistencia




COMUNICADO DE MIGRANTES VENEZOLANAS ORGANIZADAS EN EL SUR

A PROPÓSITO DE LA ARREMETIDA MILITAR DEL GOBIERNO VENEZOLANO
CONTRA LA COMUNIDAD INDÍGENA PEMÓN

Desde el Sur de Abya Yala, mujeres desplazadas por el saqueo y el autoritarismo del Estado venezolano, manifestamos nuestro repudio a la arremetida militar que el gobierno de Nicolás Maduro hoy ejerce contra la comunidad indígena pemón en la región de Canaima, agresión militar que dio como resultado el día 8 de diciembre, el asesinato del joven indígena Charly Peñaloza. Desplazadas pero no vencidas, alertamos a los pueblos en resistencia y muy especialmente a la comunidad venezolana radicada en el extranjero, a fin de que sumemos voces por la defensa del territorio y la vida de nuestros pueblos originarios.

El Arco Minero del Orinoco es un proyecto extractivista a gran escala que comprende la explotación de minerales en más del 12% del territorio nacional y fue orquestado por el gobierno chavista en el marco del IIRSA para el beneficio de empresas trasnacionales de capitales chinos, rusos y norteamericanos. Su puesta en marcha comenzó desde el año pasado y promete profundizarse gracias a nuevos endeudamientos con China y Rusia. Para su ejecución, es necesaria la destrucción de la riquísima biodiversidad amazónica y el aniquilamiento de al menos treinta pueblos indígenas. Hoy, operativos militares se llevan a cabo en la región de Canaima en función de despejar la zona para el saqueo, es decir, arremeten violentamente contra las comunidades indígenas que hacen vida en esos territorios, procurando o bien la muerte de ellos o bien el desplazamiento hacia países fronterizos.

Quienes nos encontramos hoy viviendo en situación de migración, reconocemos la importancia de apoyar a nuestras comunidades en resistencia. Nuestros anhelos por volver al origen no pueden diluirse en la miserable existencia migrante al margen de la organización y la lucha. Para forjar un camino de regreso, debemos, en principio, visibilizar y batallar contra el real conflicto que nos ha arrojado a estas regiones. Ese conflicto es exactamente el mismo que se presenta en otros países: burguesías nacionales, serviles a los intereses de empresas trasnacionales, saquean nuestros recursos en un reacomodo capitalista y nos imponen la miseria. Vístanse de rojo o de amarillo, los saqueadores son exactamente los mismos. Válganse de discursos de izquierdas o de derechas, sus acciones van claramente encaminadas al expolio de nuestra riqueza.

Es necesario que la opinión pública pierda el miedo a hablar o escuchar sobre lo que sucede hoy en Venezuela. Es necesario que se abandonen las lecturas fáciles y se imponga una solidaridad internacional por parte del movimiento social que sea capaz de señalar la causa fundamental de nuestro despojo y a su vez ayudarnos a reconstruir la organización de nuestras fuerzas en pro de la resistencia.

#NoALaMilitarizacionDeCanaima
#ConElPuebloPemon
#NoAlArcoMineroDelOrinoco


Notas del conflicto:
¿Qué sucede hoy en Venezuela? ¿Por qué migran los venezolanos? ¿Qué es el Arco Minero del Orinoco? ¿Qué sucede con los pueblos indígenas de Venezuela? para comprenderlo:




¿Qué está sucediendo hoy en Canaima? ¿Cuáles son las amenazas que se elevan contra el pueblo pemón? Click aquí para comprenderlo click aquí  

lunes, 26 de noviembre de 2018

Individualidades anárquicas inician campaña contra la Teletón

Difundimos un texto de las I.S.A.C.C (Individualidades solidarias anárquicas contra la caridad)


Desde 1978 se realiza, en el territorio ocupado por el denominado “Estado de Chile” el espectáculo televisivo llamado “Teletón”, el cual es fiel representante de las instituciones heredadas por la dictadura y sus principios, entre los que sobresale la “Solidaridad”, esta es reducida a entregar una gran cantidad de dinero directamente a una institución que delega a privadxs la responsabilidad de las problemáticas en las que se ven envueltas personas, a quienes se le expone y estereotipa como “menos válidos, falentes e incapaces”.

La Teletón es la oportunidad perfecta para que Politico-Empresarios puedan no solo blanquear dinero, sino que también su imagen. Sumado a esto, la monopólica exposición en los medios masivos de comunicación da por resultado el aumento de sus ventas a costa de la empatía generada por la campaña, donde proyectan la imagen de ser grandes filántropxs.

Entre los auspiciadores del presente año se puede encontrar a reconocidos grupos económicos del país, como es el grupo Luksic (Banco de Chile – Bilz y Pap – Cachantun – Cristal), grupo Matte (babySec – Confort – Cotidian – Ladysoft), La empresa familiar Cambiaso Hermanos S.A. (Superior-Supremo), al mismo tiempo la multinacional britanico-holandesa Unilever (Omo) la cual cuenta con presencia en el cono sur en Argentina - Bolivia - Chile - Perú – Uruguay y la multinacional neozelandesa Fonterra co-operative Grpup Ltda (que controla el 99,85% de Soprole) líder mundial en productos lacteos y mayor exportador de lácteos en el mundo.

¿Cuál es el problema con la Teletón?

• La Teletón es un evento caritativo


Un esfuerzo caritativo es vertical: luego de ofrecer un aporte material, me desentiendo del tema; es decir, la ayuda viene de arriba hacia abajo. Un esfuerzo solidario, en cambio, implica dejar de lado esta verticalidad para dar y recibir un apoyo mutuo como iguales. Aún si nuestras intenciones para con la Teletón son realmente solidarias, la fundación busca dirigir la solidaridad de las personas por ciertos conductos que beneficia a las empresas detrás de la población, cuando la solidaridad debería darse de forma directa. Es la naturaleza caritativa de la Teletón también lo que da lugar a situaciones de lavado de imagen o blanqueado de dinero.

• La Teletón crea una imagen nociva de las personas 


La Teletón expone a ciertas personas como gente con menos capacidades, personas falentes e incapaces a las que hay que darles una limosna anual. En ese sentido, la imagen que crea la Teletón de las personas discapacitadas es morbosa y dañina. Debemos ser capaces de reconocer el valor, el arte y el talento en cada uno de nosotros para así vivir en relaciones de igualdad entre todos.

• La Teletón profundiza y eterniza un problema

 
Es evidente que se busca perpetuar el problema en vez de solucionarlo para seguir obteniendo ganancias cada año a partir de esta colecta, porque la Teletón deja tras de sí muchos beneficios y grandes réditos para las entidades detrás de la fundación.

• El rol de los empresarios en la Teletón

 
La Teletón crea la ilusión de un “gran aporte empresarial”, cuando en realidad el aporte que las empresas donan es insignificante en relación a su patrimonio. Así, la Teletón da espacio a situaciones como evasión de impuestos, aumento de ganancias a partir de la sobre-exposición de personas con distintas capacidades y lavado de imagen. El Estado, a su vez, está muy conforme con el rol de los empresarios y la Teletón, ya que gracias a ellos puede no hacerse cargo de la rehabilitación, lo que revela a todas luces la deficiencia en la salud pública.

• La Teletón se apropia de los esfuerzos solidarios del pueblo

 
La Teletón recoge, se apropia y luego redirige los esfuerzos solidarios del pueblo, ya no entre nosotros, sino hacia las campañas promovidas por los empresarios. Nos arrebatan nuestro trabajo, y luego nos arrebatan nuestra solidaridad, para hacernos emplearla hacia fines que sean favorables para ellos. Es por esto, que nosotros deberíamos no participar en instancias promovidas por la clase empresarial y gestionar desde nuestros medios la ayuda para con los oprimidos.

I.S.A.C.C (Individualidades solidarias anárquicas contra la caridad)





viernes, 7 de septiembre de 2018

La Asamblea Antirracista de Santiago llama a boicotear Falabella

La emisión de una publicidad altamente racista gatilló el inicio de una campaña internacional de boicot contra el holding

"Llamamos a un boicot internacional contra el holding Falabella, empresa multinacional capitalista que ha sido persistente en los ataques publicitarios racistas, siendo este último uno de los más burdos y violentos, difundido por la televisión peruana. Como asamblea antirracista de Santiago llamamos a no comprar en Falabella, empresa con intereses en Chile, Argentina, Perú, Colombia y Brasil. También llamamos a no consumir en las empresas capitalistas vinculadas, tales como Tottus, Homecenter Sodimac y HOMY.

¡A destruir las tarjetas CMR! ¡Boicot a Falabella!

NINGUNA AGRESIÓN RACISTA SIN RESPUESTA"




Debates contemporáneos en torno al racismo y la raza - Ochy Curiel


La idea de raza surge con el racismo como ideología y fenómeno social moderno. Desde el punto de vista doctrinario y religioso el racismo tiene sus orígenes en el debate teológico que sucede en el siglo XV en el contexto de la colonización y esclavitud impuesta por Europa en América y Africa. Primero surge la teoría monogenista con base a la idea de que todos los humanos descienden de Adan y Eva. En esa lógica los nativos americanos fueron considerados como seres inferiores, no descendientes de Adan y Eva y que no tenían alma, por tanto no se asumían como humanos. Posteriormente la teología colonial en torno a la población africana justificaba la esclavitud asumiendo que los negros eran hijos de Cam, el hijo negado de Noé, argumentando que había nacido negro por una maldición y que por decisión divina estaban destinados a la servidumbre y la esclavitud, ideas que se mantuvieron durante siglos en la tradición judeo-crisiana. (Larkin, 2002; Lalueza, 2001).

Cómo reacción a las explicaciones religiosas se desarrolla en Europa el Iluminismo. La razón pasó a ser el fundamento de las explicaciones de los fenómenos, lo que trajo consigo el desarrollo de la ciencia y nuevas teorías poligenistas. Desde el punto de vista científico, el racismo tuvo sus bases en el desarrollo de la raciología (estudios científico de las razas humanas) que sostenía la creencia que la humanidad podía ser dividida en “razas”, con base a genotipos y fenotipos. Estos intentos estuvieron marcados por el prejuicio racial de los científicos que hacían abstracciones y manipulaciones de algunas experiencias que eran seleccionadas previamente y que generalizaban situaciones que no necesariamente respondían a la realidad. Las “razas” eran concebidas como características y rasgos físicos que determinaban ciertas características culturales y morales de determinados grupos humanos y por tanto se consideraban biológicas e innatas. 
 
Los trabajos científicos de Carl von Linné que en 1758 con su libro Systema Nature del escritor francés George Louis Leclerc, de Arthur Gorbineau, que en 1853 escribió el Essai sur l’inagalité des races humanes, de Houston Chamberlain, inglés, nacionalizado en Alemania, con su obra Fundamentos del siglo XIX, la teoría de la Evolución de Darwin y Spencer, dividieron la humanidad en razas humanas colocando un valor social a unas sobre otras, las blancas europeas en la cúspide de la pirámide y la negra en la base. Igualmente desde la filosofía Voltaire, Montesquieu en el Espiritu de las Leyes, favorecieron a la instalación de esta idea. (Wieviorka, 1991)

Todo ello contribuyó a que la población indígena y africana en América fuesen considerados no sujetos, excluidos de toda humanidad, por tanto sus cuerpos, sus culturas, se asumían podían ser manipulados, medidos, domados, controlados, explotados por la razón instrumental.

A partir de entonces la idea de raza y con ella el origen del racismo en el pensamiento social, es ubicado entonces por muchos autores y autoras en la segunda mitad del siglo XIX entre las I y II guerras mundiales y vinculado a la colonización europea y los horrores del nazismo, por tanto se considera una invención occidental. Es a partir de este momento que el racismo se convierte en ideología con base al determinismo biológico.

Desde la sociología alrededor del año 1830 Alexis Toqueville y Max Weber aportan los primeros elementos de una teoría sociológica del racismo y dan un giro importante al pensamiento de la época cuestionando, a partir de la esclavitud de los africanos y africanas en América, la supuesta inferioridad de los negros con base a sus diferencias biológicas planteando que se trataba de un asunto social y político, criticando así las doctrinas racistas. (Wieviorka, 1991).

En Estados Unidos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, se inician investigaciones integradas por afrodescendientes y simpatizantes blancos que aportan análisis y teorías para comprender el fenómeno de racismo. Se destacan los aportes de la American Negro Academy en 1867 y la National Assotiation for the Advancement or Colored People en 1909, los trabajos W. E. B. Dubois, desde la antropología los aportes de Franz Boas, la Escuela de Chicago, aportan a cuestionar el determinismo biológico que está basada la idea de raza. ( Wieviorka, 1991). 
Habiéndose demostrado que las razas no existen como categorías de clasificación humana sino como construcciones imaginarias, como idea, como significantes que contienen una intención política para justificar desigualdades sociales, política y culturales, ¿debemos de prescindir de la utilización del término “raza”?, ¿Qué significa renunciar a una categoría?

Este es uno de los debates contemporáneos. La feminista francesa Colette Guillaumin, apunta aspectos interesantes en este sentido. Sostiene que sería un error sociológico determinar qué es lo verdadero y lo que es falso dentro de la percepción de la raza, pues responder en torno a la realidad material de la raza significa escamotear la realidad psicosocial que muestra la existencia de un “hecho” racial. Lo importante para la autora es que el carácter psico-social es igualmente discriminante, como lo fuera el fenómeno concreto de la “raza real” (Guillaumin, 1972).

Paul Gilroy, (1991) intelectual afrodescendiente entiende y reconoce los argumentos del movimiento antiracista en la utilización del término “raza” al ser la única categoría posible de autoidentificación y que le ha permitido cierta solidaridad a partir de categorías que le han sido impuestas por los opresores. Aunque muchas veces el término “raza” se utilice entre comillas para denotar el carácter de construcción social, Gilroy argumenta que esto no es suficiente pues finalmente todo discurso que recrea las “razas” sería anacrónico pues los conflictos raciales habría que entenderlos en otros tipos de conflictos sociales como es la planetarización del lucro, o la apertura de nuevos mercados que ya están bastante apartados en la memoria de la esclavitud.

Frente a los interesantes argumentos de Gilroy, Alfonso Guimaraes, sociólogo afrobrasileño señala ciertos desacuerdos en el sentido de señalar que la “raza” adquiere diversos significados dependiendo del contexto y que no es solo una categoría que sirve para articular la lucha política, sino que sigue siendo una categoría analítica necesaria pues es “la única que revela que ciertas discriminaciones son efectivamente raciales y no apenas de clase o culturales” (Guimaraes, 2002: 50).

Fruto de los horrores que dejó la justificación de la supuesta existencia de las razas y el odio que se desprendió entre grupos humanos, generando fenómenos funestos como el holocausto nazi y la esclavitud, el concepto de raza fue sustituido desde ciertas posturas del pensamiento social por el concepto de etnia para referirse a ciertas características culturales de determinados grupos. Esta sustitución fue una especie de un repudio ético humanista en contra de las ideas racistas de los nazis destacando la historicidad y culturalidad de las comunidades humanas más que comunidades construidas en función de rasgos hereditarios de orden moral e intelectual basados en orígenes raciales (Stolke, 1995).
La sustitución de la raza por la etnia, sin embargo, ha conllevado algunas trampas ideológicas y políticas incorporadas en la dicotomía raza=naturaleza/etnia=cultural. 
 
Lo anterior ha tendido a minimizar o esquivar el fenómeno del racismo que se basa de forma real en discriminaciones y exclusiones que son justificadas ideológicamente y que son atribuidas a supuestas deficiencias físicas, morales e intelectuales y que se consideran raciales y hereditarias; por otro lado plantea la paradoja de considerar a la raza relacionada con la naturaleza y la etnicidad con la cultura. Con esta separación de raza biología/etnia-cultura se niega que las comunidades y grupos étnicos son también construcciones sociales y se tiende a un relativismo cultural que percibe a las etnias como si fuesen entidades específicas y autónomas dando como resultado la creación de estereotipos, la tendencia al comunitarismo, al integrismo, por tanto promueve y profundiza el racismo.

Como hemos visto, estas tres categorías tienen en común que su estudio ha permitido cuestionar el determinismo biológico que ha sido la base ideológica sostenida por muchos años por la ciencia y la religión, para que a grupos humanos como son los negros, las negras, indígenas, mujeres, lesbianas, gays, trans, se les prescriba en la otredad, en la diferencia, frente al paradigma moderno que ha sido el hombre blanco, heterosexual y con privilegios de clase.


Ochy Curiel





Extracto del ensayo Género, Raza, Sexualidad.